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EL CEO ENTRÓ DISFRAZADO A SU EMPRESA — Y LO QUE DESCUBRIÓ SOBRE SUS EMPLEADOS LO DEJÓ HELADO

El silencio que siguió fue tan pesado que hasta la lluvia pareció detenerse detrás de los ventanales. En la cabecera de la mesa, Daniel, fundador y CEO de Grupo Vega, una de las empresas tecnológicas más poderosas del país, apretó la servilleta entre los dedos. A su derecha, su hermana Patricia lo observaba con una mezcla de pena y cálculo. A su izquierda, su hijo Lucas respiraba como si acabara de correr una carrera.

—Pide disculpas —ordenó Patricia, con esa voz afilada que usaba cuando quería parecer la dueña de la casa.

Lucas soltó una risa amarga.

—¿Disculpas? ¿Por qué? ¿Por decir la verdad? Mamá se murió odiando esa empresa. ¿O nadie va a decirlo?

Daniel se puso de pie tan rápido que la silla golpeó la pared.

—No vuelvas a hablar de tu madre así.

—¿Así cómo? —Lucas también se levantó—. ¿Como si hubiera existido? ¿Como si no se hubiera pasado años diciéndote que estabas construyendo un reino sobre gente rota?

Patricia dejó los cubiertos con delicadeza.

—Lucas, estás alterado.

—No, tía. Estoy despierto. Eso es distinto.

El muchacho sacó un sobre arrugado del bolsillo de su chaqueta. Daniel reconoció de inmediato la letra de Clara, su esposa fallecida hacía ocho meses. El pecho se le cerró.

—¿De dónde sacaste eso?

—De su estudio. Lo encontré esta tarde. Estaba escondido detrás de una foto de ustedes dos, de cuando todavía sonreías como un ser humano.

Daniel extendió la mano.

—Dámelo.

Lucas retrocedió.

—No. Primero vas a escuchar.

—Lucas…

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