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¡La CORTE CONFIRMA los 12 AÑOS de CONDENA! ¡URIBE queda ACORRALADO!

 El acceso a la sala está controlado. Los magistrados aún no aparecen. La expectativa es total. Carolina alza la vista de la pantalla, respira hondo y le habla en voz baja. Manuel, ¿estás seguro de que el tribunal ya cerró el texto final? Mis fuentes no dudan. Responde sin moverse del cuadro. El documento está listo. Solo falta que la sala lo lea en audiencia.

 Ella asiente, repasa los nombres y los hechos jurídicamente relevantes. Si confirman, el titular se escribe solo. Si confirman, el país se parte en dos otra vez. Sierra Manuel. Mientras un camarógrafo señala que todo está en orden, en la plaza los cánticos suben y bajan. De un lado, banderas y pancartas que defienden la inocencia del expresidente.

 Del otro carteles con nombres de víctimas y exigencias de justicia. La policía mantiene un corredor central despejado. Radios en mano. Los agentes se miran con atención. No hay provocaciones directas, solo gritos que suben en oleadas cuando se abre una puerta o aparece un funcionario con una carpeta. Las unidades móviles de distintos canales registran cada gesto.

Los productores piden reacciones cortas. Nadie quiere perder el primer anuncio. En una residencia del norte de la ciudad, Álvaro Uribe Vélez permanece de pie junto a una mesa con documentos subrayados. Jaime Granados, su abogado, sostiene un legajo con marcadores de colores. Dr. Uribe, debemos asumir los dos escenarios.

 Si la sala confirma, activamos de inmediato la casación. He sostenido mi inocencia desde el principio, responde sin apartarse de los folios. Este proceso tiene inconsistencias que no se han corregido. Lo argumentaremos punto por punto, dice Granados. Pero si hoy la sala respalda la valoración probatoria de primera instancia, tendremos que movernos rápido.

 Uribe cierra el folder y mira al equipo. Nadie agrega nada. No hay tiempo para discursos, solo pasos medidos. En un despacho del centro, Miguel Ángel del Río repasa con su equipo los apartados que esperan escuchar. Una asistente señala los cinco hechos que un juzgado consideró probados. La prioridad es claridad, indica del río.

 Si confirman, explicamos por qué la decisión sostiene la responsabilidad penal. Nada de euforia, solo hechos. Declaramos al salir o dentro del edificio. Pregunta uno de los abogados. Donde haya más control de sonido. Responde y con una idea precisa. Se trata de un mensaje institucional. Nadie está por encima de la ley.

 De vuelta en el tribunal, un funcionario aparece con un oficio sellado. Los periodistas se acomodan de golpe. Manuel se inclina medio paso hacia delante y extiende el micrófono. ¿Hay decisión de la sala penal sobre el recurso de apelación? El tribunal informa que la decisión está adoptada y será comunicada en audiencia pública. Lee el funcionario sin apartarse del texto.

 La convocatoria se notificará por los canales oficiales. Se trata de confirmación o revocatoria, insiste otra reportera. La sala comunicará el sentido del fallo en audiencia, cierra el funcionario y se retira sin responder más. Carolina mira a Manuel y hace un gesto con el índice. En vivo. El camarógrafo levanta tres dedos y desciende con la cuenta muda.

 Manuel sostiene el plano y fija la voz. Atención. El Tribunal Superior de Bogotá confirma que la decisión sobre el caso de Álvaro Uribe Vélez está tomada y será leída en audiencia pública. La pregunta es directa. ¿Se confirma o se revoca la condena de primera instancia a 12 años? Los dos bandos están aquí a pocos metros esperando la lectura. Corta. Respira.

Vuelve a cuadrar el cuadro. No hay más información oficial, pero la escena ya está instalada. Sala preparada, calles en tensión, defensa lista para la casación, representantes de víctimas con su comunicado y un país pendiente de una frase: “Dentro del tribunal, el ambiente se vuelve denso y controlado. Los funcionarios circulan con carpetas selladas, cuidando cada palabra que pronuncian frente a los periodistas.

 Las cámaras apuntan sin descanso hacia la puerta principal de la sala penal. Los reporteros se mantienen en posición fija, sin moverse un centímetro para no perder el encuadre cuando la decisión sea anunciada. Manuel Rodríguez revisa la señal de audio mientras Carolina le susurra que los equipos de otros medios ya están transmitiendo en directo, aunque nadie tiene aún una confirmación oficial del fallo.

 Él asiente sin levantar la vista, ajusta el auricular y responde con tono medido. No vamos a especular, solo vamos con hechos. Si alguien habla, grabamos. Si hay movimiento, entramos en vivo. El camarógrafo le hace una seña desde el fondo. Acaba de llegar un funcionario del despacho de comunicaciones del tribunal.

 Viste traje oscuro y lleva en la mano una carpeta azul con el sello de la institución. La multitud de periodistas se abalanza hacia él en segundos. “¿Ya hay decisión?”, pregunta una voz. El funcionario levanta la mano para pedir silencio. El Tribunal Superior de Bogotá informa que la sala penal ha concluido su deliberación y emitirá su decisión en audiencia pública. No dice más.

 Cierra la carpeta y se retira escoltado por un asistente. Los micrófonos siguen su paso. Manuel lo observa alejarse, luego se dirige a su cámara. Atención. El tribunal acaba de confirmar que la deliberación terminó. No hay detalles sobre el sentido del fallo, pero la decisión está firmada. El país espera una respuesta definitiva.

Mientras tanto, en la residencia del norte, Uribe permanece en pie junto a la ventana, observando la calle desierta. El sonido del reloj de pared es lo único que interrumpe el silencio. Su abogado, Jaime Granados, revisa los documentos extendidos sobre una mesa de cristal. Dr.

 Uribe, el tribunal ha cerrado la deliberación. La audiencia será pública. Uribe gira apenas el rostro. ¿Alguna filtración? Nada confirmado. Pero si hay fallo, será ejecutable. El expresidente aprieta los labios sin contestar. Su mirada se fija en el reflejo del ventanal. Su esposa le acerca una taza de café, pero él la deja sobre la mesa sin tocarla.

 En otro punto de la ciudad, Miguel Ángel del Río revisa los comunicados preparados por su equipo. Nada de declaraciones anticipadas, dice con voz firme. Solo hablamos después del anuncio oficial. Uno de los jóvenes asistentes comenta que las redes están saturadas de rumores sobre la inminente confirmación. Del Río responde sin levantar la vista.

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