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CARLOS Hermosillo: el ASQUEROSO SECRETO del VETO de AMLO… la PUDRE que HUNDIÓ al ÍDOLO

 

 

 América, Monterrey, el Stándard de L en Bélgica, el Necaxa, el  Atlante, el Los Ángeles Galaxy. Una carrera con pasajes por diferentes equipos que en cada  escala dejaba goles, dejaba títulos de goleo, dejaba la marca de alguien que había estado ahí. Pero el lugar donde Hermosillo construyó su leyenda más duradera no fue el América de sus años de formación, fue el Cruz Azul de los 90.

 Aquí viene la primera revelación que te prometí. En 1991, el Cruz Azul contrató  a Carlos Hermosillo. Esa decisión fue controversial desde el principio porque Hermosillo había sido  americanista, había cargado el escudo del rival más odiado por la afición cementera. En el fútbol mexicano, el América y el Cruz Azul tienen una rivalidad que va más allá del resultado de los partidos entre ellos.

 Es una rivalidad de identidades, de barrios, de clases sociales, de historias cruzadas que se remontan décadas. Y la afición de Cruz Azul vio llegar a un examericanista con la suspicacia que ese tipo de transferencia siempre genera. Hermosillo la resolvió de la única manera que un futbolista puede resolver eso, con goles y con los tipos específicos de goles que convierten a un delantero en un ídolo, no solo en un goleador.

 Los goles en los clásicos, los goles en las finales, los goles en los momentos donde la leyenda se escribe o no se escribe dependiendo de si el hombre en el área apareció. Los números de sus años en Cruz Azul son de los más extraordinarios en la historia del fútbol mexicano. En la temporada 1993 hasta 94 marcó 27 goles.

 En la 1994 hasta 95 marcó 35 goles, el mejor registro individual en una sola temporada de su carrera. En la 1995 hasta 96 marcó 26 goles, tres temporadas consecutivas con más de 25 goles. En el fútbol mexicano de esa época, donde los defensas eran físicamente más rudos y los campos de juego a veces estaban en condiciones que no favorecían el juego de ataque, esos números son de otro planeta. Grábate esto.

 295 goles en primera división es el número que define la carrera de Carlos Hermosillo como goleador. El segundo mayor en la historia del fútbol mexicano de primera división, solo por debajo del brasileño Evanaldo Castro Caviño. 295 goles en una carrera que empezó en 1983 y terminó oficialmente en 2001 con el Guadalajara. Eso es un gol cada 1.

86 partidos en promedio durante casi dos décadas de fútbol profesional de élite y con la selección mexicana 35 goles en 90 partidos. El quinto goleador histórico del tricolor al momento de su retiro, solo superado por Haret Burgetti en la lista de los que llegaron después. Pero los números, con toda su contundencia no son lo que convierte a Hermosillo en un símbolo.

 Lo que lo convierte en un símbolo es lo que pasó el 26 de mayo de 1997 en el estadio Azul. El partido de vuelta de la final del torneo verano 1997 entre Cruz Azul y el Necaxa. Cruz Azul perdía el juego de ida, necesitaba remontar. y Hermosillo con 32 años,  cuando los delanteros de su generación ya empezaban a ceder terreno a los más jóvenes, apareció donde siempre aparecía, en el área en el momento exacto, con el gol que Cruz Azul necesitaba.

 Cruz Azul ganó ese campeonato, fue el décimo y hasta la fecha más reciente de los campeonatos de la máquina cementera en la primera división de México antes del que ganaron en el Guardianes 2021. Y Hermosillo fue la figura, el hombre que en el momento más difícil apareció con la solución que el estadio pedía a gritos. Escucha esto.

El partido de despedida de Carlos Hermosillo en 2002 después de su retiro oficial con el Guadalajara en 2001 no fue el tipo de partido de despedida que México hace para sus leyendas de manera rutinaria.  Fue algo diferente. Hermosillo jugó con la camiseta del Cruz Azul porque ese era su equipo ante un combinado de amigos de Hermosillo que incluyó a Jurgen Clinsman, delantero alemán, campeón mundial en 1990, uno de los mejores del mundo en su posición durante la década de los 90 y a Diego Armando Maradona, el mejor

futbolista del mundo del siglo XX, según las encuestas, el hombre que ganó el mundial de 1986 casi en solitario. Maradona jugó en el partido de despedida de Carlos Hermosillo. Piensa en lo que eso dice sobre el nivel de respeto que Hermosillo generaba en el mundo del  fútbol más allá de México. No invitas a Maradona a un partido de despedida si no hay una razón de peso para que Maradona quiera estar ahí.

 Y Maradona estuvo en el partido de despedida del grandote de Cerro Azul en el estadio azul. Ese fue el final del capítulo uno de la vida profesional de Carlos Hermosillo. Y lo que vino después es el capítulo 2, que el sistema prefiere que no se cuente con la misma amplitud con que se cuenta el primero. Aquí viene la segunda revelación que te prometí.

 Después de retirarse en 2001, Hermosillo se fue a España a estudiar dirección deportiva. Era la ruta que en ese momento muchos exfutbolistas de nivel estaban tomando para hacer la transición hacia la gestión del deporte con algún respaldo académico. Regresó en 2003 y entró a la Comisión Nacional del Deporte como subdirector del deporte durante el gobierno de Vicente Fox bajo la titularidad de Nelson Vargas.

 En 2006, cuando terminó el ciclo, Vargas habló públicamente de Hermosillo con elogios. dijo que había dado más de lo que recibió, que era un servidor público que trabajó bien, que entregó un buen balance. El propio Hermosillo, al salir de esa primera etapa en la CONADE, dijo que salía tranquilo y contento, que trabajar en el gobierno no era nada fácil, pero que creía entregar un buen balance, que lo único pendiente era la remodelación de un velódromo en el Estado de México, pero que por lo demás había hecho lo que tenía que hacer. Ese

lenguaje tranquilo y contento, buen balance, es el lenguaje de alguien que no está en guerra con el sistema donde trabaja, que lo ve como un aprendizaje que sale por sus propios medios y con el aprecio de sus superiores. Y entonces llegó Felipe Calderón. El 1 de diciembre de 2006, Calderón asumió la presidencia de México en una de las ceremonias de protesta más caóticas de la historia reciente del país en medio del conflicto postelectoral  con Andrés Manuel López Obrador.

 Y el 3 de diciembre de 2006, dos días después de asumir, designó a Carlos Hermosillo como director general de la Comisión Nacional del Deporte. Grábate ese momento. El gobierno de Calderón, que necesitaba nombres y figuras que le dieran legitimidad popular en los primeros días de un mandato cuya legitimidad de origen estaba siendo cuestionada en las calles, eligió a Carlos Hermosillo para la CONADE.

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