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🇲🇽 DURANGO EN ALERTA: SEDENA INTERCEPTA CONVOY DEL CJNG DISFRAZADO DE PROTECCIÓN CIVIL: UNIFORMES

Los que iban en las cabinas, los chóeres y copilotos disfrazados de funcionarios de protección civil bajaron primero. Los que iban en las cajas, sentados entre las lonas y las cajas de despensa que servían de fachada, bajaron después, saltando de la parte trasera de las camionetas con las manos en alto y los chalecos naranjas que cubrían sus chalecos antibalas.

Un soldado describió la escena con un detalle que se me quedó grabado. Cuando el primer tipo bajó de la caja con su chaleco naranja y su casco blanco, parecía un funcionario de protección civil que viene a repartir despensas. Pero cuando le pedimos que se quitara el chaleco naranja y vimos el chaleco antibalas debajo y cuando le pedimos que se quitara el casco blanco y vimos el casco táctico que tenía adentro, la ilusión se rompió.

Era como pelar una cebolla. Cada capa que quitabas revelaba algo peor. Los 47 fueron esposados y sentados en la orilla de la carretera mientras los soldados procedían a revisar el contenido de las camionetas. La revisión de las seis cajas tomó más de 2 horas porque el sistema de doble fondo requería desmontar la capa de ayuda humanitaria para acceder al armamento oculto.

Debajo. Cada caja de despensa que levantaban revelaba otra capa de mentira. Cada cobija del DIF que movían dejaba ver un rifle envuelto debajo, 47 detenidos, seis camionetas aseguradas, 61 rifles de asalto, 38 pistolas, 17 granadas, más de 40,000 cartuchos de munición, 34 chalecos antibalas tácticos escondidos debajo de los chalecos naranjas de protección civil y 47 uniformes completos de protección civil que el CJNG fabricó o robó para disfrazar a susicarios de funcionarios públicos de emergencia. Quiero describir

lo que había debajo de las lonas porque la manera en que el cargamento estaba organizado revela el nivel de planificación del CJNG para mantener la fachada humanitaria, incluso si alguien miraba adentro de las camionetas. Las cajas de la caja de cada camioneta estaban distribuidas en dos capas. La capa superior, la visible al levantar la lona, contenía material que efectivamente parecía ayuda humanitaria.

Cajas de despensas alimentarias con logotipo del DIF, pacas de cobijas, garrafones de agua, botiquines de primeros auxilios con el sello de la Cruz Roja. Si un soldado levantaba la lona y miraba por encima, veía exactamente lo que esperaría ver en una camioneta de protección civil que va a atender una emergencia.

Despensas, cobijas, agua, medicinas, todo real, todo legítimo, probablemente comprado o robado de bodegas del gobierno. Pero debajo de esa capa de ayuda humanitaria, separada por tablones de madera que funcionaban como un falso fondo, estaba la carga real, las armas, las municiones, el equipo táctico y las provisiones militares.

Los rifles estaban envueltos en cobijas de las mismas despensas que servían de fachada. Las municiones estaban en cajas de cartón etiquetadas como material médico. Las granadas estaban dentro de botiquines de primeros auxilios cuyo contenido médico había sido reemplazado por explosivos, granadas dentro de botiquines de primeros auxilios, rifles envueltos en cobijas del DIF, municiones etiquetadas como material médico.

Cada detalle del camuflaje estaba diseñado para que incluso una inspección visual superficial confirmara la historia de la ayuda humanitaria. Solo una inspección física donde alguien levantara las cajas de despensas y descubriera los tablones del falso fondo revelaría lo que había debajo. Y en un retén nocturno, con seis camionetas esperando, la probabilidad de que un soldado hiciera esa inspección física era baja, a menos que tuviera razones para sospechar. Y las tuvo.

Gracias a las cámaras de placas y a la llamada a la coordinación de Protección Civil que confirmó que no había ninguna emergencia. Es el tercer caso que cubrimos donde el CJ usa vehículos de emergencia como cobertura, las ambulancias en Jalisco, los camiones de mudanza en Puebla, que aunque no eran de emergencia, sí explotaban la misma lógica de derecho de paso, y ahora Protección Civil en Durango.

El patrón es claro. El CJNG está convirtiendo los vehículos de servicio público en caballos de Troya y cada vez que lo hace destruye la confianza de la sociedad en una institución más. Durango, el estado que comparte con Sinaloa y Chihuahua lo que se conoce como el triángulo dorado, la zona montañosa más extensa y más aislada de México, donde se ha producido droga durante más de medio siglo.

La sierra de Durango es tierra de cañadas profundas, de bosques de pino que se extienden hasta donde alcanza la vista, de pueblos que se aferran a las laderas de las montañas como nidos de águila, conectados entre sí por caminos de terracería que se convierten en ríos de lodo cada temporada de lluvias. En esa sierra, el narcotráfico es la economía dominante desde hace generaciones.

Los abuelos sembraban amapola, los padres sembraban marihuana y los hijos producen metanfetamina en laboratorios clandestinos que se mueven de cañada en cañada para evadir los operativos militares. Es una economía ilícita tan arraigada en la cultura local que muchas familias de la sierra no la consideran criminal, la consideran trabajo.

es lo que hay, dicen con un encogimiento de hombros que resume décadas de abandono estatal. La transformación del triángulo dorado de zona de cultivo a zona de producción de drogas sintéticas ha cambiado la dinámica del territorio. Antes, la sierra producía materia prima vegetal, amapola y marihuana.

Los campesinos sembraban, cosechaban y vendían el producto bruto a intermediarios que lo procesaban en otro lugar. Era una cadena donde el campesino estaba en el eslabón más bajo y más barato. Ahora la sierra produce droga sintética de alta rentabilidad. Los laboratorios de metanfetamina y fentanilo se montan en las cañadas más remotas, donde el acceso es difícil para el ejército y donde los precursores químicos llegan en mulas por caminos que solo conocen los locales.

La producción de sintéticas genera mucho más dinero que el cultivo de amapola y ese dinero atrae a los cárteles grandes que quieren controlar la producción y las rutas de transporte que antes estaban en manos de operadores locales. El CJNG llegó al triángulo dorado persiguiendo ese dinero. Quiere los laboratorios, quiere las rutas, quiere a los cocineros que saben sintetizar metanfetamina de alta pureza y quiere el corredor que baja la droga de la sierra de Durango hacia la frontera de Chihuahua y Sonora, donde los puntos de

cruce hacia Estados Unidos están entre los más activos del planeta. El CJNG quiere controlar las rutas de transporte que bajan la droga de la sierra de Durango hacia los puntos de cruce en la frontera norte. Esas rutas pasan por carreteras federales y estatales que atraviesan la sierra y por brechas de terracería que solo conocen los que nacieron ahí.

Controlar esas rutas significa controlar el flujo de droga que sale de una de las zonas de producción más prolíficas de México. Y para controlarlas, el CJNG necesita posiciones en la sierra, puntos de vigilancia, campamentos, bases de operaciones desde donde coordinar el tránsito de la mercancía y la defensa del territorio contra los grupos rivales que también quieren esas rutas.

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