Posted in

El ritual del sofrito y el pitido de la discordia

Parte 1: El ritual del sofrito y el pitido de la discordia

El sol de mediodía entraba por la ventana de la cocina con una insistencia casi personal.

Era uno de esos domingos en los que el aire de Madrid parece pesar un poco más de lo normal.

Paco estaba allí, firme ante su encimera de granito, como un capitán que se niega a abandonar un barco que, en realidad, solo tiene un poco de cal en las tuberías.

Llevaba puesto un delantal que ponía “El Rey de la Barbacoa”, un regalo de su nuera Elena que él usaba con una mezcla de ironía y resignación.

Paco no hacía barbacoas, Paco hacía guisos.

Y los guisos, según su estricto código de honor, requerían silencio, paciencia y una radio de fondo comentando la jornada de liga.

En la encimera descansaban tres pimientos verdes, una cebolla que ya empezaba a llorar antes de que le tocaran el cuchillo y un bote de tomate natural que Paco miraba con sospecha.

— En mis tiempos, el tomate se pelaba a mano, no venía en chapa —murmuró Paco para nadie en particular.

Se ajustó las gafas de cerca, esas que siempre se le resbalaban por el puente de la nariz debido al sudor y al vapor del caldo.

De repente, el timbre de la puerta rompió la mística del sofrito.

Eran ellos.

Elena, su hijo Marcos y el pequeño Dani, que entró en la casa como un vendaval, dejando la mochila en cualquier sitio menos en el perchero.

— ¡Hola, abuelo! —gritó el niño mientras corría hacia el salón para encender la consola.

Paco suspiró, pero una sonrisa leve se le escapó entre las comisuras de los labios.

— ¡Cuidado con las esquinas, que te vas a abrir la crisma! —advirtió, cumpliendo con su cupo de advertencias de abuelo para los primeros cinco minutos.

Elena entró en la cocina poco después, cargada con una bolsa de pasteles de la confitería de la esquina.

— Hola, Paco, ¿cómo va ese aroma? Huele que alimenta desde el rellano —dijo ella, dejando los pasteles sobre la mesa de madera.

— Va tirando, Elena, va tirando —respondió Paco, mientras removía la cebolla con una cuchara de palo que tenía más años que la propia democracia—. Aunque ya sabes que a la cebolla hoy en día le falta sustancia.

Read More