El Vaticano nunca deja de ser el epicentro de intrigas que mezclan la fe con el poder terrenal, pero las recientes declaraciones del vaticanista y escritor italiano Massimo Franco han llevado la conversación a un nivel sísmico. En el marco del primer aniversario del pontificado de León XIV, Franco ha presentado su libro “Papas, dólares y guerra”, una obra que disecciona las fuerzas invisibles —y no tan espirituales— que habrían operado en la elección del primer Papa estadounidense de la historia. Según el analista, el dinero proveniente de los donantes de Estados Unidos y una profunda necesidad de unidad tras el caótico final de la era de Francisco fueron los motores principales de este cambio histórico.
Una de las tesis más polémicas de Franco sostiene que durante el papado de Francisco, el flujo de capital de los grandes donantes estadounidenses se había enfriado considerablemente. Las reformas económicas y el estilo “periférico” del Pap
a argentino generaron una distancia con el sector más pudiente de la Iglesia en Norteamérica. Sin embargo, antes del último cónclave, la necesidad de “hacer volver el dinero” se convirtió en un tema recurrente en las congregaciones de cardenales.

El libro sugiere que la elección de un Papa estadounidense no fue solo una ruptura de un tabú histórico —superando obstáculos como el estigma de los escándalos de abusos sexuales y la percepción de un episcopado excesivamente rico— sino también un movimiento estratégico para estabilizar las finanzas vaticanas. La llegada de León XIV habría logrado lo que parecía imposible: reunificar al episcopado de su país y reabrir los grifos financieros que sostienen la estructura global de la Santa Sede.
La desesperación de Donald Trump y el error de cálculo político
El análisis de Franco no se limita a los muros del Vaticano; cruza el Atlántico para analizar el impacto en la política interna de Estados Unidos. Según el periodista, Donald Trump ha cometido un error de cálculo monumental al asumir que un Papa nacido en su país sería un aliado automático de su administración. La realidad ha sido un golpe de humildad para el magnate. El Vaticano, por su propia naturaleza, es la encarnación del multilateralismo y el respeto a las reglas internacionales, algo que choca frontalmente con la política exterior unilateral que Trump ha intentado imponer.
“Trump está desesperado”, afirma Franco, señalando que el expresidente ve con horror cómo su influencia sobre el electorado católico se desvanece. En 2024, Trump contaba con el apoyo del 57% de los católicos estadounidenses, una cifra que hoy ha caído por debajo del 40%. La figura de León XIV ha emergido no como un aliado de Washington, sino como el verdadero líder moral de “todos los americanos”, desplazando la figura histérica y divisiva del político por la serenidad y la autoridad del Pontífice. Para el Vaticano, apoyar a un gobierno que ataca a otros países sin consultar a sus aliados no es una opción, y esta firmeza ha dejado a Trump en una posición de debilidad inédita frente a su base religiosa.
Entre Pedro y Judas: La tensión en el Cónclave
El libro de Massimo Franco también rescata momentos de altísima tensión dialéctica entre los príncipes de la Iglesia. Uno de los episodios más reveladores involucra al cardenal conservador Gerhard Müller y al cardenal alemán Reinhard Marx. Durante las discusiones sobre la gestión del dinero y la influencia de las finanzas en la elección, Müller habría exclamado con dureza: “Tenemos que elegir al sucesor de Pedro, no al de Judas”.
Esta frase encapsula el dilema moral que enfrentó el Colegio Cardenalicio: la necesidad de sanear las cuentas y recuperar la influencia financiera frente al riesgo de mercantilizar la figura del Vicario de Cristo. Aunque Müller cuestionó posteriormente el título del libro de Franco por considerar inoportuno vincular tan directamente al Papa con el dinero, la realidad de las discusiones previas al cónclave demuestra que la economía fue un factor determinante. La Iglesia venía de dos traumas profundos: la renuncia de Benedicto XVI y el estilo revolucionario pero divisivo de Francisco. León XIV recibió el mandato de reconstruir y reunificar, una tarea que, según el autor, es mucho más difícil que atraer de nuevo los dólares estadounidenses.

Un nuevo tiempo para una Iglesia herida
A un año de su elección, León XIV se enfrenta al desafío de cerrar las heridas abiertas durante dos décadas de inestabilidad. Franco sostiene que no se puede hablar simplemente de “continuidad” o “discontinuidad” con los predecesores, ya que el mundo de 2013, cuando Francisco asumió, es radicalmente distinto al actual. El nuevo Papa debe navegar en un mar de divisiones internas, desde los sectores tradicionalistas que claman por la misa en latín hasta las tensiones geopolíticas globales.
El éxito inicial de León XIV radica en haber logrado el voto unánime del episcopado estadounidense, un bloque que antes estaba fragmentado. Sin embargo, la reunificación total de la fe católica sigue siendo un horizonte lejano. Lo que queda claro tras las revelaciones de Franco es que el Vaticano ha recuperado su peso en el escenario internacional, no solo a través de la oración, sino mediante una diplomacia sofisticada y una gestión económica que ha dejado a líderes mundiales como Trump fuera de juego. La era de León XIV apenas comienza, y con ella, una nueva forma de entender cómo el poder del espíritu y el poder del dólar conviven en el corazón de Roma.