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Nieta de SYLVESTER STALLONE emociona al MUNDO al hablar de Jesús en programa de TV

¿Qué secretos guardaba el corazón del hombre detrás de la leyenda? ¿Qué sucede cuando el héroe de acción de Hollywood se enfrenta a sus propios demonios sin guion que lo salve? Cistin Rose Stallon, hija de Jennifer Flavin y Silvester Stallon, nieta del legendario actor, había sido invitada a un popular programa de entrevistas para hablar sobre su incipiente carrera como modelo y actriz.

Nadie, ni siquiera el experimentado conductor, podía anticipar que sus palabras estremecerían los corazones de millones de espectadores y se volverían virales en cuestión de horas. “Tu abuelo es un icono”, comentó el presentador con una sonrisa ensayada. “Rocky y Rambo, personajes que representan la fuerza, la determinación.

¿Cómo ha influido eso en tu vida?” Sistin sonrió, pero no era la sonrisa preparada de una celebridad entrenada para las cámaras. Era una sonrisa diferente, cargada de un significado más profundo. La gente conoce a mi abuelo por sus personajes, por su físico, por sus películas, comenzó ella con una voz que ganaba seguridad con cada palabra.

Pero muy pocos conocen al hombre que en los momentos más oscuros de su vida encontró luz en las palabras de Jesús. Un murmullo recorrió el set. El presentador, visiblemente sorprendido, se inclinó hacia adelante. Esto no estaba en las tarjetas de preguntas. “Mi abuelo nunca ha sido muy público respecto a su fe”, continuó Sistín.

 Pero en nuestra familia conocemos una historia diferente, una historia de caídas y redención que comenzó mucho antes de Rocky, cuando nadie creía en él, cuando dormía en las calles y estuvo a punto de vender a su mejor amigo, su perro, porque no podía alimentarlo. La joven hizo una pausa como si estuviera decidiendo cuánto revelar.

El silencio en el estudio era absoluto. A lo que muchos no saben es que mi abuelo guarda una Biblia gastada con páginas marcadas y anotaciones en los márgenes. La misma Biblia que lo acompañó durante sus días más difíciles, cuando Hollywood le cerraba todas las puertas. La cámara capturó el rostro conmovido del presentador, quien había perdido completamente el control de la entrevista, pero no parecía importarle.

¿Podrías contarnos más sobre eso? preguntó con genuino interés. Cistina asintió y comenzó a narrar una historia que nadie fuera del círculo íntimo de los Stalon había escuchado jamás. La historia de Silvester Stalon es bien conocida en sus aspectos superficiales. Nacido en Hell’s Kitchen, Nueva York, el 6 de julio de 1946, sufrió complicaciones durante el parto que dejaron parte de su rostro paralizado, dándole su característica forma de hablar.

 Lo que pocos saben es que esa marca, que más tarde sería parte de su identidad como actor, fue también una cruz que tuvo que cargar durante su infancia y adolescencia. Mi abuelo me contó que los niños se burlaban de él. Lo llamaban por su forma de hablar, explicó Cistine con la voz entrecortada. En los maestros lo ponían en clases especiales porque pensaban que tenía problemas de aprendizaje.

 Su propia familia lo trataba como si fuera menos capaz que los demás. Esas experiencias tempranas de rechazo y humillación moldearon el carácter de Stalón de maneras que se reflejarían más tarde en sus personajes más emblemáticos, outsiders luchando contra un mundo que no cree en ellos. La adolescencia de Stalón estuvo marcada por la turbulencia.

Sus padres se divorciaron cuando tenía 9 años y el joven Silvester pasó tiempo en hogares de acogida. Fue expulsado de 14 escuelas y luchaba con una ira que no sabía canalizar. Él me dijo una vez que en esos años sentía que estaba completamente solo en el mundo continuó Sistín, que nadie apostaba por él, que era invisible, excepto cuando causaba problemas.

Fue durante esos años tumultuosos cuando ocurrió algo que Stalón rara vez menciona en entrevistas. Su primer encuentro significativo con la fe cristiana. No fue en una iglesia impresionante ni a través de un predicador carismático. Fue en la sencillez de un hogar de acogida donde una mujer mayor leía la Biblia cada noche.

 Mi abuelo me contó que se burlaba de ella al principio dijo Cistín. Le parecía ridículo que alguien pudiera encontrar consuelo en un libro tan antiguo, pero una noche no podía dormir, atormentado por pesadillas y miedos sobre su futuro, y la escuchó leyendo en voz baja el salmo 23. Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo.

 Tu vara y tu callado me infunden aliento. Esas palabras se grabaron en su mente. Aunque en ese momento no entendió completamente su significado, serían la primera semilla que años más tarde florecería en momentos de desesperación. Los años siguientes fueron de lucha constante. Stalón intentó labrarse un camino como actor, pero las puertas se cerraban una tras otra.

 Su peculiar forma de hablar, que más tarde sería su marca registrada, era entonces un obstáculo infranqueable. Pocas personas saben que mi abuelo llegó a estar tan desesperado que participó en una película para adultos porque literalmente no tenía para comer. Reveló Sistín provocando jadeos en el público del estudio.

 Él no lo esconde, pero tampoco lo menciona. Dice que fue su punto más bajo, donde tocó fondo, donde el orgullo ya no importaba, solo la supervivencia. Fue precisamente en ese periodo oscuro cuando ocurrió uno de los episodios más conmovedores y menos conocidos de la vida del actor. Stalón vivía en un pequeño apartamento infestado de cucarachas.

 No tenía calefacción y apenas podía pagar el alquiler. Su único compañero era un perro llamado Botkus, un bull mastif que lo acompañaba desde cachorro. La relación con ese perro era lo único puro en su vida en ese momento, explicó Sistin. Mi abuelo dice que BCUS lo miraba con un amor incondicional que ningún humano le había mostrado jamás.

 No le importaba si era famoso o un don nadie, si hablaba raro o si no tenía dinero. Lo amaba simplemente. Pero llegó un momento en que Stalón no podía ni siquiera alimentarse a sí mismo, mucho menos a un perro de esa talla. Con el corazón destrozado, se vio obligado a tomar la decisión más dolorosa, vender a su mejor amigo.

 Lo llevó a una tienda de licores donde un desconocido lo compró por $40. “Esa noche mi abuelo me contó que lloró como nunca antes”, dijo Cistín con lágrimas en los ojos. No solo por el perro, sino porque sintió que había tocado fondo. Había vendido lo único puro que tenía en su vida. Esa misma noche, desesperado, Stalón sacó de debajo de su colchón aquella Biblia que la mujer del hogar de acogida le había regalado años atrás.

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