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Camilo Sesto fue Humillado en una Tienda de Madrid — Lo que Hizo Después CONMOCIONÓ a España

Camilo VI fue humillado en un concesionario de Madrid. Su reacción dejó a todos sin palabras. Una simple visita a una tienda de música de la Gran Vía se convirtió en el escándalo más inesperado de 1983. Camilo VI, el cantante más famoso de España, había entrado vestido de manera casual después de un ensayo, sudadera con capucha, vaqueros y zapatillas deportivas.

solo quería comprar un piano para su estudio personal después de una temporada extraordinaria con éxitos como Perdóname y quieres ser mi amante, pero lo que le pasó dentro de esa tienda se volvería viral antes de que existiera internet y su reacción posterior conmocionaría a toda España. Era una tarde de octubre de 1983.

Mi Camilo acababa de terminar un ensayo intenso en los estudios Sonoland para su próxima gira. Llevaba más de tres horas perfeccionando los arreglos de sus nuevas canciones y tenía la ropa empapada en sudor y el pelo despeinado. Caminando por la gran vía hacia su coche, se detuvo frente a instrumentos musicales Armonia, la tienda más prestigiosa de Madrid.

En el escaparate había un piano de cola Sway que había captado su atención durante semanas. La tienda era un templo de la música clásica madrileña. Paredes forradas de madera oscura, instrumentos de cuerda antiguos colgando como obras de arte y esa atmósfera reverencial que intimida Boy cualquiera que no tenga un título del conservatorio.

Camilo empujó la puerta de cristal y entró. Me el sonido de sus zapatillas deportivas sobre el suelo de mármol resonó en el silencio casi religioso del lugar. Carmen Vázquez, la encargada de ventas, levantó la vista desde su escritorio. Tenía 45 años, llevaba 20 trabajando en la tienda y había desarrollado un radar infalible para identificar clientes serios versus curiosos perdidos.

Lo que vio no le gustó nada. Un joven de unos 30 años, malvestido, sudoroso, que parecía haberse colado por error en su santuario musical. Camilo se dirigió directamente hacia el piano Stainway que había visto en el escaparate. Sus ojos brillaron al ver el instrumento de cerca y era exactamente lo que necesitaba para su estudio.

Un piano que pudiera manejar tanto las baladas más íntimas como las interpretaciones más potentes. Se acercó y instintivamente levantó la tapa para ver las teclas. Disculpe, la voz cortante de Carmen lo detuvo en seco. Se acercó con pasos rápidos taconeando sobre el mármol. Se encuentra perdido, señor. Camilo se volvió hacia ella, sorprendido por el tono hostil.

No, solo estoy mirando este piano. Carmen lo examinó de arriba a abajo con desaprobación evidente. Este no es un lugar para mirar, señor. Estos instrumentos no son de exhibición. Ahí son instrumentos profesionales para músicos. serios. Entiendo, respondió Camilo con calma. De hecho, me gustaría comprarlo. Carmen soltó una risa seca.

¿Comprarlo, tiene idea de cuánto cuesta este piano? Supongo que mucho, dijo Camilo, manteniéndose tranquilo. Por eso pregunto, señor, trabajamos solo con músicos profesionales. Necesita una cita previa, referencias y una evaluación de sus necesidades musicales reales. En ese momento, don Alberto Mendoza, el dueño de la tienda, salió de su oficina privada atraído por la conversación elevada.

Carmen continuó y cada vez más agresiva. Mire, no sé qué tipo de trabajo hace usted, pero jóvenes como usted normalmente vienen aquí para sacerse fotografías o para impresionar a sus novias. Este no es un parque de diversiones. Las palabras de Carmen resonaron por toda la tienda, atrayendo las miradas de los otros clientes.

Un anciano que examinaba violines en el otro extremo de la tienda levantó la cabeza. Sorprendido por la dureza del tono. Una pareja de mediana edad que miraba guitarras clásicas se volvió con curiosidad. Camilo sintió que la sangre le subía a las mejillas, pero mantuvo la composur.

Señora, solo quiero comprar un piano. ¿Hay algún problema con eso? El problema, respondió Carmen con condescendencia. Es que usted claramente no entiende el nivel de este establecimiento. No vendemos juguetes, vendemos instrumentos que cuestan lo que un coche a personas que saben valorarlos. ¿Y cómo sabe usted que yo no puedo valorar un buen instrumento? Carmen señaló su ropa con un gesto despectivo.

Señor, seamos honestos, su presentación no sugiere exactamente que tenga los recursos para una compra seria. Don Alberto se acercó percibiendo que la situación se estaba saliendo de control. Carmen, ¿hay algún problema? Ningún problema, don Alberto. Y solo explico a este joven que necesitamos un proceso más formal para ventas importantes.

Fue entonces cuando Miguel Torra, un compositor conocido en los círculos musicales madrileños, reconoció la voz que había estado escuchando toda la conversación. Se acercó desde el fondo de la tienda donde había estado probando un clavecín. “Perdón por interrumpir”, dijo con voz temblorosa, “¿Pero no sabe usted quién es este señor? Carmen lo miró con irritación.

No me interesa quién cree que es. Las reglas son las mismas para todos. Señora, continuó Miguel. Este es Camilo VI. Un silencio absoluto cayó sobre la tienda y Carmen parpadeó varias veces como si no hubiera procesado las palabras. Como dice Camilo VI, repitió Miguel más fuerte el cantante. Perdóname algo de mí. Jesucristo Superstar.

El reconocimiento golpeó a Carmen como un rayo, pero su reacción fue inesperada. En lugar de disculparse, Carmen dobló la puesta. Por favor, me toman por tonta. Camilo se no vendría aquí vestido. Así. Don Alberto se acercó más, estudiando el rostro de Camilo con atención creciente. Carmen, su voz tenía un tono de advertencia.

Don Alberto y este señor claramente está mintiendo para obtener tratamiento especial. He visto fotos de Camilo Sexo. Siempre va elegante con trajes, no con esto. Camilo finalmente habló. Su voz tranquila, pero con un matiz de cansancio. Señora, acabo de salir de un ensayo. No suelo ir de traje a los estudios de grabación. Ja.

Carmen cruzó los brazos y supongo que va muy a cantarme algo para demostrarlo. Don Alberto palideció. Ahora podía ver claramente los rasgos familiares, la estructura facial, los ojos característicos. Carmen, creo que deberías, don Alberto, no se deje engañar por este impostor. En ese momento y la campanilla de la puerta sonó y entraron dos mujeres jóvenes.

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