Los SECRETOS OSCUROS de Corazón Salvaje que Televisa NO quiere que sepas
Corazón Salvaje no fue solo una telenovela, fue un fenómeno mundial que cambió la televisión para siempre. Pero, ¿sabías que detrás de esa perfección hubo jarrones rotos por papeles que no consiguieron, rechazos de superestrellas por no saber actuar y una química que traspasaba pantallas y de la cual nadie sabía? Hoy te cuento los secretos mejor guardados de la producción que consagró a dos leyendas que tristemente ya no están con nosotros.
Quédense hasta el final porque estos datos te sorprenderán. Corazón Salvaje no fue una historia inventada para la televisión. Nació en 1957 de la pluma de la escritora cubana Caridad Bravo Adams y antes de llegar a Televisa ya había sido adaptada al cine y a la televisión en dos ocasiones, en 1966 y en 1977. Ninguna versión anterior se acercó siquiera a lo que se lograría en 1993.
Cuando el productor José Rendón y la escritora María Saratini tomaron el proyecto, su meta era una sola, hacer algo que pareciera más una película que una telenovela. Y para eso necesitaban el elenco perfecto. Ahí empezó la guerra. Desde que salió el primer capítulo el 5 de julio de 1993, la telenovela fue un exitazo.
La gente la recibió asombrada por lo que veía. Los actores parecían haber nacido para sus personajes, pero lo que muy pocos saben es la guerra de casting que hubo detrás de cámaras para encontrar a Juan del La producción necesitaba un actor con presencia, carisma y ese magnetismo salvaje capaz de enamorar al ojo femenino de medio mundo.
Y la primera opción que tuvieron fue Ricardo Arjona, el cantante guatemalteco. Arjona era enormemente popular en esa época y tenía esa energía romántica que buscaban. Pero Ricardo, quien se caracteriza por ser muy profesional, después de varias pruebas reconoció que no era lo suyo y dijo sin rodeos, “Yo no soy actor, soy cantante, prefiero no estar.
Hay que respetarle esa honestidad.” La segunda opción fue Alejandro Camacho, quien venía con toda la fama del exitazo de Cuna de Lobos, pero en el casting no convenció del todo. Seguía sin aparecer el Juan del perfecto. Entonces, la producción puso sus ojos en un actor sensación llegado de Cuba, César Ébora. Nacido el 4 de noviembre de 1959 en La Habana.
Lo extraordinario es que esta producción dramática sería su primera telenovela en México. Sin embargo, durante el casting, los productores se dieron cuenta de que la energía de César encajaba mucho mejor con otro personaje, el de Marcelo Romero Vargas, papel que terminaría interpretando de manera magistral. Y aquí es donde viene un dato que pocos conocen.
También se pensó en Ricky Martin, quien en 1991 había dejado muy buenas impresiones en la telenovela juvenil Alcanzar una estrella dos, pero Ricky ya tenía compromisos musicales y no pudo aceptar el papel. Entonces, ¿cómo llegó Eduardo Palomo? Aquí está la mejor parte de esta historia, pues Eduardo Palomo no fue llamado a ningún casting.
Él se enteró por su cuenta de que estaban buscando a Juan del y simplemente se presentó. No llegó con traje ni peinado impecable. Llegó con la camisa algo desabrochada, el cabello despeinado, el aspecto desgarbado de un hombre rebelde, porque así creía él que debía lucir Juan del La reacción de la producción fue de asombro total.
Quedaron tan fascinados con su interpretación que no solo le dieron el papel, sino que adaptaron esa imagen rebelde al personaje. A veces el destino simplemente sabe lo que hace. Si el casting masculino estuvo lleno de sorpresas, el femenino fue directamente una telenovela antes de la telenovela. Presten atención porque acá se vuelve interesante la historia.
Originalmente, Erika Wenfield era la elegida para interpretar a Aimé, la villana de la historia. El productor José Rendón y la escritora María Saratini le explicaron hasta el cansancio que hacer el papel de villana sería un enorme beneficio para su carrera. Pero Erika estaba encaprichada con el personaje de Mónica y pidió unos días para pensar hacer el papel.
¿Y qué pasó en esos días? Pues Ana Colchero se enteró de que aún había casting abierto para Aimée. Su audición dejó con la boca abierta a toda la producción y le dieron el papel de inmediato. En los siguientes días, Erika Wenfield llamó por teléfono diciendo que aceptaba hacer a Aime. Pero ya era demasiado tarde. Ana Colchero ya estaba hasta probándose el vestuario.

Como dice el dicho, camarón que se duerme se lo lleva a la corriente. Y ahora viene el momento más explosivo de todo el casting. El papel de Mónica de Altamira también generó una tormenta. ¿A que no saben quién estaba encantada de hacer ese personaje? Salma Hayek estaba feliz, ilusionada, preparándose hasta que el productor quedó más convencido con la audición de Edit González.
Cuando le avisaron a Salma que no había quedado en el papel, la futura estrella de Hollywood agarró un jarrón del estudio y lo rompió en 1000 pedazos. Patricia Manterola también estuvo en la órbita para hacer a Mónica de Altamira, pero la producción consideró que su imagen era demasiado sensual para el personaje. Quizás tenían razón.
A Patti le quedaba mejor estar en Garibaldi. Con el pasar de los años, Edit González reveló en una entrevista un secreto del set que a más de uno le va a sacar una sonrisa. Ella y Eduardo Palomo tenían la costumbre de besarse antes de comenzar a grabar sus escenas de amor como una manera de calentar motores según sus propias palabras.
Según Edit era un placer absoluto. Estos dos eran bien traviesos, hay que decirlo. ¿Ustedes creen que Salma Hayek hubiera sido una mejor Mónica que Edith González? Déjenlo en los comentarios, los estaré leyendo. José Rendón, el productor de la telenovela, tenía una visión muy clara desde el principio. Quería que Corazón Salvaje se sintiera más como cine que como televisión.
Y para lograrlo, tomó decisiones de producción que nunca se habían visto en una telenovela mexicana. Muchas escenas se grabaron con cámaras en mano, acercando al espectador a los personajes como si fuera un testigo directo de los eventos. El espectador no solo veía la historia, la vivía. La telenovela se rodó en Puerto Vallarta, Nayarit y Cuernavaca, y gran parte en la majestuosa hacienda Vista hermosa, hoy convertida en hotel.
Esas locaciones daban la atmósfera colonial y apasionada que necesitaba la historia. El vestuario fue una obsesión. Trabajaron más de seis equipos de sastrería, dirigidos por especialistas en la época, confeccionando cientos de vestidos, abrigos, blusas, faldas, sombreros, guantes, sombrillas y todo tipo de accesorios.
