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La víspera del desastre

PARTE 1: La víspera del desastre

Marta se despertó aquel sábado con una opresión en el pecho que no era normal.

No era el café de cápsula que se había tomado a toda prisa.

No era el estrés del trabajo acumulado de la semana.

Era algo mucho más profundo, más visceral, más puramente español.

Era el cumpleaños de su suegra, Doña Purificación.

En casa de Marta, el cumpleaños de “la Puri” se trataba con la misma solemnidad que una cumbre de la OTAN.

O quizá con más miedo.

Javi, su marido, dormía a su lado con la tranquilidad de quien no tiene que tomar decisiones críticas.

Él siempre decía lo mismo: “Cariño, lo que tú elijas estará bien”.

Marta sabía que esa frase era la trampa más grande de la historia de la humanidad.

“Lo que tú elijas estará bien” significaba en realidad: “Si fallas, la culpa será exclusivamente tuya”.

Marta se levantó de la cama y caminó por el pasillo frío de su piso en el centro de Madrid.

Se miró al espejo del baño y vio ojeras.

Ojeras de haber pasado tres noches soñando con bufandas, perfumes y juegos de sartenes.

El año pasado le regaló un robot de cocina de última generación.

Puri lo usaba ahora para guardar las bolsas de plástico de la compra.

El anterior le regaló un bolso de piel de Ubrique, legítimo y carísimo.

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