Tercer toque, un pase de [música] tacón que casi termina en gol. Brasil enloqueció. El nuevo Pele, el sucesor de Ronaldinho, el futuro del fútbol brasileño. Tenía 17 años y ya tenía el peso de un país entero sobre sus hombros. Pero mientras Brasil lo adoraba, su padre negociaba. En 2009, Neymar Senor creó una empresa, se llamaba NNN Administra Participa la empresa de la familia Neymar.
Todos los contratos publicitarios [música] de Neymar pasaban por esa empresa. Todos los patrocinios, todo el dinero. Y Neymar, señor, era el dueño del 51%. Nadin, la madre del 24%. Neymar el jugador, del 25%. [música] Piensa en eso. El jugador, el que hacía todo el trabajo, [música] tenía el porcentaje más bajo de su propia empresa y firmó esos papeles a los 17 años, sin abogados independientes, sin nadie que lo protegiera.
Solo su [música] padre diciéndole, “Confía en mí, yo sé lo que hago.” Entre 2009 [música] y 2013, Neymar dominó el fútbol brasileño. Tres campeonatos con Santos, [música] una Copa Libertadores, 136 goles [música] en 229 partidos, números de leyenda, números de fenómeno. Y mientras [música] tanto, su padre seguía negociando.
En 2011, Barcelona se acercó otra vez. Esta vez en serio querían fichar a Neymar. Le ofrecieron a Santos [música] 40 millones de euros. Neymar, señor, dijo que no. Mi hijo vale más. En [música] 2012, Real Madrid ofreció 50 millones. Neymar Señor dijo que no. ¿Por qué? [música] Le preguntaron los periodistas brasileños.
Porque mi hijo todavía no está listo. Porque Brasil lo necesita. Porque en 2014 hay mundial en casa. Esas eran las razones públicas. La razón real era otra. Cada año que Neymar se quedaba en Brasil, su padre podía negociar [música] nuevos contratos publicitarios, nuevos patrocinios, más dinero para la empresa familiar.
Si Neymar se iba a Europa, los contratos los negociaría el club y Neymar, señor, perdería control, así que lo mantuvo en Brasil. Un año más, otro año más. Mientras Messi y Cristiano [música] Ronaldo se repartían balones de oro en Europa, Neymar jugaba en Brasil esperando. 2013, finalmente Neymar se fue a Barcelona.
21 años, [música] tarde para un talento de su nivel. Ronaldinho había llegado a Europa a los 22, Ronaldo Nazario [música] a los 17. Messi nunca salió de Europa, pero Neymar llegó a los 21 porque su padre necesitaba más tiempo para exprimir [música] los contratos brasileños. El traspaso oficial fue de 57 millones de euros. Eso dijo Barcelona.
Eso dijeron los periódicos. La realidad fue [música] muy diferente. Esta es la primera revelación que [música] te prometí al principio. Los contratos que su padre firmó con tres clubes al mismo tiempo. En [música] 2015, la justicia española abrió una investigación. Querían saber cuánto había costado realmente el traspaso de Neymar.
Los documentos que encontraron fueron devastadores. Barcelona no pagó 57 millones, pagó 86 millones, pero dividieron el pago en diferentes conceptos para evadir impuestos. 17 millones a Santos, 40 millones a Enen, la empresa familiar, 10 millones a Neymar señor personalmente como comisión de representación, 9 millones en gastos [música] de fichaje, 8 millones en salarios del primer año, 2 millones en bonus de fichaje y lo mejor 34 [música] millones que Barcelona había pagado en 2011 cuando Neymar todavía tenía
19 [música] años cuando todavía jugaba en Santos. 34 millones por los derechos de preferencia para asegurarse que cuando Neymar saliera de Brasil vendría a Barcelona. Todo ilegal, todo oculto, todo para evadir impuestos. La justicia española acusó [música] a Barcelona de fraude fiscal.
Acusó a Neymar señor de blanqueo de capitales. Acusó [música] a Neymar de complicidad. Neymar, el jugador, no sabía nada. Tenía 23 años cuando se enteró, 5 años después de que su padre firmara esos contratos. Yo solo quería jugar al fútbol, dijo en el juzgado. Mi padre se encargaba de todo lo demás. El caso duró 4 años. Terminó en 2016. Neymar seor pagó una multa de 10 millones de euros.
Barcelona pagó 22 [música] millones. Neymar pagó 2 millones. Nadie fue a la cárcel porque cuando tienes dinero la justicia es más flexible. Pero el mensaje estaba claro. Neymar no controlaba nada. Su padre sí. La gloria y la sombra Barcelona. 2013 a 2017, 4 años donde Neymar debió convertirse en el mejor del mundo. Jugó junto a Messi, junto a Suárez, el tridente más letal de la historia del fútbol.
122 goles en 186 partidos, una Champions League, dos ligas, números increíbles, pero no suficientes, porque Neymar nunca fue el protagonista, siempre fue el sidekick, el amigo de Messi, el otro, y eso lo estaba matando por dentro. Neymar tiene que entender que aquí el jefe es Messi le dijo Luis Enrique, su entrenador. Puede ser el segundo mejor.
Pero no el mejor. Neymar sonreía en público, abrazaba a Messi en las fotos, celebraba los goles juntos, pero en privados estaba ahogando. “Quiero ser el mejor del mundo”, le dijo a su padre. “Quiero ganar el Balón de Oro, pero aquí nunca va a pasar.” Neymar, señor vio una oportunidad, no para que su hijo fuera feliz, para hacer el negocio de su vida.
En 2017, Paris Saint-Germain se acercó. Querían a Neymar. Estaban dispuestos a pagar lo que fuera. ¿Cuánto quieren?, preguntó Naser Alkelaifi, el presidente del PSG. 220 millones de euros, dijo Neymar. Señor, la cláusula de resisión la pagamos. Así de simple, sin regatear, sin negociar, pero había más, mucho más. El contrato de Neymar con el PSG incluía 30 millones de euros anuales de salario, 40 millones de bonus por fichaje, 30 millones para Neymar seor como comisión de intermediación, una casa en París valorada en 10
millones, cuatro coches de lujo, 20 billetes de avión privado al año para ir a Brasil. una cláusula que le permitía ausentarse cada febrero para ir al carnaval de Río. Ese último punto, recuérdalo, es importante. Agosto de 2017, Neymar llegó a París como el fichaje más caro de la historia. 220 millones de euros, el doble de lo que valía cualquier otro jugador.
La presentación fue en el Parque de los Príncipes, 45,000 personas, fuegos artificiales, luces, música. Neymar salió con una sonrisa, lágrimas en los ojos. Vengo aquí a hacer historia”, dijo. Lo que no dijo es que venía a hacer dinero. Su padre ya había calculado todo. Entre salarios, bonos, patrocinios y contratos publicitarios, Neymar ganaría 100 millones de euros al año en París.
100 millones. Y de esos 100 millones, 40 iban directo a la empresa familiar, a su padre. Esta es la segunda revelación que te prometí al principio. La en París, febrero de 2019. Neymar cumplió 27 años. decidió hacer una fiesta, una fiesta privada en una discoteca de París. Alquiló todo el local, 500 personas invitadas, modelos, jugadores, cantantes, influencers, amigos de Brasil que llegaron en jet privado.
La fiesta costó 500.000 € bebidas premium, comida de cinco estrellas, DJs internacionales y algo más, algo que solo se supo cuando una de las invitadas lo contó años después. Hubo cuartos VIP, cuartos privados donde pasaban cosas que no se podían grabar, drogas, sexo, todo lo que puedas imaginar.
Neymar no participó en todo, pero lo permitió. Era su fiesta, su dinero, su responsabilidad. A las 6 de la mañana, la policía francesa recibió quejas de los vecinos, ruido, disturbios, pero cuando llegaron ya todos se habían ido. Tres días después, una modelo brasileña llamada Nayila Trindade acusó a Neymar de violación.
Dijo que había pasado en esa fiesta, que Neymar la había agredido sexualmente en uno de los cuartos BP. La acusación explotó en Brasil, en Francia, en todo el mundo. Neymar negó todo. Publicó videos, mensajes de WhatsApp, pruebas de que la relación había sido consensuada. El caso fue a juicio, duró 6 meses. Finalmente, el juez desestimó los cargos por falta de pruebas.
Nayila fue acusada de extorsión, de mentir, de intentar sacarle dinero a Neymar. Pero el daño ya estaba hecho. La imagen de Neymar quedó manchada. Las marcas cancelaron contratos. Nike, su patrocinador de toda la vida, terminó su relación con él. “Fue lo peor que me pasó en la vida”, dijo Neymar en una entrevista después. No por los contratos perdidos, por cómo me miraba mi hijo, porque Neymar tenía un hijo.
David Luca tenía 7 años en ese momento, la edad suficiente para entender lo que decían en las noticias. Pero lo que nadie dice es que esa fiesta no fue la primera ni la última. Cada año, en febrero, Neymar desaparecía. Oficialmente lesiones, problemas musculares, dolores en el pie, rehabilitación. La realidad se iba a Brasil, al carnaval de Río, a las fiestas privadas en mansiones de San Paulo.
10 días, dos semanas, mientras el PSG jugaba partidos cruciales de Champions League, Neymar estaba en Brasil de fiesta y cuando volvía, recaídas, complicaciones, más semanas sin jugar. Los números son escalofriantes. Temporada 2017-2018. Lesionado en febrero, perdió 3 meses. Temporada 2018-2019. Lesado en enero, perdió 4 meses. Temporada 2019-2020.
Lesado en febrero, perdió 2s meses. Temporada 2020-2021. No hubo carnaval por la pandemia. Neymar jugó toda la temporada sin lesiones graves. Temporada 2021-2022. Lesado en febrero. Perdió seis semanas. Coincidencia, no patrón. Los médicos del PSG empezaron a sospechar. Los entrenadores empezaron a quejarse, los compañeros empezaron a molestarse.
Neymar no es profesional, dijo un jugador del PSG en una entrevista anónima. Vive para las fiestas. El fútbol es secundario. Pero el PSG no podía hacer nada. Habían pagado 220 millones. Le pagaban 30 millones al año. No podían admitir que habían cometido un error. Así que callaban y esperaban y rezaban para que Neymar estuviera sano en los partidos importantes.
Casi nunca lo estaba. Esta es la tercera revelación que te prometí al principio, el control absoluto de su padre. En 2020, un periodista brasileño investigó las finanzas de Neymar. Lo que encontró fue perturbador. Neymar ganaba 100 millones de euros al año entre salario del PSG y contratos publicitarios. De esos 100 millones, 40 millones iban a Nan la empresa familiar controlada por su padre.
15 millones iban a impuestos, 10 millones iban a su madre y su hermana. 5 millones iban a abogados y contadores. 30 millones quedaban para Neymar. 30 millones suena como mucho, pero no cuando tu estilo de vida cuesta 50 millones al año. Las fiestas, los jets privados, las casas, los coches, los regalos para amigos, los préstamos que nunca se devuelven.
Neymar gastaba más de lo que ganaba y cada vez que necesitaba más dinero tenía que pedirle a su padre. Neymar no tiene acceso directo a sus cuentas bancarias, reveló el periodista. Todo pasa por su padre, todo lo autoriza su padre. un hombre de 28 años ganando 100 millones al año sin control sobre su propio dinero.
¿Por qué? Porque cuando tenía 17 años, firmó papeles que le dieron a su padre el control absoluto y ahora, 11 años después no podía recuperarlo. Los contratos eran claros, legales, vinculantes. Estaba atrapado. En 2021, Neymar intentó cambiar las cosas. Contrató abogados independientes. Quería reestructurar la empresa familiar. Quería más control.
Su padre se negó. Si cambias algo, me voy”, le dijo. Y si me voy, todo se cae. Todos los contratos que negocié, todas las relaciones que construí, todo. Neymar se echó atrás porque tenía miedo. Miedo de perder a su padre, miedo de que todo se derrumbara. “Es complicado”, le dijo a un amigo cercano. Es mi padre.
¿Cómo voy a demandarlo? ¿Cómo voy a echarlo? Así que no hizo nada y su padre siguió controlando todo. 2022, Mundial de Qatar, la última oportunidad de Neymar de ganar la Copa del Mundo. Tenía 30 años. No habría otro mundial para él. Brasil llegó como favorito. Neymar estaba en forma. Había tenido una buena temporada con el PSG, sin lesiones en febrero, sin escándalos.
jugó bien en la fase de grupos, un gol contra Corea del Sur, una asistencia contra Croacia en cuartos de final y entonces, en el minuto 72, una falta, un pisotón en el tobillo, cayó al suelo, gritó de dolor, salió en camilla llorando, sabía lo que significaba. Brasil perdió el partido en penales, eliminados en cuartos de final, otra vez.
Neymar se quedó en el suelo con las manos en la cara, llorando como un niño, no por el dolor físico, por el dolor de saber que se le había acabado el tiempo. Nunca ganaría una copa del mundo, nunca ganaría un balón de oro, nunca sería considerado el mejor del mundo. Todo el talento, todo el potencial desperdiciado. La caída después del mundial de Qatar, algo cambió en Neymar.
No fue inmediato, fue gradual, como una luz que se apaga lentamente. Ya no sonreía igual, ya no jugaba con la misma alegría, ya no parecía importarle. En la temporada 20222023, Neymar jugó solo 29 partidos con el PSG, lesiones, suspensiones, problemas personales. Los aficionados del PSG empezaron a abuchearlo.
Mercenario, vago, fracaso. Habían pasado 6 años desde su llegada, 6 años y 220 millones de euros. Los resultados, ninguna Champions League, ningún balón de oro. Solo ligas francesas que nadie respeta. El PSG quería venderlo, pero nadie lo quería comprar. No a 30 millones de euros al año, no a un jugador de 31 años que se lesionaba cada febrero hasta que llegó la llamada.
Una llamada desde un lugar inesperado. Arabia Saudita, julio de 2023. Al Gilal, un club de la Liga Saudí, ofreció comprar a Tose Designai, Neymar, 90 millones de euros al PSG, 160 millones de euros a Neymar en 2 años, 160 millones. Por 2 años, 80 millones al año, más dinero que cualquier jugador en la historia, más que Cristiano Ronaldo, más que Benzema, más que todos.
Pero había una trampa. Tendría que irse a Arabia Saudita, a una liga que nadie ve, a un país donde no hay libertades, donde las mujeres no pueden ir a los estadios, donde ser gay es ilegal. Neymar dijo que no. Inicialmente, “No voy a terminar mi carrera en un cementerio de elefantes”, le dijo a sus amigos.
Pero su padre tenía otra opinión. Es la mejor oferta que vas a recibir”, le dijo Neymar. Señor, después de dos años vuelves a Europa si quieres o te retiras millonario. Pero nadie me va a respetar si me voy a Arabia, respondió Neymar. ¿Y te respetan ahora?, preguntó su padre. Te abuchean en París, te llaman fracaso, te dicen que desperdiciaste tu talento.
Eso es respeto. Neymar se quedó callado porque su padre tenía razón. Toma el dinero insistió Neymar. Señor, en 2 años ganas 160 millones, 40% para la empresa, 30% para impuestos. Te quedan 50 millones limpios, más de lo que has ahorrado en toda tu carrera. Y Neymar firmó. Agosto de 2023. Se fue a Arabia Saudita a los 31 años en el momento donde debería estar en su P.
La presentación en Algilal fue surreal. 60,000 personas en el estadio, fuegos artificiales, drones formando su cara en el cielo. Neymar sonríó, saludó, posó para las fotos, pero sus ojos estaban vacíos como si una parte de él hubiera muerto. “Vengo aquí a ganar títulos”, dijo en la presentación a hacer historia en el fútbol saudí.
Nadie le creyó, ni siquiera él mismo. Esta es la cuarta revelación que te prometí al principio, la lesión que todos vieron venir. Octubre de 2023. Neymar había jugado apenas cinco partidos con Algilal. Cinco partidos en dos meses. Brasil jugaba un partido clasificatorio para el mundial contra Uruguay. Neymar fue convocado.
Voló desde Arabia Saudita. 24 horas de viaje, minuto 44. Un pase largo. Neymar corrió a buscarlo. Plantó el pie. El defensor uruguayo lo barrió. El sonido se escuchó en todo el estadio. Un crujido, un grito. Neymar cayó. Se agarró la rodilla, gritó como nunca había gritado. Ligamento cruzado anterior roto, menisco dañado.
6 meses mínimo de recuperación. Los médicos dijeron que fue mala suerte, un accidente, una jugada desafortunada. La realidad es diferente. La realidad es que Neymar llegó a ese partido con las piernas cansadas, sin entrenar bien, sin la preparación física adecuada. ¿Por qué? Porque el fin de semana anterior había estado de fiesta en Dubai, una fiesta privada con amigos que llegaron desde Brasil.
Neymar no está en condiciones de jugar partidos de alto nivel”, dijo un médico deportivo que analizó la lesión. Su cuerpo está destruido por años de falta de profesionalismo. Noviembre de 2023. Neymar volvió a Brasil, a San Paulo, para operarse, para recuperarse. Los médicos le dijeron la verdad, la verdad que nadie le había dicho antes.
Si sigues así, tu carrera termina. No en 2 años, en 6 meses. Tus rodillas están destruidas. Tu espalda está destruida. Tu cuerpo tiene 31 años, pero está gastado como si tuvieras 40. Necesitas cambiar ahora. ¿O terminas en una silla de ruedas antes de los 40? Neymar lloró. No de dolor físico, de dolor por todo lo que había perdido.
Podría haber sido el mejor, le dijo al médico. Tenía el talento, tenía todo. ¿Y qué pasó? preguntó el médico. Neymar se quedó callado porque sabía la respuesta, pero no quería decirla en voz alta. Durante la recuperación, Neymar se quedó solo. Por primera vez en su vida adulta, solo, sin su padre controlando su agenda, sin amigos pidiéndole favores, sin fiestas, sin distracciones.
Solo él y sus pensamientos. Fue el momento más oscuro de mi vida”, confesó meses después. Peor que las lesiones, peor que los juicios, porque tenía que enfrentar la verdad. La verdad era simple. Había desperdiciado su talento. Había elegido el dinero sobre la gloria. Había dejado que su padre controlara su vida.
Había vivido para las fiestas en lugar de para el fútbol. Y ahora, a los 31 años era demasiado tarde para cambiar. En diciembre de 2023, Neymar publicó un video en Instagram. Un video extraño, diferente a todo lo que había publicado antes. Estaba en el gimnasio haciendo rehabilitación, sin música de fondo, sin filtros, sin sonrisa. Cometí muchos errores”, dijo.
Tomé malas decisiones. Confié en las personas equivocadas. Me dejé llevar por cosas que no importan. Pero voy a volver y cuando vuelva van a ver a un Neymar diferente. El video tuvo 50 millones de visitas, millones de comentarios, la mayoría de apoyo, algunos de burla. Ya lo escuchamos antes, escribió un usuario.
Siempre dice lo mismo, nunca cambia. Y tenía razón porque Neymar había dicho lo mismo después de cada lesión, después de cada escándalo, después de cada fracaso. Pero esta vez parecía diferente. Esta vez parecía que lo decía en serio. Enero de 2024, Neymar siguió en Brasil recuperándose, entrenando, alejado de todo.
Su padre intentó visitarlo varias veces. Neymar le dijo que no. Necesito estar solo”, le dijo. “Necesito tiempo.” Fue la primera vez en su vida que le dijo que no a su padre. “Neymar, señor, no lo tomó bien. Estás cometiendo un error”, le dijo. Me necesitas. Siempre me has necesitado. Sé que te necesito, respondió Neymar. Pero también sé que me destruiste.
Esas palabras me destruiste. Nunca las había dicho en voz alta. Su padre se fue enojado, herido, pero se fue. Y por primera vez en 31 años Neymar estaba libre. Pero la libertad vino con un precio, un precio que Neymar no esperaba. Sin su padre, manejando los contratos, empezaron a caerse marcas que cancelaron patrocinios, empresas que no renovaron acuerdos, inversiones que resultaron ser fraudes.
En tres meses, Neymar perdió 20 millones de euros. 20 millones que su padre había invertido en negocios fantasmas. Tu padre te estaba robando”, le dijo un abogado. Durante años todos esos negocios eran para él, no para ti. Neymar no quiso creerlo, pero los documentos no mentían. Empresas inmobiliarias en Brasil, donde Neymar señor era el único beneficiario.
Inversiones en criptomonedas que nunca existieron, préstamos a amigos que nunca se devolvieron, todo con el dinero de Neymar. Todo autorizado por Neymar, señor. ¿Cuánto perdí?, preguntó Neymar. Entre 50 y 80 millones de euros, respondió el abogado. En los últimos 5 años, Neymar se quedó en silencio. 80 millones, casi todo lo que había ahorrado.
En febrero de 2024, Neymar confrontó a su padre, no por teléfono, en persona. Volaron a Sao Paulo, se reunieron en una oficina, solo ellos dos, sin abogados, sin familia. Es verdad, preguntó Neymar. Me robaste 80 millones. No te robé, respondió Neymar. Señor, invertí tu dinero. Algunas inversiones salieron bien, otras no.
¿Y por qué tú eres el dueño de las empresas? Porque alguien tenía que protegerte. Tú no sabes de negocios. Yo sí, pero es mi dinero. Es nuestro dinero. Corrigió Neymar. Señor, yo hice todo esto posible. Yo te llevé a Santos. Yo negocié con Barcelona. Yo conseguí el contrato del PSG. Sin mía, estarías jugando en Mogi das Cruces. Y ahí estaba.
La verdad, la verdad que Neymar, señor, siempre había creído que su hijo le debía todo, que sin él Neymar no era nada. Tienes razón, dijo Neymar. Me ayudaste, me llevaste lejos. Pero también me destruiste. Te destruí, te hice millonario, te hice famoso, te di todo. Me quitaste mi vida. Nunca pude decidir nada. Nunca tuve control. Firmaba lo que tú me decías.
Iba donde tú me mandabas. Vivía como tú querías, porque yo sabía lo que era mejor para ti. No, dijo Neymar. ¿Sabías lo que era mejor para ti? Neymar señor se levantó furioso. Si eso es lo que piensas, termina el contrato. Despídeme, pero cuando todo se caiga, no me llames. Y se fue dando un portazo.
Neymar se quedó solo, llorando, no por su padre, por todo lo que había perdido, su carrera, su dinero, su felicidad. Todo sacrificado en el altar del control paterno. Marzo de 2024, Neymar contrató nuevos representantes, abogados independientes, contadores, gente que trabajaba para él, no para su padre.
Reestructuró la empresa familiar, se quedó con el 80%. Le dio a su padre el 10%, le dio a su madre el 10% restante. Neymar, señor, amenazó con demandarlo, pero no lo hizo porque sabía que perdería. Los contratos que había firmado eran legales, pero no éticos. Y si llegaban a un juicio público, su reputación quedaría destruida.
Así que aceptó, tomó su 10% y se alejó, pero el daño ya estaba hecho. La relación entre padre e hijo estaba rota, quizás irreparablemente. No hablo con mi padre desde hace meses”, confesó Neymar en una entrevista de abril de 2024. Me duele, es mi padre, pero también necesito protegerme. ¿Crees que algún día se reconcilien? No lo sé.
Eh, espero que sí, pero primero necesito sanar. Necesito entender quién soy sin él. Mayo de 2024. 8 meses después de la lesión, Neymar volvió a entrenar con Algilal. Ya no era el mismo físicamente. Las rodillas le dolían. La velocidad había disminuido. Los regates ya no eran tan explosivos, pero había algo diferente en sus ojos, una determinación que no había estado ahí antes.
Vengo a demostrar que todavía puedo dijo en una conferencia de prensa. No por el dinero, no por la fama, por mí. Junio de 2024, Neymar jugó su primer partido después de la lesión. 20 minutos contra un equipo menor de la Liga Saudí. No marcó, no dio asistencias, pero corrió, peleó, se esforzó y cuando salió del campo sonrió.
No la sonrisa falsa de las fotos, una sonrisa real. “¿Cómo te sentiste?”, le preguntaron. “Feliz”, respondió. “Hace años que no me sentía así jugando al fútbol. El presente incierto. Esta es la cuarta revelación que te prometí al principio, la conexión entre las fiestas y las lesiones. En julio de 2024, un periodista brasileño publicó una investigación.
Había analizado todas las lesiones de Neymar en los últimos 7 años. Los números eran claros, 15 lesiones graves entre 2017 y 2024. 13 de esas lesiones ocurrieron en febrero o marzo. 10 de esas lesiones ocurrieron después de viajes a Brasil. Ocho de esas lesiones ocurrieron después de eventos públicos donde Neymar fue visto de fiesta.
La correlación era imposible de ignorar. Neymar no se lesiona por mala suerte”, escribió el periodista. Se lesiona porque su cuerpo no aguanta el ritmo de vida que lleva. Las fiestas, las trasnochadas, el alcohol, todo eso cobra factura y la factura se paga en febrero. La investigación causó revuelo. Neymar no respondió.
Sus representantes dijeron que era especulación irresponsable, pero los números estaban ahí y no mentían. Agosto de 2024, Neymar cumplió 32 años, una edad que para la mayoría de los futbolistas es el declive. Para Neymar sentía como el final. “Sé que no me quedan muchos años”, dijo en una entrevista. “Quizás dos, quizás tres si tengo suerte.
” ¿Y qué quieres hacer con ese tiempo? Disfrutar por primera vez en mi vida. Disfrutar el fútbol sin presión. sin expectativas, sin tener que demostrarle nada a nadie, ni siquiera a tu padre. Neymar se quedó callado, luego sonríó. Una sonrisa triste, especialmente a mi padre. La verdad sobre Neymar es complicada, más complicada que la de Ronaldinho, más complicada que la de cualquier otro futbolista de su generación, porque Ronaldinho desperdició su talento por elección.
Ronaldinho eligió las fiestas. Ronaldinho eligió la felicidad sobre la gloria, pero Neymar nunca eligió. Le quitaron la capacidad de elegir cuando tenía 17 años. Su padre decidió por él qué firmaba, dónde jugaba, cómo vivía, cuándo se quedaba, cuándo se iba. Y cuando finalmente pudo elegir, ya era demasiado tarde.
En septiembre de 2024, Neymar dio una entrevista larga, una de las más honestas de su carrera. ¿Te arrepientes de algo?, le preguntaron. De todo, respondió. De haber confiado ciegamente, de no haber leído los contratos, de haber dejado que mi padre controlara mi vida, de haberte ido al PSG. Sí, fue el error más grande de mi carrera.
Me fui por dinero, no por fútbol, y el fútbol se dio cuenta. Y Arabia Saudita, Arabia fue rendirse, fue aceptar que ya no era el mejor, que nunca lo sería. ¿Crees que pudiste haber sido el mejor del mundo? Neymar tardó en responder. Cuando lo hizo, tenía lágrimas en los ojos. Sí, creo que sí. Tenía el talento, pero no tenía el carácter, no tenía la disciplina y, sobre todo, no tenía el control de mi propia vida.
¿Qué le dirías a tu yo de 17 años? Lee los contratos. No confíes en nadie, ni siquiera en tu padre, especialmente en tu padre. Tan malo fue, no fue malo. Mi padre me amaba. me ama, pero me amaba como una extensión de él, como su segunda oportunidad, no como una persona independiente. Y ahora, ahora estoy aprendiendo a ser yo mismo.
A los 32 años estoy aprendiendo quién soy sin mi padre diciéndome qué hacer. Octubre de 2024. Neymar anunció que su contrato con Algilal terminaría en junio de 2025. No voy a renovar, dijo. Vuelvo a Brasil, a Santos, el club donde empezó todo. Por dinero, no. Santos no puede pagarme lo que gano aquí. Voy a ganar un 10% de lo que gano ahora.
Entonces, ¿por qué? Porque quiero que mi hijo me vea jugar. Quiero que me vea feliz. No quiero que crezca pensando que el fútbol es solo dinero. Neymar tiene un hijo, David Luca, 12 años, la misma edad que tenía Neymar cuando firmó con Santos. “Veo a mi hijo y veo lo que yo fui”, dijo Neymar. “Un niño que amaba el fútbol, que solo quería jugar.
” “¿Tu hijo quiere ser futbolista?” “Sí, y eso me aterroriza.” ¿Por qué? Porque sé lo que viene, la presión, las expectativas, la gente que va a querer controlarlo, aprovecharse de él. Tú no lo vas a controlar como tu padre te controló. No, esa es la promesa que me hice. Si mi hijo quiere ser futbolista, bien, si no también.
Pero va a ser su decisión, no la mía. Noviembre de 2024. Neymar jugó su último partido en Arabia Saudita al Hilal versus al Naser. Cristiano Ronaldo en el otro equipo. Los dos jugadores más caros de la historia del fútbol. Los dos en Arabia, los dos lejos de donde deberían estar. Antes del partido se abrazaron, hablaron. Las cámaras no captaron que dijeron.
Le pregunté si era feliz aquí”, contó Neymar después. Me dijo que no, que nadie es feliz aquí, que venimos por el dinero, pero el dinero no da felicidad. ¿Y tú qué le dijiste? Que tenía razón, que había aprendido eso muy tarde, pero que todavía tenía tiempo de cambiarlo. Diciembre de 2024, Neymar volvió a Brasil, no para quedarse todavía, para visitar.
Fue a Santos al estadio Vila Belmiro. Caminó por el campo vacío solo. Aquí empezó todo. Publicó en Instagram y aquí quiero que termine. Los comentarios fueron miles, la mayoría de apoyo, algunos de burla, pero Neymar ya no leía los comentarios. Pasé mi vida preocupándome por lo que la gente pensaba.” Dijo, “Ahora solo me importa lo que pienso yo.
La historia de Neymar todavía no termina. Tiene 32 años, le quedan unos años de carrera. ¿Volverá a ser el de antes? No, el cuerpo no perdona. ¿Ganará un balón de oro? No, ese barco ya zarpó. ¿Ganará una Copa del Mundo? Casi imposible. Brasil está en crisis, pero quizás solo quizás puede ganar algo más importante. Puede ganar su libertad, su paz, su felicidad.
El dinero va y viene. Ronaldinho lo dijo toda su vida. Neymar aprendió esa lección tarde. Muy tarde. Ganó 500 millones de euros en su carrera. 500 millones. Le quedan menos de 100. El resto se fue en impuestos, en inversiones fraudulentas de su padre, en fiestas, en una vida que nunca lo hizo feliz. ¿Valió la pena?, le preguntaron.
No, respondió sin dudar. Cambiaría todos los millones por haber tenido control de mi vida, por haber podido decidir. Neymar da Silva Santos Jor, el niño de Mogi das Cruces, el sucesor de Pelé. El fichaje más caro de la historia. Hoy tiene 32 años, juega en Arabia Saudita, gana 80 millones al año y es profundamente infeliz, pero por primera vez en su vida está eligiendo.
Eligiendo volver a casa, eligiendo el fútbol sobre el dinero, eligiendo ser el mismo. Es tarde, demasiado tarde para la gloria que pudo tener, pero quizás no es tarde para la felicidad que siempre le faltó. Su padre le enseñó a perseguir el dinero. La vida le enseñó que el dinero no es suficiente. ¿Qué es suficiente entonces? Le preguntaron.
No lo sé todavía, respondió. Pero voy a descubrirlo por primera vez en mi vida. Voy a descubrirlo yo solo. Si la historia de Neymar te enseñó algo que no sabías, si ahora entiendes por qué el jugador más talentoso de su generación nunca ganó un Balón de Oro. Si ahora ves al hombre detrás de los titulares, entonces haz algo por mí.
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