La información que el periodista Carlos Jiménez del programa C4 Alerta publicó en la plataforma X el 22 de abril de 2026 proveniente de fragmentos del testimonio de Alejandro ante la fiscalía, agrega una dimensión crítica al perfil del conflicto. Según esa información, el motivo por el que Carolina y Alejandro tomaron la decisión de mudarse de Enenada a Ciudad de México fue precisamente escapar de la interferencia de Erika Herrera en su vida en pareja.
Alejandro declaró que su madre lo acusaba a él de haberse separado de ella por culpa de Carolina, a quien señalaba de ser la causa de esa distancia. La mudanza en ese contexto no fue una decisión laboral o de crecimiento personal solamente fue una maniobra de alejamiento, un intento de establecer fronteras que en ensenada dentro del radio de influencia de Erika Herrera resultaban imposibles de mantener.
La pregunta que ese dato instala es la siguiente. Y Carolina y Alejandro se mudaron a Ciudad de México para alejarse de la madre de él. ¿Qué hacía Erika Herrera en el departamento de Polanco la mañana del 15 de abril de 2026? La respuesta que circuló en redes sociales basada en los reportes del periodista Carlos Jiménez es contundente en su laconismo.
Solo vino a CDMX [música] a matar a Carolina. No es una afirmación de la fiscalía, es la síntesis del testimonio del esposo, según la interpretación del periodista, pero se alinea con los hechos materiales disponibles. [música] Erika Herrera viajó a Ciudad de México, se presentó en el departamento de su hijo y ese mismo día Carolina Flores Gómez [música] murió con 12 disparos en el cuerpo.
El video del monitor de seguridad instalado dentro del departamento muestra a las dos mujeres en el espacio común de la vivienda. Se intercambian palabras. Carolina se dirige hacia otra habitación. Erika Herrera la sigue. El arma, según los peritos de la fiscalía que aseguraron la escena al día siguiente, era una pistola calibre 9 mm.
En el departamento se encontraron siete casquillos y cuatro balas deformadas. El guardia de seguridad del edificio declaró que no escuchó detonaciones ni movimientos extraños esa noche. Ese dato, la ausencia de detonaciones audibles para el guardia del edificio, es uno de los elementos que la fiscalía analiza.
Alejandro Sánchez no llamó a la policía al escuchar los disparos. No llamó al escuchar el grito de su esposa. Entró a la habitación con su bebé en brazos. encontró a su madre y le preguntó, “¿Qué hiciste, loca?” La respuesta de Erika Herrera tiene cuatro palabras en su versión más corta. Nada me hizo enojar. En la versión más larga del audio, documentada por múltiples medios, añadió, “Tu familia es mía, tú eras mío y ella no.
” Alejandro dejó salir a su madre del departamento. Esa decisión, dejar ir a su madre, quedarse solo en el departamento con el cuerpo de su esposa y su hija de 8 meses, no llamar a la policía durante horas, no alertar a la familia de Carolina hasta el día siguiente es el segundo elemento central de este caso.
Es también el elemento que la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México está investigando con mayor cuidado en relación con la posible responsabilidad de Alejandro Sánchez por encubrimiento o complicidad por omisión. No existe en los registros públicos disponibles al 23 de abril de 2026. Ningún diagnóstico psicológico o psiquiátrico de Erika María Guadalupe Herrera Coriand.
La fiscalía no ha publicado ninguna evaluación de ese tipo sobre la principal sospechosa que permanece prófuga. Lo que sí existe y constituye el material más revelador del que dispone este [música] análisis son sus propias palabras capturadas por el audio del monitor de seguridad horas después de disparar 12 veces contra su nuera. Nada me hizo enojar.
Tu familia es mía. Tú eras mío y ella no. Tres oraciones, cada una es una pieza del rompecabezas. juntas conforman el retrato de una estructura psicológica que los especialistas en comportamiento humano reconocerían de inmediato, aunque con terminología más precisa que la que se puede usar en un texto periodístico sin caer en el terreno del diagnóstico no autorizado.
Lo primero que revelan esas palabras es la ausencia de una respuesta de pánico. Cuando Alejandro irrumpe en la habitación con su hija en brazos y confronta a su madre, Erika Herrera, no llora, no grita, no dice fue un accidente. No dice me arrepiento. No dice nada que indique perturbación emocional en el sentido convencional. Dice nada.
La negación de la realidad inmediata como primer mecanismo lingüístico acaba de disparar 12 veces contra otra persona. Dice nada. La calma que registra el audio no es la calma del shock. El shock, la respuesta fisiológica aguda a un evento traumático, produce tartamudeo, incoherencia, llanto, confusión, disociación momentánea.
Lo que el audio registra es otra cosa. la calma de quien esperaba este momento, de quien ya procesó internamente antes de apretar el gatillo, que este era el desenlace que quería, de quien no experimenta el acto como una ruptura del orden, sino como su restauración. Esa distinción es significativa porque cambia la lectura del crimen.
No estamos ante una persona que perdió el control. Estamos ante una persona que actuó dentro de los parámetros de su propia lógica interna, una lógica que Carolina Flores interrumpía desde su mera existencia como esposa de Alejandro. La frialdad de la respuesta inmediata, nada me hizo enojar. Sugiere que Erika Herrera no necesitó recalibrar su realidad moral después de los disparos.
ya estaba calibrada antes. El problema no era el crimen. El problema dentro de esa lógica había sido Carolina. La segunda oración es la más densa. Tu familia es mía. No, tu familia somos nosotros. No, yo soy tu familia, sino el posesivo en su forma más directa es mía. la familia como objeto de propiedad, una construcción gramatical que borra la agencia de los otros miembros de esa familia, que elimina la existencia independiente de Carolina, que reduce a Alejandro a una extensión de la voluntad de la madre. Esta no es la forma en que
hablan las madres, que reconocen a sus hijos como individuos autónomos. Es la forma en que habla quien ha construido su mundo afectivo sobre la premisa de que el otro le pertenece. La tercera oración completa el triángulo. Tú eras mío y ella no. El uso del tiempo pasado para referirse a Alejandro eras, no eres.
Podría interpretarse de varias maneras. Una de ellas es que en el momento en que Alejandro se casó con Carolina, formó una familia propia y se mudó lejos de Ensenada. Para Erica Herrera algo murió. No Alejandro como persona, sino Alejandro como propiedad. La mudanza a Ciudad de México habría sido en esa lógica, una usurpación.
Carolina Flores Gómez habría robado a Alejandro en el sentido más literal que Erika Herrera podía procesar. Lo había apartado de ella. había establecido un vínculo de pareja y parentalidad que dejaba a la madre en un lugar secundario, que era exactamente el lugar que le correspondía, pero que ella evidentemente era incapaz de aceptar.
El término que aparece en distintas fuentes para describir esta dinámica es acoso. El periodista Carlos Jiménez reportó que Alejandro declaró ante la fiscalía que su madre acosaba a Carolina. La palabra tiene una carga legal específica que en este caso aún está siendo evaluada por las autoridades, pero el patrón que describe esa palabra es consistente con los datos disponibles.
desde el inicio de la relación, interferencia en la dinámica de pareja, acusaciones de que Carolina separaba a Alejandro de su madre, tensiones que llegaron a un punto en que la única solución que la pareja encontró fue mudarse a otra ciudad. Y finalmente [música] el viaje de Erika Herrera a Ciudad de México con un arma que terminó en el asesinato de su [música] nuera.
Lo que la investigación psicológica, académica y forense ha documentado sobre dinámicas de este tipo, la del agresor que concibe el vínculo afectivo como propiedad, que interpreta la formación de una nueva familia por parte del Hijo como una traición que acosa a la pareja del Hijo como respuesta a esa percepción.
No es territorio nuevo, es un patrón reconocido, lo que sí es inusual, lo que hace que este caso se separe de la categoría del conflicto familiar habitual, es la materialización de esa lógica en un acto de violencia letal, planificado o al menos premeditado en algún grado, ejecutado con un arma que Erika Herrera llevó consigo al viaje.
La premeditación es uno de los elementos que la fiscalía deberá probar o descartar. La lógica de los hechos disponibles apunta en una dirección. Erika Herrera no vivía en Ciudad de México. Viajó, llevó un arma, entró al departamento de su hijo, esperó o buscó el momento, siguió a Carolina a la habitación, disparó 12 veces, se fue.
No llamó a emergencias, no esperó a la policía, se fue. Ese es el mapa de una acción que no es impulsiva en su estructura total, aunque el momento específico del gatillo pueda haber sido precipitado por una discusión. Los 12 impactos de bala distribuidos en cabeza y tórax no son los de alguien que quería asustar o herir, son los de alguien que quería una muerte segura.
La pregunta sobre el arma es fundamental y permanece sin respuesta pública al cierre de este texto. ¿De dónde obtuvo Erika Herrera la pistola calibre 9 mm que la fiscalía aseguró en la escena del crimen? Tenía registro legal en México. La transportó desde Baja California a Ciudad de México. La adquirió en la capital.
La respuesta a esa pregunta no solo determina la figura legal aplicable, también determina el grado de planificación que tuvo el crimen. Una mujer que compra un arma ilegal en Ciudad de México días antes de un viaje o que viaja con un arma sin registro desde el norte del país, no está actuando por impulso, está actuando con un plan.
El video del monitor de seguridad del departamento documenta que Erika Herrera caminó detrás de Carolina hacia la habitación sin mostrar gesto alguno, según la descripción de la fiscalía, ocultando el arma entre sus ropas. Esa descripción es técnicamente [música] relevante. El arma estaba oculta, no estaba a la vista, no fue tomada en un momento de arrebato de alguna superficie del departamento.
Estaba siendo transportada sobre el cuerpo de Erika Herrera mientras caminaba por el espacio de vida de su hijo y su nuera. La pregunta de cuánto [música] tiempo llevaba así y si la andadera de la bebé visible en el video representó algún tipo de detención o no de su propósito, es una pregunta que los peritos de la fiscalía deberán responder.
El hecho de que el guardia de seguridad del edificio declarara no haber escuchado detonaciones es un dato [música] que la fiscalía también analiza. Pistola calibre 9 mm disparada seis veces en un espacio cerrado, produce un nivel de decibelios que normalmente atraviesa paredes y pasillos.
La ausencia del sonido para el guardia podría explicarse por las características de construcción del edificio de lujo en Polanco, por la distancia o por el uso de algún tipo de supresión de sonido. Este último elemento, el silenciador, elevaría el nivel de premeditación a una categoría distinta. No está confirmado, pero está en la lista de posibilidades que la fiscalía no ha descartado.
Hay otro dato que completa el retrato de Erika Herrera, aunque deba ser leído con la cautela que exige la fuente, la candidatura a regidora en Ensenada en 2016. La participación en política local en el contexto de Baja California implica habilidad para navegar estructuras de [música] poder, para construir alianzas, para conocer personas que pueden ser útiles.
No implica, por supuesto, que todos los candidatos a regidor tengan recursos para evadir a la justicia indefinidamente, pero sí genera una pregunta legítima [música] que la fiscalía ya habría formulado. ¿Qué redos tiene Erika Herrera en Baja California? ¿Quiénes podrían estar protegiéndola o facilitando su fuga? Las autoridades de la Ciudad de México han emitido fichas de búsqueda y alertas migratorias en aeropuertos y puntos fronterizos.
Se sospecha que podría haber intentado salir del país o refugiarse en Baja California. La fiscalía mantiene vigilancia sobre múltiples rutas posibles de fuga. La madre de Carolina, Reina Gómez Molina, le habló directamente en una entrevista. Si la señora me está escuchando, por favor entréguese.
Sé que va a ser muy difícil dar ese paso. Sé que está fugitiva, pero la vamos a encontrar porque todo en Senada estamos pidiendo justicia por mi hija. La frase de reina Gómez tiene una densidad que merece detenerse en ella. Todo Ensenada. Ensenada es la ciudad de los dos. Es la ciudad de Carolina Flores Gómez y es la ciudad de Erika María Herrera.
Las [música] dos nacieron o vivieron allí. Se conocían dentro del mismo tejido social. Quizás compartieron conocidos, quizás frecuentaron los mismos espacios. La madre de Carolina habla de todo en Senada, como si ese colectivo geográfico fuera homogéneo en su reclamo. Quizás lo sea, quizás no, pero la afirmación dice algo sobre la dimensión que el caso ha tomado en esa ciudad.
El miércoles 15 de abril de 2026, Alejandro Sánchez pasó varias horas en un departamento en Polanco con el cuerpo de su esposa y una bebé de 8 meses. No llamó a la policía, no llamó a los servicios de emergencia, no llamó a la familia de Carolina. Lo que hizo, según su propio testimonio ante la fiscalía, fue grabar videos con instrucciones sobre el cuidado de la bebé, previendo que podría ser detenido si denunciaba el crimen de inmediato [música] y temiendo que la menor fuera enviada a una casa hogar.
Esa es la explicación oficial que Alejandro Sánchez ha dado públicamente. La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México no la ha aceptado como exculpatoria. Al contrario, Alejandro permanece bajo investigación para determinar su grado de participación o posible omisión en los hechos. La madre de Carolina, Reina Gómez Molina, recibió la llamada de su yerno el jueves 16 de abril a las 13:35 horas.
Alejandro llamó desde las instalaciones de la fiscalía a donde había acudido a presentar la denuncia. Me dijo que estaba muerta. Yo empecé a gritar como loca y a lo lejos escuchaba una voz de una mujer. “Dime que la que está hablando es mi hija”, le decía. Me dijo, “No, señora, estoy en la fiscalía y me están hablando.
Es que mi mamá le disparó.” ¿Cómo que tu mamá? ¿De dónde sacó el arma? Me dijo, “No sé dónde está tu mamá.” No sé nada, señora,” relató Gómez Molina en el programa “Siéntese quien pueda de Univisión”. Esa conversación, tal como la describió Reina Gómez, es un documento, no en el sentido legal, sino en el sentido de que registra el estado de un hombre que acaba de perder a su esposa a manos de su propia madre, que ha permanecido horas con el cuerpo de ella en el mismo espacio donde vive su bebé [música] y que al ser confrontado por la madre de
la víctima dice, “No sé nada sobre el arma, no sé. sobre el paradero de su madre. No sé. Ese no sé dicho desde la fiscalía en el momento de la denuncia formal tiene un peso particular. Alejandro Sánchez estaba en las instalaciones de la autoridad cuando dijo que no sabía dónde estaba su madre. Había pasado la noche anterior y parte de esa mañana en el departamento.
Había hablado con su madre después del crimen. La había confrontado, la había escuchado decir, “Tú eras mío.” Y ella no. Y la había dejado irse. Y ahora, desde la fiscalía, decía que no sabía nada. La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México mantiene a Alejandro Sánchez bajo investigación para determinar su grado de participación o posible omisión.
Las contradicciones en sus tiempos y en sus respuestas son el núcleo de esa indagatoria paralela. El hombre que presenció el crimen, que confrontó a la autora y la dejó escapar, que permaneció con el cuerpo de su esposa durante horas sin llamar a las autoridades, que retrasó la denuncia con una justificación cuya evaluación corresponde a los investigadores y no a este texto. No es un testigo neutral.
Es un actor en los hechos cuya posición legal está aún sin definir. El retraso en la denuncia tuvo una consecuencia directa que la fiscalía y los colectivos feministas han señalado con precisión. le dio a Erika Herrera el tiempo para huir. Entre las horas que transcurrieron desde el crimen hasta que Alejandro se presentó en la Fiscalía el 16 de abril, Erika Herrera salió del departamento, salió de la ciudad, posiblemente salió del estado o del país.
La ventana de tiempo que ese retraso abrió es parte central del análisis de la fiscalía sobre la actuación de Alejandro. Reina Gómez le preguntó directamente a su yerno si él y el bebé habían permanecido en el departamento mientras el cuerpo de Carolina estaba ahí tirada. La respuesta de Alejandro, según el relato de la madre, ¿es en serio su pregunta? Y reina, claro que es en serio mi pregunta, o sea, ¿cómo [música] pudiste estar con ella tanto tiempo y ella ahí tirada? No hay respuesta documentada de Alejandro a esa pregunta específica. Hay
otro elemento que la madre de Carolina reveló en su entrevista y que añade una capa adicional al cuadro familiar que rodea este caso. Reina Gómez dijo que cuando se ofreció a hacerse cargo de la niña, Alejandro rechazó la propuesta. Su argumento. Carolina y él habían tomado la decisión en acuerdo previo de que ni la madre de él ni la madre de ella quedarían a cargo de la bebé si ambos faltaran.
Él quiere hacer su voluntad al pie de la letra, dijo Reina Gómez con una mezcla de incomprensión y dolor que trasciende el registro periodístico. Ese acuerdo previo entre Carolina y Alejandro, ninguna de las dos abuelas a cargo de la niña, si faltaban ambos padres, tiene una lectura posible que es la más sencilla y la más oscura al mismo tiempo.
Carolina Flores sabía en algún nivel que su suegra representaba un riesgo, no necesariamente el riesgo extremo que se materializó el 15 de abril, pero sí un riesgo suficiente como para acordar con su pareja que esa mujer no tendría custodia de su hija. Existe además un registro en redes sociales que circula entre los datos del caso. Carolina Flores había publicado en su cuenta de Instagram en algún momento anterior al crimen un vídeo en el que expresaba que no sabía por qué tenía miedo de viajar a Ciudad de México desde su natal Encenada.
La frase, en su aparente trivialidad adquiere ahora una resonancia que nadie puede dejar de notar. No era miedo a Ciudad de México, era un miedo que Carolina misma no podía nombrar con exactitud en ese momento. Un miedo que venía de Ensenada, un miedo que tenía cara y nombre y 63 años y una candidatura política del año 2016 y un vínculo que consideraba de propiedad sobre su hijo.
Sin embargo, el último post verificado de Carolina en sus redes sociales fue del 11 de abril de 2026, 4 días antes de su muerte. En él hacía referencia a la presentación de Justin Bieber en el festival Coachela. Antes, el 1 de abril, había publicado un video en el que expresaba estar muy feliz de ser madre, reconociendo que eso implicaba haber dejado de lado algunos sueños como viajar o comprar una casa.
Y en otra publicación difundida en TikTok con la frase, “A esto le tenía tanto miedo, mi pequeña gran familia, junto a imágenes de su vida cotidiana con Alejandro y la bebé, hay una pieza que los que analizan este caso han citado repetidamente, una joven que publica contenido sobre su pequeña gran familia, sobre la felicidad de la maternidad, sobre sus planes y sus miedos ordinarios.
4 días antes de que su suegra entre a su departamento con una pistola. [música] Esa distancia entre lo que muestra la pantalla y lo que ocurrió en esa habitación fuera del encuadre de la cámara es quizás la síntesis más brutal del [música] caso. La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México inició la investigación del caso como homicidio doloso.
Fue solo después de la presión de colectivos feministas de la madre de Carolina y de la indignación pública generada por la difusión del video. el 22 de abril, una semana después del crimen, que el caso fue reclasificado bajo el protocolo de feminicidio. Esa reclasificación no es un trámite burocrático, implica una lectura distinta del crimen.
Implica analizar el contexto de violencia de género, la relación de poder entre la agresora y la víctima, el patrón previo de conducta que pudo haber precedido al crimen. implica también la aplicación de protocolos de protección a víctimas indirectas, en este caso la bebé de 8 meses que fue testigo [música] del asesinato de su madre.
El 22 de abril de 2026, una semana después del crimen, el periodista Carlos Jiménez difundió el video en sus plataformas. Las imágenes del monitor de seguridad de aproximadamente 45 segundos mostraron lo suficiente como para que el caso pasara de ser una nota policial a ser un acontecimiento nacional. Las marchas se convocaron en Enenada y en Ciudad de México.
El hashtag justicia para Carolina acumuló miles de publicaciones. La madre de la víctima habló en televisión. La fiscalía comunicó en su cuenta de X que la investigación avanzaba bajo el protocolo de feminicidio. Interpol fue contactada por familiares para solicitar la emisión de una ficha roja. Las alertas migratorias se activaron.
La difusión del video es en sí misma una pieza del relato institucional de este caso. El crimen ocurrió el 15 de abril. La denuncia se presentó el 16. Las autoridades llegaron al departamento cuando un patrullaje rutinario detectó la presencia de peritos en el inmueble. El caso se abrió inicialmente como homicidio doloso, no como feminicidio.
Pasó una semana entera. Fue la difusión pública del video y no la actuación autónoma de las instituciones, lo que aceleró la reclasificación del caso y la presión social sobre la fiscalía. En otras palabras, sin el video de Carlos Jiménez publicado el 22 de abril, este caso podría haber avanzado a ritmo lento bajo la etiqueta burocrática inicial de homicidio doloso con todos los protocolos de género omitidos que esa clasificación implica.
Ese dato sobre los tiempos institucionales no es periférico, es parte del relato completo. Los colectivos feministas [música] que exigieron la reclasificación del caso tenían razón en señalar que la primera [música] calificación era insuficiente. El feminicidio como figura legal en México implica que [música] la muerte ocurrió por razones de género en un contexto de dominación, controlesión sobre el cuerpo y la vida de la mujer.
La frase de Erika Herrera. Tú eras mío y ella no. Es en sí misma la evidencia de ese contexto. Carolina Flores murió porque una mujer de 63 años no podía aceptar que su hijo le pertenecía a otra persona, no a ella. [música] Ese es el núcleo de la violencia de género que el protocolo de feminicidio está diseñado para reconocer.
Erika María Guadalupe Herrera Corián permanecía prófuga al cierre de este texto el 23 de abril de 2026. Lo que queda cuando se ordenan todas las piezas disponibles es una secuencia de lógica implacable. una mujer de 63 años que durante años construyó una relación con su hijo sobre la premisa de la posesión, que vio en Carolina Flores Gómez a la persona que le robaba ese hijo, [música] que ejerció una interferencia tan constante y tan intolerable, que la pareja tomó la decisión de mudarse a otra ciudad, que esa distancia, en lugar de apaciguar el
conflicto, lo concentró, que La tensión acumulada se resolvió en un viaje, que ese viaje incluyó un arma, que esa arma se usó 12 veces y que después de usarla esa mujer de 63 años caminó fuera del departamento, pasó frente al guardia de seguridad que no escuchó nada y desapareció. La frase que capturó el audio del monitor de seguridad no es un arrebato, es una declaración de principios que lleva décadas formándose.
Tú eras mío y ella no. El uso del pasado para describir a su propio hijo, [música] al que tiene frente a él, sosteniéndole a su nieta, es la marca del pensamiento que confunde el amor con la propiedad y que cuando esa propiedad le es negada, no experimenta dolor ni duelo, sino [música] cólera. Una cólera que no reconoce límite moral alguno, porque dentro de esa lógica no existe ninguna ley superior a la de la posesión.
Carolina Flores Gómez nació el 4 de abril de 1999. Murió el 15 de abril de 2026, [música] 11 días después de cumplir 27 años. Dejó una hija de 8 meses. Dejó a una madre, reina Gómez Molina, que tuvo que preguntarse [música] en televisión, ¿cómo es posible que una mamá me haga pasar por este dolor? dejó una pregunta sin respuesta pública.
¿Cuántos de los signos que precedieron al crimen fueron visibles para quienes estaban cerca? ¿Y cuántos fueron normalizados bajo el rótulo de problemas comunes entre nuera y suegra? El caso sigue abierto, la principal sospechosa sigue prófuga. La investigación sobre el papel de Alejandro Sánchez continúa.
La bebé tiene 8 meses y no tiene madre. Y en algún lugar de México, o quizás fuera de él, una mujer de 63 años con antecedentes de participación política en Baja California y un arma calibre 9 mm que disparó 12 veces. Escucha o no escucha a la madre de su nuera pidiéndole que se entregue.