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MARÍA FÉLIX: El OSCURO Secreto tras la HERENCIA a su CHOFER.. Lo que la TUMBA reveló sobre su Muerte e

MARÍA FÉLIX: El OSCURO Secreto tras la HERENCIA a su CHOFER.. Lo que la TUMBA reveló sobre su Muerte e

8 de abril de 2002. Colonia Polanco, Ciudad de México. María Félix, la mujer más poderosa que dio el cine mexicano. La diva que cenó con presidentes y fue pintada por Diego Rivera. La actriz que protagonizó 47 películas y fue amada por los hombres más célebres de su generación. Llevan 9 horas muerta en su cama.

 La luz de la recámara encendida, un libro abierto en el regazo, el silencio de una casa enorme donde no queda nadie que la conozca de verdad. El hombre que encuentra el cuerpo no es su hijo porque su hijo murió 6 años antes de un infarto fulminante. No es su esposo porque su último esposo murió 28 años antes en París.

 No es ninguno de los hermanos que le sobrevivían. Es Luis Martínez de Anda, su chóer. Y en unas horas, cuando los abogados abran el testamento, el mundo descubrirá que ese chóer, el hijo del jardinero de un amigo, es el heredero universal de todo lo que María Félix acumuló en 88 años de vida. La casa de Polanco, la mansión de Cuernavaca conocida como la casa de las tortugas, el departamento de París, las joyas de cartié que no vendió en subastas, las obras de arte, los millones de dólares en cuentas bancarias, todo para él.

 Ni un solo peso para su familia, ni un solo peso para los hermanos que le sobrevivían, ni un solo peso para sobrinas, sobrinos o primos que llevaban su apellido. 4 días después del funeral, su hermano menor, Benjamín Félix Huereña, se presenta ante las autoridades y exige que abran la tumba de María.

 Dice que su hermana fue asesinada. Dice que no existe ningún testamento legítimo. La policía abre la tumba en el panteón francés de San Joaquín. Una semana después, el resultado oficial es contundente. Muerte natural mientras dormía. Benjamín retira la denuncia. Dice que hizo una profunda reflexión. Renuncia a cualquier derecho sobre la herencia, pero su desconfianza nunca desaparece del todo.

 ¿Cómo es posible que la mujer más famosa de México haya terminado completamente sola en una cama vacía con un chóer como única compañía y como único heredero? La respuesta a esa pregunta no está en los últimos años de su vida, está en los primeros. Está en una noche de diciembre de 1937. Está en un cuartel militar vacío.

 Está en un muchacho de 24 años con ojos color de gato y un balazo en el pecho. Está en el primer amor de María Félix, que fue también el más prohibido, el más doloroso y el que la marcó para siempre con una marca que ningún marido, ninguna película y ninguna joya de Cartier pudo borrar jamás.

 Hoy vas a conocer cuatro cosas que nunca te contaron sobre María Félix. Lo que realmente pasó la noche del 26 de diciembre de 1937 cuando su hermano José Pablo apareció muerto en el colegio militar de Popotla y lo que una investigadora descubrió 80 años después que le dio la razón a María cuando siempre insistió en que no fue suicidio sino asesinato.

 La noche en que Agustín Lara, el hombre que le compuso María Bonita, entró a su camerino con un arma y le disparó y lo que ella hizo después que ningún medio publicó en su momento, el pacto roto entre María y su único hijo Enrique la Verdad sobre su orientación sexual, que ella siempre supo y nunca condenó, y la frase que él dijo dos años antes de morir, que resultó ser una profecía devastadora.

 Y la razón real por la que dejó toda su fortuna a Luis Martínez de Anda y no a su propia sangre. Te voy a avisar cuando lleguemos a cada una. Si te vas antes del final, te pierdes la cuarta. Y la cuarta es la que lo explica todo. Escríbeme en los comentarios ahora mismo. ¿En qué película o canción conociste a María Félix por primera vez? ¿Tu mamá, tu abuela, quien te habló de ella? Solo una línea, [música] porque esta historia la construimos juntos y tu respuesta me dice exactamente cuánto de esta verdad llegó a ti antes de hoy. Y

si esta historia ya te está moviendo algo por dentro, sientes que hay verdades que merecen contarse completas sin los filtros que el poder aplica para hacerlas más cómodas, suscríbete ahora, porque aquí esas verdades nos entierran. Antes de ser la doña, antes de ser el mito viviente que paralizaba los sets de filmación con una sola mirada, María Félix fue una niña de un pueblo de Sonora con 11 hermanos, un padre militar que gobernaba la casa como si fuera un cuartel y una madre que vivía aterrorizada de que los vecinos hablaran

mal de su familia. María de los Ángeles, Félix Huereña, nació el 8 de abril de 1914 en Álamos. Sonora, aunque ella diría durante toda su vida que nació en 1920 o 22. Rasuró entre 6 y 8 años de su edad para la prensa con el control de acero que aplicaría toda su historia durante el resto de su vida.

 Cuando el periodista Paco Ignacio Taibo publicó su acta de nacimiento real en su biografía de 1986, María le retiró el habla para siempre. 25 años de amistad destruidos por una fecha de nacimiento. Eso te dice todo lo que necesitas saber sobre el valor que esta mujer le daba al control de su propia historia.

 Pero hay algo más importante que su fecha de nacimiento, algo que ella sí decidió contar con sus propias palabras en la autobiografía que dictó Enrique Krauce en 1994, titulada Todas mis guerras. Y lo que contó ahí es lo que explica todo lo que vino después. Porque sin ese dato, sin esa confesión que María hizo a los 80 años mirando a la cámara sin bajar la vista, ninguna de las otras tres revelaciones de esta historia tiene la dimensión real que tiene.

 Entre sus 11 hermanos, Josefina, María de la Paz, Bernardo Miguel, Mercedes, Fernando, Ricardo Benjamín, Ana María del Sacramento, hubo uno que fue diferente. Se llamaba José Pablo. Y lo que María sintió por él no puede explicarse con las palabras que se usan habitualmente para describir el cariño entre hermanos. Le decían el gato porque tenía los ojos muy claros, casi amarillos.

 Era, según las propias palabras de María en esa autobiografía, un dios de guapo, moreno con el pelo rubio beteado por el sol y un lunar junto a la boca, idéntico al de ella. cantaba y toaba la guitarra como los mismísimos ángeles. Con él, dijo María, fue donde despertó en mí la adolescencia, una flor que se abre, donde el afecto brota del modo más natural.

 No podía estar mucho tiempo cerca de él sin sentarme en sus piernas o treparse a su espalda, porque mi madre se ponía furiosa. Los juegos que habían sido naturales en nuestra niñez ya no le gustaban. Ella misma lo llamó un incesto blanco, una conexión que desafiaba todo lo que la sociedad de Álamos Sonora en los años 20 consideraba aceptable y lo dijo en los 80 años con la cámara encendida sin ningún gesto de vergüenza, porque para entonces ya no le importaba lo que el mundo pensara.

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