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PEPE AGUILAR CONFIESA entre LÁGRIMAS el HIJO SECRETO que FLOR SILVESTRE tuvo antes de casarse s

PEPE AGUILAR CONFIESA entre LÁGRIMAS el HIJO SECRETO que FLOR SILVESTRE tuvo antes de casarse s

El 22 de noviembre de 2020, 3 días antes de que Flor Silvestre cerrara los ojos para siempre en el rancho El Soyate, Villanueva, Zacatecas, ocurrió algo que ningún miembro de la familia Aguilar se atrevió a revelar públicamente durante más de 2 años. La matriarca más venerada de la música ranchera mexicana llamó a Pepe Aguilar a su habitación, pidió a todos que salieran, cerró la puerta con llave y le entregó un sobre manila sellado con cera roja que llevaba escrita una sola instrucción con su propia letra temblorosa. Ábrelo cuando

ya no pueda hablar por mí misma. Pepe Aguilar guardó ese sobre en la caja fuerte de su estudio en Los Ángeles, California, sin abrirlo. Lo respetó durante 26 meses, hasta que una llamada del fiscal general de Jalisco lo obligó a enfrentarse a lo que su madre había querido confesarle antes de morir y que él, por amor y por miedo, había preferido no saber lo que contenía.

 Ese sobre destruyó en una sola noche todo lo que Pepe Aguilar creía saber sobre su madre, sobre su familia y sobre el apellido que había cargado con orgullo durante más de 50 años. Dentro había un acta de nacimiento original fechada el 3 de abril de 1952, emitida por el Registro Civil de Salamanca, Guanajuato.

 El nombre del bebé, Carlos Ernesto Jiménez Chabolla. La madre registrada Guillermina Jiménez Chabolla. Nombre real de Flor Silvestre. quien en ese momento tenía apenas 21 años. El padre registrado, un espacio en blanco, deliberadamente vacío y en el margen inferior izquierdo, escrito a mano con tinta azul, una anotación que los peritos forenses tardarían semanas en decifrar.

 Entregado, que Dios me perdone. Flor Silvestre había tenido un hijo antes de su primer matrimonio con Andrés Nieto Villafranco, antes de casarse con Paco Malgesto, antes de conocer a Antonio Aguilar, antes de convertirse en la reina de la canción mexicana que el país entero veneró durante seis décadas. Y ese hijo, un hombre que en el momento de la revelación tenía más de 70 años, vivía sin saber quién era su madre biológica, a menos de 180 km del rancho donde ella había muerto, rodeada de sus hijos y nietos. ¿Quién era el padre de ese bebé?

¿Por qué Guillermina Jiménez Chabolya borró su nombre del acta de nacimiento? ¿Y qué sabía Pepe Aguilar desde aquella noche del 22 de noviembre de 2020 cuando su madre lo llamó en secreto y le entregó el sobre que durante más de 2 años no se atrevió a abrir? La historia comenzó mucho antes de que Guillermina Jiménez Chabolya se convirtiera en flor silvestre, antes de las películas del cine de oro, antes de los charros, antes de Antonio Aguilar y antes de que México decidiera convertirla en el símbolo viviente de la mujer mexicana

tradicional. En 1950, Guillermina tenía apenas 20 años y era una joven cantante de Salamanca, Guanajuato, que luchaba por abrirse paso en la industria musical más competida y más cruel de América Latina. Era talentosa, era ambiciosa y era, según todos quienes la conocieron en esa época, extraordinariamente bella, pero era también completamente desconocida en un medio donde las conexiones valían más que el talento y donde una mujer sin apellido famoso tenía que construirse sola cada escalón.

Fue en ese contexto donde conoció a Rodrigo Fuentes Castillo, un productor musical de 41 años, casado con cuatro hijos, que controlaba los contratos de grabación de una de las disqueras más poderosas de México en esa época. Fuentes Castillo tenía la reputación de descubrir talentos femeninos, de abrirles puertas que de otra manera permanecían cerradas para siempre y también de cobrar esos favores de maneras que nunca quedaban registradas en ningún contrato firmado.

 Los registros de la disquera consultados por investigadores de la Fiscalía de Jalisco mostraron que entre enero y diciembre de 1950, Guillermina Jiménez Chabolla firmó cinco sesiones de grabación bajo la producción directa de Rodrigo Fuentes Castillo. Las sesiones se realizaban siempre en horario nocturno entre las 9 de la noche y las 2 de la madrugada en un estudio que los técnicos de grabación de la época describían como el más privado e inaccesible del edificio.

 Ninguna de esas cinco grabaciones fue lanzada comercialmente nunca. Los técnicos de sonido que trabajaron en esas sesiones identificados en la investigación como testigos T08 y T17 declararon de manera independiente ante la fiscalía que en al menos tres de esas sesiones nocturnas Fuentes Castillo pedía a todo el personal técnico que se retirara durante periodos de entre 30 minutos y una hora, quedando solo él y Guillermina dentro de la cabina con la luz roja encendida.

señal universal de que nadie debía interrumpir. Todos sabíamos lo que pasaba,”, declaró el testigo T08, un técnico de sonido de 86 años que aceptó hablar bajo condición de anonimato. En esa época así funcionaba la industria. Si querías grabar, pagabas el precio que el productor pedía. Nadie hablaba, nadie preguntaba.

 era la ley no escrita de la industria. Para julio de 1951, Guillermina Jiménez Chabolla tenía 20 años y estaba embarazada. Lo que ocurrió en los meses siguientes fue una operación de ocultamiento ejecutada con una precisión que solo podía explicarse por la intervención de alguien con dinero, con poder y con un interés muy concreto en que ese embarazo no existiera públicamente.

 Los registros del hotel francés de Guadalajara, Jalisco, uno de los más elegantes de la ciudad en esa época y cuyos archivos de huéspedes fueron rescatados y microfilmados por el INA, mostraron que entre agosto de 1951 y marzo de 1952, una habitación doble en el segundo piso fue rentada de manera continua a nombre de Guillermina Chabolla a razón de 120 pesos mexicanos por semana, pagados siempre en efectivo y siempre los lunes por la mañana por un mensajero que nunca se identificó.

 Esa habitación fue ocupada por Guillermina durante los 7 meses de embarazo visible, 7 meses sin apariciones públicas, 7 meses sin grabaciones registradas, 7 meses en los que Rodrigo Fuentes Castillo, según sus propios registros de agenda profesional recuperados por la fiscalía, visitó el Hotel francés en al menos 11 ocasiones, siempre registrándose como visita de negocios y siempre en horarios nocturnos.

El bebé nació el 3 de abril de 1952 en una clínica privada de Guadalajara, Jalisco. El médico que atendió el parto era conocido en los círculos de la farándula capitalina por su discreción absoluta y su disposición a firmar documentos con la información que el cliente necesitara. El bebé pesó 3,3 kg. Era un niño sano y según el acta de nacimiento original que décadas después aparecería en el sobre sellado con cera roja que Pepe Aguilar guardó sin abrir durante 26 meses, fue registrado como Carlos Ernesto Jiménez Chabolla, con

madre soltera y padre deliberadamente en blanco. 5co días después del nacimiento, el 8 de abril de 1952, Guillermina Jiménez Chabolla firmó los documentos de entrega en adopción. Tenía 21 años. El bebé fue entregado ese mismo día a una familia de clase media de Zapopan, Jalisco, Ramón Delgado y Barra, empleado de banco, y su esposa Consuelo Preciado de Delgado, ama de casa, quienes llevaban 6 años intentando tener hijos sin éxito.

 El niño fue registrado como Carlos Ernesto Delgado, Preciado, y creció en Zapopan sin saber jamás quiénes eran sus padres biológicos. Pero lo que nadie calculó fue que los documentos sobrevivirían, que un acta de nacimiento guardada en el archivo permanente de aquella clínica privada de Guadalajara resistiría décadas de abandono institucional y la voluntad de al menos dos personas que tenían razones muy poderosas para que esos papeles desaparecieran para siempre.

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