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YURI: El Asqueroso Secreto que Pagó con su Propio Cuerpo

En 1994, una mujer se asomó al balcón de su departamento en Ciudad de México. Afuera, millones de personas pagaban por verla. Adentro, escuchó una voz que le decía una sola cosa, “Tírate.” Y estuvo a punto de hacerlo, porque hay un secreto que Yuri cargó durante años. un secreto tan asqueroso, tan oscuro, que no solo destruyó su cuerpo por dentro, pudrió su vida entera.

 Y hay una frase que un médico le dijo ese mismo año mirándola a los ojos, que lo explica todo. Quédate hasta el final porque nadie lo conectó hasta hoy. Pero antes de llegar ahí, hay algo que tienes que entender, porque Yuri no llegó a ese balcón de golpe, llegó despacio, empujada desde muy atrás por algo que empezó mucho antes de la fama, mucho antes de los estadios, en una casa en Veracruz donde una madre decidió que su hija iba a ser grande y que para lograrlo tenía que controlarlo absolutamente todo.

Yuridia Valenzuela Canseco nació el 6 de enero de 1964 en el puerto de Veracruz. Desde que tiene memoria hubo dos cosas en su vida: la música y su madre. Dulce Canseco era una mujer de fe rígida y reglas que no se discutían. Si la niña quería cantar, cantaba. Pero, ¿a dónde ir? ¿Con quién hablar? ¿Cómo vestirse? ¿A qué hora llegar? Todo eso lo decidía la madre. Siempre la madre.

Yuri - El Que la Hace la Paga (Cover Audio)

Hay una boleta escolar de sexto año que Yuri encontró décadas después en un cajón. La abrió y dijo en voz alta, casi sorprendida de sí misma. Aquí voy a ver si era burra o floja. Todos los números eran bajos, todas las materias insuficientes, menos una columna entera, todo lo que tuviera que ver con arte. Ahí, excelente, siempre excelente.

 Esa boleta es el retrato exacto de una niña que solo existía de verdad cuando cantaba y el resto del tiempo sobrevivía. A los 12 años entró al grupo La manzana eléctrica. Tocaban en el puerto covers de Michael Jackson, de Janis Joplin y la madre ahí, siempre ahí. Cuando un ejecutivo del sello Gama la descubrió, fue la madre quien firmó, quien habló, quien tomó a su hija de 14 años y se mudó con ella a Ciudad de México sin un peso, pero con algo que para ella valía más que el dinero, seguir siendo la puerta por la que Yuri

tenía que pasar para todo. 14 años. Y la madre seguía decidiendo. Imagina por un momento que esa persona fuera tu propia hija o tu propia madre cuando era joven. Una chica de 20 años con el mundo a sus pies y sin haber tomado una sola decisión libre en su vida. ¿Qué crees que pasa cuando por fin le abren esa puerta? Porque hay un punto de quiebre.

Siempre lo hay. Y cuando llegó para Yuri, no llegó con cuidado, llegó con todo. Se lanzó al extremo más oscuro que encontró y lo que hizo con su cuerpo durante los años siguientes fue tan brutal, tan silencioso y tan asqueroso que cuando el médico la revisó por dentro, le dijo algo que ella nunca olvidó.

 Esa frase está esperándote y cuando la escuches, todo lo que acabas de ver de su madre, de Veracruz, de los 17 años con el mundo a sus pies, va a cobrar un significado completamente distinto. Veracruz en los años 60 era un puerto de ruido y calor. Barcos que llegaban, música que salía de cada cantina, gente que vivía hacia afuera y en medio de todo eso, una niña que vivía hacia adentro.

Yuridia lo tenía todo para explotar. La voz, el instinto, la energía desbordada de alguien que nació para los escenarios. Pero su madre, dulce Cansecoo había construido a su alrededor algo sin paredes visibles que funcionaba igual que una prisión. Dulce no gritaba, tampoco golpeaba. Lo que hacía era peor y mucho más difícil de explicar.

vigilaba. Cada movimiento, cada mirada, cada conversación pasaba primero por el filtro de esa madre antes de que Yuri pudiera procesarlo. Dulce Canseco era evangélica protestante de fe rígida. En esa casa la música estaba permitida si servía a Dios o a la carrera. Lo demás se cortaba antes de crecer.

 La niña aprendió desde muy pequeña que su madre tenía una versión de su futuro ya escrita y que cualquier cosa que no encajara en esa versión simplemente no existía. Lo que casi nadie sabe es que Yuri nunca pidió ser cantante. Fue su madre quien lo decidió, quien la llevó al grupo, quien firmó los contratos, quien puso el cuerpo de su hija al servicio de un sueño que en realidad era el sueño de la madre.

A los 12 años, Dulce la metió al grupo La manzana eléctrica. Yuri cantaba, el público respondía y la madre tomaba nota de todo. ¿Quién la miraba? ¿Quién se le acercaba? ¿Qué decían los músicos entre ellos cuando creían que nadie escuchaba? Cada ensayo, cada presentación, cada aplauso tenía un ojo encima que no era el del público, era el de dulce.

 Y ese ojo no aplaudía, solo evaluaba. En 1976, un ejecutivo del sello discográfico Gama la escuchó cantar en el puerto de Veracruz. Fue directo a hablar con la madre. Yuri ni estaba en la conversación. Dulce dijo que sí negoció los términos y a las pocas semanas las maletas ya estaban en la puerta. Ciudad de México.

 Sin familia cerca, sin amigos, sin un peso ahorrado. Yuri tenía 14 años y su madre dormía en la misma habitación, acompañaba cada grabación y revisaba cada letra antes de que su hija la aprendiera de memoria. Pero hay algo de esa infancia que nunca se cuenta. Cuando Yuri tenía 9 años, un evaluador del ballet Bolsoy de Rusia la vio bailar en Veracruz y le ofreció una beca completa para estudiar en Moscú, una beca para el ballet más importante del mundo.

 Para una niña de 9 años de una familia sin dinero en un puerto de México, eso era un milagro. Y Dulce Canseco la rechazó porque ir a Moscú significaba separarse de su hija y separarse de su hija significaba perder el control. Y aquí viene algo que no cuadra, porque Yuri en esa época era feliz, o al menos eso decía, cantaba, grababa, crecía.

 El primer disco no pegó, el segundo tampoco, pero en 1980, con esperanzas algo se encendió. Y en 1981, con [ __ ] primavera, todo cambió de golpe. ¿Cómo pasa una niña controlada hasta ese punto a convertirse en la artista más importante de México? La respuesta pizzas a eso es más oscura de lo que parece. [ __ ] primavera, fue una explosión.

 Primera latinoamericana en ganar disco de oro en España. Las radios de toda América Latina y toda Europa sin parar. 17 años. El mundo ya era suyo, pero la madre seguía en la navitación de al lado y Yuri lo aguantó durante años lo aguantó porque no sabía hacer otra cosa. Porque cuando llevas toda la vida dentro de algo, llega un punto en que dejas de ver los barrotes, los das por parte del paisaje y sigues, pero los barrotes siguen ahí.

 Lo que Yuri no sabía todavía, lo que ninguna de las dos sabía, es que esa presión acumulada durante 20 años iba a salir de la manera más destructiva posible y que cuando saliera no iba a avizar. Hay una parte de lo que vino después que involucra a alguien que nadie esperaría encontrar en esta historia. Un hombre que vas a reconocer de inmediato.

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