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La Tragedia de los Abelardos | Archivos Secretos de Policía

La nota roja en la prensa. Acontecimientos que conmocionaron a la sociedad. Esto es Archivos secretos de policía.   violencia. No está matando  esta violencia. Violencia  Hay crímenes que estremecen a una sociedad, no solo por su brutalidad,  sino por la traición que encierran.

Esta es la historia de la tragedia de los Abelardos. El asesinato de los hijos de Abelardo Ramírez, vocalista y director del grupo musical Los Abelardos, ocurrió el 16 de julio de 1995 y pertenece a esa categoría de sucesos que marcan la memoria colectiva. No se trató de un solo crimen cometido por un extraño, sino por alguien que compartía la mesa los ensayos y la confianza de la familia.

En esencia, se trató de un homicidio perpetrado dentro de un hogar cuyas puertas permanecieron siempre abiertas para quien terminó por destruirlo. Los reporteros de la prensa Noel Alvarado y Roberto Balderas fueron los primeros en documentarlos pormenores de esta tragedia que conmocionó al medio artístico mexicano. Pero solo años después, la médula del caso reveló la dimensión humana de una pérdida sin consuelo.

Los abelardos habían despegado por fin. Fueron años difíciles los primeros, como los de todos los grupos musicales que salen en busca de un lugar en el amplio firmamento artístico de México. Abelardo Ramírez, tabasqueño de nacimiento, había forjado su carácter en la adversidad. Desde niño conoció el rigor de una familia que no comprendía sus aspiraciones artísticas.

Su padre, hombre de mano dura, solía golpearlo con frecuencia hasta que un día, cuando apenas tenía 14 años, Abelardo decidió romper con ese pasado y emprender su propio camino. Encontró en la música su salvación. Primero llegaron las obligadas giras por los pueblos, las tocadas en pequeños lugares, las antesalas en los despachos de los grandes productores, hasta que una noche, luego de una larga espera, un periodista le dedicó unas líneas en un diario, unas palabras en la radio y aunque no tuvo gran impacto, ahí quedó

plasmado el inicio. Abelardo no se rindió, pues de algún modo sabía que su destino debía estar en los escenarios y que solo con el trabajo duro y constante vendría el reconocimiento tarde o temprano. Y así ocurrió, pues al cabo de poco tiempo, el grupo guapachoso comenzó a triunfar.

Sus escenarios mejoraron, sus canciones comenzaron a sonar en la radio, vinieron los discos y empezaron a caer los premios. Luego vino la televisión a donde acudieron como invitados en los mejores programas y precisamente fue Raúl Velasco en Siempre En Domingo quien les dio la patadita de la buena suerte en 1989. Desde ese momento su carrera se disparó.

Abelardo Ramírez no solo había construido una carrera exitosa, sino también una familia sólida. se casó con Lala, una mujer que según sus propias palabras era el aire que Dios le dio para respirar. Además de su esposa e hijos, Abelardo había formado una familia musical y quienes lo acompañaban no eran solo empleados, sino parte de un círculo íntimo, gente con la que compartía ensayos, giras y momentos de alegría.

Y en ese círculo de confianza se infiltró, sin que nadie lo supiera, el hombre que habría de causarles el peor daño imaginable.  Ese hombre se llamaba José Juárez Juárez,  un tipo singular de estatura baja. Los muchachos del grupo, ya familiarizados con él, lo llamaban Pepe o más comúnmente el chaparro. era moreno de rostro cacarizo y cabello chino, un hombre que no llamaba la atención por su presencia, pero cuya habilidad lo hizo valioso para el conjunto, ya que nadie sabía de electricidad y sonido como él.

El chaparro se acercó al grupo desde los comienzos, ayudando en lo que podía y como entendía de conexiones y voltajes. Principalmente se dedicó a conectar los aparatos de sonido y después a vigilar que se mantuvieran los tonos y los volúmenes durante la actuación de los músicos.

Acompañó a los abelardos en las tocadas en los barrios y empezó a viajar con ellos. Abelardo, generoso por naturaleza, decidió ayudarlo y lo nombró el ingeniero de sonido del conjunto, integrándolo a su familia musical. Pero José Juárez no se distinguía por ser noble ni de una lealtad impermutable, sino todo lo contrario. Lo primero que hizo cuando tuvo dinero fue abandonar a su esposa e hija.

Era alguien que evadía las responsabilidades y elegía la vida fácil a los compromisos duraderos. Y pues esa misma actitud se manifestó en el trabajo, comenzando a viciar la relación con los abelardos. El viernes 14 de julio de 1995, el chaparro estuvo presente en la casa durante los preparativos de una gira más de los Abelardos.

Irían a Tesiutlán, Puebla, para una actuación el sábado y el domingo estarían en Veracruz. Cuando todo quedó casi listo, Abelardo entregó a su hija un paquete de dinero para que lo guardara. Parecía de gran volumen que al verlo, el chaparro pensó que se trataba de muchísimo dinero. Sus ojos brillaron ante un escenario de riqueza para él o dinero fácil.

Quizá en ese momento se manifestó el rencor que tenía contra Abelardo Ramírez y los suyos, porque ya no se sentía parte del equipo y la vida con su nueva pareja era precaria. Así que comenzó a gestarse el plan en su mente. Sabía que el grupo saldría de gira y que la casa quedaría prácticamente desprotegida. Conocía los horarios de la familia, las rutinas y la arquitectura de la casa.

No era cualquier persona, sino alguien que había estudiado cada rincón de aquella vivienda. En definitiva, el enemigo estaba en casa. El chaparro salió de la casa del músico y buscó a su amante en el pequeño departamento que compartían en la calle Uruguay. La mandó a Puebla y le dijo que lo esperara en casa de unos parientes para desde ahí iniciar un largo viaje que él aún no definía.

La mujer sumisa y confundida, obedeció sin preguntar nada. Luego pasó a casa de sus padres en San Antonio Tomatlán y se despidió de ellos. Los pobres nada sabían de las andanzas de su hijo y le fue fácil decirles que se iban a una larga gira con los Abelardos y ellos, orgullosos, lo bendijeron y le desearon éxito.

Pero él se puso a esperar el sábado para poner en marcha su macabro plan. El domingo 16 de julio en la mañana, solo nieves, la empleada doméstica se había levantado y se encontraba haciendo el que hacer cuando poco antes de las 10 de la mañana llegó el chaparro. no llegó solo, sino acompañado por otro sujeto cuya identidad nunca fue confirmada por las autoridades.

Llamaron a la puerta y Nieves, al ver quién era, no vaciló en abrir y dejarlos pasar. El chaparro le dijo que iba a revisar un teléfono que estaba fallando y la muchacha confió en él, según declaró la empleada más tarde ante el Ministerio Público, los dejó en el patio y se marchó al cuarto de servicio donde permaneció ocupada en sus tareas personales.

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