Posted in

Cuando Jacobo Zabludovsky confrontó a María Félix en televisión – Su respuesta fue demoledora

La vieron llegar desde el pasillo. El director de cámaras fue el primero. Se quedó paralizado con el auricular a medio poner, mirando hacia la puerta del fondo del estudio. Luego la vio el productor ejecutivo y luego los técnicos de iluminación y luego el maquillista que estaba retocando el polvo en la frente de Sabludowski. Y por último el propio Sabludowski, que tuvo que girar en su silla porque algo en el ambiente cambió de una manera que no pudo ignorar.

María entró al set con un vestido negro de Jibenchi, corte recto, sin adornos, la sencillez absoluta que solo puede permitirse quien sabe que no necesita nada más para llenar cualquier espacio. al cuello, un collar de esmeraldas que había pertenecido a una archiduquesa austríaca, los guantes negros hasta el codo, el cabello recogido en un chignom perfecto y los ojos, esos ojos que los directores de cine describían como infilmables, porque ninguna cámara conseguía capturar todo lo que contenían.

Caminó hacia su silla con la cadencia de alguien que no tiene prisa porque el tiempo trabaja para ella. Se sentó, cruzó las piernas. Motudowski y sonró. Una sonrisa que el productor, el que llevaba 12 años en Televisa, describiría después como la sonrisa de alguien que ya sabe cómo termina la historia. Sabludowski no sonrió de vuelta, asintió con la cabeza.

profesional stunt calculator. Y en ese momento, aunque nadie en el estudio lo sabía todavía, la pelea ya había comenzado y ya había un ganador. Para entender por Jacobo Sabludowski quería enfrentarse a María Félix esa noche, hay que entender quién era Sabludowski realmente, más allá de los trajes impecables y la voz de Barítono y los años de noticiero estelar.

Jacobo Sabludowski Kraveski había nacido en la ciudad de México en 1928, hijo de inmigrantes judíos que llegaron a México huyendo del antisemitismo europeo. Creció en la colonia Guerrero. Estudió periodismo con la obsesión de alguien que sabe que las palabras son la única forma de poder que está disponible para quien no nace con dinero ni apellido.

entró a la radio a los 16 años, a los 20 ya tenía su propio programa, a los 30 era reconocible, a los 40 era indispensable, pero fue con 24 horas el noticiero que lanzó en 1970 en el canal 2 de Televisa, cuando Sabludowski se convirtió en algo más que un periodista. Se convirtió en el árbitro de la realidad mexicana.

Lo que Sabludowski decía existía. Lo que Sabludowski ignoraba dejaba de existir. Gobernadores le llamaban para pedirle cobertura. Ministros le mandaban regalos antes de que les hiciera preguntas difíciles. El presidente mismo, dicen quienes trabajaron cerca de esos círculos, revisaba si Sabludowski lo había tratado bien en el noticiero de las 10 antes de dormirse.

Ese era el poder de Jacobo Sabludowski en 1979, un poder construido durante décadas. consolidado con la disciplina de un monje y la frialdad de un estratega, un poder que nunca en 20 años de carrera estelar había sido verdaderamente cuestionado por nadie hasta esa noche, la idea de entrevistar a María Félix había surgido 3 meses antes, en julio de 1979, durante una reunión de planeación editorial en la que Sabludowski estaba buscando contenido para el segmento especial que solía transmitir en otoño.

cuando los ratins competitivos obligaban a ofrecer algo diferente, algo que sacudiera. Alguien del equipo mencionó que María Félix había dado muy pocas entrevistas en los últimos años, que vivía entre México y París, que la nueva generación de mexicanos apenas la conocía como leyenda abstracta, como nombre que sus madres pronunciaban con reverencia, pero sin conocer las historias reales.

Sabludowski lo escuchó Enio Spa y luego dijo algo que sus colaboradores recordarían durante años. Dijo, “María Félix nunca ha tenido un entrevistador de verdad, solo ha tenido admiradores disfrazados de periodistas. Yo no soy su admirador.” Silencio en la sala. Nadie respondió porque todos entendieron exactamente lo que quería decir y nadie tenía suficiente valor para decirle que quizás estaba equivocado, quizás porque realmente no lo sabían, quizás porque sí lo sabían y preferían no decirlo.

Sabludowski tomó la decisión ahí mismo. La entrevistaría y no sería la entrevista que todos esperaban. No sería el homenaje de una hora, no sería la celebración de la diva, sería una entrevista periodística real con preguntas reales, preguntas sobre sus matrimonios, sobre sus amantes, sobre el dinero, sobre las décadas de silencio público, sobre lo que había significado realmente vivir la vida que vivió.

Sabludowski estaba convencido de que María Félix nunca había sido verdaderamente interrogada, que detrás de la leyenda había secretos que el periodismo mexicano había decidido no tocar por deferencia o por miedo. Él tocaría todo, eso creía. Sus colaboradores le advirtieron. Su productor más cercano, un hombre llamado Ernesto Gutiérrez, que llevaba 8 años trabajando junto a él, le dijo una noche mientras revisaban el guion de preguntas que había algo que debían considerar. Sabludowski lo miró.

¿Qué cosa? ¿Que María Félix no es una invitada normal? Dijo Ernesto eligiendo las palabras con cuidado. Es que hay ciertos temas que con ella pueden voltearse. Voltearse cómo? preguntó Sabludowski con la paciencia de quien ya sabe que va a descartar lo que le van a decir. Ernesto suspiró. Es que ella tiene una manera de convertir las preguntas en armas propias.

He leído todas sus entrevistas, todas. Y en ninguna el entrevistador sale bien parado cuando intenta presionarla. Sabludowski lo escuchó Senio y luego dijo con esa calma que era más intimidante que cualquier grito. Esos entrevistadores no eran yo. Ernesto no dijo más. Guardó el guion de preguntas y en su cabeza empezó a prepararse para lo que intuía que iba a ser una noche muy larga.

Las negociaciones para conseguir la entrevista habían tomado seis semanas. María Félix no era fácil de convencer. tenía un sistema sofisticado de filtros que incluía a su asistente personal, a su abogado, a su representante en México y a una red informal de amigos cercanos que evaluaban cada propuesta antes de que llegara a ella.

Sabludowski contactó a todos, mandó una carta formal explicando el proyecto. María no respondió directamente, mandó a su representante con una lista de condiciones. No hablaría de sus hijos, no hablaría de dinero, no hablaría de sus romances actuales. Y el tema de Agustín Lara, su tercer esposo, era completamente intocable.

Sabludowski leyó la, dobló el papel y le dijo a su asistente que mandara respuesta aceptando todas las condiciones, que no había problema, que él respetaría cada límite. Sus colaboradores lo miraron sabiendo que eso no era verdad. Sabludowski no respetaba límites, nunca los había respetado. Los límites eran el punto de partida, no el punto de llegada.

Ernesto Gutiérrez pensó en decírselo a María Félix. Pensó en mandarle un mensaje anónimo advirtiéndole que las condiciones aceptadas no significaban nada, pero no lo hizo. Tenía miedo de Sabludowski. Todos lo tenían. Y así fue como esa entrevista llegó a suceder. con una mentira disfrazada de acuerdo profesional, con un periodista convencido de que podía derribar a la doña con la misma técnica con la que había derribado a todos los demás y con una mujer que llegó al estudio esa noche sin saber exactamente que estaba

Read More