Los agentes siguieron el recorrido posterior del mototaxi hasta que otra cámara de vigilancia lo captó quitando el trapo y dejando al descubierto la matrícula. Entonces los agentes pudieron identificar al conductor como Darwin Cruz Vázquez, un hombre de 43 años que vivía en un distrito muy cercano. Para sorpresa de nadie, Darwin tenía antecedentes, aunque eran causas menores relacionadas con transporte ilegal de mercadería y contrabando.
El 16 de enero fue arrestado y trasladado hacia la comisaría para ser sometido a un interrogatorio donde no dudó en hablar. El mototaxista relató que una mujer llamada Adriana, un hombre conocido como Alex, habían contratado sus servicios para desechar un colchón. El hombre indicó que esas tres personas le habían ofrecido 30 soles por el traslado, aunque comúnmente lo contrataban para hacer traslados de comida.
Darwin aseguró que él no había ingresado al apartamento donde estaba el colchón, sino que habían sido estas tres personas quienes lo bajaron y colocaron en el mototaxi. Si bien admitió que pesaba más de lo normal, Darwin negó conocer que en el interior del colchón se encontraba el cuerpo de Jennifer.
aseguró a los detectives que de haber sabido lo que había dentro del colchón, jamás habría aceptado el trabajo. Darwin aseguró que durante el trayecto hacia la calle San Martín de Porres, uno de sus acompañantes había tapado con un trapo la matrícula del mototaxi. Si bien le pareció sospechoso, decidió no preguntar nada al respecto y se tranquilizó pensando que querían evitar una multa de tránsito o tener problemas con la policía por tirar basura en la calle.
Sin embargo, las imágenes de las cámaras de seguridad mostraban como el propio Darwin era quien tapaba la placa del vehículo. Por último, el sujeto declaró que las tres personas que lo contrataron lo habían timado, ya que solo le enviaron 10 soles mediante una aplicación de pago.
En vez de los 30 que le habían prometido. Supuestamente intentó que le dieran el monto acordado, pero no lo logró y simplemente se marchó. Tras la declaración de Darwin, la policía estableció que no era el autor material del crimen, pero el poder judicial lo imputó por el delito de feminicidio en calidad de partícipe. Debido a su intervención en el traslado y abandono del cuerpo, se le dictaron 9 meses de prisión preventiva.
Sin embargo, el caso estaba lejos de terminarse, ya que la policía aún debía encontrar a los verdaderos asesinos de Jennifer. Los agentes pudieron identificar a Alex como William Alexander Figueroa Remache, alias de 24 años y activaron alertas en zonas fronterizas por si intentaba huir del país. Sin embargo, la policía incautó el celular de Darwin y al revisarlo encontraron mensajes donde Alex afirmaba ya estar lejos.
En uno de los textos le decía su cómplice que se escondiera de la policía, ya que el hallazgo del cuerpo había salido en los noticieros. Además, Alex se revelaba que tanto él como Adriana y alias Dark estaban huyendo a Chile, aunque posteriormente la policía supo que aquel mensaje había sido una mentira para despistarlos de su verdadero escondite.
Al mismo tiempo, Darwin proporcionó a la policía la dirección del lugar. donde había recogido el colchón. Pero una vez allí descubrieron que el apartamento estaba vacío. Lo único que quedaba era una caja de preservativos. Los agentes entrevistaron algunos de los vecinos, quienes revelaron que en aquel apartamento vivían dos parejas de nacionalidad ecuatoriana.
También dijeron que la madrugada del 15 de enero, antes del traslado del colchón, se había llevado a cabo una fiesta de cumpleaños con música a todo volumen y serenatas con mariachis hasta las 8 de la mañana. Sin embargo, lo más alarmante de las declaraciones de los vecinos fue que afirmaron que solían ver entrando y saliendo del lugar a un grupo de aproximadamente 15 mujeres.
Los agentes no tardaron en teorizar que Jennifer había sido víctima de una red de trata de personas y que había estado retenida en aquel apartamento en contra de su voluntad. Para ese entonces, el caso de Jennifer Mendoza ya había llegado a todos los medios de Perú y Ecuador. Sin embargo, no fue la colaboración de los ciudadanos lo que ayudó a dar con el paradero de Alex, sino una simple coincidencia.
La noche del 22 de enero de 2026, el personal de la policía de Ecuador ejecutó un operativo en el sector de Siete lagos en Guayaquil. Estaban buscando a los culpables de un altercado con las autoridades que había terminado con un oficial asesinado. Intervinieron una guarida, es decir, un escondite, refugio o base de operaciones clandestina utilizado para ocultarse, planificar delitos, esconder armas, drogas o artículos robados.
Allí los agentes ecuatorianos encontraron al autor del crimen y a otro hombre más que tenía un gran parecido con Alex, a quien la policía peruana seguía buscando. Los oficiales no dudaron en comparar el registro de huellas y perfiles de este hombre con los informes enviados por las autoridades de Perú y pronto supieron que estaban ante el principal sospechoso del crimen de Jennifer Lisbeth Mendoza Segura.
Como si esto fuera poco, en ese mismo operativo, las autoridades también identificaron a otras mujeres que estaban siendo retenidas por la misma estructura criminal vinculada con el homicidio de Jennifer. Esto llevó a los agentes a pensar que esta red de trata de personas operaba tanto en Ecuador como en el Perú.
Sin embargo, no se divulgaron públicamente los nombres, identidades ni el estado jurídico de estas otras mujeres. Tampoco se informó si habían sido liberadas, si estaban bajo protección, si habían brindado declaraciones o si se habían levantado cargos por trata de personas en su contra o como víctimas. El general Víctor Reboredo, jefe de la Dirección de Investigación Criminal, declaró a los medios que la detención de William Alexander Figueroa Remache se había realizado gracias a la cooperación entre policías de ambos países. También
reveló que en el crimen había más personas implicadas y que estarían relacionadas con bandas criminales. y Alex no tardaría en esclarecer las dudas al respecto. Una vez en la comisaría, Alex confesó formar parte de una red de trata de personas que le había ofrecido un falso trabajo a Jennifer para que viajara desde Ecuador hasta Perú.
Expresó que la víctima desobedecía sus órdenes constantemente y que discutía con él y sus supervisores sin parar, negándose a someterse a trabajos de explotación íntima. Por último, Alex declaró que había ultimado a Jennifer para que las otras 16 chicas con las que había viajado supieran a lo que se atían si desobedecían. Es decir, la víctima no era la única mujer que se había trasladado hacia Lima, pensando que tendría un nuevo empleo.
Durante los días posteriores al arresto de Alex, el medio contracorriente reveló una grabación telefónica en exclusiva donde el sospechoso hablaba con la pareja de la víctima y admitía ser el responsable del asesinato. Sin embargo, se desconoce la fecha y hora en que se realizó esa llamada. Desde el principio del audio, Alex intentaba justificar su accionar, alegando una supuesta traición de parte de Jennifer y el temor a una emboscada.
A partir de la captura de Alex, la Policía Nacional del Perú comenzó a sospechar que pertenecía a la organización criminal ecuatoriana, los lobos, vinculada al narcotráfico, El sicariato y la trata de personas. La banda había estado involucrada en motines carcelarios, violencia política y disputas territoriales con otras organizaciones criminales.
Los lobos surgieron tras una separación interna de la banda, Los Choneros, que a su vez se había desprendido del grupo delictivo, Los Tiguerones. Esta última había sido considerada años atrás como la organización criminal más peligrosa del Ecuador y también había sido señalada por delitos de trata de personas y explotación íntima, por lo que podría estar implicada en el feminicidio de Jennifer Mendoza.

Además, los lobos habían sido vinculados a carteles internacionales como el cártel Jalisco Nueva Generación y a Redes Armadas extranjeras, lo que les había permitido consolidarse en rutas estratégicas del tráfico de drogas, extorsión y control de economías ilegales. Para ese entonces, según el discurso político interno ecuatoriano, Los Lobos ya había sido catalogada como una organización terrorista por el gobierno de los Estados Unidos, pero seguían siendo una de las estructuras delictivas más grandes, con presencia en
diversas regiones del Ecuador, incluidas ciudades como Quito y Guayaquil. La investigación policial finalmente reveló que tanto los lobos como los choneros y los tiguerones capturaban a mujeres de bajos recursos con falsas promesas de trabajo para explotarlas íntimamente en zonas críticas como el Girón Cepita en el cercado de Lima.
Por último, la Policía Nacional del Perú informó que estas organizaciones criminales extranjeras mantendrían conflictos violentos con otras bandas, como el Tren de Aragua por el control de economías ilegales, entre ellas la trata de personas en distritos como San Martín de Porres, donde fue hallado el cuerpo de Jennifer.
Pero antes de comenzar un gran operativo en contra de los lobos, los agentes debían primero encontrar a los otros responsables del deceso de Jennifer. El 26 de enero, la policía identificó a otro de los implicados en el feminicidio de Jennifer, alias Dark, que supuestamente también usaba el alias del gato.
Su nombre real era Darwin Moran Barreto, tenía 28 años y era primo de William Alexander Figueroa Remache. Morán Barreto fue señalado como una pieza clave en la red dedicada a captar y trasladar a mujeres bajo falsas promesas. Según la reconstrucción policial, había llevado a la víctima a Perú, pagando el pasaje internacional desde Ecuador y gestionando todos los aspectos logísticos relacionados con su llegada y hospedaje.
También había alquilado el inmueble en San Martín de Porres, donde se desarrollaron los hechos y coordinaron las acciones previas al asesinato. Ese mismo 26 de enero, la división de homicidios activó la búsqueda de Morán Barreto. William Alexander, por su parte, asistió a una audiencia judicial en Guayaquil como parte del procedimiento para evaluar la solicitud de extradicional Perú, donde sería imputado por el feminicidio [música] de Jennifer.
Además, durante finales de enero y principios de febrero trascendió en los medios que peritos de criminalística habían llevado a cabo diligencias en el segundo piso del apartamento ubicado cerca del paradero Santa Rosa en Los Olivos, donde se presume ocurrió el asesinato de Jennifer. Estas pesquisas arrojaron que aunque Alex y Moran Barreto habían intentado limpiar el lugar de los hechos, el reactivo químico luminol reveló rastros de sangre en alfombras, además de encontrar baldes y trapeadores.
En los dos pisos del inmueble donde se hospedaba Jennifer, la policía también halló una gran cantidad de preservativos, lo que indicaría la presencia de más mujeres explotadas íntimamente. Finalmente, la policía pudo reconstruir qué había ocurrido realmente con Jennifer Lisbeth Mendoza Segura. El 17 de febrero de 2026 se llevó a cabo una audiencia en la que la fiscalía reveló que Darwin Moran Barreto se había puesto en contacto con Jennifer a través de TikTok mientras uno de los dos se encontraba realizando un video en vivo.
Según la fiscalía, Morán Barreto conocí a la víctima desde que iban a la escuela, ya que ambos vivían en aquella época en la ciudad de milagros en Ecuador. Morán Barreto pronto se enteró de que Jennifer tenía problemas económicos y aprovechando la condición de vulnerabilidad de la víctima y su condición, le propuso un trabajo en Perú sin darle mayores detalles.
Jennifer no dudó en aceptar la propuesta porque realmente necesitaba el dinero y el 10 de enero de 2026 viajó hasta Guayaquil, donde se encontró con otra mujer con quien fue hasta la frontera de Perú. Allí se unieron a Morán Barreto, con quien viajaron a Lima al día siguiente. Una vez en la ciudad, Jennifer fue desplazada y retenida en el segundo y tercer piso del apartamento, ubicado en la avenida Los Olivos de la Asociación de Vivienda, Los Pinos del Norte, ubicado en el distrito de San Martín de Porres. La casa había sido alquilada por
Morán Bararreto desde julio de 2023 y tenía varias habitaciones decoradas con imágenes de la Santa Muerte. En diciembre, la red de trata había extendido su control alquilando también el segundo piso del inmueble. En aquel tétrico apartamento, Jennifer y otras mujeres de diferentes países fueron recibidas por William Alexander Figueroa Remanche, quien les reveló por qué estaban siendo recluidas.
las actividades que debían realizar y cómo devolverían los gastos. Además, en el lugar había, según la policía, otras mujeres que ya llevaban tiempo retenidas. Jennifer no solo estaba siendo obligada a ser dama de compañía bajo amenazas, sino que la policía también presume que sus captores le daban a ella y a las otras víctimas multas por incumplimiento que formaban parte del mecanismo de control.
Una vez que Jennifer se dio cuenta de que el trabajo no era lo que le habían prometido, le envió mensajes a su pareja contándole que había decidido regresar a su país para reunirse con sus hijos. Sin mencionar el engaño al que había sido sometida. Se desconoce si realmente estaba planificando escapar de la red de trata o si aquellos mensajes eran más bien una expresión de deseo de escapar.
El 14 de ese mismo mes, Morán Barreto celebró el cumpleaños de su pareja en el apartamento donde Jennifer y otras mujeres se encontraban secuestradas. Los vecinos escucharon música fuerte e incluso vieron mariachis. Cuando una vecina se acercó a reclamar, fue atendida por Morán Barreto. A la madrugada hubo un altercado con Jennifer y tanto él como Alex la atacaron con un arma blanca en diferentes partes del cuerpo, causando su deceso, un acto que, de acuerdo con la Dirección de Investigación Criminal, reflejó odio y ensañamiento.
Aún en medio del festejo de cumpleaños, Morán Barreto y Alex decidieron desaparecer las huellas y cuerpo de la víctima, poniéndola en el interior de un colchón para luego tirarlo en una zona descampada. Ese mismo día se pusieron en contacto con Darwin Cruz, a quien ya conocían, y le pidieron usar sus servicios de mototaxi para trasladar el colchón.
Una vez que el chóer llegó a la vivienda, una mujer que aún no ha sido identificada, pero que parece llamarse Adriana, bajó junto a Alex el cuerpo de Jennifer hacia el mototaxi. Algunos medios señalan que el colchón fue arrastrado y eso generó manchas de sangre visibles, lo que contradice los dichos de Darwin Vázquez sobre su desconocimiento de estar trasladando un cuerpo.
Luego, Alex y Adriana viajaron junto a Moran Barreto hacia la urbanización Real Madrid, cerca de la prolongación de Naranjal y avenida Pacasmayo, donde abandonaron el colchón que contenía el cuerpo de la víctima. En esa misma audiencia, el representante del Ministerio Público sustentó los graves elementos de convicción en el caso y tanto William Alexander como Darwin Lenin Morán Barreto fueron acusados por el delito de feminicidio en agravio de Jennifer Lisbeth Mendoza Segura.
Además, ambos continuarían siendo investigados por trata de personas, feminicidio y pertenencia a una organización criminal. El tercer despacho de la séptima Fiscalía Provincia Corporativa Especializada en Violencia contra las mujeres y los integrantes del grupo familiar de Lima, logró que se dictase la medida coercitiva contra ambos.
Sin embargo, a la fecha de realización de este video, no se ha divulgado públicamente si la extradición de William Alexander fue finalmente aprobada o ejecutada, ni se han informado detalles precisos sobre la decisión de ese tribunal o una fecha concreta de traslado. Las autoridades tampoco pudieron confirmar feacientemente si los acusados pertenecían a los lobos o a los tiguerones, pero sus nexos, el patrón de captación y el modo de operar coincidían con estas bandas que trafican con mujeres en las regiones de Ecuador y
Perú. Si bien hay fuentes que indican que Moran Barreto fue capturado en Ecuador igual que Alex, no hay reportes públicos que hablen concretamente de una captura física. Darwin Cruz Vázquez, el chóer del mototaxi por su parte, continúa con prisión preventiva desde el mes de enero. Tras el esclarecimiento de los hechos, la pareja y la hermana de Jennifer lograron viajar a Perú para recuperar el cuerpo que permanecía bajo resguardo en la embajada de Ecuador.
A la espera de la repatriación de los restos, Ariel no dudó en hablar con los medios acerca del dolor que estaba sufriendo. La reconocí por el tatuaje. Se me vino el mundo encima. Se me partió el corazón en dos. Es el amor de mi vida, se me adelantó, dijo mientras mostraba un tatuaje con el nombre de Jennifer grabado en su brazo.
Finalmente, el cuerpo de Jennifer fue repatriado a Ecuador, donde se realizaron los actos fúnebres y su familia pudo sepultarla. A la fecha de realización de ese video, la policía mantiene el caso de Jennifer Lisbeth Mendoza. segura bajo la figura de un feminicidio, pero también se continúa investigando a la red de trata de personas del operativo y a las agrupaciones delictivas relacionadas con él mismo.
Además, la mujer que también formó parte del operativo, Adriana, continúa prófuga de la justicia y no ha sido identificada. El caso expuso los riesgos que enfrentan las mujeres migrantes de bajos recursos que dejan atrás sus países o ciudades natales, esperanzadas sin saber que serán sometidas a tan brutales actos. Jennifer no estaba viva para contar su historia, pero quizás se haga justicia y muchas otras mujeres sean liberadas del calvario que están viviendo.
Una vez más, estimado público, gracias por acompañarme y por estar presentes en esta nueva transmisión. Les recuerdo que ahora pueden encontrar los episodios en Spotify, Apple Podcast, Amazon Music y por supuesto en YouTube Music. Me despido de ustedes con un fuerte abrazo y si tú aún no formas parte de esta comunidad, te hago la cordial invitación a que lo hagas y nos acompañes en este camino.
Esto es El Criminalista Nocturno. Hasta la próxima emisión y recuerden, en aquellas noches oscuras siempre habrá una historia que contar. Buenas noches,
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