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La verdad sobre el 86: Se comieron sus palabras

La historia del Mundial de México de 1986 con Diego Armando Maradona como el epicentro. Vilardo en el centro de las críticas y dudas la narración de una popella nacional de un país herido que encontró en el fútbol y en su capitán una redención colectiva. Pero también es una de las mayores herradas de boca al público argentino, al periodista argentino y a todo aquel que criticó duramente a Carlos Salvador Villardo y al plantel.

 No lo conozco, no lo conozco, no lo conozco. Usted se agarra la bandera es problema suyo. Yo le estoy diciendo que acá vino gente a insultar a la gente que piensa contra usted. Nada más. Seguridad, escúchame, con toda seguridad yo te aseguro a vos y si no y vengo acá después del campeonato mundial, como viene siempre.

 Yo te pongo a la firma si querés, que donde vamos nosotros estamos siempre arriba. La gente está siempre arriba. Pero no solo es eso, en este mundial sucederán dos momentos especiales, dos momentos que quedarían para siempre en la historia de los mundiales, como la épica más grande que el fútbol haya podido tener. Corría el año de 1983 y la selección argentina arrastraba el paso de un ciclo que parecía agotado.

 La Copa América de ese año, disputada sin sede fija y con partidos de ida y vuelta, no logró superar la fase de grupos. Empató dos veces con Ecuador, venció apenas a Brasil en Buenos Aires y no pudo ganar en Río de Janeiro, quedando eliminado por diferencia de gol. La eliminación de la Copa América de 1983 dejó heridas abiertas.

 El plantel, aún en transición entre la vieja guardia campeona de 1978 y una nueva generación que no encontraba la identidad. Vardo, obsesivo y meticuloso, intentaba imponer su impronta táctica y su visión del fútbol mucho más equilibrada, menos lírica y mucho más pragmática. Pero el ambiente era hostil, el periodismo, los hinchas y hasta los sectores de la diligencia cuestionaban su estilo y sus decisiones.

 La sombra de Luis Menotti con sus discursos de fútbol ofensivo y su aura de campeón seguía presente en cada debate. Eh, yo tengo un código de chiquito que decía ganar por ser mejor, no ganar de cualquier manera, porque para eso hay que tener cuidado con esto del éxito, ¿no? O de los triunfos. Hay [música] triunfos que yo ni los envidio ni los quiero y hay otros que sí que a lo mejor me encantan. tenerlo.

 Por lo tanto, vamos a intentar en ese contexto, los conflictos internos se multiplicaban. El vestuario estaba dividido entre los minotistas y los bilardistas, entre los que añoraban el pasado y los que apostaban por el futuro. La relación entre Maradona y Daniel Pasarela, capitán histórico y símbolo de la era anterior, era demasiado tensa.

 El propio Maradona, que había sido marginado del mundial de 1978 y expulsado en el mundial del 82, sentía que era su gran momento, pero debía ganarse liderazgo en medio de un mar de dudas. Diego nunca le cayó bien [música] a Pasarela. No le cayó bien ni cuando lo convocaron para el 78, que después lo dejaron afuera, porque Pasarela estaba en contra de los convocados de último momento, habida cuenta que él estaba desde el kilómetro 0 y quería a todos los que estaban desde el kilómetro, o sea, prefería a Valencia si él hubiera tenido que decidir, aunque [música] la decisión

siempre fue de Menotti, pero no le cayó bien. Había algo que lo admiraba como jugador, pero había algo que no le cerraba. Y cuando Vilardo se hizo cargo de la selección argentina en 1982 y tomó la dirección técnica realmente 1983, lo primero, el primer acto, el primer acto del narigón fue viajar a Barcelona para decirle, “Señor, usted [música] sea el capitán del equipo.

” Capitán del equipo que hasta ese momento había sido Pasarela. Eso fue el acabó para Pasarela. Eso fue la Cabo porque consideró que éticamente Vilardo debió habérselo dicho a él primero antes de designar a Maradona y porque Maradona antes de aceptar debió haber hablado con él. Están los códigos de la época. La presión sobre Vilardo creció con el paso de los meses y las eliminatorias para México 86 fueron un camino de espinas.

 Argentina clasificó de manera agónica con un empate sufrido ante Perú en el Monumental y gracias a un gol de Ricardo Gareca a 10 minutos del final. Pasarela, Pasarela. ¡Gol Gareca! ¡Gol! ¡Gol [grito] argentino! Pasar Ingareja empujando. Dicen que el partido está 2 a dos. El equipo no convencía, el juego era irregular y las críticas no dejaban de tomar rienda suelta.

 El propio Vilardo, en una recordada aparición televisiva en polémica en el fútbol, enfrentó a sus detractores con una frase que quedaría para la historia. Yo no le estoy haciendo ninguna acusación a usted. Me tomo de atrevimiento de preguntarle en nombre del público que fuimos a ver el seleccionado que usted dirige durante tantos tiempos.

Le pregunto con todas las miles de excusas que desarrolló, ¿qué? y explicaciones. ¿Por qué no juega al fútbol que nos gusta a nosotros? ¿Por qué no juega al fútbol que usted dijo para usted dijo, usted dijo que le gustaba el fútbol de Argentino Junior? No le contesta, escúchame, déjame que conteste.

 Mira, es el fútbol, por ejemplo, que nos gusta a nosotros. El que me gusta a mí. El que me gusta a mí. Yo defiendo jugadores como Maradona, como Bochín. Carlos, lamentablemente estamos en el cierre. Esto esto le demuestra una vez más a la gente con toda seguridad, escúchame, con toda seguridad yo te aseguro a vos y si no y y vengo acá después del campeonato mundial como viene siempre.

 Yo te pongo a la firma si querés, que donde vamos nosotros estamos siempre arriba. La gente está siempre arriba. No hay, yo no soy perdedor, no soy perdedor, soy ganador. Pero la tormenta no amainaba. En marzo de 1986, a menos de 3 meses del debut mundialista, Argentina pierde 2 a0 ante Francia en París en un amistoso que desató una ola de pesimismo.

 El equipo con Maradona, Bano, Burruchaga y Pasarela en cancha fue superado por los galos y la prensa pidió la cabeza de Vilardo. El presidente Raúl Alfonsín, influido por la opinión pública y por la rivalidad entre Menot y Villardo, llegó a sugerir su reemplazo. El secretario de deportes, Rodolfo Orrieli, declaró que la selección no andaba ni para atrás ni para adelante y los rumores de un golpe de timón se multiplicaron.

A 36 años de la Argentina campeón mundial en México 1986 - Diario Hoy En la noticia

 En medio de ese clima enradecido, Maradona salió en defensa de su técnico. Si tocan a Vilardo, nos vamos todos. Mozo de un bar. Vardo estaba comiendo con su señora, se acercó un mozo y le dijo, “Mi disculpa, mi nombre es José.” Mentira, estoy diciéndole un nombre a cualquiera. Vardo, quiero decir que escuché una conversación en aquella mesa entre fulano, mengano diciéndole que a usted le están buscando reemplazante, que quieren colocar a determinado técnico en la selección.

 Pirardo no terminó de comer, se levantó y fue directamente a la casa de gobierno a entrevistarse con Alfonsín. Alfonsín no lo pudo recibir por aquel momento, este, pero así se enteró Vilardo que querían colocarle un reemplazante antes del Mundial. Su respaldo fue clave para que el entrenador resistiera la embestida política y mediática.

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