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La CANCION que CONVIRTIÓ a TOM JONES en LEYENDA (y cambió su destino)

 En algún estudio de Londres, en 1964, Sandy Shaw escuchó el demo que un desconocido había grabado con su canción. Lo que escuchó la obligó a decir en voz alta algo que ninguna artista dice voluntariamente. Esa canción no es mía.  La canción que convirtió a Tom Jones en leyenda fue escrita para otra persona.

La otra persona la escuchó en su voz y supo de inmediato que no  podía competir. Eso no pasa casi nunca. Cuando pasa cambia todo. Lo que grabó en ese demo no estaba planeado como una audición ni como una demostración de nada. Era un minero galés cantando con todo lo que tenía y resultó ser demasiado para que alguien más lo reclamara.

 Si alguna vez escuchaste esa  voz y pensaste que había algo ahí que iba más allá de una canción pop de los 60, tenías razón. Y esto es exactamente lo que había. Thomas Jones Woodward no tenía ningún plan para cambiar la música popular. Tenía una voz y necesitaba dinero. Creció en Reforest, un pueblo de los valles mineros del sur de Gales, donde la vida de los hombres tenía una trayectoria bastante definida.

 La escuela, la mina o la fábrica,  el pop del barrio, los fines de semana. Tom siguió esa trayectoria durante un tiempo. Trabajó en guantes, se casó a 16 años. tuvo un hijo. Vivió con la presión específica de alguien que tiene responsabilidades concretas antes de haber tenido tiempo de elegir mucho.

 Lo que hacía los fines de semana en los bares y clubs locales de Gales era cantar. No como proyecto de vida, como la única manera que conocía de hacer algo con lo que sentía que tenía adentro y que el trabajo en la fábrica no alcanzaba a contener. Le pagaban poco, a veces nada. y seguía volviendo.  La canción It’s not Unusual la escribieron Les Reed y Gordon Mills en  1964.

Mills era el manager de Tom Jones y había conseguido que le encargaran el tema para Sandy Shaw, que en ese momento era una de las figuras más prometedoras del pop británico. El procedimiento era estándar. Se graba un demo, la artista lo escucha, lo aprueba, entra al estudio a  grabar su versión.

 Tom Jones grabó ese demo no porque fuera el candidato evidente, porque estaba ahí, porque tenía la voz y porque los demos necesitan a alguien que los cante con  suficiente convicción para que la artista principal pueda imaginar cómo debería sonar la versión final. Lo que nadie anticipó fue lo que pasó cuando Sandy Shaw escuchó la cinta.

 Sandy Show escuchó esa voz y entendió algo que los  ejecutivos tardaron más en procesar, que lo que Tom Jones había hecho con esa melodía no era una demostración de cómo podría sonar la canción. era la canción, la manera en que había atacado cada nota, la urgencia que había metido en cada frase, la autoridad física con que había ocupado cada silencio, hacía que cualquier versión posterior fuera una copia de algo que ya existía en su forma definitiva.

 Ella lo dijo, dijo que no podía competir con eso  y la canción quedó para Tom Jones. Pero el demo no explica todavía por qué esa grabación sonaba diferente a cualquier otra cosa que la radio británica estaba poniendo en ese momento. Para eso hay que entrar en lo que Less Reed construyó alrededor de esa voz y en quién estaba sentado en el estudio sin  que casi nadie lo supiera.

Hay algo en esta grabación que la mayoría de las personas que la conocen de memoria no saben que está ahí. Lesess Reed era una reglista y compositor que entendía algo que muchos productores del pop británico de los 60 no terminaban de ver, que una voz como la de Tom Jones no podía ser contenida en el formato delicado del pop de esa época.

 No era una voz para arreglos suaves ni para instrumentaciones discretas que dejaran espacio para el oyente. Era una voz que pedía algo que le hiciera resistencia, algo con el mismo peso físico que ella tenía, para que el choque entre las  dos cosas produjera lo que ninguna de las dos podía producir sola. Los metales que Red diseñó para It’s not Unusual no eran decoración, eran la única arquitectura que podía sostener lo que Tom Jones iba a hacer encima de ellos.

 Una pared de vientos con groove, con sofisticación  orquestal, con una energía que no venía ni del rock and roll  duro ni del pop blando, sino de algún lugar entre los dos, que en 1965 no tenía todavía un nombre claro. Presta atención a la guitarra acústica que empuja el ritmo por  debajo de todo.

 No es el elemento más evidente de la canción, es el que la mantiene en movimiento cuando los metales respiran. Esa guitarra la tocó un músico de sesión que en ese momento era uno de los nombres más solicitados de Londres para ese tipo de trabajo. Alguien que podía leer una partitura a  primera vista, ejecutarla con precisión y darle exactamente el swing que el arreglista necesitaba sin pedir más crédito que el que le correspondía por hora de estudio.

Ese músico de sesión era Jimmy Page. El mismo Jimmy Page que 5 años después iba a fundar Led Zeppelin y redefinir lo que la guitarra eléctrica podía hacer en el rock. En 1965 era el hombre que empujaba el ritmo de Tom Jones desde abajo, invisible en los créditos, imprescindible en la grabación. Lo que salió de ese estudio  era algo que la radio británica de 1965 no tenía una categoría para clasificar con  comodidad.

 No era rock, no era pop en el sentido en que los Beatles habían definido el pop. No era soul americano, aunque tenía su energía, era las tres cosas, y ninguna de manera suficientemente dominante como para que los programadores de radio pudieran descartarla por no encajar en su formato. Y esa incl, que en teoría podría haber sido un problema, resultó ser exactamente lo que permitió que llegara a todos los lugares al mismo tiempo. Tenían la grabación.

 Lo que nadie sabía todavía  era lo que iba a pasar cuando esa voz y ese cuerpo llegaran a una cámara de televisión.  En 1965, la televisión británica  y estadounidense sabía exactamente cómo manejar a un cantante masculino joven. Los Beatles habían establecido el modelo trajes prolijos, corbatas, movimientos controlados, una cortesía que funcionaba bien en pantalla y que no incomodaba a las madres que veían el programa desde el sofá.

 Era un modelo que había conquistado el mundo y que la industria estaba repitiendo con variaciones menores en cada nuevo artista que lanzaba. Y entonces apareció Tom Jones. Apareció con el mismo traje que le habían puesto  los estilistas. Sí, pero lo que hacía con el traje encima era algo que ningún estilista  había podido anticipar.

 se movía como alguien que había pasado años en escenarios pequeños  donde la única manera de llegar al fondo de la sala era meterse el cuerpo entero en cada nota, las caderas, los hombros, una presencia física que la cámara no sabía dónde poner porque ocupaba el cuadro de una manera para la que los directores de televisión no tenían protocolo.

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