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La Trágica Historia de los 3 Hijos de Stalin: Guerra, Ruina y Exilio

El poder de un padre puede convertirse en la condena de sus hijos. Hay nombres que pesan más que cualquier herencia material. José Stalin es uno de ellos. Durante casi tres décadas gobernó la Unión Soviética con un control absoluto y su figura terminó marcando no solo la historia de un país entero,  sino también la vida de las pocas personas que tuvieron la cercanía o la desgracia de ser parte de su familia.

Stalin tuvo tres hijos reconocidos. Jacob el mayor, nacido de su primer matrimonio con Ycaterinas  Vanitze, quien murió siendo él todavía un bebé. Basili y esbetlana, nacidos de su segunda esposa Nade Alieva, cuya propia muerte  en 1932 sigue siendo hasta hoy un episodio envuelto en preguntas que  nunca se resolvieron del todo.

Tres hijos, tres destinos completamente distintos y los tres marcados de una  forma u otra por la misma sombra. la de un padre que gobernaba un imperio mientras apenas  tenía tiempo o quizás apenas tenía la capacidad emocional para ser padre. Jacob terminaría sus días en un campo de prisioneros alemán en circunstancias que su propio padre, según se ha documentado, decidió no intentar cambiar.

Basili, criado entre privilegios militares y la presión de un apellido imposible de superar, terminaría sus últimos años marcado por el alcohol y el desamparo, una vez que la muerte de su padre lo dejó sin la protección que ese mismo apellido le había dado durante tanto  tiempo. y es Betlana, la hija menor, la más cercana emocionalmente a Stalin durante su  infancia, terminaría haciendo lo que parecía impensable para la hija de uno de los hombres más poderosos del siglo XX, abandonar su país, cruzar al otro lado de la Guerra

Fría y vivir el resto de su vida lejos de la Unión Soviética, lejos de su apellido y, en cierto sentido, lejos de sí misma. Esta no es una historia sobre política. No es un relato sobre las decisiones de Estado que tomó Stalin, ni sobre las consecuencias históricas de su gobierno, que ya han sido estudiadas y documentadas extensamente por historiadores  de todo el mundo.

Esta es una historia más pequeña, más íntima y quizás por eso mismo, más difícil de contar, la historia de tres personas que tuvieron que crecer, vivir y morir bajo la sombra de un padre que el mundo entero conocía, pero que ellos probablemente nunca terminaron de conocer del todo. Porque ser hijo de Stalin no significaba simplemente llevar un apellido poderoso,  significaba crecer en un hogar donde el afecto y el control se mezclaban de maneras que hoy con la distancia del tiempo resultan difíciles de comprender

del todo. Significaba vivir bajo la mirada constante del aparato estatal, donde cada decisión personal podía convertirse  en cualquier momento en un asunto de estado. Y significaba sobre todo enfrentar una pregunta que ninguno de los tres pudo evitar. ¿Qué hacer con la propia vida cuando el padre, que se supone debe protegerte, es al mismo tiempo el hombre más temido de un país entero? A lo largo de este video vamos a recorrer uno por uno los caminos que tomó cada uno de estos tres hijos. Vamos a hablar de

Jacob y de la guerra  que terminó con su vida en condiciones que su propio padre conocía. Vamos a hablar de Basili, de los privilegios que tuvo y del vacío que enfrentó cuando esos privilegios desaparecieron. Y vamos a hablar de Svetlana,  de su infancia cercana a un padre que la adoraba a su manera y de la decisión que tomó ya adulta.

Una decisión que cambiaría para siempre su relación con su propio país. Antes de continuar, si este tipo de historias te  interesa, te invitamos a suscribirte al canal. Aquí contamos relatos familiares como este, con la calma y el respeto que merecen, buscando siempre la verdad detrás  de los titulares y de las versiones oficiales.

Lo que vamos a descubrir a medida que avancemos en esta historia es que el poder absoluto no protege a quienes están más cerca de él. A veces ocurre exactamente lo contrario. Para entender a sus hijos, primero hay que entender al hombre que los gobernaba antes de ser su padre. Antes de ser Stalin fue Josif Visarionovic Yugashvily.

Nació en diciembre de 1878 en Gori, una pequeña ciudad de Georgia que entonces formaba parte del imperio ruso. Su padre era zapatero, un hombre con problemas de alcoholismo que, según relataron quienes lo conocieron, llegó a golpear tanto a su esposa  como a su hijo en distintas ocasiones. Su madre, profundamente religiosa, soñaba con que su hijo se  convirtiera en sacerdote y logró que ingresara al seminario ortodoxo de Tiflis.

Fue ahí paradójicamente  donde el joven Josif comenzó a alejarse de la fe y a acercarse a las ideas revolucionarias que circulaban  entre los círculos clandestinos de la época. Esa infancia marcada por la violencia doméstica y la pobreza ha sido señalada por distintos historiadores a lo largo de las décadas como un posible origen de la dureza que definiría su carácter en la vida adulta.

No es posible afirmar con certeza absoluta hasta qué punto esas experiencias tempranas explican las decisiones que tomaría  después como líder de la Unión Soviética, pero tampoco sería honesto ignorarlas por completo al intentar comprender al hombre detrás del nombre que el mundo terminaría  conociendo. Su ascenso dentro del Movimiento Revolucionario Ruso fue lento pero constante.

Participó en actividades  clandestinas, sufrió arrestos, pasó años en el exilio en Siberia y poco a poco se ganó la confianza de  los líderes bolcheviques, incluyendo la de Vladimir Lenin. Tras la revolución de octubre de 1917  y los años de guerra civil que siguieron, Stalin fue consolidando posiciones de poder dentro del nuevo estado soviético hasta convertirse tras la muerte de Lenin  en 1924 en el hombre que controlaría el destino de la Unión Soviética durante casi 30 años.

Fue durante esos años de consolidación  del poder, en la década de 1920, cuando Stalin informó la familia que nos ocupa en esta historia. Su primer matrimonio con Yecaterina Vanitze fue breve. Ella murió de Tifus en 1907, apenas unos meses después de haber dado a luz a su único hijo Jacob. Stalin, entonces todavía un revolucionario perseguido por la policía sarista, dejó al pequeño Jacob al cuidado de la familia de su difunta esposa en Georgia y durante años apenas tuvo contacto directo con él. Esa ausencia temprana

marcaría de manera profunda la relación entre padre e hijo hijo durante el resto de sus vidas. Su segundo matrimonio con Nadesh Dalieva comenzó en 1919, cuando ella tenía apenas 18 años y trabajaba como su secretaria personal. De esa unión nacieron Basili en 1921 yvetlana en 1926.

A diferencia de Jacob, ambos crecieron directamente bajo el techo de su padre.  en el entorno del Kremlin, rodeados de los privilegios y las restricciones que implicaba ser hijos del hombre más poderoso de la Unión Soviética. La vida dentro de esa casa, sin embargo, estaba lejos de ser estable. Stalin pasaba la mayor parte de su tiempo absorbido por las responsabilidades de gobierno, por las purgas políticas que comenzarían a intensificarse a partir de los años 30 y por una desconfianza constante hacia quienes lo rodeaban, incluyendo en

ciertos momentos hacia los miembros de su propia familia. Nadeshda, su esposa, murió en noviembre de 1932  en circunstancias que oficialmente se atribuyeron a una apendicitis, aunque distintas versiones históricas, incluyendo testimonios  de personas cercanas a la familia, han sugerido a lo largo de los años que pudo tratarse de un suicidio.

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