Sí, porque en un momento dado tienes que regañar a alguien. Llegó una muchacha de una televisora local, no quiero decir de qué medio, me dijo, “Mira, tienes que decirle esto y darle las gracias a tu presidenta y tienes que decir, digo, mira, te voy a decir una cosa. Tengo 80 años y tú no me vas a venir a mí a decir que diga si no eres jefa de nadie.
Yo no soy político, yo soy rescatista, soy voluntario, soy sociedad civil y no me vas a decir qué diga. Héctor Méndez tiene 80 años, lleva 40 metiéndose bajo edificios colapsados buscando personas vivas. Lo llaman el chino, lo llaman el topo mayor y esta semana está en Venezuela. No mandó a sus equipos y se quedó coordinando desde México. Fue él.
Con 80 años encima y cuatro décadas de escombros en el cuerpo, entró a los edificios colapsados de los Palos Grandes en Caracas. buscando el sonido de alguien que todavía respira. Ese hombre es el resumen más poderoso de lo que son los topos de México. No es una organización gubernamental, no recibe salario, no tiene seguro de vida que cubra lo que hace.
Es un ciudadano que un día decidió que salvar vidas bajo los escombros era su vocación y lleva cuatro décadas sin cambiar de opinión, que son los bomberos especializados, pero los topos seca como siempre, como en el volcán de fuego, como en el gran tsunami de hace 20 años en Indonesia, como en el ataque a Torres Gemelas, como los terremotos en Nepal, en Venezuela, como los deslaves en Brasil, etcétera, siempre topos azteca llegamos y nos sumamos al gran esfuerzo.
Cuando ocurre una tragedia como la de Venezuela, la mayoría de las personas calcula. Calcula si es seguro ir, calcula si tiene la preparación necesaria, calcula el costo personal de dejar su familia y su trabajo para volar a un país extranjero a meterse bajo toneladas de concreto inestable.
El chino lleva 40 años sin hacer ese cálculo. Para él la pregunta no es si ir, es cuando sale el próximo vuelo. Y esa actitud es exactamente lo que hace a los topos de México algo que no existe en ningún otro lugar del mundo con la misma escala y la misma historia. Pero para entender por qué el chino lleva 40 años haciendo esto, hay que entender cómo llegaron los topos a existir, porque su historia no empieza con un decreto ni con un programa gubernamental, empieza con una tragedia y con la decisión de un grupo de ciudadanos de que esa tragedia
nunca volviera que encontrar a México sin preparación. El 19 de septiembre de 1985, la Ciudad de México tembló. Miles de edificios colapsaron en segundos y el gobierno tardó, no porque los funcionarios fueran malas personas, sino porque no había protocolos, no había equipos entrenados, no había cadena de mando para una emergencia de esa escala.
Y mientras el gobierno tardaba en reaccionar, algo ocurrió en las calles de la Ciudad de México que cambió para siempre la historia del rescate en América Latina. Los ciudadanos salieron con sus manos, sin equipo, sin entrenamiento formal y empezaron a mover piedras. Algunos de esos ciudadanos descubrieron que tenían una habilidad particular.
Podían entrar por huecos donde un adulto apenas cabía. Podían avanzar en la oscuridad total, guiados por el sonido de una voz débil o por el movimiento del aire que indicaba que había alguien vivo en esa dirección. Podían mantener la calma absoluta cuando el edificio crujía encima de ellos porque entrar en pánico significaba morir.
A esas personas alguien las llamó topos y el nombre se quedó porque describía perfectamente lo que hacían. Estos hombres, inspirados por la determinación de su juventud, arriesgaron sus vidas para introducirse a través de los huecos que se crearon entre las ruinas del edificio Nuevo León. Los medios de comunicación voltearon a verlos y fue cuando un reportero los bautizó como topos debido a que solamente utilizaban sus manos como garras para abrirse paso en los escombros a falta de herramientas.
40 años después, los topos son varias organizaciones independientes. La brigada de rescate Topos Tlatelolco, fundada en 1986 como la organización original. Rescate internacional Topos, especializada en misiones fuera de México. Topos Azteca con amplia experiencia internacional, cada una con su propia estructura y liderazgo, pero todas compartiendo el mismo origen y la misma vocación y todas comparten algo más que las hace únicas en el mundo del rescate internacional.
Se financian solas, no dependen del gobierno para operar. Cuando ocurrió el terremoto en Venezuela, Luis Colmenares envió un mensaje a su red de contactos en Caracas buscando una avioneta para trasladar al equipo. Horas después la consiguió. El 27 de junio los topos ya estaban en Venezuela sin esperar autorización, sin esperar presupuesto, sin esperar que nadie les dijera que podían ir.
Pero la independencia de los topos no es solo financiera, es también política. Y esa independencia tuvo un momento público esta semana en Venezuela que se volvió viral y que dice todo sobre por qué estos voluntarios mexicanos generan el respeto que generan en todo el mundo. Tienes que tener la autoridad de ver al alcalde que está muy agotado y decirle, “Oye, ¿no anda por aquí el gobernador, verdad?” No, no andas del Rodríguez, no, pero está el chino, güey, y te estoy viendo que estás agotado y no eres un robótico.
Tómate un descanso. Yo te lo digo porque tengo más autoridad en esto que tú y estoy más viejo y te veo como Nico. Vete a descansar, tómate unas horas y regresa. Cuando colapsa un edificio empieza a correr un reloj. No es metáfora, es biología. Una persona atrapada bajo los escombros sin agua empieza a deteriorarse rápidamente en las primeras horas.
El calor acumulado bajo el concreto sube la temperatura corporal, las heridas sin atender se infectan, la deshidratación avanza y el colapso secundario de estructuras inestables puede matar tanto al sobreviviente como al rescatista que intenta llegar a él. Los expertos llaman a las primeras 48 a 72 horas la ventana de oro, el periodo donde las probabilidades de encontrar personas vivas son significativas.

Después de esa ventana, las estadísticas cambian dramáticamente. No desaparecen del todo porque los topos han sacado personas vivas después de días, pero cambian. Y cada hora que pasa sin rescatistas especializados en el lugar es una hora que el reloj avanza en la dirección equivocada.
Venezuela fue sacudida por dos terremotos de magnitud, 7,2 y 7,5 el 24 de junio. Más de 100 edificios colapsados en la Guaira. Dos potentes terremotos en menos de un minuto. Una tragedia que deja centenares de muertos y heridos, edificios colapsados, personas atrapadas bajo los escombros y miles de venezolanos pasando la noche en las calles preguntándose y ahora qué.
Zonas enteras de Caracas con estructuras derrumbadas y una logística de acceso complicada porque el aeropuerto de Maiketía quedó dañado en los propios terremotos, dificultando la llegada de ayuda aérea internacional. Ese contexto hace todavía más crítica la velocidad de respuesta y ese contexto es exactamente el que explica por qué los topos consiguieron su propia avioneta en lugar de esperar un vuelo comercial o un avión gubernamental.
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Dentro de esa ventana de oro, el trabajo de los topos no es simplemente remover escombros. Tiene una secuencia técnica precisa. Primero, revisar si la estructura puede seguir cayendo. Segundo, identificar huecos donde pudiera haber personas atrapadas. Tercero, usar herramientas de búsqueda visual y sonora para detectar señales de vida.
Cuarto, avanzar con técnica milimétrica, porque un movimiento equivocado puede colapsar lo que queda y matar al sobreviviente que estás intentando rescatar. Y quinto, no meter maquinaria pesada hasta sacar al último sobreviviente, porque las vibraciones de la maquinaria pueden derrumbar lo que todavía sostiene a alguien con vida.
Esa secuencia la conocen de memoria, la han practicado en México, en Turquía, en Haití, en Chile y ahora la aplican en Venezuela. Llegamos y nos sumamos al gran esfuerzo que genera ese gran motor que se llama amor y que se llama empatía. Esos somos los topos azteca, esos somos los mexicanos. Y fue en medio de ese trabajo bajo los escombros venezolanos cuando ocurrió algo que nadie esperaba.
Una reportera de la televisión del Estado venezolano le pidió al topo mayor algo que él rechazó sin dudar un segundo. Y ese rechazo se volvió viral por razones que dicen todos sobre quiénes son estos voluntarios y por qué el mundo los respeta. Soy gente de respeto, tal vez mal hablado, pero eso te da autenticidad.
Sí, porque en un momento dado tienes que regañar a alguien. Llegó una muchacha de una televisora local, no quiero decir de qué medio, me dijo, “Mira, tienes que decirle esto y darle las gracias a tu presidenta y tienes que decir”, digo, “Mira, te voy a decir una cosa.
Tengo 80 años y tú no me vas a venir a mí a decir que diga.” Héctor el Chino Méndez lleva 40 años metiéndose bajo edificios colapsados. Ha rescatado personas en México, en Turquía, en Haití, en Chile. Conoce el peso del concreto encima. Conoce el sonido de alguien que respira débilmente a 2 m y no puedes llegar.
Conoce el silencio que viene cuando ese sonido para. Un hombre con esa historia y esa experiencia tiene muy claro para qué está en Venezuela y para qué no está. Y cuando una reportera de la televisión del Estado venezolano se acercó a pedirle que agradeciera públicamente a Delfcí Rodríguez para que saliera en la televisión nacional, el chino respondió con la misma claridad con que trabaja bajo los escombros.
No, ese momento se volvió viral inmediatamente, no porque haya sido agresivo ni confrontacional, sino porque fue absolutamente directo. Me dijo, “Mira, tienes que decirle esto y darle las gracias a tu presidenta y tienes que decir, digo, mira, te voy a decir una cosa.
Tengo 80 años y tú no me vas a venir a mí a decir que diga si no eres jefa de nadie. Yo no soy político, yo soy rescatista, soy voluntario, soy sociedad civil y no me vas a decir qué diga porque yo estaba la mandé al y luego vino su jefa y le dijo a la jefa, disculpa, pero maltraté a esta pendeja. ¿Cómo se le ocurre decir a un viejo lo que tiene que decir? Pues qué tiene en la cabeza.
Discúlpame, pero la maltraté. Así debe de ser. Los topos no están en Venezuela para hacer política, no están para aparecer en la televisión del gobierno ni para que ningún funcionario use su presencia como propaganda. Están para buscar personas vivas bajo los escombros. Esa es su misión. Esa es su única misión. Y cualquier cosa que no contribuya a esa misión es una distracción que el chino con 80 años y 40 de experiencia no tiene tiempo ni disposición de atender.
Ese gesto dice algo sobre los topos que ningún comunicado oficial puede transmitir. Son voluntarios en el sentido más puro de la palabra. No deben nada a ningún gobierno, ni al mexicano ni al venezolano. No llegaron a Venezuela porque Shane Baum los mandó. Llegaron porque ellos decidieron ir.
consiguieron su propia avioneta, pagaron sus propios gastos y en el momento en que alguien intentó instrumentalizar su presencia para un fin político, lo rechazaron con la misma naturalidad con que rechazan detenerse cuando escuchan un latido bajo el concreto. Esa independencia es exactamente lo que les da la autoridad moral que tienen en todo el mundo.
No representan a ningún gobierno, representan a la humanidad. Pero los topos que llegaron por sus propios medios son solo una parte de la respuesta mexicana en Venezuela. Porque simultáneamente el gobierno de México desplegó algo que cuando lo ves en números completos cambia completamente la dimensión de lo que México está siendo en esta tragedia.
Eso viene ahora. 473. Ese es el número total de rescatistas mexicanos desplegados en Venezuela entre el contingente militar enviado por el gobierno y los topos que llegaron por sus propios medios. Para que ese número aterrice en algo concreto hay que compararlo. Chile envió 30 rescatistas.
El Salvador movilizó 188 especialistas. Suiza envió equipos especializados. Todos esos países hicieron un esfuerzo real y significativo que merece reconocimiento. México envió 473 con nueve perros de detección entrenados para encontrar personas bajo estructuras colapsadas. Es el mayor contingente de rescate internacional que México ha desplegado en su historia y llegó primero.
Ese número no es accidental. es el resultado de décadas de preparación institucional construida precisamente para poder hacer esto. Los aviones de la Secretaría de la Defensa Nacional trasladaron a este jueves la ayuda y personal tras los dos terremotos que se registraron en el país el miércoles 24 de junio.
El apoyo que nuestro país está brindando a la nación caribeña consiste en un agrupamiento integrado por 261 efectivos, de los cuales 240 son del Ejército, 11 de la Fuerza Aérea y 10 de la Guardia Nacional, entre los que se encuentran médicos, camilleros y enfermeros, así como personal especializado en labores de búsqueda y rescate para el auxilio inmediato de los afectados.
También 18 binomios canófilos, especialistas en localización de personas atrapadas en estructuras colapsadas. El plan de N3, que nació del sismo del 85, creó en el Ejército Mexicano grupos especializados en rescate urbano que se activan automáticamente sin necesidad de esperar órdenes superiores. La Cruz Roja Mexicana tiene sus propios equipos usar, especializados en búsqueda y rescate urbano que ya operan en la Guaira.
Y los topos con sus distintas organizaciones aportan la experiencia voluntaria más profunda de América Latina en rescate bajo estructuras colapsadas. Cuando esos tres elementos se combinan, el resultado es 473 personas trabajando simultáneamente en distintas zonas de Venezuela buscando el mismo latido.
Y hay algo en esa cifra que merece decirse con claridad. No todos los países que respondieron al llamado de Venezuela tienen esta capacidad. Algunos enviaron lo que pudieron con los recursos que tenían disponibles en ese momento. México envió 473 porque lleva 40 años construyendo exactamente esta capacidad porque tomó la tragedia del 85 y en lugar de dejar que fuera solo un dolor colectivo, la convirtió en una institución, en un protocolo, en una cultura de respuesta que hoy permite que cuando Venezuela necesita ayuda, México
no pregunte cuánto cuesta ni cuánto tiempo tiene disponible, simplemente va. Y eso es exactamente lo que cierra este análisis, porque lo que el Chino Méndez, de 80 años bajo los escombros de Caracas, los 473 rescatistas, la ventana de oro y el México que llegó primero dicen juntos sobre este país, es algo que merece contarse con toda su dimensión.
Eso es lo que quiero darte en el cierre. Hagamos el balance final. Dos terremotos de 7,2 y 7,5 el mismo día. Más de 1000 muertos, miles de heridos, más de 100 edificios colapsados. una crisis preexistente que hace todo más difícil y México llegó primero con 473 rescatistas, con nueve perros de detección, con el Chino Méndez de 80 años metiéndose bajo el concreto porque lleva 40 años haciéndolo y no concibe otra forma de responder.
con topos que consiguieron su propia avioneta sin esperar a nadie, con equipos militares que se activaron solos porque el protocolo ya estaba escrito desde 1985 y con la claridad del chino rechazando hacer política con el dolor ajeno cuando la televisión del estado le pidió que agradeciera en cámara. Y aquí quiero ser directa.
Lo que más me importa de esta historia no es la cifra de 473 ni el dato de que México llegó primero. Es el chino, un hombre de 80 años que lleva cuatro décadas haciendo lo mismo sin salario, sin reconocimiento oficial, sin seguro que cubra lo que hace, que esta semana estaba en Venezuela porque eso es lo que hace siempre, sin preguntar si es conveniente, sin calcular el costo personal, sin esperar que nadie le diga que puede ir.
Ese hombre es México, el México real que no salen los análisis geopolíticos, pero que cuando la tierra tiembla en cualquier parte del mundo ya está en camino. Allá vamos, hermanos. Espérenos. Los Topos Azteca como siempre. Vamos a ir a unirnos con ustedes a trabajar, a morir. Que viva México.
Viva. Viva México. Viva. Viva México. Viva México. Si esta historia te llegó al corazón, antes de irte quiero que veas el vídeo que publicamos hace unos días. La primera parte de esta historia de solidaridad. Venezolanos rompen en llanto al ver llegar a los rescatistas mexicanos y nadie lo esperaba.
Lo encuentra justo aquí arriba. Hay dos tipos de personas en México. Las que consumen el ruido y las que entienden lo que hay detrás. En Detrás del Poder MX llevamos tiempo construyendo el segundo grupo. Si quieres formar parte, suscríbete ahora mismo. Aquí te esperamos. ¿Crees que México debería institucionalizar el apoyo económico a los topos para que nunca tengan que conseguir su propia avioneta o su independencia total? es exactamente lo que los hace únicos.
Dímelo abajo en los comentarios.
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