Otras fuentes señalan que Billy pudo tener también una hermana mayor llamada Bridget, pero de esto no hay nada confirmado. Catherine, que ya era viuda, se mudó con sus dos hijos primero a Indianapolis, donde conoció a William Henry Harrison Antrim, con quien empezó una relación. En 1870 se mudaron juntos a Wichita, en Kansas, donde Catherine montó un negocio, una lavandería, y para aumentar los ingresos de la familia alquiló habitaciones a huéspedes.
En 1873 se casaron en Santa Fe, Nuevo México, y terminaron mudándose de nuevo, esta vez a Silver City. El marido de Catherine no pasaba demasiado tiempo con la familia: se dedicaba a buscar oro y a las apuestas. Y, por desgracia, solo un año después de la boda, cuando Billy tenía unos 14 años y su hermano Joseph 10, Catherine falleció de tuberculosis.
Los dos niños se quedaron solos, porque Antrim se marchó a Arizona. Según testimonios de la época, Billy siempre había sido un chaval dispuesto a ayudar a los demás, alegre, por cierto, amante de la música y la cultura hispanas –de hecho, tenía muchos amigos de origen mexicano y él hablaba español–.
También poseía mucho carácter y nunca se echaba para atrás a la hora de enfrentarse en una pelea a chicos mayores que él. Tras quedar huérfano, la propietaria de un hotel de Silver City le ofreció trabajo a cambio de alojamiento y comida. Sin la buena influencia de su madre, tan solo un año más tarde, en 1875, lo arrestaron por primera vez en su vida. Fue por robar comida.
Tenía 15 años. Poco después fue detenido de nuevo. Había ayudado a cometer varios delitos a un delincuente de poca monta conocido como Sombrero Jack, y tras asaltar una lavandería china de la que se llevaron ropa y dos pistolas, pillaron a Billy con el botín en su habitación. Volvieron a encerrarlo, pero solo dos días después logró escapar a través de una chimenea, y huyó desde Nuevo México a Arizona, de manera que se convirtió en un fugitivo federal.
Localizó a su padrastro y durante un tiempo se escondió en su casa, pero Antrim terminó echándolo. Billy se marchó… después de robarle ropa y armas. No volvieron a verse nunca más. En Arizona, Billy empezó a trabajar como peón para diversos patrones, entre ellos el ranchero Henry Hooker, que fue amigo personal del famoso marshall Wyatt Earp.
En el rancho de Hooker, Billy aprendió a conducir ganado, a cuidar de los caballos, a llevar carretas… y también pudo mejorar su manejo de rifles y pistolas. Se cuenta que ya entonces –tenía 16 años– le gustaba visitar las casas de juego y apostar su salario. En cualquier caso, como aún era muy joven para hacer el trabajo de un hombre, el capataz del rancho terminó despidiéndolo.
En la primavera de 1876, se había establecido en las cercanías de Fort Grant, un puesto de caballería situado junto al Monte Graham. En un principio trabajó en el Hotel de Luna, pero pronto se asoció con un maleante escocés diez años mayor que él y que había servido en el Ejército estadounidense.
Se dedicaban a robar sillas de montar, mantas e incluso caballos de soldados locales. Fueron estos los que le pusieron a Billy el apodo de ‘Kid Antrim’ -ya que entonces era conocido como Henry Antrim-, por su juventud y su constitución esbelta. También se le empezaba a identificar por su habilidad con las armas y porque solía llevar un gran sombrero mexicano.
Este tipo de sombrero le gustaba por una cuestión práctica, según se explica en la biografía de ‘El Niño’ coescrita por la persona que lo mató, el sheriff Pat Garrett, y el periodista Ashmun Upson. Al tener el ala ancha, el sombrero protegía mejor su rostro del sol, el polvo y el viento. Se cree, aunque una vez más existen dudas sobre ello, que fue en agosto de 1877, con 17 años, cuando mató por primera vez a un hombre, un herrero irlandés llamado Francis P.
‘Windy’ Cahill con quien ya había tenido problemas antes porque Cahill era el típico matón que se metía con los que consideraba débiles. Estaban en una cantina de Fort Grant, jugando a las cartas e intercambiaron insultos. El herrero, que pesaba el doble que El Niño, lo tiró al suelo y empezó a golpearlo, como había hecho en otras ocasiones. Pero Billy fue capaz de alcanzar su revólver y disparó e hirió de muerte a su adversario.
Según los testigos, fue en defensa propia. Pero lo acusaron de asesinato. Billy huyó en un caballo robado y cabalgó rumbo a Nuevo México, pero entonces topó con los apaches, que le quitaron la montura y lo obligaron a caminar muchas millas hasta el pueblo más cercano. Llegó medio muerto a Fort Stanton.
Fue entonces cuando empezó a usar el seudónimo de William H. Bonney. Una vez recuperado, se unió a la banda de ladrones conocida como ‘The Boys’ (“Los chicos”), liderada por Jesse Evans y especializada en robar cabezas de ganado y caballos. En otoño de 1877, terminaron en el condado de Lincoln.
Y Billy, junto al resto de la banda, empezó a trabajar de vaquero para los socios empresarios James Dolan, que era irlandés, y Lawrence Murphy, estadounidense. Desde hacía casi una década, ambos mantenían, a través de un monopolio de la industria ganadera, el control económico y político de la zona. Para ello contaban con el apoyo del sheriff del condado, William Brady, y también con autoridades de Santa Fe. Todo el sistema estaba corrupto, a las órdenes de Dolan.
Y si había problemas que resolver con algún rival, la banda de Evans era su brazo armado. Pero les surgió competencia: un joven ganadero y hombre de negocios inglés que había llegado a la zona en 1876, con 23 años. John Henry Tunstall, junto a su socio comercial, el abogado Alexander McSween, había abierto una tienda en Lincoln, un banco y también un rancho en Río Feliz. Les iba muy bien.
Y tenían el apoyo de John Chisum, magnate de la ganadería que poseía un gran rancho y más de 100 000 cabezas de ganado. Dolan vio peligrar su feudo, así que empezó a acosar al británico primero de forma legal y luego a través de los hombres de Jesse Evans, a los que enviaba a robar su ganado y caballos. Mientras tanto, también surgieron peleas dentro de la banda de Jesse Evans.
Billy tenía problemas con el líder y especialmente con otro de sus compañeros, Bill Morton. De modo que, cuando arrestaron a Billy por robarle caballos a Tunstall, este, que había reclutado a pistoleros para proteger sus propiedades y conocía perfectamente la reputación de aquel joven con las armas, en lugar de presentar cargos, le ofreció un trabajo muy bien remunerado en su rancho.
Billy aceptó la oferta e inició una relación de amistad con su patrón y con el resto de vaqueros que allí trabajaban. También con McSween, el socio de Tunstall. Entre los cometidos de Billy estaba evitar los robos de caballos y reses por parte de los secuaces de Dolan, es decir, sus antiguos compañeros de andanzas. Parecía que Billy por fin llevaba una vida feliz, y alejado de los delitos. No iba a durar mucho.
McSween tenía una deuda de 8000 dólares con Dolan, circunstancia que este aprovechó para conseguir una orden de embargo contra Tunstall y su socio por un monto total de casi 40 000 dólares en propiedades y ganado. El 18 de febrero de ese año, 1878, el sheriff William Brady reunió a dos docenas de vaqueros, entre ellos al menos cuatro diestros pistoleros de la banda de Jesse Evans, con el objetivo de embargar las reses de Tunstall. Brady puso al frente del grupo a su ayudante, Jacob Matthews.
Como el joven patrón, Tunstall, no estaba dispuesto a que le confiscaran nueve de sus mejores caballos, intentó llevárselos de Río Feliz a Lincoln, ayudado por algunos de sus hombres, entre ellos Billy y el capataz del rancho, Richard ‘Dick’ Brewer, para ponerlos a salvo. La mala fortuna hizo que dos de los hombres de Evans, Tom Hill y Bill Morton, pillaran a Tunstall en un momento en que se había quedado solo.
Le pidieron hablar y el inglés se acercó confiado. Recibió de Morton un primer disparo en el pecho que lo derribó del caballo. Y Hill se encargó de rematarlo con un tiro en la cabeza. Algunas fuentes señalan que el propio Evans estaba presente y tomó parte en el asesinato. Un asesinato a sangre fría que fue el origen de la sangrienta Guerra del Condado de Lincoln.
Un juez amigo de Alexander McSween, a petición de los allegados de Tunstall, emitió las órdenes de detención contra los asesinos y, para arrestarlos, se delegó en un grupo armado de civiles, ‘Los Reguladores’. Al frente de la banda estaba el capataz de Tunstall, Dick Brewer. Billy formaba parte de ellos.
Iban a ser los encargados de dar caza a los asesinos para vengar a su patrón y amigo. Iniciaron la cacería, y a primeros de marzo detuvieron a Morton y a otro miembro de la banda, Frank Baker, que terminaron muertos de camino a la cárcel de Lincoln porque supuestamente intentaron huir. Ambas muertes se le atribuyen a Billy.
Cinco días después Tom Hill, quien había dado el disparo de gracia a Tunstall, recibió un tiro y murió mientras robaba ovejas. El 1 de abril seis reguladores, entre ellos Billy, tendieron una emboscada al sheriff William Brady y a cuatro de sus ayudantes en las calles de Lincoln. Asesinaron a Brady y a su ayudante George Hindman. Esta guerra también ocasionó muchas bajas en el otro bando; por ejemplo, para entonces ya había caído el capataz Brewer, entre otros.
Se emitieron órdenes de arresto para los participantes en el conflicto. A Billy se le atribuyeron los asesinatos del sheriff y su ayudante. Pero, en realidad, es imposible saber si las balas salieron de sus armas o de las de quienes lo acompañaban. Poco después se unió a la banda de los Reguladores Tom O’Folliard, que llegó a convertirse en el mejor amigo de Billy. Solo era un año mayor que él.
Billy y su banda eran ahora unos fuera de la ley en Lincoln; y, pese a ello, se atrevían a entrar allí como Pedro por su casa y perpetraban robos. En cuanto a Dolan, por su parte, hizo que eligieran sheriff a uno de sus hombres, George Peppin, para liderar al grupo que debía enfrentarse a Billy y los suyos y que estaba formado por hombres de Evans y también de una banda de cuatreros llamada Seven Rivers.
Aún estaba por llegar la batalla final. En la mañana del 19 de julio de 1878, todos los seguidores de McSween, el socio de Tunstall, se encontraban atrincherados en la casa del abogado en Lincoln. Eran en torno a medio centenar, con Billy a la cabeza. Sus enemigos, liderados por el sheriff Peppin, prendieron fuego al edificio.
Apenas quedaba una habitación libre de las llamas cuando Billy y sus compañeros sitiados se vieron obligados a huir de la casa por detrás, en busca de las colinas. Mientras escapaban, Billy mató a Bob Beckwith, ayudante del sheriff. McSween no quiso huir y terminó asesinado a tiros en el patio, acribillado por nueve balas de los hombres de Peppin.
El nuevo gobernador de Nuevo México, Lew Wallace, quiso acabar con el conflicto, así que ofreció amnistía a todos los implicados en la Guerra del Condado de Lincoln si abandonaban la violencia… Siempre que no hubiese una acusación judicial en marcha. El Niño quedaba fuera: tenía una causa penal pendiente por haber matado al sheriff Brady.
De hecho, lejos de amnistiarlo, Wallace lo consideró enemigo número uno del estado y emitió una orden de captura contra él. A Billy, que continuó con su vida de cuatrero, seguían endosándole asesinatos, los hubiera cometido él o no, lo que hacía crecer más y más su leyenda. Pero él estaba cansado de tener que huir constantemente.
De hecho, quiso firmar una tregua con Dolan y su antiguo compañero y amigo, Jesse Evans. Y lo hizo, aunque eso no lo eximió de tener que rendir cuentas ante la ley. Precisamente el día en que se reconcilió con sus enemigos, en febrero de 1879, poco después de salir de la cantina donde todos habían estado tomando unos güisquis, Billy y su amigo Tom O’Folliard fueron testigos en la plaza de Lincoln del asesinato del abogado de la viuda de McSween, llamado Huston Chapman, que pasaba por casualidad por allí y al que disparó uno de los matones ebrios de Dolan.
Pese a que Billy se sintió disgustado por aquel asesinato, en ese momento no hizo nada. Pero unas semanas después, escribió al gobernador Wallace para proponerle un trato: darle información sobre el asesinato de Chapman si le concedía la amnistía. Tras mantener una reunión secreta en persona, llegaron a un acuerdo: si Billy testificaba, obtendría el perdón.
Así, aceptó que lo detuvieran y lo metieran en una cárcel para supuestamente garantizar su seguridad. Billy testificó y… el fiscal, quizás comprado por Dolan, ya que quería ver a Billy muerto, se negó a dejarlo en libertad. Pasaban las semanas y seguía preso, a
sí que empezó a sospechar que Wallace lo había engañado. De manera que… Lo habéis adivinado: escapó de la cárcel del condado de Lincoln. Billy se mantuvo alejado de los líos durante unos meses, hasta enero de 1880. Fue entonces cuando mató en Fort Sumner, Nuevo México, a Joe Grant. Fuentes de la época dicen que Grant había acudido al lugar para acabar con la vida de Billy, y que este se enteró, de manera que se acercó en plan amistoso a él, le dijo que le encantaba su revólver y le pidió examinarlo.
Grant se lo dio y, antes de devolvérselo, Billy comprobó que tenía solo tres balas, de forma que colocó el cargador de modo que el siguiente disparo recayera en una recámara sin proyectil. Cuando le devolvió el revólver a Grant, este apuntó en la cara a Billy y disparó. No salió ninguna bala de su pistola. Sí lo hizo de la de Billy. Según un periodista de la época, El Niño dijo de aquel episodio: “Fue un juego de dos y yo llegué primero”.
Fue por entonces cuando los reporteros de los periódicos, que solían adornar las andanzas del joven forajido, empezaron a llamarlo Billy el Niño. Y también cuando Pat Garrett, que conocía a Billy desde hacía años, fue elegido sheriff del condado de Lincoln. Entre sus misiones, tuvo la de apresar al joven pistolero.
Aquel mismo año, 1880, Billy conoció a Dave Rudabaugh, un conocido forajido que se unió a su banda de cuatreros, llamada precisamente The Rustlers, y en la que había antiguos Reguladores y nuevos integrantes. En noviembre estaban huyendo de una partida de agentes de la ley liderada por el ayudante de sheriff James Carlysle cuando se atrincheraron en un rancho.
Carlysle se ofreció a intercambiarse con el rehén, el dueño del rancho, y Billy aceptó. Pero cuando el ayudante del sheriff intentó huir por una ventana, le dispararon y terminó muerto. Tras el tiroteo que se produjo, Billy, Rudabaugh y el resto de la banda huyeron a caballo. En diciembre, un grupo encabezado por el sheriff Pat Garrett los estaba esperando en Fort Sumner. Fue entonces cuando Garrett mató al mejor amigo de Billy, Tom O’Folliard.
El resto de forajidos lograron escapar. Unos días después, el sheriff, acompañado de una veintena de hombres, los localizó en una granja abandonada en las inmediaciones de Stinking Springs, Nuevo México. En su interior se encontraban Billy, Charlie Bowdre, Dave Rudabaugh, Tom Pickett y Billy Wilson. El Niño no quiso rendirse y empezó a disparar.
Los hombres del sheriff alcanzaron a Bowdre, que gritó: “¡Me mataron, Billy, me mataron!”. Y el joven forajido lo empujó hacia la puerta y le pidió que se vengara antes de morir. Charlie lo intentó pero ya no le quedaban fuerzas y cayó al suelo sin vida. Allí permaneció dos días, el tiempo que se prolongó el asedio establecido por Garrett y los suyos.
Sin comida ni agua, a los forajidos no les quedó otra que rendirse. Era finales de diciembre de 1880. El sheriff los trasladó hasta Santa Fe en tren. Una vez allí, Billy escribió al gobernador Wallace varias cartas pidiéndole clemencia. Pero Wallace hizo oídos sordos.
Tras el juicio, lo encontraron culpable del asesinato del sheriff Brady y lo sentenciaron a morir en la horca en el plazo de un mes, el 13 de mayo. Aquella fue la única condena que salió de la Guerra del Condado de Lincoln. Lo llevaron precisamente a Lincoln, donde aún no había una prisión. Solo un edificio de dos pisos que acababa de comprar el condado para uso público y que hizo las veces de cárcel, pero sin calabozos.
Encerraron a Billy en una de sus habitaciones, bajo estrecha vigilancia. Garrett eligió al sheriff James Bell y al marshall Bob Olinger para custodiarlo. Garrett llevaba un día fuera porque tenía que recaudar unos impuestos en White Oaks y Olinger se ausentó del edificio para llevar a los otros prisioneros al otro lado de la calle a comer. De forma que Bell se quedó solo con Billy.
Este le dijo que necesitaba usar la letrina, que estaba abajo, en el corral de atrás, y al regresar de nuevo a la cárcel, Billy se adelantó al subir las escaleras. Según cuenta Garrett en su biografía, El Niño giró a la derecha y abrió de un empujón la puerta de la habitación usada como armero y tomó un arma.
Desde la parte superior de la escalera se encaró con Bell y le disparó por la espalda mientras intentaba escapar. Su guardián cayó al suelo muerto. Y mientras Olinger, al oír los disparos, regresaba al edificio, Billy tomó una escopeta de dos cañones de la oficina de Garrett y, apostado desde una ventana del piso de arriba, también lo mató.
Una hora después, tras romper los grilletes con una lima, robó dos revólveres y un winchester, tomó prestado un caballo -digo “prestado” porque más tarde lo devolvió- y abandonó Lincoln. El asesinato de los dos guardias desató una cacería, auspiciada además por el gobernador Wallace, que de nuevo ofreció una recompensa de 500 dólares por su cabeza. Vivo o muerto.
Por cierto, no se sabe con seguridad a cuántos hombres mató en total Billy el Niño a lo largo de su corta vida. Se suele decir que él mismo afirmó que había acabado con la vida de 21 hombres, “Uno por cada año de mi vida”. Pero muchos historiadores coinciden en que la cifra fue muy inferior: como mucho, en torno a nueve.
De hecho, J. C. Dykes, gran conocedor de la historia de Nuevo México y de Billy el Niño, escribió en el prólogo de una de las ediciones de la biografía escrita por Garrett que es más realista pensar que Billy mató a seis o siete. Tres seguros: el fanfarrón Grant y los carceleros Bell y Olinger.
Puede que acabara con Bob Beckwit mientras se fugaban de la casa en llamas de McSween; y también con Carlysle, el ayudante de sheriff que se ofreció a intercambiarse con un rehén. En cuanto al sheriff Brady y su ayudante Hindman, dos muertes que se le atribuyen, Dykes considera que es más probable que, como mucho, solo asesinara a uno de ellos, ya que cayeron al suelo al mismo tiempo y había otros revólveres, además del de Billy, disparando.
Lo mismo ocurrió con Morton y Baker, a los que persiguió por el asesinato de Tunstall, que también cayeron juntos cuando intentaban huir. Como hemos dicho, eso haría un total de seis o siete asesinatos. Y no hay pruebas, según apunta Dykes, de que jamás matara a un mexicano o un indio. De forma que no fue ni de lejos el más letal de los forajidos de aquella época.
Por ejemplo, a John Wesley Hardin se le atribuyen 58 muertes. Durante dos meses y medio, El Niño vivió la vida de un prófugo. Como seguía contando con muchos amigos fieles, estos le proporcionaban cobijo e información que le permitía eludir a los agentes de la ley. Poco después, Garrett oyó que El Niño se encontraba en las inmediaciones de Fort Sumner, así que allá que fue con dos ayudantes.
Para averiguar sobre el paradero del prófugo, en torno a la medianoche del 14 de julio de 1881 se acercó a las tierras de Pete Maxwell, amigo de Billy. Hay muchas versiones sobre lo que sucedió exactamente aquella noche. Lo único que parece seguro es que El Niño murió aquel día en casa de Maxwell. Según la versión más repetida y contada por el propio Garrett, este entró en la habitación de Pete, que ya estaba acostado en su cama, se sentó y le preguntó por el paradero de Billy.
Pete le había dicho que había estado allí pero que no sabía si se había marchado cuando de repente apareció en la puerta alguien -era El Niño- que preguntaba en español: “¿Quién anda ahí?”. Billy acababa de ver a uno de los ayudantes de Garrett, al que no conocía, en el porche. Y también había visto sus armas. Al no obtener respuesta del interior, entró en la habitación de Pete.
Garrett asegura que el intruso llevaba un revólver en su mano derecha y un cuchillo de carnicero en la izquierda. Apenas había luz en el cuarto. Billy se acercó a la cama y le preguntó en voz baja a su amigo: “¿Quiénes son, Pete?”, supongo que refiriéndose al extraño del porche.
En ese momento, Pete le susurró a Garrett, que seguía justo a su lado: “¡Es él!”. Cuando El Niño entendió que había otra persona en el cuarto, alzó su pistola y dio unos pasos hacia atrás gritando en español: “¿Quién es? ¿Quién es?”. Garrett sacó su revólver y disparó dos veces. La primera bala impactó en el pecho de Billy, justo encima del corazón; la segunda falló porque ya había caído herido de muerte.
El sheriff asegura en su biografía que tanto él como sus ayudantes oyeron un disparo entre los dos suyos, y que por tanto creía, aunque al final reconoce que pudo ser una impresión equivocada, que Billy había hecho al menos un disparo. Sin duda explicó esto para acallar las voces que lo acusaban de haberlo asesinado a sangre fría.
Según la versión de Garrett, Billy estaba hospedado ese día en la casa de un amigo mexicano que vivía muy cerca de Pete, le apeteció comer un poco de carne de ternera y por esa razón se había acercado a medianoche a la casa donde terminó encontrando la muerte. Otras fuentes apuntan que ese 14 de julio Billy estaba en aquel lugar porque tenía un romance con la hermana de Pete, una joven de unos 16 años llamada Paulita.
Una relación que Pete, mucho mayor que Paulita, no veía con buenos ojos. También hay quien cuenta que Garrett usó a Paulita como rehén para atraer hasta allí al forajido. El caso es que esta mujer siempre negó haber sido novia de El Niño. En una entrevista que le hicieron en 1926, cuando tenía más de 60 años, Paulita dijo que Billy, a quien calificó de muy amable y cortés con ella -descripción con la que coincidían incluso los enemigos del pistolero-, sí había ido a Fort Sumner para ver a una mujer de la que estaba enamorado, pero que no era ella. ¿Sería Deluvina Maxwell, una
joven de 22 años a la que, pese a trabajar en la casa como sirvienta, trataban como parte de la familia? Se cuenta que se enamoró de Billy nada más conocerlo… ¿O Paulita se refería a Celsa Gutiérrez, de 25 años, casada y curiosamente hermana de la mujer de Garrett? Al parecer, se sabe que Billy y Celsa eran buenos amigos, pero no hay certeza de más.
Algunos rumores apuntaron que ese 14 de julio Billy había estado con Celsa, y que fue ella quien le pidió que fuera a buscar un poco de carne recién cortada a la casa de los Maxwell, sin saber que lo enviaba a morir a manos de su cuñado. También existe la versión de que Garrett organizó una emboscada a Billy en un largo pasillo de la casa, en medio de la oscuridad y oculto bajo un mueble, para evitar salir herido o muerto en un posible tiroteo con Billy.
Lamento deciros que… no hay forma de saber qué pasó en realidad. Un juez de paz local congregó a un jurado, que certificó que el cuerpo era de Billy y que estaba justificado el homicidio de Garrett en el cumplimiento de su deber como sheriff. Los allegados del pistolero lo velaron a la luz de las velas y, al día siguiente, le organizaron un funeral y lo enterraron en el cementerio de Old Ford Sumner, cerca de las tumbas de sus amigos Tom O’Folliard y Charlie Bowdre.
¿Y qué pasó con Pat Garrett? Cinco días después, viajó a Santa Fe para cobrar la recompensa de 500 dólares por haber matado a Billy, pero el gobernador interino, William G. Ritch, se negó a pagar. La jugada no le salió mal a Garrett, ya que en las siguientes semanas, ciudadanos de Las Vegas, Mesilla, Santa Fe, White Oaks y otras ciudades de Nuevo México recaudaron más de 7000 dólares para recompensar su hazaña.
Como la gente empezó a decir que Garrett había matado a traición a Billy, el sheriff quiso contar su versión de lo sucedido. Como hemos dicho, lo ayudó el periodista Ashmun Upson. El libro, titulado ‘La verdadera historia de Billy el Niño’, vio la luz en 1882, apenas un año después de la muerte de su protagonista.
En ese momento no tuvo mucho éxito, pero más tarde se convirtió en un referente para los historiadores que han estudiado la vida de El Niño. Curiosamente, con el paso del tiempo fue cobrando vida una teoría según la cual Billy no había sido asesinado por Garrett, sino que este, que era su amigo, había organizado en 1881 una farsa para que el fugitivo pudiera iniciar una nueva vida sin tener cuentas pendientes con la ley.
Aunque en los 50 años posteriores a la muerte de Billy muchos individuos aseguraron ser él, solo con dos han surgido pequeñas dudas. Uno de ellos, William Henry Roberts, también conocido como Brushy Bill Roberts, vivía en Hico, Texas. Se presentó en 1948 ante el entonces gobernador de Nuevo México, Thomas J. Mabry, diciendo que era Billy el Niño y deseaba pedir el indulto.

No le hicieron caso y murió dos años después. Su pueblo, Hico, abrió un museo dedicado a Billy el Niño. El otro hombre se llamaba John Miller, y vivía en Arizona. Murió en 1937. La mayoría de los historiadores creen que sus historias no se sustentan y que Billy murió aquel 14 de julio de 1881. Hace pocos años, en 2010, se elevó una petición al entonces gobernador de Nuevo México, el demócrata Bill Richardson, para que se cumpliera la promesa hecha en 1879 por Lew Wallace a Billy y se le indultara de forma póstuma. Al final Richardson se negó alegando que
no se atrevía a “reescribir la historia”. ¿Y vosotros? ¿Qué opináis de la vida de Billy el Niño? ¿Creéis que deberían indultarlo de forma póstuma? Me gustaría que nos lo contarais abajo, en los comentarios. Y si queréis conocer más historias interesantes, suscribíos a nuestro canal. ¡Muchas gracias por estar ahí, mentes curiosas! ¡Nos vemos en el siguiente vídeo!
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