HAY UN brasileño que METIÓ 1000 GOLES y fue EL MEJOR del MUNDO y lo OLVIDARON por “NO COMPORTARSE”
El 20 de mayo de 2007, en el estadio Sao Januario de Río de Janeiro, un hombre de 41 años cobró un penal. Era un partido sin importancia entre el Vasco da Gama y el Sport Recife, pero cuando el balón entró al arco, el partido se detuvo por más de 20 minutos. Los jugadores del equipo contrario lo abrazaron, los hinchas lloraron.
Los noticieros de todo Brasil interrumpieron su programación. Ese gol era el número 1000 de su carrera. Hablamos de Romario de Sau Safaria, el hombre que ganó el mundial de 1994 como el mejor jugador del torneo. El hombre que fue artillero en 14 campeonatos de primera división a lo largo de su carrera. El hombre que peleé, el rey del fútbol, no pudo evitar llamar mi alumno especial cuando supo lo del gol número 1000.
14 artillerías en primera división. Un récord que nadie en ninguna Liga del mundo ha podido romper hasta hoy. Y sin embargo, si le preguntas a alguien que nació después de 1998, quien fue Romario, hay buenas posibilidades de que te mires sin saber qué responder. ¿Cómo pasa eso? La respuesta no está en los números. Los números son perfectos.
La respuesta está en el hombre que había detrás de esos números. [música] Un hombre que tenía tanto talento para hacer goles como poca paciencia para cumplir las reglas del juego. Y el fútbol, que ama a sus héroes no perdona a quienes se niegan a comportarse como tales. Esta es la historia de Romario. No la versión de los goles.
Esa ya la conoce si viste alguna vez un compilado en YouTube. Esta es la otra versión, la de un hombre que fue literalmente el mejor goleador de su generación y que al mismo tiempo fue su propio peor enemigo. [música] La versión que explica por hoy cuando hablamos de los grandes del fútbol latinoamericano [música] su nombre aparece tarde, si es que aparece.
Quédate porque al final de este video vas a entender algo que muy poca gente entiende, que la tragedia de Romario no fue lo que le hicieron, fue lo que él mismo eligió hacer. Romario nació el 29 de enero de 1966 en Río de Janeiro, en el barrio de Jacaresino, una de las favelas más grandes de la ciudad. Su padre, Edebir, era fanático del América de Río y fundó un equipo de barrio llamado Estrelina para que los chicos del vecindario tuvieran donde jugar.
Fue ahí donde el pequeño Romario, al que todos llamaban baikino, el bajito, porque siempre fue de estatura baja, aprendió que dentro de un área chica era invencible. Con 12 años fue a probarse al Vasco da Gama. Los directores del club lo rechazaron. Le dijeron que con esa estatura solo servía para limpiar coches.
Ese rechazo es importante, no porque lo haya marcado para siempre, sino porque revela algo sobre quién era este chico. Porque Romario no se fue a su casa a llorar. Se fue al Olaria Atlético Club, siguió marcando goles y los ojeadores del Vasco lo encontraron de nuevo. Esta vez no lo rechazaron. [música] Debutó en primera división en 1985 a los 19 años y en su primera temporada marcó 24 goles.
No era una promesa, era una certeza. Y en 1988, cuando el PSV Indoven lo contrató por 6 millones dólares, en ese momento, la transferencia más cara de un jugador brasileño a Europa. Todos en Holanda esperaban un goleador disciplinado que llegara a los entrenamientos y cumpliera con el plan táctico. Lo que llegó fue Romario.
[música] Su entrenador en el PSV era Gueding, el mismo técnico que años después llevaría a Corea del Sur a las semifinales de un mundial. Un hombre meticuloso, serio, con un método muy claro y Romario lo ignoró desde el primer día. Llegaba tarde a los entrenamientos, faltaba a las concentraciones, salía de fiesta hasta la madrugada antes de los partidos.
Idink lo confrontaba. Romario lo miraba a los ojos y le decía, “Sin ninguna culpa, entrenador, relájate. Yo voy a meter el gol y vamos a ganar.” Y ocho de cada 10 veces, eso era exactamente lo que pasaba. Su propio entrenador lo describió así. Si veía que yo estaba un poco más nervioso de lo normal antes de un partido importante, él venía y me decía, “Tranquilo, profe, voy a meter el gol y vamos a ganar.
” Lo increíble es que ocho de cada 10 veces que me dijo eso, él de verdad metía el gol y de verdad ganábamos. En cinco temporadas en el PSV, Romario marcó 165 goles en 167 partidos. Fue artillero de la eredivici en tres temporadas consecutivas. ganó tres campeonatos holandeses y dos copas de los Países Bajos.
Sus números eran tan absurdos que Johan C, el arquitecto del Barcelona más elegante de la historia, lo quiso para su dream y entonces llegó Barcelona. La temporada 199394 fue posiblemente la mejor temporada de la historia de un delantero en España. Romario marcó 30 goles en 33 partidos en la Liga, récord en ese momento, y llevó al Barcelona al título español.
Jugó con Stoikov, con Laudrup, con Koeman y dentro del área hacía cosas que los defensas rivales describían como imposibles. Giro sobre sí mismo, definiciones con el exterior del pie, picadas sobre el arquero que salía. La prensa española lo llamó la pantera del área. Pero la Copa del Mundo de Estados Unidos 1994 fue algo diferente, fue la cumbre de todo.
El Brasil de 1994 no era un equipo hermoso. Era pragmático, organizado, con Carlos Alberto Parreira construyendo una estructura defensiva sólida, pero tenía a Romario y a Bebeto en ataque y esa dupla era suficiente para hacer olvidar cualquier discusión táctica. [música] Romario marcó cinco goles en el torneo. Fue decisivo contra Argentina, contra Países Bajos, contra Suecia.
En la final contra Italia, jugada bajo el Sol inclemente de Los Ángeles, terminada sin goles en los 90 minutos, alargada y decidida en los penales, fue Romario quien pateó el segundo penal de Brasil y lo convirtió. Al final del torneo, la FIFA le entregó el Balón de Oro como el mejor jugador de la Copa del Mundo. [música] Ese mismo año fue elegido mejor jugador del mundo por la FIFA.
Y un mes antes de ese torneo había ocurrido algo que casi nadie recuerda hoy. El padre de Romario, [música] Edeba el mismo hombre del barrio de Jacaresino, que había fundado el Estrelina, fue secuestrado en Río de Janeiro el 2 de mayo de 1994. Faltaban pocas semanas para el mundial. Romario, que en ese momento era uno de los jugadores más famosos del planeta, [música] amenazó con no jugar la Copa del Mundo si su padre no aparecía.
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La movilización fue total. policías, dirigentes, periodistas y según el propio Romario, años después en un documental, también personas que operaban fuera de la ley en los barrios de Río. Seis días después, el padre fue liberado. Ese detalle dice todo lo que hay que saber sobre Romario. Un hombre capaz de rechazar la Copa del Mundo por su familia.
un hombre capaz de poner en riesgo el sueño de millones de brasileños porque su lealtad hacia las personas que amaba era más fuerte que cualquier otra cosa. Ese rasgo, esa fidelidad absoluta a sus propios valores, sin importar las consecuencias, es el mismo rasgo que años después lo destruiría, porque 4 años más tarde todo colapsó.

El 3 de junio de 1998, exactamente una semana antes de que Brasil debutara contra Escocia en el Mundial de Francia, el técnico Sagallo anunció el corte de Romario de la selección. La razón oficial, un desgarro muscular en la pantorrilla derecha que no se había recuperado. Romario garantizaba que estaría listo para el segundo partido de la fase de grupos, como máximo para los octavos de final.
Sagallo y el coordinador SICO decidieron no esperar. La conferencia de prensa que siguió es una de las escenas más dolorosas de la historia del fútbol latinoamericano. Romario, de 32 años, en el pico absoluto de su carrera, se quebró ante las cámaras. Dijo que era el momento más triste de su vida, que se sentía completamente abandonado.
Años después, en una entrevista reveló, “Hacho que fuera meles que decidirá o si forca para me cortar naquele momento. Folo, momento maíz triste da mina carreira. Me sentí completamente abandonado. Brasil llegó a la final de ese mundial. Perdió ante Francia 3 a0. Hubo la misteriosa convulsión de Ronaldo fenómeno en las horas previas al partido [música] y muchos en Brasil se quedaron con una pregunta que nunca tuvo respuesta definitiva.
¿Qué hubiera pasado si Romario hubiera estado en ese campo? Pero la historia de Romario y los mundiales no terminó ahí. 4 años después, en 2002, volvió a quedar fuera, esta vez por decisión táctica de Felipao, que lo consideró un elemento disruptivo para el grupo. Brasil ganó ese mundial también sin él y la imagen que quedó grabada en la memoria colectiva del mundo fue la de Ronaldinho, la de Ronaldo Fenómeno, la de Roberto Carlos.
Héroes fotogénicos, mediáticos, que sabían comportarse frente a las cámaras y sonreír en los patrocinadores. Romario, mientras tanto, había colocado caricaturas de Sagallo y Cico en las puertas de los baños de un bar que abrió en Río. El episodio terminó en un proceso judicial que le costó más de 600.000 reales.
El litigio se arrastró por más de una década y aquí está la paradoja que define toda su carrera. Mientras Romario coleccionaba artillerías, el récord de la IVS lo reconoce como el único jugador de la historia en ser artillero de 14 campeonatos de primera división. El fútbol iba construyendo su narrativa oficial sin incluirlo porque el fútbol necesita héroes que sepan comportarse como héroes y Romario nunca quiso aprender ese papel.
Cuando Pelé supo del gol número 1000 de Romario en 2007, se conmovió genuinamente. En una entrevista al canal Sportv, el rey del fútbol dijo que estaba haciendo fuerza por él durante todo el partido. Describió las coincidencias entre el gol 1000 de Romario y el suyo propio, marcado en 1969, hasta bromee con él porque parece un alumno especial.
Hizo el gol de penal, como yo, disparó al ángulo derecho exactamente como yo aquella vez. El rey del fútbol llamando a Romario su alumno especial. [música] Eso en el universo del fútbol no es un alago menor, es una consagración. Y aún así, la nueva generación casi no sabe quién es este hombre. ¿Qué hace que un jugador se convierta en leyenda en la memoria colectiva? No son solo los gols.
Si fueran solo los gols, Romario sería tan famoso como Pelé. Los números están ahí. Más de 700 goles oficiales a lo largo de su carrera, 55 goles en 70 partidos por la selección brasileña, cuarto máximo artillero histórico de Brasil detrás de Neymar, Pelé y Ronaldo. 14 artillerías en primera división en tres países distintos.

Lo que hace a una leyenda en realidad es la historia que cuenta y el fútbol elige las historias que quiere contar. Elige a los jugadores que sonríen para las cámaras, que agradecen a sus patrocinadores, que hablan con diplomacia en las conferencias de prensa, que representan los valores del deporte. Romario nunca fue ese jugador. Romario era el jugador que llegaba tarde, que decía exactamente lo que pensaba, que colocaba caricaturas de sus enemigos en los baños de su bar.
Fue el mejor goleador de su generación. En eso no hay discusión posible. y fue al mismo tiempo el arquitecto de su propio olvido, no porque le faltara talento, sino porque nunca estuvo dispuesto a pagar el precio que el fútbol le exigía a sus héroes comportarse. Eso no lo hace menos grande. Para nosotros, los que amamos el fútbol latinoamericano, lo hace más grande porque Romario fue auténtico hasta el final, un delantero de barrio que llegó a lo más alto y nunca fingió ser otra cosa.
En 2010 fue elegido diputado federal en Brasil. En 2014, senador más votado de la historia del estado de Río de Janeiro con más de 4.600. Votos, el mismo hombre que el Vasco rechazó de niño porque era muy bajo se convirtió en uno de los políticos más votados de la historia de su estado. Hoy, a los 60 años conduce su propio canal en YouTube Romario TV, donde entrevista a los más grandes del fútbol mundial, Neymar, Luendowski, Savi Hernández y Ker Casillas.
y lo hace con la misma irreverencia de siempre, sin papas en la lengua, sin ningún interés en ser diplomático. Ese es Romario, el baikino, el hombre al que el PSV llamó y que llegó tarde al primer entrenamiento, el hombre que Pelé no pudo evitar reconocer. El hombre que marcó 1000 goles y al que el mundo decidió olvidar porque se negó a fingir que el fútbol era más importante que él mismo.
¿Era un genio o era un tipo que se saboteó a sí mismo? Déjame tu respuesta en los comentarios. porque creo que esa es una pregunta que tiene más de una respuesta correcta. Y si llegaste hasta acá, ya sabes quién fue Romario. Comparte este video con alguien que todavía no lo sabe. Porque nosotros, los que amamos el fútbol latino, los que sabemos que América produce los mejores jugadores del mundo y que el mundo elige cuál es recordar, somos los únicos que podemos hacer que estas historias no mueran.
Hasta la próxima. M.
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