Posted in

Enrique Peña Nieto y el secreto de Estado: La doble vida, el espionaje y el hijo oculto que derrumbó su imagen perfecta

El 11 de enero de 2007, una fría sala del Hospital ABC de Santa Fe en la Ciudad de México fue el escenario donde comenzó a tejerse una de las narrativas políticas más controladas y cuestionadas de la historia reciente de México. Mónica Pretelini, esposa del entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, fue declarada con muerte cerebral. Al día siguiente, 469 esquelas tapizaron las páginas de los principales periódicos nacionales. Aquel despliegue no era únicamente una manifestación de duelo; era el inicio de una maquinaria política formidable que moldeaba la imagen de un viudo joven, un padre abnegado y el rostro impecable del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en su camino de regreso a Los Pinos.

Para millones de mexicanos, Peña Nieto era el modelo a seguir. Un hombre disciplinado, fotogénico, que había superado la tragedia para sacar adelante a sus tres hijos pequeños. Sin embargo, detrás de esa fachada milimétricamente construida, se ocultaba una verdad incómoda, un secreto que no cabía en la fotografía del candidato perfecto: una doble vida, una relación oculta y un niño, llamado Diego Alejandro, cuyo único pecado fue haber nacido en las sombras del poder.

La construcción de una máscara de perfección

En la política mexicana, y particularmente dentro del histórico Grupo Atlacomulco, los candidatos no nacen por casualidad; se fabrican. Cuando Peña Nieto comenzó su ascenso fulgurante en 2003 como diputado local y posteriormente en 2005 como goberna

Read More