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Luis Miguel: La Devastadora Traición de su Mejor Amigo y el Romance Prohibido con su Hija que Destrozó su Vida

Beverly Hills, año 2008. El bar de un hotel de lujo se convierte en el escenario inusitado de una de las rupturas más dolorosas en la historia del mundo del entretenimiento. En una mesa apartada, un hombre espera con las manos inquietas, delatando una tensión insoportable. La puerta se abre y entra el artista más grande de la música en español. Su rostro está completamente descompuesto. Se sienta frente al otro hombre y el silencio inicial pesa como una inmensa losa de concreto. De repente, estallan los gritos. Son alaridos cargados de dolor y furia que obligan a girar todas las cabezas del lugar, silenciando las conversaciones ajenas y forzando a los camareros a apartar la mirada con evidente incomodidad. Los dos hombres, conscientes del espectáculo público que están protagonizando, se levantan y salen a la calle. Uno de ellos es Luis Miguel; el otro es Alejandro Asensi, su mánager y mejor amigo desde la infancia. Esa noche, una amistad inquebrantable de casi cuarenta años salta por los aires, destruida por la persona más inesperada de todas: la propia hija del cantante, Michelle Salas. Esta es la crónica íntima de cómo el hombre que parecía tener el mundo a sus pies fue traicionado en el único terreno donde no existen escudos protectores.

Luis Miguel: La ASQUEROSA Traición de su Mejor Amigo con su Propia HIJA que  Nunca Perdonó

Para comprender la verdadera magnitud de esta herida, es imprescindible retroceder en el tiempo y viajar a la ciudad de Madrid a principios de la década de los setenta. Dos familias españolas tejieron una amistad entrañable sin sospechar jamás que sus destinos quedarían entrelazados de una manera tan trágica. Por un lado, estaban Luis Gallego y Marcela Basteri; ella, una italiana de dulzura incomparable, y él, un guitarrista andaluz con una ambición desmedida, de esos hombres capaces de oler el dinero mucho antes de verlo. Tenían un hijo pequeño con una voz prodigiosa, a quien ya exhibían como el mayor de sus tesoros: el niño que el mundo entero conocería después como Luis Miguel. Por el otro lado, se encontraba la familia del respetado periodista José Asensi, personas de bien, de conversación culta y puertas siempre abiertas. Ambos matrimonios compartieron cenas, largas confidencias y reuniones, provocando que sus hijos, dos críos de la misma edad, terminaran sentados en los mismos pupitres del mismo colegio madrileño. Luis Miguel y Alejandro corrían y jugaban por el mismo patio, totalmente ajenos a las deslumbrantes alturas que alcanzarían juntos y al abismo insalvable en el que terminarían empujándose al final del camino.

La vida, con su ritmo implacable, los separó rápidamente. El padre de Luis Miguel, obsesionado enfermizamente con forjar una estrella mundial, arrancó a su hijo d

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