La sangre aún no se había secado del todo en el suelo del dormitorio principal cuando Tod Winkler, con las manos vendadas y los brazos en alto, salió al umbral de su casa para recibir a la policía. Eran las 10:40 de la mañana del 27 de febrero de 2012. Su voz, según el informe de los agentes, no tembló ni un segundo.
“Mi esposa está muerta”, les dijo, señalando el interior de la vivienda con una calma que elaba la médula. Pero el reloj, ese testigo implacable, ya estaba empezando a construir su propia verdad. La autopsia revelaría que Rachel Hatfield Winkler llevaba muerta aproximadamente 6 horas. Señor Winkler, ¿puede describirnos el momento exacto en que su esposa perdió la vida? La pregunta del fiscal durante el contrainterrogatorio en la sala número 7 del tribunal del condado de Marín flotó en el ambiente como una hoja de cuchillo. Las versiones de Tod eran
como arenas movedizas, se hundían y cambiaban con cada intento de apoyarse en ellas. Pero para comprender cómo un expiloto de combate de la Fuerza Aérea con un doctorado en ingeniería informática y un próspero negocio en internet acabó frente a un jurado. Había que retroceder mucho antes de que aquella llamada a emergencia se realizara.
En septiembre de 2009, en el aeropuerto local donde Rachel trabajaba como gerente, un contratista llamado James White realizaba reparaciones. La chispa entre ambos fue instantánea, una conexión que se gestó en los ratos muertos, mientras Tod, cada vez más ausente, se perdía en las 2 horas de viaje que separaban su hogar de la prestigiosa farmacéutica en Alameda.
Era un hombre que ya no estaba nunca. confesaría más tarde una amiga de Rachel en el estrado. La mirada de Rachel, según quienes la conocían, había perdido el brillo que tenía cuando en el verano de 2005 un avión escribió en el cielo de California las palabras, “¿Te casarías conmigo?” El jurado, que escuchaba atentamente desde sus butacas, conocía ya la versión de la defensa, cómo iba a premeditar un asesinato un hombre que acababa de celebrar el nacimiento de su tercer hijo en julio de 2011.
El abogado señalaba la foto del pequeño, el varón tan deseado por Tod. Pero la autopsia, fría y quirúrgica, ya había hablado desde el principio de la investigación. Costillas fracturadas, múltiples contusiones, heridas punzantes en rostro y cuello y el tajo mortal en la yugular, infligido con unas tijeras de gran tamaño.

Rachel, según el informe forense, tenía marcas de defensa en las manos y brazos, evidencias de una lucha desesperada. No era la agresora, era la víctima. Él me pidió que me alejara de Rachel”, declaró James White, el ex Marine, desde el estrado de testigos. Y lo miré a los ojos, pero yo sabía que ella me amaba a mí, no a él.
Su romance, que había comenzado en septiembre de 2009, se intensificó en junio de 2010 cuando Rachel lo llamó por teléfono para confesarle que estaba perdidamente enamorada y que ya no quería seguir casada. Se veían a escondidas en la casa de James mientras Todaba en Australia. Los vecinos en ocasiones los observaban y el rumor empezó a extenderse.
Rachel, sin embargo, había tenido una vida antes de Tod. Había nacido en 1975 en California, la segunda de cuatro hijos de Don y Diana Hatfield. Cuando tenía 10 años, su padre abandonó el hogar tras un romance de su madre con un vecino. La familia se mudó a Georgia y la relación con Don se volvió fría, pues Diana había envenenado a los hijos contra él.
Rachel sufrió tanto el divorcio que desarrolló anorexia, llegando a pesar apenas 30 kg. Fue hospitalizada en la clínica psiquiátrica de Modesta y logró recuperarse. Incluso comenzó a practicar deporte. Más tarde volvió a acercarse a su padre, de quien heredó el amor por el trabajo y la inteligencia. En el juicio, el fiscal preguntó a Tod, “¿Usted afirma que su mujer le atacó con unas tijeras? ¿Podría explicarnos como una mujer de 37 años que pesaba la mitad que usted le sometió hasta el punto de tener que matarla en defensa propia?” Los forenses habían
determinado que Rachel había muerto alrededor de las 4 de la madrugada. 6 horas antes de la llamada al 911. Eso significaba que Tod había tenido tiempo de sobra para manipular la escena. Incluso las huellas de sangre en los biberones de los niños indicaban que les había dado el desayuno después de la matanza, mientras el cuerpo de su madre yacía en el suelo. Pero había más.
Tod me dijo que si alguna vez le enfadaba, terminaría como su primera esposa”, declaró la hija mayor de los Winkler, Eva, de solo 8 años, ante el tribunal. Recordaba aquel día en que su madre encontró una caja de cenizas en el armario, la de Ctherine, la segunda esposa de Tod, y pronunció las palabras, “Espero no acabar nunca en una caja como esa.
” La respuesta de Tod, según la niña fue una sonrisa y un escalofriante. Solo no me hagas enfadar. La sombra de Ctherine se cernió sobre la sala. En septiembre de 1999, ella había muerto en un accidente de coche. La versión oficial basada en el testimonio de Tod sostenía que una picadura de abeja le había provocado una reacción alérgica mientras hacían senderismo.
Ctherine, al volante del pickup para llevarlo al hospital, perdió el control en una carretera de montaña, pero los detalles eran perturbadores. El vehículo había ardido por completo. El cuerpo de Catherine estaba calcinado y la autopsia determinó que la causa de la muerte fue la inhalación de humo. Tod milagrosamente había salido sin un rasguño y había escalado el empinado acantilado para pedir ayuda.
“Era un día de calor sofocante y él llevaba ropa de invierno”, declaró un investigador que reabrió el caso. Dijo que era por el frío que le daba la fiebre, pero no encontramos ninguna picadura en su cuerpo. La póliza de seguro de vida de Ctherine ascendía a más de un millón de dólares. El abogado defensor intentó desviar la atención hacia la salud mental de su cliente.
Los psiquiatras habían diagnosticado a Todos disociativos y de conversión, una fractura con la realidad que, sin embargo, no era suficiente para declararlo inimputable. era consciente de sus actos y sus actos fueron letales. Pero los familiares de Rachel también aportaron más piezas al rompecabezas. En 2006, el hermano de Rachel había presenciado como Tot la agredía en un bar de San Diego.
Rachel, además, había advertido a su círculo cercano. Si me pasa algo, ha sido Tod. Todo mató por amor ni por celos, declaró Don Hatfield, el padre de Rachel, al salir del tribunal. mató porque ella conocía sus secretos y amenazó con revelarlos. La teoría de Don apuntaba no solo a la muerte de Ctherine, sino también a la carrera de Tod Fuerza Aérea, donde había sufrido un colapso mental que lo obligó a retirarse.
La preparación del divorcio había sido el detonante. En octubre de 2011, Rachel viajó a visitar a sus amigas de la universidad y se quejó de que Todd le negaba el dinero para pañales y leche, de que la casa estaba en ruinas y de que la controlaba. Una de sus amigas, abogada comenzó a asesorarla. En noviembre, Rachel dejó de pagar la hipoteca y aprovechando que Todd estaba en Ámsterdam, llamó a su amiga para decirle que estaba lista, pero Todd había encontrado los archivos de divorcio en el ordenador de Rachel y los había borrado. Ella, para
