Posted in

Montgomery Clift: LA ASQUEROSA VERDAD QUE OCULTARON 60 AÑOS | Todo Salió a la Luz

Segundo, la noche del accidente de coche en 1956,  porque lo que ocurrió dentro de esa curva no fue exactamente lo que dijeron los periódicos y hay un testimonio  directo de alguien que estaba ahí, que contradice la versión oficial en un detalle que lo cambia todo. Tercero, la lista  de productores y ejecutivos de Hollywood que sabían exactamente lo que le estaban haciendo  a Montgomer y Cliff desde antes de que él fuera famoso y que eligieron mirar hacia otro lado porque él les era

más útil, roto que entero. Y cuarto, el último  año de su vida, porque lo que pasó en ese departamento de Nueva York entre  1965 y 1966 no fue simplemente la caída de un  hombre que no pudo sobrevivir a la fama. Fue algo que alguien organizó y hay pruebas de eso. No te preocupes, te avisaré cuando llegue cada una.

Scandals of Classic Hollywood: The Long Suicide of Montgomery Clift | Vanity Fair

Pero si te vas antes del final, te pierdes el documento que su propio médico firmó tres semanas antes de su muerte. un documento que autoriza una serie de procedimientos que ningún paciente sano necesitaría jamás y que explica por qué el forense nunca pudo dar una causa de muerte definitiva. Pero para entender como el hombre  que los estudios de Hollywood llamaban el rostro más perfecto  del siglo, terminó encerrado en un apartamento oscuro.

Dependiendo de alguien que lo estaba destruyendo en cámara lenta,  necesitas entender el principio. Y el principio es más oscuro de lo que imaginas.  No era un niño cualquiera. Eso quedó claro desde el principio, aunque esa claridad tenía un precio que nadie le explicó. Montgomery Cliff nació el 17 de octubre de 1920 en Omahaja Nebraska.

Gemelo. Su hermana  Etel nació segundos antes que él y esa diferencia de segundos marcó algo en la dinámica de toda la familia. Él  fue siempre el segundo, el que llegó después, el que tenía que demostrar algo. Su madre,  San Cliff, era una mujer de voluntad extraordinaria y ambición desmedida.

S no solo quería que sus hijos tuvieran éxito. S necesitaba que sus hijos fueran perfectos, porque para ella la perfección de sus hijos era la prueba de que ella merecía existir. Eso es importante, muy importante, porque Sanny Clift se convirtió en la primera persona que trató a Montgomery como un objeto decorativo en lugar de como un ser humano.

 A los 14 años él ya actuaba en Broadway, no porque lo hubiera pedido,  sino porque su madre lo había decidido. Y Montgomery,  que era un niño brillante y sensible hasta los huesos, aprendió desde muy pequeño  que su cuerpo, su cara y su talento no le pertenecían a él, le pertenecían a quienes los necesitaban.

Eso nunca cambió, en realidad empeoró. Cuando llegó a Hollywood en 1945,  Montgomery Cliff tenía 24 años y una presencia que paralizaba  las salas de casting. No era un actor convencional. En una época en que los hombres en la pantalla eran héroes de mandíbula cuadrada que resolvían problemas a  puñetazos, Montgomery hacía algo diferente.

 Montgomery sufría, mostraba miedo, mostraba vulnerabilidad, mostraba que por dentro de un hombre podía existir un mundo  tan complicado y tan frágil como el de cualquier persona. Y el público lo amaba por eso. Pero Hollywood no amaba exactamente lo mismo que el público. Hollywood amaba que eso le hiciera ganar dinero.

 Y desde el primer momento, las personas que tomaban decisiones en los grandes estudios entendieron algo sobre Montgomery Clift,  que él todavía no sabía sobre sí mismo, que era el tipo de persona que podía ser controlada, que era el  tipo de hombre que si lo ponías en la situación correcta no diría que no. ¿Por qué? Eso es lo que muy pocos se  han preguntado en serio.

La respuesta tiene que ver con algo  que Montgomery cargó durante toda su vida como si fuera una deuda que no podía pagar, su homosexualidad. En la América de los años 40 y 50, ser gay  no era solo un secreto personal, era un arma. Un arma que otras personas podían usar contra ti si les convenía.

Y había gente en Hollywood  que sabía muy bien cómo usarla. Montery Clift era gay.  Él nunca lo dijo públicamente porque en esa época decirlo equivalía a suicidarse profesionalmente  y posiblemente legalmente, pero tampoco lo ocultó de la manera clínica y calculada en que otros lo hacían.

Montgomery tenía relaciones, tenía amor, tenía una vida interior que no podía contenerla dentro de ningún armario. Y esa incapacidad de borrarse a sí mismo completamente fue la grieta por la que entraron quienes querían controlarlo. El primero  de ellos ya estaba esperando. Su nombre era Liu Waserman y es importante  que recuerdes ese nombre.

Waserman era en los años 40  el agente más poderoso de Hollywood, el hombre que decidía qué actores llegaban a las estrellas  y cuáles desaparecían silenciosamente. Era el tipo de persona que nunca levantaba la voz porque nunca necesitaba hacerlo. Su poder estaba en lo que no decía, en las llamadas telefónicas que hacía a puerta cerrada, en las reuniones que ocurrían en restaurantes a las que solo los invitados correctos podían entrar.

Waserman y su agencia MCA representaron a Montgomer yy Clift durante una parte de su carrera. Y durante ese tiempo, Clift fue construido como un producto. Cada película, cada aparición pública, cada entrevista, cada foto, todo fue calculado para maximizar su valor comercial. No el valor de él como persona, su valor como producto.

 Montgomery  lo sabía y le molestaba de una forma que no podía articular del todo, porque al mismo tiempo que odiaba ser tratado como una mercancía, también dependía de ese sistema para existir en el mundo que había elegido. contradicción lo comió por dentro durante años. Pero Waserman no fue el único ni el más peligroso. El hombre más peligroso en la vida de Montgomery Clift llegó más tarde con la cara de un amigo.

 La primera revelación llega aquí y necesitas  escucharla con atención porque lo que parece una relación de amistad cuando la ves de cerca se convierte  en algo completamente diferente. El Dr. Kenamer  era el médico personal de Montgomer y Clift, pero decir simplemente que era su médico es como decir que el capitán del Titanic era simplemente el conductor del barco.

Kenamer  no solo trataba la salud de Montgomery, Kenamer controlaba su salud, controlaba qué medicamentos  tomaba, en qué cantidades, con qué frecuencia. Controlaba quién podía saber qué sobre su condición. controlaba los informes médicos que llegaban a los estudios de cine y controlaba la narrativa  pública sobre el estado físico y mental del actor más solicitado de su generación.

Read More