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La trágica historia del Grupo Miramar: El romance tropical que terminó en una feroz guerra de clones, traiciones y falsos muertos

Las décadas de 1970 y 1980 en América Latina estuvieron profundamente marcadas por un fenómeno musical que calaba directo en las fibras más sensibles del alma popular: la balada tropical. En aquellos años de plazas abarrotadas y luces bajas, las parejas se abrazaban fuertemente en las pistas para bailar “de ladrillito”, casi sin moverse, mientras el eco de un teclado melancólico y unas trompetas desgarradoras ponían palabras al desamor. En el centro de ese universo de romanticismo y nostalgia se encontraba el Grupo Miramar, una agrupación nacida en el estado de Oaxaca, México, que revolucionó la industria musical y se convirtió en una auténtica mina de oro emocional. Sin embargo, detrás de aquellas letras que parecían cartas de amor musicalizadas se escondía una trama corporativa e interna tan enredada como dolorosa, marcada por la codicia, la suplantación de identidad y una fragmentación que destruyó la hermandad original de sus miembros.

El viaje del Grupo Miramar comenzó formalmente en el año 1972 en la localidad de Río Grande, Oaxaca. Don Julio Padrón, un hombre con una visión comercial y musical muy clara, decidió reunir a varios talentos locales de la Costa Chica para formar un conjunto que inicialmente fue bautizado como Sensación Miramar. El objetivo primordial del grupo era humilde y directo: amenizar bodas, bautizos, quinceañeras y fiestas patronales en la región. En esta primera alineación se encontraban figuras que, con el paso del tiempo, adquirirían un peso histórico monumental en el movimiento grupero: José Barete Rendón, Enrique Cariño, el “Fego” González y Antonio Ramírez. Posteriormente, se sumarían músicos fundamentales como Daniel Palomino, Juan Guzmán, Valentín González y Lauro Aguilar.<

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