La historia de los Johnics. Cantaron al amor, pero terminaron en pleito. Hay grupos que nacen para cantar bonito, pero otros nacen para dejar historia polémica y una que otra herida abierta. Y los Johnny amigos no solo hicieron música para enamorados, también vivieron una historia donde hubo fama, orgullo, pleitos y decisiones que terminaron cambiándolo todo.
Porque detrás de aquella agrupación que salió de Guerrero y llegó a sonar en México, Estados Unidos y más allá, hubo inicios humildes, sueños compartidos, premios, giras, programas de televisión, discos que se vendían como pan caliente y un nombre que con el tiempo se volvió más pesado que una deuda en lunes.
[música] Pero aguas, amigos, porque esta no es solamente la historia del éxito, también hablaremos de las diferencias internas, de los problemas que quebraron la confianza. de la separación entre sus líderes y de la confusión que provocaron dos agrupaciones usando el mismo nombre y del legado que hasta hoy sigue dando de qué hablar.
Como decía mi vecina, no todo lo que brilla es oro. Y en el caso de los Jonics, entre más brillaban sobre el escenario, más empezaban a moverse las sombras detrás de ellos. Sean bienvenidos a este espacio donde contamos las historias que muchos cantaron, pero pocos conocen completas. Si todavía no forma parte de esta familia, suscríbanse al canal y activen la campanita porque hoy vamos a meternos en los inicios, el ascenso, los pleitos, la división y el legado de los Johnics.
Pero ya no les hago el cuento más largo, vámonos de una vez a lo que nos truje Chencha. Los Johnics salieron de un pequeño pueblo a conquistar la cima. Dicen que los sueños grandes casi siempre nacen en los lugares más pequeños. [música] Y miren ustedes, qué curioso, porque eso fue exactamente lo que le pasó a los Johnics.
Mientras muchos buscaban oportunidades en las grandes ciudades, en San Luis, San Pedro, Guerrero, un grupo de muchachos empezaba a escribir una historia que nadie veía venir. Por un lado estaban Johnny, Bruno y Joaquín Ibar, tres hermanos apasionados por la música que tuvieron la fortuna de contar con el apoyo de su mamá, doña Raquel Catalán.
Ella creyó tanto en ellos que les compró sus instrumentos, aparatos musicales para que ensayaran en el salón social Diana del Pueblo. Como decía mi abuelita, cuando la familia empuja parejo, el camino se hace menos pesado. Que te quiero con [canto] toda mi alma. [música] Pero todavía faltaba la pieza que terminaría de completar el rompecabezas, José Manuel Samacona, quien venía de recorrer un camino muy diferente.
Ya había cantado con un grupo llamado Los Estudiantes. Había participado en festivales escolares, tocado en fiestas particulares y hasta trabajado como dibujante en Acapulco para ganarse la vida. No sabes dibujar pues lo de la escuela. Ya me enseñó una hoja, dice, “¿Podrás hacer un croquis de esto?” Sí, claro. Okay. Era un croquis.
era un cuadro nada más y poner eh este norte, sur, este y oeste. La música nunca dejó de rondarle la cabeza y la neta, aunque no llegaba con dinero ni con grandes influencias, sí traía algo que no se podía comprar. Una voz que desde el primer momento llamó la atención de los hermanos. Como decía mi compadre, lo que es para uno aunque se quite.
Nada quiero de tu amor. Cuando se juntaron, la química fue inmediata. Los Aibar tenían los instrumentos, las ganas y el respaldo de su familia. Samacona tenía la voz que necesitaban para darle identidad al grupo. Así nació una amistad tan fuerte que Johnny Aibar llegó a considerar a José Manuel Samacona como un hermano más.
Ensayaban, soñaban y trabajaban con un solo objetivo, vivir algún día de la música. Vivir con nosotros. Decía él que la familia, su familia éramos nosotros. Pero el grupo tuvo que cambiar su nombre debido a que en Acapulco ya existía otra agrupación llamada La amistad que provocaba confusión. El primer nombre que llevaron fue grupo La Amistad y la verdad les quedaba perfecto porque eso era justamente lo que los mantenía unidos.
Empezaron a tocar en fiestas, bailes y donde les dieran oportunidad. No importaba si el escenario era grande o era pequeño, lo importante era darse a conocer. Como decía mi tía Lupe, el que es perico donde quiera es verde. Pero cuando llegó la oportunidad de grabar su primer disco, apareció el primer obstáculo. [música] Resultó que en Acapulco ya existía una agrupación llamada La amistad y aquello podía traerles problemas.
Su director artístico, Rafael González, les pidió buscar otro nombre. Primero pensaron en llamarse los Johnny, tomando como referencia a Johnny Ibar, pero tampoco era posible porque ya existía un grupo muy famoso llamado los Johnny Jets, así que decidieron cambiar la forma de escribirlo y de aquella idea nació Los JNIs, un nombre que parecía una simple ocurrencia pero con el paso del tiempo terminaría siendo conocido en todo el continente.
viene de de mi nombre Johnny Puedes no que siempre no Johnny porque hay creo que un problema todavía existiendo o existen todavía los Johnny Jet y mejor se van a llamar Johnny y así eso es prácticamente y el logo pues a mí me gustó asomarlo. En 1975 Junbar registró oficialmente el nombre de los y por la enorme confianza que existía entre ambos puso también a José Manuel Samacona como copropietario.
En ese momento nadie hablaba de papeles, abogados o demandas. Eran amigos y pensaban que esa amistad iba a durar para siempre. Le dije, “Pongan, pongan a los dos. Yo pude haberme puesto a mí solo. Ese secreto sería conocido por Samacona 20 años después, [música] cuando ocurrió la separación del grupo desatando un conflicto por el uso exclusivo.
Ese mismo año grabaron su primer álbum, que lo sepa el mundo. Fue un buen comienzo, pero el verdadero golpe de autoridad llegó poco después con Soy yo, [canto][música] desde ahora. Aquella canción empezó a sonar en todas las estaciones de radio. Les otorgó el premio La abeja de oro y les abrió las puertas de siempre en domingo.
El programa donde cualquier artista soñaba con presentarse y que no cualquiera tenía invitación. [música][canto] A partir de ahí, la historia cambió por completo. Llegaron los discos de oro y de platino, las giras por México, Estados Unidos y una época dorada que parecía no tener final. Pero si soy yo fue la canción que les abrió las puertas del éxito.
Palabras tristes, rosas blancas con el alma en la mano. Un dolor y ni tu amigo ni tu amante fueron las que terminaron de convertir a los Johnics en [música] un auténtico fenómeno musical. Ya no había feria, palenque o teatro donde la gente no quisiera verlos cantar. Parecía que aquellos amigos ya habían conseguido todo, fama, dinero, reconocimiento y el cariño del público.
Pero ya saben cómo dice el dicho, no todo lo que brilla es oro. Mientras los aplausos sonaban cada vez más fuerte, detrás del escenario comenzaban a aparecer problemas que nadie alcanzaba a imaginar. [música] Y aquí la pregunta es, ¿en qué momento una amistad que parecía inquebrantable empezó a llenarse de diferencias hasta terminar convirtiéndose en uno de los pleitos más sonados de la música grupera? Y es que amigos, había una época cuando el éxito también daba miedo.
Dicen que no hay miel sin hiel y aunque durante su apogeo loss vivían el mejor momento de su carrera, también comenzaron a descubrir que la fama no solo traía aplausos, también atraía peligros que nadie les había advertido. [música] Mientras sus discos se vendían por montones y las presentaciones no dejaban de aparecer, prácticamente vivían arriba de un autobús.
Un día estaban cantando en Guerrero al siguiente Monterrey y cuando menos se acordaban ya estaban cruzando la frontera para presentarse en Estados Unidos. Como decía Paquita, la del barrio, el que quiere Azul celeste que se acueste. Digo, que le cueste. Pues, ¿qué les cuento, amigos? El éxito era tan grande que un representante de Rigo Tobar los escuchó cantar y los invitó a abrir varios de sus conciertos para el ídolo de las multitudes.
Aquello les dio todavía más proyección y el nombre de los Jonix comenzó a escucharse por todos lados. Ya no eran una promesa, eran una realidad. Varios conciertos, la verdad, acompañando a Rotogar. Cada una de las [música] presentaciones se tradujo en tumultos y muestras de admiración a Samacona, quien pese a su incapacidad física se creó una personalidad amable.
La gente lo recibía como auténticos ídolos. Bastaba con anunciar una presentación para que los boletos desaparecieran en cuestión de horas. En los bailes, palenques, teatros, no cabía un alma más. Había quienes recorrían varios kilómetros solo para escucharlos cantar. Como decía mi madrina, cuando el río suena no es cualquier cosa, pero conforme crecían los aplausos también crecían los riesgos.
En una presentación, un hombre completamente alcoholizado comenzó a exigir canción tras canción. Cuando le explicaron que también había que complacer al resto del público, sacó un arma y el ambiente cambió por completo. Por fortuna, Johnny Abar logró desarmarlo antes de que ocurriera una tragedia. Oye, ¿qué te pasa? Bajé la pistola.
Y le dije, “¿Sabes qué? Anda, vete tú. Como representante y director del grupo, [música] Johnny Avar siempre sacó la cara por sus compañeros, aún arriesgando su propia vida. Y por si eso fuera poco, en 1983 volvieron a llevarse un susto de aquellos que no se olvidan. Después de una presentación, varios hombres armados interceptaron el autobús donde viajaba el grupo.
Los obligaron a entregar el dinero de la tocada y a José Manuel Samacona incluso le apuntaron con un arma directamente en el rostro mientras le exigían que entregaran todo. Como decía mi compadre, una cosa es cantar de valentía y otra muy distinta es vivirla. nos salieron al camino este unos asaltantes, eran dos, subí dos, uno tenía amaneado el chóer y el otro se se fue hacia atrás este donde quería que le entregáramos el el dinero de la de la tocada, ¿no? José Manuel, el destino todavía les tenía preparada otra prueba. El 19 de septiembre del año
1985, mientras se encontraban en la Ciudad de México para cumplir con un compromiso con el programa matutino con Guillermo Choa, el terremoto sorprendió a toda la agrupación. José Manuel quedó atrapado entre los escombros del hotel donde se hospedaban y fue Johnny Aibar quien sin pensar dos veces entró a buscarlo hasta lograr sacarlo con vida de la del mi cuerpo.
Yo hasta le metí la mano porque pues para detenerlo supuestamente, ¿no? Y yo empujaba y sentía que lo levantaba, pero pues era el colchón que se sumía, ¿no? Estaba costado. Después de vivir amenazas, asaltos y hasta sobrevivir a uno de los terremotos más devastadores en la historia de México, cualquiera pensaría que lo peor ya había pasado, pero como decía mi tía Lupe, cuando el agua está más tranquila es cuando más cuidado hay que tener.
Y aquí la pregunta es, ¿qué pudo ser más fuerte que las pistolas, los asaltos y hasta un terremoto para poner en riesgo a los Johonics? Cuando Samacona empezó a brillar más que el grupo. Dicen por ahí que cuando en un grupo uno empieza a llevarse más aplausos que los demás, tarde o temprano la envidia, los malos entendidos y los egos se sientan en la misma mesa.
Y eso comenzó a sentirse cuando los Johnics ya no eran unos muchachos buscando oportunidad, sino una agrupación famosa, querida y respetada. Como decía mi abuelita, mientras más alto sube el árbol, más fuerte le pega el viento. La neta, los joys estaban viviendo el sueño que cualquier artista quisiera. Había trabajo de sobra, los escenarios se llenaban y las canciones no dejaban de sonar.

En la radio, donde se anunciaban, la gente llegaba temprano, apartaba el lugar y esperaba horas con tal de verlo salir. Todo parecía miel sobre hojuelas, pero ya ven cómo es la vida. Cuando más bonito canta el gallo, más cerca anda el cuchillo. [música] Pues, ¿qué les cuento, amigos? Poco a poco comenzó a pasar algo que ni ellos mismos podían controlar.
La gente ya no solo decía, “Ahí vienen los Jonics.” Cada vez era más común que muchos preguntaran directamente por Samacona. Querían verlo, saludarlo, tomarse la foto, pedirles el autógrafo y escuchar esa voz que se les había metido hasta el corazón. Elsacona era el impulso de los Jonixs, era el alma de los Jonixics. Por eso hoy se presenta como [música] José Manuel Samacona y los Johnic.
Sin embargo, tras enterarse que Samacona había regresado al ambiente musical y claro que no era cualquier cosa, José Manuel Samacona se estaba convirtiendo en el rostro que el público identificaba primero. Para muchos seguidores, los Johniics tenían nombre de grupo, pero cara de Samacona, él era quien recibía buena parte de los gritos.
de las miradas, de los piropos, de las flores y del cariño del público. Cuando una vela alumbra mucho, todos voltean hacia ese lado. Y no el amor. [música] Muchos fanáticos, los Johnics, eran la voz de Samacona, pero la historia no era tan sencilla. Detrás de cada canción habían músicos ensayando, viajando de madrugada, cargando instrumentos, aguantando desvelos y rifándosela igual en cada presentación.
John Neivar seguía siendo el director, el que ponía orden, organizaba el grupo y mantenía caminando toda esa maquinaria que el público no veía era otra cosa, pero que también era parte del éxito. Y ahí empezó lo complicado. Arriba del escenario, Samacona se llevaba al cariño más visible. Abajo del escenario, Johnny cargaba con la responsabilidad de que todo funcionara.
Uno era la cara que el público quería ver, el otro era quien sostenía buena parte del orden interno. Como decía mi tía Lupe, en la fiesta todos ven al que baila, pero nadie mira al que arregló el salón. Veíamos este discusiones a a menudo entre ellos dos, sobre todo porque pues los demás este siempre nos llevamos bien. Sí.
Todo mucho respeto sobre todo, pero entre con el tiempo esa diferencia comenzó a pesar porque cuando el público convierte a uno en protagonista, los demás corren el riesgo de sentirse como actores de reparto en su propia historia. Y aunque todos eran parte del éxito, la atención no siempre se repartía parejo. Ahí empezaron muchas cosas, no con gritos, sino con silencios incómodos, miradas atravesadas y comentarios que parecen chiquitos, pero se quedan clavados.
Samacona sentía que su entrega y sacrificio no siempre eran valorados como él esperaba y Johnny, desde su lugar de director no estaba dispuesto a soltar el control de una agrupación que también había levantado con sus manos. Ahí no había buenos y malos, había orgullo, trabajo, cansancio, responsabilidades y una fama que cada vez pesaba más.
O sea, porque no estaban valorando mi trabajo, no estaban valorando el sacrificio que yo hacía, o sea, todo el corazón que yo puse en esto, ¿no? Yo creo que él se [música] llegó a pensar o Johny lo hizo creer. Mientras tanto, el público seguía feliz. La gente llenaba los lugares, cantaba las canciones y veía a los Johnonis como una familia musical.
Nadie imaginaba que detrás de esos trajes, esos aplausos y esas melodías románticas, ya se estaba juntando en las primeras nubes negras. Como decía mi madrina, el comal no se calienta de un solo lado. En loss, aunque todos seguían tocando juntos, por dentro, ya se empezaban a sentir calientitas las orillas. [música] Pero el público los amaba.
Los conciertos seguían llenos y el dinero seguía entrando. Entonces, ¿qué fue lo que terminó convirtiendo aquella fama en una carga imposible de aguantar? El sentimiento que sostuvo la tormenta. Y mientras dentro de los Jonixic ya se empezaba a sentirse esa turbulencia, Samacona seguía haciendo lo que mejor sabía hacer, pararse frente al micrófono y cantar como si cada canción le sacara un pedazo de vida.
sa que porque como decía Cantinflas, ahí estaba el detalle, amigos. La gente no se conectaba con él solo por la voz, se conectaba porque le creía y le creía porque ese sentimiento no era prestado. Venía de lejos desde el niño. Desde niño la vida le puso una prueba pesada con la poliomilitis.
Mientras otros chamacos corrían, jugaban al fútbol y desfilaban en el pueblo, él muchas veces tuvo que quedarse mirando desde la orilla con aparatos ortopédicos y muletas. Como decía mi tía, hay dolores que no se ven, pero se sienten hasta en el modo de respirar. José Manuel era apenas un niño cuando ella dejó la casa y desde entonces creció con una idea que le calaba hasta los huesos, que su propia mamá se había ido porque él estaba enfermo.
Imagínese no más ese pensamiento rondándole la cabeza a un chamaco. Me sentía un poquito limitado. A mí me encanta mucho el el fútbol y no lo podía jugar este como yo hubiera querido, ¿no? Este, lo único [música] que hacía cuando a veces jugábamos e que íbamos al río en la arena, pues jugaba portero, no podía llenar escenarios y escuchar miles de aplausos, pero esa duda se quedó ahí sentada en el alma como visita que nadie invitó y que no se quiere ir.
Yo me quedo con mi papá y mi hermano se va con mi mamá. La versión que me daba mi papá era de que pues este mi mamá no lo atendía bien. Mi mamá este como decían en los pueblos que mi mamá era este flor. Lo que lo sostuvo fue su abuela, Agustina Soto Catalán. Para él no fue solo su abuela, fue su madre todos los días la que lo cuidó, lo levantó y lo acompañó cuando la vida se le ponía cuesta arriba.
Que para mí fue como mi madre, porque mi papá tenía que salir a trabajar. Samacón estaba por cumplir los 2 años de edad cuando se vio afectado por fiebres de más de 40 gr que lo ocasionaron severas convulsiones. Y cuando ella murió, el golpe fue durísimo. Iba caminando a verla cuando sintió algo extraño en el pecho, como si alguien lo empujara.
Al llegar, su papá salió llorando y allí entendió que la mujer que lo había criado acababa de partir. Como decía mi compadre, cuando se va quién te sostuvo hasta el piso se siente flojo. Por eso cuando Samacona cantaba, no parecía que estuviera actuando, parecía que estaba recordando. Cada frase salía con esa nostalgia de quién sabe lo que es extrañar.
Perder y seguir caminando aunque duela. Y en medio de todo ese dolor apareció una de las canciones más famosas de los Joonics, Palabras tristes, grabada en 1980 dentro del disco Solo baladas. La canción ya traía su propia historia desde antes. Nació una nació de una tarea escolar y del dolor de Francisco Javier Santos Cortés, un niño que había perdido a su madre y que puso en aquellas palabras lo que traía atorado en el pecho.
[música] Pero mire nás qué vueltas a la vida. Una letra nacida de una ausencia terminó cayendo en la voz de un hombre que también venía cargando las suyas. En otros labios pudo haber sido una balada bonita, pero en Samacona se volvió un golpe directo al corazón. La gente la hizo suya porque no sonaba fingida.
Sonaba madre que faltaba, a amor que se fue, a recuerdo atorado, a lágrima guardada. La neta esa fue una de las grandes fuerzas de los Johniix. No solo tenían músicos, tenían escenario y canciones, tenían una voz que convertía el dolor en algo que el público podía cantar. Y como decía mi madrina, cuando una apenas encuentra una canción, ya no se queda sola.
Pero mientras esa nostalgia los hacía más grandes frente a la gente, también hacía que la figura de Samacona pesara cada vez más dentro del grupo. Y si esa voz era la que tocaba el corazón del público, entonces, ¿cuánto tiempo podía pasar antes de que ese brillo empezara a incomodar puertas por dentro? Cuando Hacienda les apagó la fiesta.
Y vean amigos, mientras los johnic seguían cantando como si todo fuera viento en popa, por detrás ya se les venía armando un problemón [música] de esos que no se arreglan con una canción bonita ni con aplausos del público, porque una cosa era verlos arriba del escenario con la gente cantando, los salones llenos y el nombre del grupo sonando por todos lados.
Pero otra muy distinta era lo que pasaba cuando se apagaban las luces y había que sentarse a revisar cuentas. Ahí la cosa ya no sonaba tan romántica. [música] Pues como les cuento, la fama les llegó como aguacero en techo de lámina. De golpe había contratos, viajes, tocadas, discos y entrevistas y presentaciones por todos lados.
Y en medio de todo ese movimiento, Johnny Aibar era quien cargaba buena parte de la organización del grupo, llevaba las riendas, movía las piezas y trataba de que aquello no se saliera del huacal. Como decía mi compadre, una cosa es tener circo y otra muy distinta es darle de comer a todos los changos. El problema fue que los Johnny crecieron más rápido que su propia administración.
El grupo ya estaba en las Grandes Ligas, pero las cuentas no caminaban con el mismo orden. Y cuando el dinero empieza a entrar por muchas puertas, pero nadie tiene cerradas las ventanas, tarde o temprano se mete el aire frío y el aire frío llegó con Hacienda. Una revisión encontró anomalías en las ganancias del grupo y ahí sí que se acabó el baile.
Lo que parecía una racha de éxito sin freno se convirtió en una deuda pesada de esas que no n más duelen en el bolsillo, también duelen en el ánimo. Como decía mi tía, cuentas claras, amistades largas, pero cuando las cuentas salen chuecas, hasta el saludo pesa. Tuvimos que para pagar peso por peso todo, todo lo que este lo que debíamos.
Durante 5 años los Johnny siguieron trabajando, viajando, cantando y presentándose, pero buena parte de lo que ganaban se iba directo a pagar aquella deuda. Imagínese no más llenar lugares, escuchar al público y gritar sus canciones y al final sentir que el dinero no más pasaba de largo, como quien dice, pero la feria no se quedaba en casa.
Y ahí fue donde a José Manuel Samacona también se le vino el mundo encima. Llegó a quedarse prácticamente sin sueldo. Se acabó sus ahorros. Llenó las tarjetas de crédito hasta el cuello y terminó durmiendo con su familia en una bodega. de estar frente a miles de personas cantando con el corazón en la mano, pasó a vivir una realidad que cualquiera hubiera querido esconder.

Cero sueldo, ¿no? No ganar por una deuda que teníamos, ¿no? Y en esos 5 años y yo entré en una gran depresión porque porque acabé con todo mío, con todo, la verdad. Yo tenía. Pero no solo Samacona la estaba pasando mal, Johnny también traía encima una carga tremenda. tenía que seguir manteniendo el grupo, funcionando, atender compromisos, sostener la disciplina y al mismo tiempo lidiar con una deuda que no dejaba respirar a nadie.
Y claro, cuando la presión cuando hay presión, cansancio y dinero de por medio, hasta la paciencia de un fraile se ve agotado. Lo que antes se resolvía entre amigos empezó a sentirse más duro. Las miradas cambiaron, las conversaciones se volvieron tensas y cualquier detalle podía encender la mecha. el banco, me los terminé. Este, tenía tarjetas de crédito, las puse hasta el cuello.
No me da vergüenza decirlo. Yo estuve durmiendo en una bodega con mi familia. Enfrentar la deuda con Hacienda afectó. El público seguía viendo a los Jonix como los grandes de la balada romántica, pero detrás del escenario la fiesta ya no se sentía igual. Había preocupación, deudas, cansancio y una confianza que poquito a poquito se iba desgastando.
Los Johnis tuvieron que pagar peso por peso lo que Hacienda les cobró. El grupo siguió trabajando. Como decía mi tío, no es lo mismo tener dinero que verlo pasar. Pero si Hacienda ya les había pegado donde más les dolía, el grupo todavía seguía de pie. ¿Qué fue entonces lo que terminó reventando la cuerda que los mantenía unidos? Y aquí viene lo bueno, amigos, porque el nombre que los hizo famosos terminó separándolos.
La deuda con Hacienda no solo les pegó en el bolsillo, también les pegó en la paciencia, en [música] la confianza y en la forma de verse la cara. Porque después de tantos años juntos, los Johnny ya no estaban caminando parejo. Habían dejado de ser los hermanos que tanto decían que eran. O Johnny lo hizo creer que él no valía nada como ser humano ni como artista, ¿no? Porque era su fuerte de Johnny hacerte sentir mal, o sea, de que tú no eras nadie sin él.
Una fuerte deuda con Hacienda suscitó y todavía antes de que todo tronara, los Johnnys tuvieron otro momento fuerte en su carrera. En 1992 grabaron Pero te vas a arrepentir junto a Marco Antonio Solist, el famoso Bu. Y eso llamó bastante la atención porque durante años mucha gente había hablado de una supuesta rivalidad entre los Jonics y los Bookis.
que no es nada. Pero miren nomás, aunque hicieron la canción juntos, la duda nunca se fue del todo. Mucha gente pensó que aquel dueto no era prueba de amistad completa, sino más bien una forma de limar asperezas y calmar los rumores. Como decía mi tía Lupe, cuando el mitote ya agarró vuelo, ni con agua bendita lo bajas, pero ni ese tipo de éxitos alcanzó para tapar lo que ya venía pasando entre los líderes del grupo.
Para finales de los 90, la relación entre José Manuel Samacona y Johnny Abar ya venía muy desgastada. Las discusiones eran cada vez más seguidas y el ambiente dentro del grupo ya no era lo mismo. Como decía mi vecina, cuando el plato ya viene cuarteado, cualquier golpe lo termina rompiendo. El último disco donde trabajaron juntos fue Nuestras consentidas y tú, lanzado en 1999.
Después de ese material, la historia cambió. Samacona decidió separarse del grupo y cada quien tomó su camino. La idea era repartirse por partes iguales lo que habían construido durante más de 20 años. Instrumentos, equipo, autobuses y pertenencias del grupo. Pero ya saben cómo pasa cuando hay dinero, orgullo y años de historia encima.
Se empezó a poner más enredado que el chisme que lleva días en el barrio. Como el reparto nunca terminó de concretarse, comenzaron los jabaloneos por las pertenencias. John aseguró que Samacona intentó recuperar parte del equipo y de los camiones por su cuenta y desde y desde ese momento la separación dejó de ser un desacuerdo para convertirse en un pleito y de los buenos.
José Manuel Samacona se robó el camión, un autobús y un trailer. En medio de todo ese pleito, Samacona siguió cantando y se presentó como José Manuel Samacona y los Jonix, porque para él cantar era su vida y el público lo seguía ubicando con esa agrupación. Yo tengo que seguir adelante con mi nombre porque eso es mi vida, cantar me lo dijo en la casa de ustedes.
Desde a la negativa de Aar, Samacona reunió a sus excompañeros de los Johics. John Aar tampoco se quedó cruzado de brazos. Junto a Bruno Ibar formó su propia agrupación conocida como los Johonics de Johnny y Bruno Ibar, la nueva generación. El caso nuestro es los Johnny de Johnny y Bruno Ibar, la nueva generación.
siendo sincero la gente. Y ahí fue donde la gente empezó a hacerse bolas. Unos seguían a Samacona porque identificaban a los Johnny con su voz. Otros defendían a Johnny y Bruno porque también eran fundadores. Como decía mi compadre, cuando dos dicen ser el original, el público termina preguntando cuál es cuál.
Ha ubicado a los ixis, este, con la voz de José Manuel Sanacola. Me imagino que siendo al revés, pues los guiones con otra voz, pues la gente dice, pues no son los guiones, no la gente El pleito llegó a los tribunales. Samacona demandó a Johnny por el uso del nombre y Johnny respondió defendiendo que también tenía derechos porque el registro estaba a nombre de los dos desde 1975.
Aquel gesto de confianza que un día los unió terminó convertido en el papel que los enfrentó. se le pague la indemnización de $100,000 por el uso de o el mal uso del nombre. Cuando nos fuimos a derecho de autor, ahí nos dijeron que nadie podía usar el nombre a menos que tú me pagaras regalí. Tú lo puedes usar, pero me vas a pagar a mí.
Yo no. Y así es, amigos. Cuando una amistad se rompe por dinero y por nombre, ya no hay canción que la arregle. Y es que amigos, Johnny tampoco se quedó callado. Él también respondió con una contrademanda porque defendía que el nombre no era de una sola persona, sino que desde 1975 estaba registrado a nombre de los dos.
Y ahí fue donde el pleito se puso más bravo, porque ya no era solamente una separación de músicos, era una guerra por la historia completa de los Jonics. Bueno, yo tengo los papeles, tengo los papeles y te lo voy a decir. Yo fui el que fui a registrar [música] el nombre y lo puse a él. que él te enseñe una original. A ver si lo tiene.
La demanda que protagonizan. Durante años los dos siguieron trabajando por su lado. Samacona continuó cantando con su agrupación y sacó discos sin Johnny, como me acordé de ti. Ya con él al frente del proyecto, Johnny también siguió activo con su propio grupo, promovido como los Jonics de Johnny Ibar, defendiendo su lugar como fundador y director.
Años después, en el año 2016, Samacona consiguió un fallo favorable en los Estados Unidos por el uso del nombre de los Johnics, lo que dejó impedidos a Johnny y Bruno Ibar de usar esa marca en la Unión Americana. Pero como decía mi comadre, una cosa es ganar en papeles y otra muy distinta es borrar los corajes del corazón porque para entonces la amistad ya estaba hecha a pedazos.
Si los jonis ya estaban divididos, entonces, ¿quién se quedó realmente con el cariño del público y con el peso delegado? El último adiós de Samacona. Después de ganar terreno en la pelea por el nombre Samacona, no se quedó sentado viendo pasar la vida. Siguió cantando, siguió grabando y siguió defendiendo a los Jonix como quien defiende lo único que queda después de una larga guerra.
olvido y a [música][canto] la soledad. Samacona continuó con su hijo José Manuel Samacona Junior, metido en el proyecto. Ya no era solamente cantar los éxitos de siempre, también era preparar a la siguiente generación para cargar con un nombre que pesaba bastante, porque una cosa es heredar canciones y otra muy distinta es heredar pleitos, recuerdos y un público que todavía preguntaba quiénes eran los verdaderos ys.
Pero la vida todavía tenía preparado el golpe más duro. En el año 2021, José Manuel Samacona enfermó de COVID. La noticia preocupó a los seguidores porque no se trataba de cualquier cantante. Era la voz que muchos habían escuchado en sus penas, en sus amores y en sus despedidas. El 4 de julio del año 2021 se confirmó su muerte.
Tenía 69 años y ahí sí que el mundo grupero se quedó con el corazón apachurrado porque no se iba solamente un vocalista, se iba una parte enorme de la historia de los Johnnix. Roso te hice dichosa y te enseñé. Su hijo contó después que en sus últimos días Samacona pensaba en su familia y en qué pasaría con la agrupación si él no lograba recuperarse.
Mir n más, qué fuerte. Hasta ese momento seguía preocupado por el futuro del grupo. Y así, después de tantos años en los escenarios, pleitos, canciones, demandas y aplausos, Samacona se fue dejando una pregunta que todavía queda en el aire. Los Johnny siguieron siendo los mismos después de perder la voz que durante años los hizo llorar y cantar.
Y aquí viene el adiós que dejó dividido al público. Con la muerte de José Manuel Samacona, muchos pensaron que ahí se cerraba la historia de los Jonics, pero no. Como decía mi comadre, donde hubo fuego, hasta las cenizas cuentan chisme. Su hijo José Manuel quedó al frente del legado de su padre cantando las canciones que marcaron a generaciones y defendiendo ese nombre que para muchos sigue ligado a la voz de Samacona, no el amor.
Pero por el otro lado, Johnny Aibar tampoco desapareció del mapa. Él siguió activo con su propia agrupación, defendiendo su historia como fundador, director, parte de la raíz de los Johnics, Bruno Avar y los JNI. Que llegué muy tarde a tu vida. [música] Al final, los Jonis terminaron siendo más grandes que sus pleitos.
Sus canciones quedaron en la memoria de la gente, en las serenatas, en los amores rotos y en esas noches donde uno canta aunque le duela. Y así, amigos, cerramos esta historia de los Johnics, una agrupación que cantó al amor, pero terminó cargando pleitos. heridas y un legado dividido. Ahora, díganme ustedes, ¿qué les pareció esta historia? ¿Creen que el verdadero legado quedó con la familia de Samacona, con John o con las canciones que al final fueron más grandes que todos? Los leemos en los comentarios. Y si les gustó este video,
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