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LUIS Sandoval: de “CRACK” en América a la CÁRCEL… Su HUMILLANTE arresto por cocaína

Para un chavo de Guadalajara, entrar a las fuerzas básicas de Chivas no era solo una oportunidad deportiva, era una validación completa de todo lo que eres. Era que tu ciudad, tu familia, tu barrio, tus amigos de la infancia te reconocieran como algo diferente a todos los demás niños que también pateaban un valor en las mismas calles.

El negro recibió esa validación siendo adolescente y fue suficiente para que pusiera todo lo que tenía, toda su energía y todo su tiempo al servicio del fútbol. Los años en Fuerzas Básicas pasaron con la velocidad de los que avanzan. Sin estancamientos, sin retrocesos. Sánal fue subiendo categorías con la naturalidad de quien tiene algo que los demás no pueden imitar por mucho que trabaje.

No era, según quienes lo conocieron de cerca en esa época y lo describieron después en entrevistas sincrónicas. El jugador más aplicado del grupo en los aspectos teóricos y el más disciplinado en los aspectos que quedaban fuera de la cancha, pero tenía algo que no se enseña en ningún entrenamiento, por más sofisticado que sea.

Intuición táctica pura. Sabía dónde iba a caer el balón antes de que llegara ahí. Sabía cuándo era el momento correcto de atacar y cuándo era el momento de esperar la jugada. Y con esa zurda podía abrir partidos enteros en una sola acción que los defensas no anticipaban. Chivas lo fue formando con la paciencia estructurada de un club grande.

Temporada tras temporada lo fue subiendo categorías. Y en 2002, con 20 años llegó el momento que todo jugador de fuerzas básicas sueña desde el primer día que entra un vestuario profesional, el debut oficial en primera división. Escucha esto. El 6 de octubre de 2012, en el estadio Jalisco, Luis Alonso Sandoval Oliva entró por primera vez como jugador profesional en un partido oficial de la Liga MX.

Fue un empate 0 a0 contra Necaxa, no fue de inicio. Entró de cambio en la segunda mitad, no marcó ni dio asistencias, pero pisó el césped de la primera división con la camiseta del equipo que lo formó en su ciudad, frente a la afición que conocía su nombre desde las categorías inferiores. Hay algo en ese primer partido que no aparece en ninguna estadística.

La sensación de pisar un estadio de primera división por primera vez como jugador, no como aficionado en las gradas, sino en el césped, con los números en la espalda, con el ruido de las gradas que ahora está dirigido en parte hacia ti. Eso no se describe, se experimenta. Y para un chico de Guadalajara que creció con el fútbol como único idioma, ese momento en el estadio Jalisco con la camiseta del Guadalajara era el punto de llegada de todo lo anterior.

El problema con los puntos de llegada es que siempre resultan ser puntos de partida de algo más difícil. Para muchos jugadores, ese día es el cumplimiento de toda una vida de sacrificios, de los madrugones en el carro camino al entrenamiento, de las lesiones superadas con dolor, de las temporadas difíciles donde cualquiera hubiera abandonado, de la fe de los padres que apostaron todo a que el talento de su hijo era real.

Para el negro también fue ese momento, al menos por un tiempo. Después de ese debut, Sandoval pasó sus primeras temporadas en Chivas, en ese territorio incómodo que define la carrera de muchos jugadores jóvenes con talento real, el espacio entre el primer equipo y la banca de manera intermitente.

Tenía destellos que hacían voltear a los aficionados y a los periodistas deportivos. Esos gambeteos en la banda izquierda que dejaban defensas parados en el pasto, completamente incapaces de anticipar a qué lado iba a ir. Esos centros desde la banda que llegaban exactos al punto del área donde debía estar el delantero. Esos momentos donde se veía de manera cristalina por qué Chivas lo había formado con tanta expectativa durante tantos años.

Pero no era titular indiscutible. La competencia interna en Chivas siempre fue brutal. con jugadores de nivel en todas las posiciones. Y los técnicos que pasaron por el club en esos años no siempre encontraron en el negro al jugador que merecía el puesto fijo, que él sentía que le correspondía por talento.

Esa tensión entre el talento que tenía y el lugar que ocupaba en la estructura del equipo empezó a definir su carácter dentro del vestuario. Los que estuvieron cerca del negro en esa época, en los años 2002 a 2004, describen a un jugador con mucha personalidad, demasiada según algunos, seguro de sí mismo hasta el punto de la arrogancia en los días buenos, en los días donde todo salía como él quería y el balón obedecía su zurda y desconectado, difícil de manejar, casi inaccesible para el diálogo técnico, en los días donde la titularidad no llegaba

o donde el técnico elegía a otro jugador para su posición. Grábate esto. Esa combinación específica de elementos, talento enorme, más personalidad que no acepta bien la frustración, más dificultad para mantenerse enfocado cuando las cosas no van como uno quiere. Es exactamente la fórmula que en el fútbol profesional termina con carreras brillantes antes de que lleguen a su verdadero pico.

El negro tenía esa fórmula desde el inicio de su carrera y en Chivas, con toda la estructura y el sistema de contención que tiene ese club, nadie pudo neutralizarla a tiempo ni de manera efectiva y sostenida. En 2005 llegó el momento que lo definió por primera vez de manera concreta en su carrera profesional. Chivas intentó cederlo a Chivas SA, el equipo afiliado en la MLS.

Era una oportunidad real de crecer en un contexto diferente, de ganar minutos regulares que en Guadalajara no llegaban con la frecuencia que él necesitaba para desarrollarse. Una opción que muchos jugadores jóvenes con ambición hubieran tomado sin dudarlo. El negro se negó de manera atajante.

Esa decisión tiene más peso del que parece a primera vista. Negarse a ir a Chivas en 2005 era solo una decisión deportiva sobre dónde quería jugar, era una declaración de carácter sobre lo que creía que merecía. El negro tenía claro lo que quería y lo que no quería. y lo que no quería era irse a Estados Unidos cuando él estaba convencido de que su talento merecía más que eso, que él era demasiado bueno para la MLS, que su lugar estaba en México.

El problema concreto es que cuando rechazas el camino que te ofrece el sistema sin tener algo mejor asegurado, la consecuencia la pagas tú solo sin que nadie más la comparta contigo. La consecuencia fue inmediata y sin matices. Tras negarse, Sandoval se quedó prácticamente sin jugar durante medio año, fuera del plantel de manera efectiva, sin minutos, sin equipo, esperando que llegara una oferta que justificara la decisión que había tomado.

Y en el verano de 2005 llegó el rescate desde el sur del país. Jaguares de Chiapas, Tuxla Gutiérrez, un equipo que en ese momento estaba construyendo algo interesante bajo el mando del entrenador Kirte. Un proyecto con jugadores de calidad, con hambre colectiva de demostrar en una liga donde los clubes del norte y del centro siempre se llevaban los títulos.

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