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AYRTON SENNA :LA CONFESIÓN QUE CAMBIO TODO

AYRTON SENNA :LA CONFESIÓN QUE CAMBIO TODO

La verdad salió a la luz 41 victorias, 65 poul positions, tres campeonatos mundiales y un hombre muriendo en vivo por televisión mientras 200 millones de personas lo veían. Un pedazo de metal atravesando su cráneo a 300 km porh. 6 horas antes, otro piloto había muerto en el mismo circuito. Aton sabía que ese carro no era seguro.

Subió de todas formas. Lo que nadie te contó es que el mejor piloto del mundo eligió morir antes que dejar de competir. Su nombre era Aton Sena da Silva. El hombre que hacía llover en Brasil y lo que la obsesión por la perfección le hizo a su alma lo mató mucho antes de que ese pedazo de metal tocara su cabeza.

En los próximos 55 minutos vas a conocer cuatro cosas que nunca te contaron. Primera, el carro trampa de Ímola. Los documentos técnicos que prueban que el Williams F16 tenía fallas conocidas. La columna de dirección soldada ilegalmente. ¿Por qué Frank Williams dejó su vida a Aton sabiendo que ese carro podía matarlo? Segunda, la premonición, las conversaciones con su novia la noche anterior.

Voy a morir mañana. Los testigos que lo escucharon rezar en la parrilla. El momento exacto donde decidió que la gloria valía más que su vida. Tercera, la obsesión que lo destruyó. Las seis novias que dejó porque no podía amarlas más que a la velocidad. La relación prohibida con una  niña de 15 años que casi destruye su carrera, el vacío que ningún trofeo pudo llenar.

Y la cuarta, lo que pasó en esos últimos 6 segundos, frame por frame, la telemetría que muestra que Aton no frenó, que eligió acelerar y por qué la muerte que conmocionó al mundo fue quizás un acto de quitarse  la vida disfrazado de accidente. Te voy a avisar cuando llegue  cada una. Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante.

Cómo un hombre que creía en Dios se convirtió en Dios y cómo los dioses tienen que morir para ser inmortales. 1960. San Paulo, Brasil. No la San Paulo de hoy, la San Paulo  militar. Dictadura, desaparecidos, miedo. Allí nació Aton, el segundo hijo de Milton da Silva y Ney de Sena.

Su padre era rico, muy rico, dueño de fábricas, de tierras, de negocios en todo Brasil. La familia vivía en una mansión. Aton tenía todo. Juguetes importados, ropa de marca, educación privada. “Nunca le faltó nada”, dijo su madre años después, “e excepto paz. Aon nunca tuvo paz interior. Guarda eso. Nunca tuvo paz. Va a definir toda su vida.

” A los 4 años, Aton recibió su primer cart, un regalo de su padre, un carta a gasolina. Velocidad máxima, 50 km porh. Su padre construyó una pista en el terreno de la finca, 300 m de asfalto, solo para Aton. Manejas como si fueras a morir si no ganas”, le dijo su hermano Leonardo. Atiron tenía 4 años y ya manejaba así.

A los 13 años, Aton ganó su primer campeonato de karting, campeonato sudamericano. Dominó todas las carreras, pero algo pasó en la final, algo que reveló quién era realmente. Iba en primer lugar, faltaban tres vueltas. Su motor empezó a fallar. Perdía potencia. Cualquier piloto normal se habría conformado con segundo lugar.

cualquiera. Aon aceleró más, forzó el motor más allá de sus límites. El motor explotó en la última curva. Llegó a la meta empujando el kart. Segundo lugar. Lloró. No de dolor físico, de rabia por no ganar. Prefiero morir que ser segundo le dijo a su padre. No digas eso. Es la verdad. Segundo lugar no significa nada.

Tenía 13 años y ya sabía que ganar era lo único que importaba. A los 17 años, Aton se fue a Europa, a Inglaterra, a competir en Fórmula Ford.  Su padre le dio todo el dinero que necesitaba. Un departamento en Londres, un equipo  completo, los mejores mecánicos. Si vas a hacer algo, hazlo bien o no lo hagas, le dijo Milton.

La misma frase que el padre de Michael Jordan le dijo, “Los padres de los campeones siempre dicen lo mismo. Inglaterra, 1981. Aon tenía 21 años. No hablaba inglés, no conocía a nadie. Estaba solo en el país más frío que había conocido, compitiendo contra pilotos que llevaban años allí. Su primera temporada, dominación absoluta. 12 carreras, 12 victorias.

Este brasileño es diferente, dijo un mecánico inglés. No solo quiere ganar, necesita  ganar como si su vida dependiera de ello y quizás dependía. 1984,  Aton llegó a la Fórmula 1 Toleman. Un equipo pequeño, sin presupuesto, sin posibilidades. Su primer gran momento, Gran Premio de Mónaco, bajo la lluvia, lluvia torrencial,  imposible de manejar.

Alen Prost, el campeón del mundo, iba en primer lugar con el mejor carro. McLaren  Aon iba octavo con un Toleman, un carro que no debería estar ni cerca, pero la lluvia, la lluvia lo cambió todo. Aton empezó a adelantar uno por uno. Séptimo, sexto, quinto. Este tipo está loco dijeron por radio. Va a matarse. Pero no se mató.  siguió adelantando, cuarto, tercero, segundo.

Y cuando estaba a punto de alcanzar a Prost, cuando  estaba a 2 segundos, la carrera fue detenida. Bandera roja, demasiada lluvia. Prost ganó. Aton  segundo, pero todo el mundo sabía, todo el mundo vio. Aton era especial. “En la lluvia soy más que un piloto”, dijo Aton después. Soy uno con el carro.

Siento cosas que otros no sienten. 1985,  Aton fichó con Lotus. Un equipo mejor, más dinero, más posibilidades. Su  primera victoria Portugal. Bajo la lluvia. Otra vez la lluvia. Aton ganó por más de un minuto. Un minuto en Fórmula 1 es una eternidad. Es el piloto más rápido bajo la lluvia que he visto en mi vida.

dijo Nicki Lauda, tres veces campeón del mundo. Y lo digo después de haber visto a todos los grandes. Pero Aton estaba satisfecho  porque Lotus no tenía el mejor carro y Airton necesitaba el mejor carro.  1988 McLaren, el mejor  equipo, el mejor carro con Alen Prost como compañero.

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