Posted in

Pastor Evangélico Muere y Regresa: “CARLO ACUTIS me habló… y lo que dijo dejó a todos en shock”

PARTE 1

El sabor metálico del miedo llena mi boca mientras me despierto en esta cama de hospital, rodeado de cables y máquinas que pitan sin cesar. Mis manos tiemblan, aunque intento controlarlas. No soy la misma persona que entré en quirófano hace tres días. Lo que vi durante esos 7 minutos en los que mi corazón dejó de latir ha destrozado todo lo que creía saber sobre Dios, sobre la fe, sobre la verdad.

Los pastores y líderes evangélicos que llenan esta habitación esperan que les cuente sobre una visión gloriosa del cielo protestante, pero lo que tengo que decirles los dejará en shock absoluto. Hoy voy a revelar como Carlo Acutis me mostró una verdad que cambió mi vida para siempre. Me llamo Marcos Delgado, 44 años.

Nací y crecí en el barrio de Usaquén en Bogotá, Colombia. Toda mi vida adulta la he dedicado a predicar el evangelio desde una perspectiva pentecostal. Durante 18 años he sido pastor principal de la Iglesia Cristiana Nueva Vida, una congregación que comenzó con 15 personas en la sala de mi apartamento y que ahora cuenta con más de 2000 miembros que se reúnen cada domingo en un edificio que compramos hace 7 años en la avenida Caracas.

Mi esposa Lucía está sentada ahora mismo a mi lado sosteniendo mi mano izquierda. Sus ojos rojos de tanto llorar. Nuestros tres hijos están afuera en la sala de espera. Santiago de 17 años, Camila de 14 y el pequeño Andrés de 11. Me pregunto qué pensarán cuando les cuente lo que realmente vi. Antes del ataque cardíaco, mi vida seguía un patrón predecible y satisfactorio.

Cada lunes por la mañana me reunía con mi equipo pastoral para planificar los cultos de la semana. Cada martes visitaba a miembros enfermos de la congregación. Cada miércoles dirigía el estudio bíblico nocturno. Cada jueves grababa mi programa de radio que se transmitía en tres emisoras cristianas de Bogotá.

Cada viernes era noche familiar sagrada cuando Lucía cocinaba a Jacoo o bandeja paisa y todos cenábamos juntos sin interrupciones. Cada sábado preparaba mi sermón del domingo orando y estudiando durante horas en mi oficina. Cada domingo predicaba dos veces en el culto de las 9 de la mañana y en el de las 6 de la tarde.

Mi especialidad como predicador era lo que llamábamos apologética evangélica. Defendía la fe protestante explicando por qué nos habíamos separado del catolicismo durante la reforma. Mis sermones más populares, los que más se compartían en YouTube y Facebook, eran aquellos en los que exponía lo que yo consideraba errores doctrinales católicos.

la veneración de santos, la oración a María, la confesión con sacerdotes, sobre todo la doctrina de la transubstancia, la creencia católica de que el pan y el vino se convierten literalmente en el cuerpo y la sangre de Cristo durante la misa. Yo enseñaba que estas prácticas eran idolatría, que la salvación venía solamente por la fe personal en Jesucristo, no por sacramentos o rituales.

Que la Biblia era nuestra única autoridad, no la tradición de la Iglesia, que cada creyente tenía acceso directo a Dios sin necesidad de intermediarios como sacerdotes o santos. Creía esto sinceramente, con cada fibra de mi ser. No era un farsante buscando poder o dinero. Vivíamos modestamente. Nuestro salario pastoral era suficiente, pero no extravagante.

Yo genuinamente pensaba que estaba sirviendo a Dios al rescatar a las personas del error católico. Tenía una carpeta especial en mi computadora llena de imágenes que usaba en mis presentaciones de PowerPoint durante los sermones. imágenes de estatuas católicas, de personas arrodilladas ante María, de la consagrada en una custodia dorada y tenía varias imágenes de un joven italiano que había muerto hacía 19 años.

Carlo Acutis usaba sus fotos porque él representaba perfectamente lo que yo consideraba el problema del catolicismo moderno. Un adolescente que había dedicado su corta vida a promover la adoración eucarística, que había creado un sitio web catalogando supuestos milagros eucarísticos que había sido beatificado por la Iglesia Católica en el año 2020.

En mis sermones yo decía, “Miren lo que el catolicismo hace con sus jóvenes. Los convence de adorar un pedazo de pan en lugar de tener una relación viva y personal con Jesús. Este muchacho desperdició su talento tecnológico, promoviendo idolatría en lugar de predicar el verdadero evangelio.” Mis congregantes asentían vigorosamente.

Algunos gritaban amén y aleluya. Yo me sentía justificado, creyendo que defendía la verdad. Lucía había sido católica antes de conocerme. Nos habíamos conocido cuando yo tenía 23 años y ella 22. Ella asistía a misa cada domingo en la iglesia de Lourdes en Chapinero. Yo era un joven predicador lleno de celo evangelístico.

La invité a uno de nuestros cultos. Ella vino por curiosidad. La música era más animada que en sus misas. La predicación era más emocional, más directa. Después de 6 meses asistiendo, ella hizo lo que llamábamos la oración del pecador y dejó el catolicismo. Sus padres se devastaron. Su abuela, una católica devota que tenía imágenes de santos por toda su casa, lloró durante días.

Nos casamos un año después en nuestra iglesia evangélica. La familia de Lucía vino, pero la atención era palpable. Su abuela se negó a entrar al edificio. Se quedó afuera durante toda la ceremonia rezando el rosario. En ese momento yo pensaba que era terquedad religiosa. Ahora, después de lo que vi, entiendo que era fidelidad a una verdad que ella conocía y que yo había rechazado por ignorancia.

Los años pasaron rápidamente. Nuestros hijos nacieron. Santiago en el 2007. Camila en el 2010, Andrés en el 2013. Los criamos en la Iglesia Evangélica, asistían a la escuela dominical, participaban en grupos juveniles, memorizaban versículos bíblicos. Santiago ya estaba considerando estudiar teología para seguir mis pasos.

Yo estaba orgulloso. Creía que estaba construyendo un legado de fe verdadera. La iglesia también crecía. De 50 miembros pasamos a 200, luego a 500, finalmente a 2000. Compramos el edificio en la avenida Caracas por 350 millones de pesos. Un milagro financiero que atribuimos a la bendición de Dios. Instalamos un sistema de sonido profesional, pantallas de alta definición para las presentaciones, asientos cómodos.

Read More