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Mis padres me entregaron a un millonario para pagar sus deudas; pero su mayor secreto estaba escondido en un viejo baúl.

Mis padres me entregaron a un millonario para pagar sus deudas; pero su mayor secreto estaba escondido en un viejo baúl.

[PARTE 1]

—Firma el papel, Valeria. Con esto, la deuda de tu padre queda completamente saldada.

Las palabras del notario resonaron como una condena de muerte en la fría oficina de madera.

Valeria, de 25 años, sentía que el aire le quemaba los pulmones mientras el bolígrafo temblaba entre sus dedos congelados.

Miró a sus padres.

Su madre lloraba en silencio, estrujando un pañuelo de tela, sin atreverse a levantar la vista.

Su padre, postrado en una silla de ruedas por la cruel enfermedad que los había arrastrado a la ruina, tenía la mirada clavada en el suelo, derrotado.

Los habían acorralado sin piedad.

La deuda médica y los préstamos atrasados superaban los tres millones de pesos.

Don Arturo, el usurero más despiadado del municipio, un hombre repulsivo que le triplicaba la edad a Valeria, la había exigido a ella como pago final para no embargarles la casa.

Pero en el último minuto, alguien más intervino y compró la deuda al contado.

Alejandro Vargas.

El Patrón de la hacienda “Los Cuervos”.

Un hombre de 42 años, conocido en toda la región de los Altos de Jalisco por su carácter ermitaño, su inmensa fortuna y una cicatriz que le cruzaba la mandíbula.

Valeria ni siquiera lo conocía; solo sabía que era una especie de fantasma adinerado del que todos hablaban con temor.

Él no la miró a los ojos mientras ella firmaba el acta de matrimonio civil con lágrimas de rabia cayendo sobre el papel.

Solo sacó una chequera, extendió el pago y le hizo un gesto brusco hacia la puerta.

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