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El mensaje de León XIV que dejó PREOCUPADO al Vaticano

La gente que trabaja en el Vaticano lo describía con una palabra tranquilidad. Decían que con él había vuelto un cierto orden, una cierta calma, una sensación de continuidad. Pero entonces algo empezó a cambiar y nadie lo vio venir. Lo que pocos saben, lo que casi nadie se atreve a contar, es que el Papa León XIV pasó muchas noches en oración antes de soltar las palabras que lo cambiaron todo.

Quienes trabajan cerca de él cuentan que se le veía cansado en aquellos días, que pedía estar solo, que se encerraba en su capilla privada durante horas, que rezaba el rosario una y otra vez como buscando una luz, como pidiendo permiso para hablar. Y es que mira, hay algo que necesito que tú entiendas. Cuando una persona como tú o como yo enciende una veladora frente a la Virgen de Guadalupe, lo hace para sí misma, para su familia, para sus seres queridos.

Pero cuando un papa reza, está rezando por el mundo entero, por cada niño que no tiene que comer en África, por cada madre que llora a un hijo en una guerra, por cada anciano que muere solo en un hospital. El peso que carga sobre sus hombros no se compara con nada. Y a veces cuando reza, Dios le pide que hable. Y cuando Dios pide hablar, no se puede callar.

Aquella noche, dicen los que estaban cerca, el Papa León XIV terminó su oración con los ojos rojos, llamó a sus colaboradores más cercanos y les dijo que tenía algo que decir, algo que no podía guardarse más. Algunos cardenales le advirtieron que tuviera cuidado, que midiera sus palabras, que el mundo no estaba para sermones fuertes, que los poderosos podían tomarlo a mal.

Pero él respondió con una frase que se ha quedado grabada en quienes la escucharon. Dijo, “Si callamos ahora, mañana las piedras hablarán por nosotros.” Y aquí déjame que pare la historia un momento y te hable directamente a ti, porque sé que estás escuchando esto mientras quizá estás en tu cocina, lavando los trastes, doblando ropa o sentada en tu silla favorita después de comer.

Sé que tú también a tus años has tenido noches en las que has llorado en silencio, noches en las que le has preguntado a Dios por qué, por qué se fue tu esposo? ¿Por qué tu hijo no llama? ¿Por qué te dieron esa noticia del doctor? ¿Por qué se tienen que pelear las familias por dinero, por herencias, por tonterías que no valen nada al lado del amor? Tú has rezado mucho en tu vida. Yo lo sé conocerte.

Lo sé porque quien escucha estas historias es una persona que reza, una persona que conoce el dolor, pero no ha perdido la fe, una persona que ha visto morir a sus padres, que ha cuidado a sus hijos, que ahora cuida a sus nietos cuando puede. Y quiero que sepas que la frase que dijo el Papa, esa frase de “Si callamos ahora, mañana las piedras hablarán por nosotros, también es para ti, porque tal vez tú también has callado durante años.

Has callado cuando sabías que algo no estaba bien. Has callado cuando alguien te lastimó. Has callado por miedo, por respeto, por amor a tu familia. Y a veces en la vida llega un momento en que Dios te pide que hables, que digas la verdad, que ya no calles más. Esa es la lección que está empezando a darnos León XIV con su pontificado.

Y ahora vamos a ver qué fue exactamente lo que dijo. Lo que tiene tan preocupado al Vaticano. Todo empezó con una homilía. Una homilía que muchos pensaron sería de las habituales. Otra reflexión espiritual, otra exhortación a la fe, otra llamada a la paz. Pero esta vez fue distinto. El Papa León XIV se paró frente al atril.

miró a los presentes con esos ojos serenos pero firmes que tiene, y empezó a hablar de la muerte, pero no de la muerte como la entiende la gente común, no de la muerte que llega cuando uno es viejo, no de la muerte natural, esa que tarde o temprano llega a todos nosotros. Habló de otra muerte, una muerte más peligrosa, una muerte que ataca por dentro.

dijo con palabras propias y conmovedoras que el poder de la muerte nos amenaza dentro de nosotros mismos, que cuando las decepciones o la soledad agotan nuestras esperanzas, ahí está la muerte trabajando. Que cuando las preocupaciones o los resentimientos sofocan la alegría de vivir, ahí está la muerte trabajando. que cuando sentimos tristeza o cansancio, cuando nos sentimos traicionados o rechazados, cuando enfrentamos nuestra debilidad, nuestro sufrimiento, el cansancio de cada día, parece que hubiéramos caído en un túnel del que no vemos la salida. Y dijo algo

más. Dijo que el poder de la muerte también nos amenaza desde fuera, que la muerte siempre acecha, que vivimos en un tiempo donde la muerte no solo se viste de enfermedad, sino también de guerra. de injusticia, de hambre, de soledad organizada, de indiferencia que mata sin disparar un arma.

Y aquí es donde los cardenales empezaron a moverse incómodos en sus sillas, porque el Papa estaba diciendo verdades que duelen, verdades que muchos no querían escuchar, verdades que tocan a todos los poderosos del mundo. ¿Por qué este mensaje preocupó al Vaticano? Buena pregunta. Porque cuando un papa habla así, no está diciendo cosas bonitas para postales, está señalando con el dedo.

Y cuando un papa señala con el dedo, los poderosos del mundo se incomodan. León XIV empezó a decir cosas que tocaron a todos. Habló de la guerra en Tierra Santa. pidió que se respetaran las legítimas aspiraciones del pueblo israelí y del pueblo palestino, sin escoger un solo lado, sin caer en el discurso fácil de unos contra otros, pidió paz, pidió alto al fuego, pidió que dejaran de morir niños en escuelas y hospitales.

Habló de las guerras olvidadas, las que ya no salen en las noticias. Las guerras de África, donde mueren miles cada semana y a nadie le importa. habló de Cuba, de la situación de los pobres, de quienes pasan hambre y no tienen voz. Habló de los migrantes que cruzan desiertos buscando un trabajo que les permita dar de comer a sus hijos.

Esos migrantes mexicanos, centroamericanos, sudamericanos, que tú conoces porque seguramente tienes a alguien en tu familia que se fue al norte. Y aquí pasó algo que pocos esperaban. El presidente más poderoso del mundo, el presidente de los Estados Unidos, se enojó con el Papa. Sí, así como lo escuchas, Donald Trump, ese mismo hombre que aparece todos los días en las noticias, criticó al Papa León XIV por sus opiniones sobre la guerra y desde ese momento las relaciones entre Washington y el Vaticano se tensaron. Se

tensaron tanto que el secretario de Estado de Estados Unidos tuvo que viajar a Roma para hablar cara a cara con el Papa, para tratar de bajar el tono, para que esta tensión no se hiciera más grande. Pero el Papa no dio marcha atrás y eso es lo que tiene preocupado al Vaticano. Te cuento algo que pocos cuentan.

Dentro del Vaticano hay grupos, no es un secreto. Cualquier institución grande tiene grupos. Hay quienes son más conservadores y quieren que la iglesia se aferre a las tradiciones. Hay quienes son más abiertos y quieren caminar con los tiempos. Hay quienes son cercanos a los poderosos del mundo. Hay quienes son cercanos a los pobres.

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