El 20 de diciembre de 1984, una nena de 12 a os entr a su casa, se sac los zapatos y se sent junto a una estufa el ctrica al lado del rbol de Navidad. Acababa de actuar en el concierto de fin de a o de su escuela. Lleg a casa contenta, se acomod en su lugar favorito del sill n, y en menos de una hora la casa estaba vac a. No hubo se ales de lucha. No hubo entrada forzada.
Ning n vecino escuch nada. Solo quedaron sus zapatos alineados frente al sill n, y huellas en la nieve del jard n huellas que alguien intent borrar con un rastrillo de la familia. Su nombre era Jonelle Matthews. Y durante 35 a os, nadie supo qu le hab a pasado.
Para entender lo que le pas a Jonelle Matthews, primero hay que entender qui n era ella. Porque esto no era solo un nombre en un expediente. Era una piba real. Ruidosa, graciosa, dram tica en el mejor sentido de las que entran a un cuarto y lo cambian. Jonelle naci el 9 de febrero de 1972 en Santa B rbara, California. Pero su historia empieza con una decisi n muy dif cil.
Su madre biol gica, Terry Ver Mart nez, ten a apenas 13 a os cuando naci Jonelle. Trece a os una nena ella tambi n. Despu s de aproximadamente un mes, Terry tom la decisi n m s dura que puede tomar una madre: la dio en adopci n. No porque no la quisiera, sino porque la quer a lo suficiente como para querer algo mejor para ella. Y Jonelle encontr ese algo mejor. Una pareja de Colorado, Jim y Gloria Matthews, la adoptaron enseguida.
Ya ten an una hija, Jennifer, y la familia qued completa. Se mudaron a Greeley, un pueblo chico y tranquilo a unos cien kil metros al norte de Denver. De esos lugares donde los chicos andaban en bici hasta que se prend an las farolas, donde las familias dejaban la puerta sin llave, donde todos se conoc an. Jim Matthews era director de la escuela primaria Platte Valley.
Gloria trabajaba en un restaurante local. Eran activos en su iglesia, la Sunny View Church of the Nazarene. Y Jonelle era la chispa de esa familia. Sus amigos, seg n registros period sticos de la poca, la describ an como teatral, dram tica, graciosa a morir. Le encantaba actuar en las obras de la iglesia, cantar en el coro de la escuela, hacer pijamadas, y era fan tica del grupo Menudo.
Era de las que le daba importancia a todo porque para ella, todo la ten a. Y la Navidad se acercaba Jonelle estaba en modo festivo total. 20 de diciembre de 1984. Cinco d as antes de Navidad. Este es el d a en que todo cambia. Jonelle hab a estado resfriada los d as previos. La mayor a de los chicos de su edad habr an aprovechado para quedarse en casa ella no.
Le rog a sus padres que la dejaran ir. Ten a regalos de Navidad para darles a amigos que no ver a en semanas, y lo m s importante: la hab an elegido para cantar con el Coro de Honor de la Franklin Middle School en el concierto anual de fin de a o. No hab a manera de que se lo perdiera. Jim y Gloria le dieron permiso, con una condici n: volv directo a casa despu s del concierto y descans .
Jonelle prometi , y se fue. Esa noche, el concierto se realiz en una sucursal local del Intra West Bank de Denver. Fue transmitido por un canal de cable regional. Jonelle actu con sus compa eros cantando villancicos. Su amiga Deanna Ross tambi n estaba ah . Las dos chicas cantaron juntas, se rieron, y al terminar el padre de Deanna, Russell, se ofreci a llevar a Jonelle a su casa.
Ese viaje en auto fue el ltimo momento normal en la vida de Jonelle Matthews. Alrededor de las 20:15, Russell Ross se detuvo frente a la casa de los Matthews, en el 3243 Avenue Court. Jonelle baj , se despidi de Deanna, le dese feliz Navidad, y camin hasta la puerta. Russell y Deanna esperaron en el auto. Vieron entrar a Jonelle. Y entonces se encendi la luz del recibidor. Era la se al.
El acuerdo no hablado entre chicos y padres en los pueblos chicos: la luz se enciende, significa que llegu , que estoy adentro, que todo est bien. Russell arranc y se fue. A las 20:30, Jonelle atendi una llamada en la casa. Era un maestro de la escuela de Jim para avisar que no iba a ir al d a siguiente. Jonelle tom el mensaje para su pap . Correcta, responsable, completamente normal.
Esa llamada telef nica es el ltimo contacto confirmado con Jonelle Matthews. Despu s de eso, silencio. Algo ocurri en esa casa entre las 20:30 y las 21:30. Y ocurri r pido. Jim Matthews hab a estado en el partido de b squet de su hija mayor, Jennifer. Gloria estaba fuera del estado, cuidando a su propia madre enferma.
Cuando Jim entr a su casa alrededor de las 21:30, esperaba encontrar a Jonelle descansando, capaz mirando tele, capaz ya dormida en su lugar del sill n. Entr , y la casa estaba c lida la estufa prendida, el televisor funcionando. El chal favorito de Jonelle colgado sobre el respaldo del sill n como si lo hubiera dejado hace un momento. Sus zapatos, perfectamente alineados en el piso. Jonelle no estaba. Jim no entr en p nico de inmediato.
Quiz s fue a lo de alguna amiga. Empez a llamar. Nadie la hab a visto. A las 22:00 lleg Jennifer del partido. Entr y llam : “Hola, Jonelle, est s?” Nada. Ese fue el momento en que el miedo se instal de verdad. Jim llam a la polic a de Greeley. Llegaron en quince minutos.
Y lo que encontraron afuera de la casa dej helado a cada oficial en la escena: huellas en la nieve fresca, justo afuera de las ventanas del living. Alguien hab a estado parado ah , mirando adentro. Las huellas eran demasiado grandes para ser de una nena, demasiado deliberadas para ser casuales. Y entonces lleg el detalle que los investigadores se grabaron a fuego: alguien hab a intentado rastrillar esas huellas usando un rastrillo que sacaron del propio garaje de los Matthews. Sin entrada forzada.
Sin se ales de lucha adentro. Sin ventanas rotas. Ning n vecino report haber escuchado nada. Los investigadores comenzaron a considerar que quien entr esa noche lo hizo en silencio, con conocimiento del lugar, y que hab a aprovechado el momento preciso en que Jonelle estaba completamente sola. La polic a explor inicialmente la posibilidad de que Jonelle se hubiera escapado de su casa.
Jim Matthews no lo pod a creer. Les dijo a los investigadores que hab a demasiadas cosas buenas pasando en la vida de su hija: ten a una pijamada planeada para el d a siguiente, iba a actuar en la presentaci n navide a de la iglesia, y faltaban cinco d as para Navidad. Qu piba se escapa cinco d as antes de Navidad? Revisaron su casillero en la escuela.
Revisaron su cuarto. No encontraron nada ning n plan de fuga, ninguna nota, ning n indicio de conflictos familiares. A medida que pasaron los d as sin noticias, la teor a de la fuga fue descartada. Los investigadores dirigieron entonces su atenci n a Jim Matthews. En casos de este tipo, la familia siempre es el primer punto de investigaci n, y Jim lo entendi . Cooper plenamente.
Le tomaron un detector de mentiras administrado por uno de los principales interrogadores del FBI en el oeste del pa s. Seg n declaraciones posteriores del propio Jim, el agente le dijo que hab a fallado la prueba. Jim pidi hacer otra, esta vez con la polic a local. Imaginense: su hija est desaparecida, est n aterrorizados, y las mismas personas que deber an estar busc ndola los est n investigando a ellos. Jim sigui diciendo la verdad, una y otra vez, hasta que fue descartado como sospechoso.
Lo que dej a los investigadores sin nada. Sin sospechoso, sin cuerpo, sin pistas. Colocaron incluso a Terry Vera Mart nez, la madre biol gica de Jonelle, bajo vigilancia durante semanas. Terry ni siquiera sab a que Jonelle hab a desaparecido no hab a tenido contacto con la familia en m s de una d cada. Otro callej n sin salida.
La comunidad se neg a dejar que Jonelle cayera en el olvido. Se organizaron vigilias de oraci n de 24 horas en las iglesias locales. Se imprimieron y distribuyeron miles de carteles con su foto por todo el pa s. Y entonces lleg algo que grab la cara de Jonelle en la memoria de toda una naci n.
Jonelle Matthews se convirti en una de las primeras ni as desaparecidas en la historia de Estados Unidos en tener su foto impresa en un cart n de leche. Pens moslo un segundo. A mediados de los 80, no exist a el sistema Amber Alert, no hab a redes sociales, no hab a notificaciones instant neas. La forma de encontrar a un chico desaparecido era imprimir su cara en algo que cada familia en el pa s ve a en el desayuno.
La cara de Jonelle estaba en cartones de leche de costa a costa. Su historia lleg incluso al presidente de los Estados Unidos. En marzo de 1985, Ronald Reagan pronunci un discurso sobre la crisis de los ni os desaparecidos en Am rica, y mencion a Jonelle por nombre. Una nena de doce a os de un pueblo chico de Colorado nombrada por el hombre m s poderoso del mundo. Y aun as , nada.
Ninguna pista que llevara a alg n lado. El caso se enfri . Cinco a os pasaron, luego diez. En 1994, una d cada despu s de la desaparici n de Jonelle, sus padres tomaron la desgarradora decisi n de declararla legalmente muerta. Gloria Matthews dijo p blicamente que hab an pasado diez a os sin una raz n, diez a os sin un m vil, diez a os sin respuestas.
Pregunt : ” Acaso nadie sabe algo? No puede alguien decirnos d nde est el cuerpo de nuestra hija para poder enterrarla?” Nadie respondi . En mayo de 1985 hab a habido un breve destello de esperanza. Encontraron parte de un cuero cabelludo humano en un campo del condado de Weld. Le pidieron a Gloria que lo examinara.
Imaginense lo que eso significa una madre a quien le piden que examine restos humanos para ver si son de su hija. Lo hizo, porque eso es lo que hacen las madres. Pero no era Jonelle. El alivio de ese momento fue devorado de inmediato por la agon a de seguir sin saber. Quedarse en Greeley se volvi insoportable. Los recuerdos. El cuarto vac o. Las preguntas de los vecinos que no ten an respuesta.
Jim y Gloria eventualmente se fueron primero a Filipinas como misioneros, despu s se retiraron a Costa Rica. Jennifer, la hermana mayor de Jonelle, se cas y se mud al estado de Washington. Pero Gloria nunca dej de buscar. Donde fuera que estuviera, sus ojos recorr an las multitudes, examinaban caras. Le contaba a la gente que en sus sue os, Jonelle siempre volv a a casa. En cada sue o, su hija cruzaba la puerta de entrada sonriendo.
En la realidad, esa puerta sigui cerrada durante 35 a os. 23 de julio de 2019. Una cuadrilla de construcci n est trabajando en un nuevo gasoducto en una zona rural y despoblada del condado de Weld, a unos 25 kil metros al sudeste de Greeley. Un d a m s, una excavaci n m s, hasta que el operador de la topadora toca algo en la tierra. Huesos humanos.
Y junto a ellos, un cr neo con brackets de ortodoncia todav a puestos. Y fragmentos de tela pedazos de una pollera a cuadros, una blusa, un chaleco. La misma ropa que Jonelle Matthews llevaba puesta la noche en que entr a su casa y no volvi a salir. Dos d as despu s, la oficina del m dico forense del condado de Weld confirm lo que todos tem an.
Los restos eran de Jonelle, identificada a trav s de registros dentales y ADN. La autopsia determin que Jonelle hab a muerto por una herida de bala en la cabeza. El caso dej de ser una desaparici n y se convirti en una investigaci n de homicidio. Los restos fueron recuperados envueltos en una s bana blanca. El examen forense revel que el abrigo estaba parcialmente cerrado y dado vuelta hacia adentro.
Los investigadores se alaron que la postura en que fue encontrada suger a que, en sus ltimos momentos, el cuerpo de Jonelle intentaba conservar calor. Para Jim y Gloria Matthews, el hallazgo fue un alivio devastador. Gloria siempre hab a mantenido ese hilo fin simo de esperanza quiz s, de alguna manera, su hija segu a viva en alg n lugar. Ese hilo se cort para siempre.
Pero ahora hab a una nueva pregunta, una que Greeley llevaba 35 a os esperando hacerse: qui n mat a Jonelle Matthews? Pocas semanas despu s del hallazgo de los restos, el Departamento de Polic a de Greeley hizo un anuncio que sacudi a la comunidad. Ten an un sospechoso. Y no era ning n extra o de paso ni un criminal desconocido. Era un hombre que se hab a postulado para gobernador dos veces.
Un hombre que durante d cadas hab a dado entrevistas, escrito cartas, presentado documentos legales e ido tejiendo, en casi todo lo que produc a, referencias a Jonelle Matthews. Su nombre era Steven Dana Panky. En 1984, cuando Jonelle desapareci , Panky ten a 33 a os, estaba casado y viv a en Greeley con su familia. Su casa estaba a apenas tres kil metros de la de los Matthews.
Concurr a a la misma iglesia: la Sunny View Church of the Nazarene. Y el d a antes de la desaparici n de Jonelle, el 19 de diciembre, Panky hab a sido arrestado en un banco local por hostigamiento e intrusi n. Su negocio de autos usados se hab a derrumbado y estaba en espiral financiera. En los d as inmediatamente posteriores a la desaparici n de Jonelle, algo muy extra o ocurri .
Seg n su ex esposa, Angela Hicks, Panky lleg a casa y anunci que se iban del pueblo. Inmediatamente. Antes del amanecer del d a siguiente, a Big Bear Lake, California, a visitar a sus padres para las fiestas. Angela declar que ese viaje no estaba planeado. Fue repentino, inesperado, apresurado. Pero la parte verdaderamente perturbadora lleg en el viaje de regreso.
Panky hab a prohibido todos los medios de comunicaci n en su hogar sin televisi n, sin radio, sin diarios, sin m sica. Lo declaraba “un hogar piadoso”. Angela ni siquiera ten a permitido manejar. Y sin embargo, en el camino de vuelta a Greeley habiendo cortado el viaje antes de tiempo Panky de repente le orden a Angela que encendiera la radio del auto. Quer a noticias.
Espec ficamente, quer a noticias sobre una nena desaparecida. Una nena que l despu s afirmar a nunca haber conocido. Angela declar que estuvo pasando emisoras durante horas mientras Panky escuchaba obsesivamente cualquier menci n de Jonelle Matthews. Cuando llegaron a Greeley, Panky condujo directamente a un negocio y compr todos los diarios locales.
Despu s le hizo a Angela leer en voz alta cada art culo sobre la desaparici n de Jonelle. Tres veces cada uno. Y eso no fue todo. En los d as siguientes, Panky se puso un mameluco y botas de goma y empez a excavar en el jard n delantero. Le dijo a Angela que era un problema con el pozo s ptico pero el pozo s ptico hab a sido reemplazado ese mismo a o y Angela no hab a notado ning n problema.
Esa misma semana, un auto guardado en la propiedad se incendi misteriosamente. Angela sali a ver y encontr a Panky parado al lado del veh culo en llamas, con una pala en la mano. Un viaje repentino fuera del pueblo. Una obsesi n con las noticias sobre Jonelle. Excavaciones sin explicaci n en el jard n. Un auto incendiado. Todo en una sola semana despu s de la desaparici n de una nena de doce a os.
Y entonces Panky hizo algo que ninguna persona culpable en su sano juicio deber a hacer. Levant el tel fono y llam al FBI. Un mes despu s de la desaparici n de Jonelle, Steven Panky se present en la Polic a de Greeley diciendo ser un ministro bautista ordenado que hab a recibido informaci n sobre la desaparici n a trav s de una confesi n pastoral. Dijo tener datos que pod an ayudar a resolver el caso.
Pero con una condici n: quer a inmunidad primero. La polic a no se la dio. Pero anotaron su nombre, y empezaron a prestarle atenci n. Despu s de ese primer contacto con la polic a, Panky y su familia dejaron Greeley. Pasaron por varios estados antes de instalarse en Twin Falls, Idaho, a fines de los 80. Pero Greeley y Jonelle nunca se fueron de su cabeza. En Idaho, Panky descubri una nueva pasi n: la pol tica.
Se postul tres veces a sheriff, al consejo municipal, a vicegobernador, y dos veces a gobernador. Perdi todas las elecciones por m rgenes ampl simos. En 2018 obtuvo el 1,4% de los votos en las primarias republicanas. Pero la pol tica no era la verdadera historia. Por debajo de las campa as y los discursos, Panky estaba haciendo algo mucho m s llamativo: escrib a sin parar.
Cartas a abogados, presentaciones judiciales, recursos ante la Corte Suprema de Idaho. Y en todos esos documentos en casos que no ten an ninguna relaci n con una nena desaparecida en Colorado aparec a el nombre de Jonelle Matthews, de manera aleatoria y sin que nadie se lo pidiera. Cuando la polic a finalmente allan su casa, encontraron m s de mil documentos que mencionaban a Jonelle Matthews. M s de mil.
En un recurso judicial de 1999, Panky le dijo a la Corte Suprema de Idaho que una condena anterior era parte de un intento de obligarlo a convertirse en informante en la desaparici n de Jonelle. Y despu s escribi algo que hel la sangre de cada investigador que lo ley : dijo que tem a ser condenado a muerte si revelaba la ubicaci n del cuerpo. Pensemos en eso.
Por qu un hombre inocente temer a la pena de muerte por decirle a la polic a d nde est enterrado el cuerpo de una ni a asesinada? Ese fue el punto que los fiscales subrayaron m s adelante. Tambi n escribi un libro. Lo encontraron durante el allanamiento. El t tulo: Cementerios.
Adentro, p ginas de odio dirigido a la Sunny View Church of the Nazarene la misma iglesia de la familia Matthews, la misma de la que Panky hab a sido expulsado antes incluso de que los Matthews se sumaran a la congregaci n. Le dijo a un oficial de polic a a fines de los 90 que hab a enterrado cuerpos en Colorado.
En documentos legales, se describi a s mismo como el sujeto de una investigaci n por asesinato con pena capital. Se llam a s mismo testigo material en el caso de Jonelle Matthews. Y en casi cada carta, la misma exigencia: d nme inmunidad, hagan un trato conmigo, y les digo d nde est el cuerpo. Nadie le hizo el trato.
Pero todos estaban escuchando, y cada palabra que Steven Panky pronunciaba quedaba archivada, construyendo un caso que tardar a d cadas en llegar a juicio. Porque Steven Panky sab a algo que solo el asesino de Jonelle pod a saber. Y lo dijo en voz alta. Recuerdan las huellas en la nieve? Las que alguien intent borrar con el rastrillo? Ese detalle nunca fue publicado.
La polic a lo retuvo deliberadamente lo que se llama evidencia reservada: informaci n que solo el asesino y los investigadores conocen. Y sin embargo, Panky lo mencion en m ltiples conversaciones con la polic a. En notas escritas de su pu o y letra que su ex esposa encontr en la basura, en papel legal, dec a: “la nieve afuera de la casa de los Matthews fue rastillada”.
Su propio abogado defensor admitir a m s tarde que esa es, probablemente, la pieza de evidencia que m s directamente lo vincula al crimen. Porque no hay ninguna explicaci n inocente para que ese hombre supiera lo del rastrillo. Y hab a algo m s. Algo que su propio primo lo hab a acusado de hacer, y que Panky desesperadamente quer a que quedara sepultado.
Durante llamadas telef nicas grabadas desde la c rcel, Panky se enter de que ese primo hab a muerto. Su primera reacci n fue preguntarle a su hermana si las acusaciones del primo de que Panky sol a merodear escuelas desaparecer an ahora que l hab a muerto. Su hermana dijo que cre a que s .
Los fiscales se alaron que ese primo viv a a apenas tres cuadras de la Franklin Middle School, la escuela a la que asist a Jonelle Matthews. Hay otro momento que varios testigos de la iglesia recordaron a os despu s. Un domingo, poco despu s de la desaparici n de Jonelle, un ministro de la Sunny View Church se puso de pie y le dijo a la congregaci n que hab a recibido un mensaje de Dios: Jonelle iba a ser encontrada viva y devuelta a su hogar sana y salva.
La congregaci n se emocion . Rezaron. Creyeron. Pero Steven Panky se levant y le grit “falso profeta” al ministro. Tuvieron que sacarlo f sicamente de la iglesia. Los fiscales se alaron esa reacci n en el juicio como parte del patr n: por qu una persona inocente reaccionar a con tanta furia ante la idea de que una nena desaparecida pudiera seguir viva? El 12 de octubre de 2020, un gran jurado del condado de Weld emiti una acusaci n formal de ocho p ginas contra Steven Dana Panky.
Los cargos: asesinato en primer grado y secuestro en segundo grado de Jonelle Matthews. Despu s de 36 a os, alguien iba a tener que responder por lo que le pas a esa nena. Panky fue arrestado en Idaho y mantenido sin fianza. Ten a 69 a os. El hombre que durante d cadas hab a exigido tratos, escrito cartas, corrido candidaturas, e insertado su nombre en cada rinc n de esta investigaci n, estaba ahora en una celda esperando que lo trasladaran de vuelta a Colorado.
Y la familia Matthews Jim y Gloria vol de regreso a Greeley. Se sentaron en ese tribunal. Le vieron la cara a Steven Panky por primera vez. Y esperaron algo que hab an estado persiguiendo desde 1984. Respuestas. El primer juicio comenz en octubre de 2021, y la fiscal a ten a un problema serio: no hab a ADN. Ninguno.
Despu s de 35 a os enterrada en un campo de Colorado, los restos de Jonelle y su ropa no dieron nada utilizable. Sin huellas digitales. Sin arma homicida recuperada. Todo el caso iba a tener que construirse sobre una sola cosa: las propias palabras y el comportamiento de Steven Panky. Result ser suficiente. La fiscal a llam a alrededor de sesenta testigos a lo largo del juicio.
Les presentaron al jurado casi cuatro d cadas de conducta bizarre y autoinculpante: las cartas, los documentos judiciales, los m s de mil archivos encontrados en su casa, la evidencia reservada del rastrillo que l sab a, las llamadas grabadas desde la c rcel en las que habl de sus armas en c digo cuando se enter de que Jonelle hab a muerto de una bala.
Pero la testigo estrella fue alguien que conoc a a Panky mejor que casi nadie: su ex esposa, Angela Hicks. Angela subi al estrado y lo cont todo el viaje apresurado a California, la obsesi n con la radio, los art culos le dos en voz alta tres veces, las excavaciones en el jard n, el auto incendiado. Y tambi n le cont al jurado algo que hab a ocurrido en 2008, veinticuatro a os despu s de la desaparici n de Jonelle. Ese a o, el propio hijo de Panky hab a sido asesinado.
En el funeral, mientras Panky estaba junto a la urna de su hijo, Angela lo vio inclinarse, besarla, y susurrar: “Espero que Dios no haya permitido que esto pasara por lo de Jonelle Matthews.” En el funeral de su hijo. Con el nombre de Jonelle en los labios. Angela tambi n describi haber encontrado esa nota escrita a mano en la basura.

En letra de Panky, en papel legal: “la nieve afuera de la casa de los Matthews fue rastillada.” Evidencia que nunca fue publicada. Escrita por un hombre que juraba no saber nada. Pero fue el propio Panky quien entreg el testimonio m s da ino. Porque Steven Panky, contra todos los consejos legales que hab a recibido, subi al estrado. Y lo que sigui fueron dos d as de testimonio contradictorio y err tico que dej perplejo hasta a su propio abogado.
Panky admiti que hab a mentido durante a os sobre todo. La historia de su suegro y el polic a con el cuerpo mentira. La confesi n pastoral inventada. Las afirmaciones de tener informaci n fabricadas por amargura.
Le dijo al jurado: “Invent muchas cosas por la amargura que sent a hacia lo que me hab a pasado en la Sunny View y en el departamento de polic a. Fue odio puro de mi parte.” O sea, su defensa era b sicamente esta: s , soy un mentiroso. Llevo 37 a os mintiendo. Pero ahora no miento. El fiscal del distrito, Michael Rourke, no le crey . Le pregunt directamente a Panky si Jonelle le hab a suplicado por su vida cuando le dispar en la frente. Panky no respondi .
Su propio abogado defensor le dijo al jurado: “Steve Panky es una especie de idiota. Es un hecho. No podemos ocultarlo. Pero un idiota no es lo mismo que un asesino.” El jurado deliber y no lleg a un veredicto. Lo condenaron por un nico cargo menor declaraciones falsas a la polic a pero no pudieron alcanzar la unanimidad en asesinato ni en secuestro. El juez declar el juicio nulo.
La familia Matthews qued destrozada. Pero la fiscal a no hab a terminado. Se program un segundo juicio para octubre de 2022. Y esta vez, la fiscal a ten a un nuevo testigo que no hab a declarado antes: un hombre llamado Patrick Kalas. Kalas hab a estado preso en la c rcel del condado de Weld. Entre enero y abril de 2021, comparti el m dulo de custodia protectiva con Panky.
Los dos hombres desarrollaron un v nculo espiritual. Rezaban juntos. Hac an estudios b blicos. Panky casi nunca hablaba de su caso. Pero un d a, Panky se acerc a Kalas y le dijo que necesitaba perd n. Pregunt si pod an orar juntos. Kalas acept . Y entonces Panky dijo: “Hice cosas malas.” Kalas le pregunt si estaba hablando de Jonelle. Panky asinti . Oraron.
Kalas le pregunt si l la hab a matado. La respuesta de Panky: “Eso es entre Dios y yo.” Pero eso no fue todo. Kalas declar que un d a otro preso golpe la pared y le dijo que se acercara a escuchar. Kalas se movi al frente de su celda y, a trav s del vidrio, escuch a Steven Panky decir cuatro palabras que ning n hombre inocente dir a jam s: “Ella estaba muerta antes de que cruzara las v as del tren.” Kalas le escribi una carta al fiscal del distrito despu s del primer juicio nulo.
Dijo que hab a guardado silencio por el v nculo espiritual que hab a formado con Panky sent a que lo estaba traicionando. Pero despu s de ver que el primer juicio no dio veredicto, su conciencia no le permiti seguir callado. 31 de octubre de 2022. Halloween. El jurado regres con su veredicto. Culpable. Homicidio felony murder. Secuestro en segundo grado con arma mort fera.
Declaraciones falsas a las autoridades. Steven Panky fue declarado no culpable de asesinato premeditado en primer grado una distinci n que sus abogados se alaron en la apelaci n. Pero la condena por felony murder implicaba la misma pena: cadena perpetua con posibilidad de libertad condicional despu s de veinte a os. Su fecha de posible libertad m s temprana: 2042. Tendr 91 a os.
Antes de que el juez dictara la condena, la familia Matthews habl . Jennifer Moiensen, la hermana mayor de Jonelle, se puso de pie y le dijo al tribunal que hab an pasado doce mil seiscientos treinta y cuatro d as desde que su hermana desapareci . Que su marido nunca conoci a su cu ada. Que su hijo nunca conoci a su t a.
Que la rivalidad de hermanas que ella y Jonelle ten an de chicas en 1984 nunca tuvo la oportunidad de convertirse en una amistad adulta real. Que Panky les hab a robado eso. Jim Matthews se levant a continuaci n. Y lo que le dijo a Steven Panky dej en silencio a cada persona en ese sal n. Lo mir directo a los ojos y le dijo: “Estuviste obsesionado con tus propias acciones y tu conciencia no te dej olvidar. Fuiste prisionero de tu propia mente.
” Y despu s Jim dijo algo que nadie esperaba. Dijo: “Afirmaste ser cristiano en muchas ocasiones. Todav a hay esperanza para vos. No es demasiado tarde para confesar tus pecados. Las puertas del cielo pueden seguir abiertas para vos. No es demasiado tarde. Steven Panky, Dios te est esperando.” Un padre que lo perdi todo ofreci ndole gracia al hombre que se lo quit . Gloria Matthews no fue tan generosa.
En la conferencia de prensa despu s de la condena, dijo: “No puedo perdonarlo por c mo mat a Jonelle. Dios es el nico que puede perdonar el mal, y esto fue el mal.” Y Panky, cuando tuvo su turno de hablar, mir al tribunal y dijo: “Soy cristiano. Estar en el cielo. Soy inocente, y esto no es justicia para Jonelle.
” Hoy, Steven Panky est cumpliendo su condena en el Arkansas Valley Correctional Facility en Ordway, Colorado. Ha indicado que planea apelar. Mantiene su inocencia. Pero doce mil seiscientos treinta y cuatro d as de silencio terminaron. Jonelle Matthews ya no es un signo de interrogaci n. Ya no es una cara en un cart n de leche. Es una chica que fue amada, que fue llevada, y que finalmente volvi a casa.
Tardaron 35 a os en encontrar su cuerpo. 37 a os en condenar a su asesino. Pero la familia Matthews nunca dej de pelear. Y Greeley, Colorado, nunca olvid a la nena que desapareci cinco d as antes de Navidad. Jonelle Matthews ten a doce a os. Le encantaba cantar. Le encantaba la Navidad. Amaba a su familia. Y se merec a much simo m s tiempo del que le dieron. Ahora quiero saber qu piensan ustedes.
Despu s de todo lo que escucharon, creen que el jurado tom la decisi n correcta condenando a Panky sin evidencia de ADN? Creen que la confesi n a Kalas en la celda fue genuina, o simplemente Panky hablando de m s? Y la pregunta que a m m s me persigue: si Panky simplemente se hubiera callado durante 37 a os, alguna vez lo habr an atrapado? D jenlo en los comentarios. Los leo todos.
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