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LA TRAICIÓN MÁS IMPERDONABLE, Lo Que Los HIJOS de Verónica Castro Hicieron Con el Dinero Que MÉXICO

 A los 20 había conseguido entrar al mundo de la televisión por la puerta pequeña,  la de los papeles secundarios, la de los personajes, que aparecen 3 minutos y desaparecen. Pero eso no duró mucho, porque Verónica Castro tiene algo que muy pocas  personas en la historia de la televisión latinoamericana han tenido.

 Presencia, una presencia que la cámara captura de una manera particular  que hace que cuando ella está en pantalla sea imposible mirar otra cosa. Eso se construye, pero también  se nace con ello y ella lo tenía. Su gran salto llegó en los años 70  cuando empezó a consolidarse como actriz de telenovelas.

 Pero lo que convirtió a Verónica Castro en el fenómeno, que es lo que la catapultó  a un nivel de fama que en México pocas figuras han alcanzado, fue una telenovela que cambió la  historia de la televisión en español. Los ricos también lloran. 1979.  El nombre solo ya dice algo. Esa telenovela fue un terremoto  cultural. Se vendió a más de 90 países.

Se emitió en la Unión Soviética, en China, en toda Europa, en América Latina entera. La historia de Mariana y Luis Alberto llegó a hogares donde nadie había escuchado jamás el español, donde la gente aprendía las canciones sin entender una sola palabra. Y en el centro de todo eso estaba Verónica Castro.

 ¿Cuánto dinero generó ese fenómeno? La respuesta exacta es difícil de calcular. Porque los contratos  televisivos de aquella época no eran transparentes, pero se habla de cifras que en pesos de hoy representarían fortunas. Lo que sí es claro es que Verónica  se convirtió en uno de los activos más valiosos de la televisión mexicana  y que durante las décadas siguientes su nombre fue sinónimo de rating,  de audiencia, de éxito comercial garantizado.

Pero aquí  está algo que poca gente sabe sobre esos años de mayor éxito.  Verónica Castro, con toda su inteligencia y con toda su capacidad para leer a la gente, cometió un error que cometen muchas personas. que llegan  a la fama jóvenes y que no tuvieron a nadie que las formara en la gestión de ese éxito.

 Confió, confió demasiado y confió en personas que no siempre merecieron esa confianza. ¿En quién confío? Esa es  la pregunta que abre el primer capítulo oscuro de esta historia. Verónica tuvo dos hijos. Cristian Castro, nacido en 1974,  hijo de Manuel Castro y Mijail Gallardo, nacido en 1992, fruto de su relación con el empresario  Enrique Go.

 Dos hijos con casi 20 años de diferencia, dos realidades completamente  distintas dentro de la misma familia. Cristian Castro es probablemente el hijo más conocido, no solo por ser el mayor, sino porque desarrolló su propia carrera  artística, que en muchos momentos alcanzó un nivel de fama comparable al de su madre.

 cantante, actor,  galán de las revistas del corazón durante décadas. Cristian vivió su vida pública con una intensidad que en más de una ocasión lo metió en  problemas serios y algunos de esos problemas tuvieron consecuencias económicas  que afectaron directamente a Verónica. ¿Cómo? Eso es lo que vamos a explorar.

 Pero primero hay que entender algo  fundamental sobre la dinámica entre Verónica y sus hijos, porque sin  entender esa dinámica lo que viene, después no tiene sentido completo. Verónica  Castro fue madre muy joven, casi niña todavía en términos de formación emocional y  profesional.

 Cuando nació Cristian y como muchas madres que trabajan en industrias  de alta exigencia, cargó durante años con la culpa de no haber podido estar presente de la manera  que habría querido. Esa culpa que Verónica ha mencionado en varias entrevistas a lo  largo de los años, aunque siempre con cuidado de no profundizar demasiado, moldeó de forma importante la relación entre ella y sus hijos.

 Una madre  que siente esa culpa tiende a compensar de otras formas y una de las formas más comunes de compensar la ausencia es con generosidad económica,  con decir que sí cuando debería decir que no, con abrir la cuenta cuando la decisión más sana sería cerrarla. Verónica era así con sus hijos, generosa hasta un punto que personas cercanas a ella describieron en distintos momentos como excesivo, aunque siempre entre susurros, porque hablar de los límites económicos de Verónica Castro era meterse en un terreno que muy

pocos se atrevían a pisar abiertamente. Lo que ocurrió después  cambió todo porque Cristian Castro durante varios periodos de su vida adulta atravesó situaciones económicas  complicadas, matrimonios que terminaron en divorcios costosos, proyectos  que no funcionaron como esperaba, decisiones financieras que desde fuera parecían incomprensibles para alguien que había ganado tanto  dinero con su música.

 ¿Cuánto dinero llegó a ganar Cristian Castro en el pico de su carrera? Las estimaciones hablan  de cifras considerables respaldadas por giras internacionales, discos que se vendieron en toda América Latina  y contratos con sellos discográficos importantes. Era una figura con nombre propio, con una base de fans sólida que llenaba estadios  y que hacía que los productores se pelearan por él.

 Pero el dinero llegó y  el dinero se fue. Y cuando el dinero se fue, Cristian recurrió a donde siempre había funcionado recurrir, a su madre. Aquí hay un  detalle que casi nadie conoce sobre esta dinámica y que cambia por completo la forma de leer lo que ocurrió después. Verónica Castro no solo ayudó a Cristian económicamente de manera  directa, hubo momentos en los que la gestión de ciertos activos, de ciertas cuentas, de ciertas propiedades  vinculadas a su patrimonio pasó por manos que no eran las suyas, 

intermediarios, personas que manejaban dinero de la familia bajo distintas denominaciones, representantes,  asesores, familiares en roles ejecutivos. El sistema de confianza que Verónica había construido alrededor de su patrimonio era complejo y desde  fuera difícil de auditar. Y esa complejidad que en su momento pudo parecer una forma eficiente de gestionar una carrera extensa con múltiples fuentes  de ingresos, se convirtió con el tiempo en una vulnerabilidad. ¿Por qué? Porque cuando

hay muchas personas con acceso a los recursos de alguien que confía demasiado fácilmente, el control se diluye. Y cuando el control se diluye, las decisiones que se toman con ese dinero no siempre son las que el dueño habría tomado si las hubiera conocido a tiempo. Y aquí  aparece el verdadero problema, porque empezaron a circular  dentro de los círculos más cercanos a Verónica historias sobre movimientos  de dinero que ella no había autorizado explícitamente sobre decisiones tomadas en su nombre que en algunos casos la

beneficiaron, pero en otros la dejaron en posiciones más vulnerables de lo que su nivel de éxito hubiera justificado. Ninguna de estas historias llegó nunca a un tribunal. Ninguna se tradujo en una denuncia formal que pusiera nombres y cantidades sobre la mesa de un juez. Y esa falta de proceso legal formal es precisamente lo que hace que esta historia sea tan frustrante de  contar.

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