El niño lo golpeó durante dos rounds. Antonio absorbió todo sin retroceder, sin cubrirse. Y en el tercer round, según testigos, Antonio explotó. Le pegó 20 golpes seguidos a la cabeza. El niño cayó, se levantó, Antonio lo volvió a tirar, se levantó otra vez, Antonio lo tiró una tercera vez. Y cuando el refere detuvo la pelea, según versiones de personas presentes, Antonio seguía caminando hacia el niño queriendo pegarle más.
El referee tuvo que empujarlo. Se acabó. Ganaste. Antonio lo miró. Todavía se mueve. Las mismas palabras que diría años después en la pelea contra Coto. Porque Antonio Margarito no boxeaba, torturaba y eso lo iba a llevar a la cima y también a la destrucción. Entre los 13 y los 17 años, Antonio peleó 43 veces como Amateur. Según registros oficiales, ganó 38, 32 por knockout.
Y en cada pelea, según entrenadores que lo vieron, hacía lo mismo. Absorbía golpes los primeros rounds y luego destruía a su oponente. No era técnico, no era rápido, no era elegante, pero era implacable, incansable, inhumano. Y los promotores empezaron a notarlo. El debut profesional 1994 20 de marzo de 1994. Antonio tiene 16 años.
Debuta como profesional en Tijuana, en el auditorio municipal contra un peleador local, José Valenzuela. Récord: tres victorias, cinco derrotas, un peleador de relleno, un sparring, alguien para que Antonio se luciera. Pero Antonio no se lució. Antonio lo destruyó. Primer round. Valenzuela intenta boxear. Jab. Movimiento. Antonio camina hacia él.
Absorbe todo. No se cubre. Segundo round. Antonio empieza a conectar. Ganchos al cuerpo, rectos a la cara. Valenzuela sangra de la nariz. Tercer round. Antonio lo acorrala. 20 golpes seguidos. Valenzuela cae, se levanta. Antonio lo vuelve a tirar. El referie detiene la pelea. Knockout técnico y Antonio, según testigos, sigue caminando hacia Valenzuela en el piso, queriendo pegarle más.
Su esquinero tiene que jalarlo. Ya ganaste. Se acabó. Antonio lo mira sin emoción, sin celebración, como si hubiera estado haciendo su trabajo. Y los promotores en las gradas se miraron entre sí porque acababan de ver algo especial, no un boxeador, un asesino. Y durante los siguientes 10 años, Antonio Margarito se convirtió exactamente en eso, en el peleador más temido del boxeo, el que nadie quería enfrentar, el que destruía carreras, el torturador, la gloria, el ascenso.
1994 a 2002. Desde 1994 hasta 2002, Antonio Margarito peleó 35 veces, ganó 33. 28 por knockout. Y en cada pelea, según analistas de boxeo, hacía lo mismo. Primer estrategia, presión constante. Caminar hacia adelante, nunca retroceder. Absorber golpes sin cubrirse. Segunda estrategia, castigo al cuerpo, ganchos al hígado, upercuts a las costillas, golpes que rompían la voluntad del rival.
Tercera estrategia, destrucción total. Cuando el rival empezaba a cansarse, Antonio explotaba combinaciones infinitas, sin piedad, hasta que el refer detenía la pelea. Y los rivales no solo perdían, salían destruidos. Según reportes médicos de varios de sus oponentes, costillas rotas, mandíbulas fracturadas, hemorragias internas.
Antonio Margarito no ganaba peleas, las terminaba, pero había algo más, algo que la gente empezaba a notar. Los golpes de Margarito dolían diferente. Septiembre de 1998, Antonio contra Sergio Martínez, no el campeón mundial argentino. Otro Sergio Martínez, un peleador mexicano de Sinaloa. Tercer round. Antonio conecta un gancho de derecha a la mandíbula.
Martínez cae inconsciente antes de tocar la lona. Lo llevan al hospital. Según reportes médicos, mandíbula fracturada en dos lugares con moción cerebral severa. Tres días en observación. Los médicos, según versiones de prensa de la época, dijeron algo extraño. La fractura es inconsistente con un golpe de guante normal. La fuerza necesaria para causar este tipo de daño sugiere un objeto más duro.
Pero nadie investigó porque en el boxeo mexicano de los 90 nadie investigaba nada y Margarito siguió peleando, siguió ganando, siguió destruyendo. En 2001, Antonio conoció a Javier Capetillo, un entrenador de Mexicali, ex boxeador conocido por ser creativo con las vendas. Según rumores del medio boxístico mexicano, Capetillo había trabajado con varios peleadores que misteriosamente pegaban más fuerte de lo normal.
Y cuando Capetillo empezó a entrenar a Margarito, según analistas que revisaron sus peleas, algo cambió. Los knockouts aumentaron, los rivales caían más rápido, las fracturas eran más severas, pero nadie decía nada porque Margarito estaba ganando y en el boxeo cuando ganas nadie hace preguntas. Febrero de 2002. Antonio contra Antonio Díaz.
No confundir con otros peleadores del mismo nombre. Este era un prospecto Paco de Tijuana. Invicto en 12 peleas. Segundo round. Margarito conecta un gancho de izquierda al hígado. Díaz cae, grita, se retuerce en el piso. Sale en camilla. Hospital General de Tijuana. Según reportes médicos, tres costillas rotas del lado izquierdo.
Hígado con hemorragia interna. Dos semanas hospitalizado. Los médicos, según declaraciones a la prensa, dijeron, “En 30 años trabajando en este hospital, nunca había visto tres costillas rotas por un solo golpe al cuerpo. Es físicamente extraordinario.” Y Antonio en la conferencia de prensa post pelea, según transcripciones, dijo, “Pego fuerte. Siempre he pegado fuerte.
Es mi estilo. Pero la pregunta quedaba en el aire. ¿Cómo un peleador pega tan fuerte que rompe tres costillas con un solo golpe? La respuesta llegaría 7 años después, en un vestuario de Los Ángeles, cuando descubrieron lo que Antonio y su entrenador escondían bajo las vendas. Campeón del mundo.
2002 3 de agosto de 2002. Antonio Margarito pelea por el título mundial welter de la OMB contra Antonio Díaz. Sí, otro Antonio Díaz, este de España. Campeón defensor Casino Morongo en California. 10,000 personas transmisión por HBO y Antonio Margarito, con 24 años dio una lección de violencia. Round 1, presión constante. Díaz intenta boxear.
Antonio camina hacia él, absorbe Jabs, no retrocede. Round dos. Antonio empieza a conectar al cuerpo. Ganchos al hígado. Díaz se dobla. Round 3. Antonio aumenta la intensidad. Combinaciones a la cabeza. Díaz sangra de la nariz. Round 4. Díaz está roto. Camina hacia atrás. Antonio lo persigue. Round 5. Antonio conecta un gancho de izquierda.
Díaz cae, se levanta, Antonio lo vuelve a tirar. Tres knockdowns en un round, pelea detenida, knockout técnico, Antonio Margarito, campeón mundial del peso welter de la OMB. Y lo primero que hizo, según testigos en el ring, fue caminar hacia la esquina de Díaz, mirar al peleador caído y decir algo que nadie escuchó. Años después, según versiones de personas cercanas a días, el español reveló lo que Margarito le dijo.
Te pude haber matado. Vestuario del casino Morongo. Dos horas después de la pelea. Antonio sentado en una silla. Javier Capetillo quitándole las vendas de las manos. Despacio, con cuidado. Un inspector de la comisión atlética está presente. Protocolo normal, revisión post pelea. Capetillo quita las vendas capa por capa.
El inspector las revisa superficialmente. Todo parece normal. Vendas blancas, tape. Nada inusual. El inspector firma el reporte. Todo en orden y se va. Y Capetillo, según versiones de personas que estaban ahí, mira a Antonio y sonríe porque nadie revisó lo que había debajo, nadie vio el material, nadie sospechó nada todavía.
Defensa del título 2003 a 2007. Durante 5 años, Antonio Margarito defendió su título siete veces y en cada defensa, según analistas de boxeo, los rivales terminaban peor que el anterior. Mayo de 2003, contra Dani Pérez. Knockout en tercer round. Pérez hospitalizado con conmoción cerebral. Septiembre de 2003.
Contra Frankie Randal. Knockout en tercer round. Randal con fractura de mandíbula. Marzo de 2004, contra Hércules Kibelos, knockout en segundo round. Kibelos con tres costillas rotas y así seguía, pelea tras pelea, knockout tras knockout, hospitalización tras hospitalización. Los comentaristas lo llamaban máquina de guerra.
Los promotores lo llamaban el mexicano más peligroso del boxeo, pero los rivales, según entrevistas posteriores, decían algo diferente. Dani Pérez, en una entrevista de 2010 dijo, “Cuando me pegaba sentía como si me pegaran con una piedra. No era normal. Los golpes no se sentían como golpes de guante. Franky Randall en 2011. Algo estaba mal.
Yo peleé contra de la Ollya, contra Trinidad, contra Chávez y ninguno pegaba como Margarito. Era diferente. Hércules Kívelos, en 2012. Me rompió tres costillas con un gancho al cuerpo. Tres. ¿Cómo es eso posible? Los doctores me dijeron que la fuerza necesaria era equivalente a un bate de béisbol, pero nadie investigaba.
Porque Margarito estaba limpio en las revisiones prepelea. Las vendas pasaban inspección, los guantes eran normales, todo parecía legal hasta que perdió el título. Y ahí fue cuando todo empezó a cambiar. Noviembre de 2007. Antonio Margarito contra Paul Williams, campeón welter interino del WBO, Borwalk Hall, Atlantic City, HBO Pay-perview.
Y por primera vez en su carrera, según analistas, Margarito enfrentó a alguien de su tamaño. Paul Williams medía 1,91. Antonio medía 1,78, 13 cm de diferencia, alcance mucho mayor y esa diferencia fue decisiva. Williams boxeó toda la pelea. Javo, alejándose de la presión de Margarito. Antonio no podía alcanzarlo.
Por primera vez en su carrera la presión no funcionaba, el castigo al cuerpo no funcionaba. Y en el round 12, Williams conectó una combinación. Margarito cayó, se levantó, pero estaba roto. Decisión unánime. Paul Williams, nuevo campeón. Y Antonio Margarito, según personas cercanas, estaba furioso. No por perder, por cómo perdió.
Williams lo venció boxeando con técnica, con velocidad, sin trampa y Margarito, de acuerdo conversiones internas, le dijo a Capetillo, “Eso no vuelve a pasar nunca.” Y lo que vino después fue la pelea más brutal, más violenta, más controvertida de la historia del boxeo mexicano. La pelea que destruyó a Miguel Coto y que reveló el secreto de Antonio Margarito. 26 de julio de 2008.
MGM Grand, Las Vegas, Antonio Margarito contra Miguel Coto. Peso Welter, HBO, pay-perview. Coto llegaba como campeón. Invicto en peso welter. 32 victorias, 26 knockouts, el mejor peleador puertorriqueño desde Tito Trinidad. Y según analistas de boxeo, Coto era favorito, más rápido, más técnico, mejor boxeador.
Pero Margarito, según versiones de su esquina, llegó diferente, más confiado, más peligroso. Y lo que pasó esa noche fue una masacre. Round un, coto boxea Javo, conecta combinaciones limpias. Gana el round claramente. Round dos. Margarito empieza a presionar, camina hacia adelante, absorbe golpes, no retrocede. Round tres. Margarito conecta al cuerpo.
Coto se dobla. Primer signo de problemas. Round 4. Margarito aumenta la presión. Golpes a la cabeza. Coto sangra del párpado izquierdo. Round 5. La sangre aumenta. El párpado de Coto está abierto. Antonio lo ve y según personas en el ringside sonríe. Round 6. Margarito se enfoca en el ojo. Jab tras Jav.
Directo al párpado abierto. Coto sangra más. Round siete. El rostro de Coto es una máscara de sangre. El doctor revisa el corte. Dice que puede continuar. Error fatal. Round 8o. Margarito destroza a Coto. Combinaciones infinitas. Todas al rostro, todas al ojo. Koto apenas puede ver. Round nu. Koto está roto. Camina como zombie. Absorbe golpes.
No responde. Su esquinero debería detener la pelea. No lo hace. Round 10. La sangre de Cotto cae como cascada sobre la lona. El refer la limpia tres veces. Coto sigue peleando como un guerrero, como un tonto. Round 11. Coto finalmente cae. Margarito lo ha destruido completamente. El referiene la pelea. Knockout técnico.

Antonio Margarito gana por demolición. Pero lo que pasó después de esa pelea fue más importante que la pelea misma, porque Coto fue directo al hospital y los médicos encontraron algo. Según reportes médicos del University Medical Center de Las Vegas, fractura de pómulo izquierdo, fractura de cuenca ocular izquierda, desprendimiento parcial de retina, córnea dañada y los médicos, según declaraciones posteriores, dijeron algo que llamó la atención.
Las fracturas son inconsistentes con golpes de guante normal. La fuerza aplicada sugiere un objeto significativamente más duro, pero nadie investigó todavía. I Koto, según personas cercanas, nunca volvió a ser el mismo peleador. El ojo izquierdo nunca sanó completamente. La visión periférica quedó dañada.
El miedo a que le pegaran en ese ojo lo perseguiría el resto de su carrera. Antonio Margarito le había arrancado el alma. Esta es la segunda revelación que te prometí, lo que realmente pasó en ese ring. Años después, en 2015, un grupo de médicos forenses revisó el video de la pelea Frame por Frame. Publicaron un estudio en el Journal of Combat Sports Medicine.
Sus conclusiones según el estudio. Los golpes de margarito causaron fracturas óseas que normalmente requieren fuerzas de impacto superiores a las que un puño humano cubierto por guante de boxeo estándar puede generar. Las fracturas observadas en el rostro de Coto son consistentes con impactos de objetos rígidos. Traducción.
Margarito no peleó con guantes normales y se meses después de destruir a Koto, el mundo lo descubriría oficialmente. Esta es la primera revelación que te prometí. Las vendas. 24 de enero de 2009. Staple Center, Los Ángeles. Antonio Margarito contra Shane Mosley. Peso Welter, una pelea enorme. Ppv, HBO, millones de dólares en juego.
Y en el vestuario, dos horas antes de la pelea, pasó algo que cambió todo. Protocolo normal. Los inspectores de la Comisión Atlética de California revisan las vendas antes de que los peleadores se las pongan. Pero ese día, según reportes oficiales, había algo diferente. Naim Nelson, inspector asignado al vestuario de Margarito, notó algo extraño. Las vendas ya estaban puestas.
Javier Capetillo ya había vendado las manos de Margarito. “Tengo que revisar las vendas antes de que se pongan”, dijo Nelson según su testimonio oficial. Ya están puestas”, respondió Capetillo según el mismo testimonio. Entonces hay que quitarlas. Y ahí fue cuando todo explotó. Capetillo, según versiones de personas presentes, se negó.
No las voy a quitar, ya están perfectas. Nelson llamó a Din Lois, director ejecutivo de la Comisión Atlética. Lo juiz llegó al vestuario y ordenó, “Quítense las vendas.” Ahora Capetillo empieza a quitar las vendas de la mano derecha de Margarito. Despacio, con cuidado extremo. Los inspectores miran. Hay algo raro en las vendas. Están más gruesas de lo normal, más rígidas.
Capetillo quita la última capa y aparece una almohadilla blanca, dura, insertada entre los nudillos y la venda. Nelson la toca. No es gasa, no es algodón, es sólida. ¿Qué es esto?, pregunta. Es para proteger los nudillos, responde Capetillo. Esto no es legal. Nelson toma la almohadilla, la parte en dos y por dentro hay un polvo blanco, húmedo, pegajoso, la huele, no tiene olor distintivo, la toca, está fría como si acabara de secarse y entonces lo entiende.
Yeseso, yeso de París, mezclado con agua, aplicado húmedo sobre una almohadilla y dejado endurecer dentro de las vendas. Cuando se seca se convierte en roca, en cemento, en un puño de piedra. Esto es ilegal, dice Nelson. La pelea no se hace, pero Bobarum, el promotor, interviene. Según versiones de personas presentes, pueden poner nuevas vendas, vendas legales.
La pelea se hace. Y así fue. Quitaron las vendas ilegales, pusieron vendas nuevas bajo supervisión estricta y la pelea se realizó. Pero el daño estaba hecho porque las vendas fueron fotografiadas, catalogadas como evidencia y enviadas a un laboratorio. Los resultados del laboratorio, según el reporte oficial de la Comisión Atlética de California.
Material: Sulfato de calcio emihidratado, comúnmente conocido como yeso de París. Consistencia sólida cuando seca, uso en vendas de boxeo. Ilegal según todas las regulaciones del boxeo profesional a nivel mundial. La Comisión Atlética de California suspendió a Antonio Margarito por un año.
Revocó su licencia para pelear en el estado y revocó la licencia de Javier Capetillo de por vida. Pero la pregunta que todos se hacían era, ¿cuántas veces lo había hecho antes? La pelea contra Shane Mosley. La venganza 48 a 52 minutos con vendas limpias, supervisadas, legales. Antonio Margarito peleó contra Shane Mosley esa noche y fue destruido.
Round un Mosley sale como toro. Golpes limpios, rápidos, precisos. Margarito retrocede. Round dos. Mosley conecta un gancho de izquierda. Margarito cae. Primera vez en su carrera que cae en primer round. Round 3. Margarito intenta recuperarse, presiona, pero sus golpes no tienen el mismo efecto. Mosley los absorbe.
Responde con combinaciones. Round 4. Mosley domina completamente. Margarito sangra de la nariz. Round 5. Mosley conecta una combinación. Derecha, izquierda. Derecha, Margarito cae contra las cuerdas. Round 6, Margarito está roto. Camina como zombie. Mosley lo castiga. Round 7. El entrenador de Margarito, Robert García.
Capetillo, ya no podía estar en la esquina. Deteiene la pelea. Knockout técnico. Shane Mosley gana por rendición de esquina y el mundo vio algo que nunca había visto. Antonio Margarito, sin su arma secreta, era un peleador común, vulnerable, humano, micro o gancho. Pero la historia no terminó ahí porque Margarito apeló la suspensión, contrató a abogados y dijo algo que nadie esperaba.
En conferencia de prensa, según transcripciones del 28 de enero de 2009, Margarito dijo, “Yo no sabía lo que mi entrenador ponía en las vendas. Confío en mi equipo. Soy boxeador, no doctor. No sé de yeso ni de nada de eso.” Y Javier Capetillo, en su declaración oficial, según documentos de la comisión dijo, “Fue mi error.
Yo preparé las vendas. Antonio no sabía nada. Quería proteger sus manos. Usé el material equivocado. No fue intencional. Mentiras. Según todos los analistas, según todos los boxeadores que vieron la evidencia, según el sentido común. Porque nadie pone vendas en sus manos sin sentir que hay algo duro ahí. Nadie pelea 11 rounds sin darse cuenta que sus puños se sienten diferentes, pero legalmente no podían probarlo.
No había grabaciones de Margarito admitiendo que sabía. No había testigos directos y después de un año de suspensión, la Comisión Atlética de California le devolvió la licencia con condiciones. Inspección extrema de vendas antes de cada pelea. Supervisión directa en el vestuario, cámaras de video durante el vendaje y Margarito aceptó porque quería volver a pelear, pero sobre todo, según personas cercanas, quería redimirse, demostrar que podía ganar limpio, microgancho.
y entonces firmó la pelea más estúpida de su carrera contra el único peleador en el mundo que lo odiaba más que Shane Mosley. Esta es la tercera revelación que te prometí. El castigo. 13 de noviembre de 2010. Cowboys Stadium, Arlington, Texas. Antonio Margarito contra Manny Pacquiao. Peso Super Welter.
Paquiao era el peleador libra por libra número uno del mundo, campeón en ocho divisiones diferentes, el Pacman, el orgullo de Filipinas y odiaba a Margarito, porque Paquiao y Miguel Coto eran amigos cercanos. entrenaban juntos. Según versiones de ambos equipos, cuando Coto salió del hospital después de la pelea contra Margarito, llamó a Paquiao.
“Si algún día peleas contra él”, le dijo Coto, según versiones no confirmadas. “No tengas piedad.” Y Pacquiao no la tuvo. La pelea fue en el Cowboys Stadium. 50,000 personas en vivo, 150 países transmitiendo y desde el primer segundo, según analistas de boxeo, Pacquiao peleó con una intensidad que nunca había mostrado.
No estaba ahí para ganar puntos, estaba ahí para vengar a su amigo. Round uno. Pacquiao sale como ráfaga. Combinaciones de seis, siete golpes. Margarito apenas puede cubrirse. Gana el round por demolición. Round dos. Paquiao enfoca el rostro. Jabs rápidos. Directos a los ojos. Margarito empieza a hincharse. Round 3.
El ojo derecho de Margarito comienza a cerrarse. Pacquiao lo ve y según personas en el ringside aumenta la velocidad. Round cuatro. Margarito intenta presionar. caminar hacia adelante, pero Paquiao es demasiado rápido. Lo esquiva, lo contragolpea, lo castiga. Round 5. El ojo derecho de Margarito está completamente cerrado.
No puede ver nada del lado derecho. Paquiao lo sabe y empieza a golpear desde ese lado. Round 6. Margarito sangra de la ceja derecha. El doctor sube al ring, revisa el ojo, dice que puede continuar. Round 7. El rostro de Margarito es una masa hinchada. El ojo derecho es una pelota de carne. Parece un monstruo. Pacquiao sigue pegando. Round 8.
Joe Cortés, el referee, mira a la esquina de Margarito. Robert García, el entrenador, niega con la cabeza. No voy a detenerla. Él quiere seguir. Round nu. Pacquiao conecta un ercut. El ojo de Margarito explota, sangre y líquido salen del párpado. Los comentaristas de HBE o gritan, “¡Detengan la pelea, detengan la pelea, pero no la detienen.” Round 10.
Margarito está ciego del ojo derecho. Literalmente no puede ver nada. Paquiao lo golpea a placer como si estuviera pegándole a un saco. Round 11. El rostro de Margarito es irreconocible. Parece que lo atropelló un camión. Pacquiao sigue pegando sin piedad, sin compasión. Round 12, último round.
Paquiao conecta todo lo que tira. Margarito absorbe todo. No cae, no se rinde. Sigue adelante. Campana final. Decisión unánime. Manny Pacquiao gana todos los rounds en todas las tarjetas. 120 a 108. 120 a 108. 119 a 109. Una paliza histórica, pero lo que vino después fue peor que la pelea misma. Margarito fue directo al hospital Parkland Memorial Hospital de Dallas.
Los médicos lo revisaron e inmediatamente lo trasladaron a cirugía de emergencia. Según reportes médicos posteriores, cuenca orbital derecha fracturada en siete pedazos. Huesos del pómulo desplazados, músculo ocular dañado, retina parcialmente desprendida, nervio óptico con trauma severo y lo peor, el ojo derecho nunca volvería a funcionar normalmente.

La operación duró 4 horas. Insertaron placas de titanio para reconstruir la cuenca. Repararon el músculo, intentaron salvar la retina, pero el daño era permanente. Antonio Margarito quedó con visión reducida del ojo derecho. Según oftalmólogos que lo trataron, perdió aproximadamente el 70% de la visión periférica.
El ojo no se movía correctamente. La profundidad de campo estaba destruida. Nunca volvería a ver igual. Y los médicos, según declaraciones posteriores, le dijeron algo claro. Si vuelves a pelear, puedes perder el ojo completamente o algo peor. Contraste devastador. Julio de Mit de 2008. Antonio Margarito destruye el ojo de Miguel Coto.
Lo deja con daño permanente, con visión reducida, con trauma psicológico. Noviembre de 2010. Manny Paquiao destruye el ojo de Antonio Margarito. Lo deja con daño permanente, con visión reducida. Ciego de un lado, dos años, dos ojos, dos vidas arruinadas. La ley del talón en forma de guantes de boxeo.
Lo que Antonio le hizo a Coto, Paquiao se lo hizo a él. Pero Antonio Margarito no aprendió porque un año después, contra todas las recomendaciones médicas, contra el consejo de su familia, volvió a pelear ciego de un ojo, absorbiendo golpes que no podía ver, destruyéndose a sí mismo frente al mundo. 3 de diciembre de 2011, Madison Square Garden, Nueva York.
Antonio Margarito contra Miguel Coto. La revancha. 3 años después de la primera pelea, 3 años después de la masacre. Y esta vez, según todos los pronósticos, Margarito iba a perder porque estaba ciego del ojo derecho, porque su rostro nunca se recuperó completamente de la pelea contra Paquiao, porque Koto quería venganza y la venganza fue brutal.
Koto lo destruyó durante 10 rounds, golpes al rostro, combinaciones al cuerpo, castigo sistemático y Margarito, según personas en el Ringside, nunca dejó de caminar hacia adelante. Ciego, sangrando, roto, pero sin rendirse. Round nu. El ojo derecho de Margarito vuelve a abrirse. La misma cuenca que Paquiao le rompió. sangra profusamente.
El doctor sube al ring, revisa el ojo y le dice al referee, “No puede continuar. El corte es demasiado profundo. Si sigue peleando, puede perder el ojo.” Round 10. Steve Smogger, el referee, detiene la pelea. Knockout técnico. Miguel Coto gana por detención médica y Antonio Margarito, según versiones de su esquina, intentó seguir peleando.
Empujó al referíe. Gritó que quería continuar, pero la pelea terminó y también su carrera. Porque después de esa pelea, según declaraciones de su esposa Michelle Margarito, en entrevistas posteriores, ella le dio un ultimátum. Le dije, “Si vuelves a subir a un ring, me voy. Me llevo a los niños y no vuelves a vernos.
Ya es suficiente, te estás matando y yo no voy a quedarme a ver cómo te matas.” Y Antonio, según la misma entrevista, la miró con un ojo hinchado, con el otro ciego, con el rostro desfigurado y dijo, “Está bien, se acabó.” Pero no se acabó porque dos años después volvió a pelear una última vez, 5 de mayo de 2013, Arena Ciudad de México.
Antonio Margarito contra Saúl Canelo Álvarez. Margarito tenía 35 años. Ciego de un ojo, fuera de forma, sin haber entrenado seriamente. Caneglo tenía 22 años, futuro campeón mundial, rápido, fuerte, hambriento. Y lo que pasó esa noche fue triste. Canelo lo destruyó durante 11 rounds. Golpes que Margarito no veía venir, combinaciones que no podía esquivar, castigo que no podía soportar.
Y Margarito, según testigos, nunca dejó de caminar hacia adelante. Ciego, sangrando, humillado, pero sin rendirse. Round 11. El esquinero de Margarito, Robert García, tiró la toalla. La pelea terminó y Antonio Margarito se retiró oficialmente del boxeo. Récord final, 41 victorias, ocho derrotas, 27 knockout. Pero más importante, un ojo destruido, una reputación arruinada, un legado manchado para siempre.
Esta es la cuarta revelación que te prometí. ¿Dónde está Antonio Margarito hoy? Enero de 2026, Tijuana, Baja California. Antonio Margarito tiene 47 años. Vive en la misma ciudad donde nació, en una casa pequeña en la colonia Libertad, la misma colonia pobre donde creció. Está casado con Michelle. Tienen tres hijos, dos niñas y un niño.
Y según personas cercanas a la familia, Antonio trabaja. Tiene un gimnasio de boxeo. Gimnasio Tornado, en la avenida Revolución. Entrena a niños de barrios pobres. Les enseña a boxear. gratis si no tienen dinero. Y según algunos de los niños que entrenan ahí en entrevistas a medios locales, Antonio es un buen entrenador, paciente, respetuoso, humilde, muy diferente al peleador que fue.
Físicamente, según quienes lo han visto recientemente, Antonio ya no es el mismo. El ojo derecho está visiblemente dañado. Se mueve de forma extraña. La cuenca orbital está hundida. Usa lentes oscuros la mayor parte del tiempo. Su rostro tiene cicatrices del pómulo, de las cejas, de la nariz rota múltiples veces.
Y según su esposa, en una entrevista de 2022, Antonio tiene dolores crónicos. Le duele la cabeza todos los días. Se despierta con migrañas. Los doctores dicen que es por los golpes, por los años de absorber castigo. Su cerebro está dañado. Encefalopatía traumática crónica. CTE, la enfermedad de los boxeadores, la misma que mató a Mohamed Ali, a Jerry Quarry, a tantos otros.
Y Antonio, según médicos que lo han tratado, la tiene, pero no habla de ello. No se queja. Sigue entrenando niños. Sigue viviendo. Miguel Coto, el hombre cuyo ojo destruyó en 2008, está retirado. Vive en Puerto Rico. Tiene 45 años. Es promotor de boxeo. Entrena jóvenes prospectos y según entrevistas recientes, Coto nunca perdonó a Margarito.
“No tengo nada que hablar con él”, dijo en 2023. peleó con trampa, me hizo daño permanente, nunca se disculpó realmente, así que no tengo nada que decirle. El ojo izquierdo de Coto nunca se recuperó completamente. Tiene visión reducida, problemas de percepción de profundidad y según oftalmólogos ese daño es irreversible.
Javier Capetillo, el entrenador que preparó las vendas ilegales, tiene 62 años. Vive en Mexicali. Su licencia fue revocada de por vida en California, pero en México, según investigaciones periodísticas, sigue entrenando peleadores en gimnasios pequeños, en peleas locales, sin reconocimiento oficial. Y según boxeadores que han trabajado con él, Capetillo nunca admitió que lo que hizo estaba mal.
Todos hacen trampa en el boxeo”, dijo en una entrevista no autorizada de 2019. “Yo solo hice lo que me pidieron que hiciera.” Nunca dijo quién se lo pidió. Nunca reveló si fue idea suya o de Margarito. Manny Pacquiao, el hombre que destruyó el ojo de Margarito, está retirado del boxeo. Tiene 47 años. Es senador en Filipinas.
Hombre de negocios. Leyenda del deporte. Y según entrevistas recientes, Paquiao no siente remordimiento por lo que le hizo a Margarito. Él destruyó a mi amigo Miguel con trampa. Dijo en 2024. Yo lo destruí a él limpiamente. Esa es la diferencia. Shane Mosley, el hombre que descubrió las vendas ilegales, está retirado. Tiene 54 años. Vive en California.
da clases de boxeo y según declaraciones suyas, esa noche en el vestuario del Staple Center cambió su vida. Si no hubiéramos revisado las vendas, dijo en 2020, me habría noqueado, me habría roto el rostro como acoto. Gracias a Dios que mi equipo fue cuidadoso. La historia de Antonio Margarito es la historia del boxeo en su forma más cruda.
Un deporte donde ganar lo es todo, donde la trampa es endémica, donde el daño permanente es el precio de la gloria. Y Margarito no fue el único tramposo. Según investigaciones posteriores al escándalo de las vendas, varios peleadores de esa época fueron acusados de hacer lo mismo. Pero Margarito fue el único al que atraparon en el acto.
El único cuyas vendas fueron fotografiadas, catalogadas, analizadas y por eso su nombre quedó marcado para siempre. sabía lo que Capetillo ponía en sus vendas. Según toda la evidencia circunstancial, sí peleó con yeso en las manos contra Miguel Coto. Según los médicos forenses que analizaron las fracturas, probablemente sí.
destruyó carreras, sin duda. Pagó por sus crímenes de la forma más brutal posible, porque Manny Pacquiao le hizo exactamente lo que él le hizo a Koto. Le arrancó el ojo, le causó daño permanente, lo dejó ciego de un lado y luego Margarito, en lugar de retirarse, siguió peleando. Diego absorbiendo golpes que no veía, destruyéndose frente al mundo.
¿Por qué? Según psicólogos deportivos que han analizado su caso, porque Margarito necesitaba el castigo, necesitaba pagar, necesitaba sufrir, necesitaba que el mundo viera su destrucción, era su forma de redención, no a través del perdón, sino a través del dolor. Durante toda su carrera, según personas cercanas, Antonio Margarito repetía una frase: cuando entrenaba, cuando peleaba.
cuando le preguntaban por qué absorbía tantos golpes sin cubrirse. “Mientras más me pegues, más fuerte me vuelvo.” Lo dijo después de ganar el título contra Antonio Díaz. Lo dijo antes de pelear contra Coto. Lo dijo en el hospital después de la pelea contra Paquiao. Mientras más me pegues, más fuerte me vuelvo.
Pero no era cierto, porque cada golpe que recibió lo destruyó un poco más. Cada pelea le quitó un pedazo de su humanidad. Cada knockout le robó memoria, claridad, futuro. Y hoy en 2026 Antonio Margarito vive con las consecuencias. Ciego de un ojo, dolores crónicos, daño cerebral, cicatrices que nunca sanarán. Mientras más me pegues, más fuerte me vuelvo.
La mentira que se dijo a sí mismo, la mentira que repitió hasta creerla, la mentira que lo destruyó. Porque en el boxeo, como en la vida, nadie se vuelve más fuerte por el castigo. Solo se rompe lentamente, dolorosamente, inevitablemente. Antonio Margarito demostró que en el boxeo, como en todo, lo que haces regresa.
Le arrancó el ojo a Miguel Coto y Manny Paquiao le arrancó el suyo. Peleó con trampa durante años y cuando lo atraparon, el mundo lo castigó sin piedad. Se negó a retirarse cuando debía y ahora vive con dolores que nunca terminarán. Si esta historia te enseñó algo que no sabías, si ahora entiendes por qu Antonio Margarito es uno de los personajes más controversiales del boxeo mexicano, ayúdame a que más personas la conozcan.
un like, una suscripción para que historias como esta, incómodas pero reales, no se pierdan.
Disclaimer : This content may be created by AI for entertainment purposes. Any resemblance to real persons, events, or places is coincidental.