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Irma Serrano: Por ESTO Abofeteó al Presidente en Los Pinos

Según algunas [música] fuentes, obtuvo un doctorado en relaciones internacionales. Era una mujer educada, preparada, [música] inteligente, pero nada de eso importó, porque cuando se casó, su vida dejó de ser suya. La historia de cómo conoció a Gustavo Díaz Ordaz es sencilla. O Gustavo [música] era un estudiante de leyes en Puebla que no tenía un peso.

Se hizo amigo de Guillermo Borja, el hermano [música] de Guadalupe. Iba a la casa de los Borja a pedir libros prestados porque no podía comprarlos. Y [música] ahí, en esas visitas, conoció a la hija del abogado. Guadalupe se [música] sintió atraída por la seriedad y la formalidad de aquel joven que estudiaba con hambre, [música] que trabajaba mientras estudiaba, que tenía ambición, pero no fortuna.

Se casaron [música] en 1937 en la parroquia de San Cristóbal, en la ciudad de Puebla. Ella tenía 22 [música] años, él 26. Empezaron su vida juntos en un departamento pequeño en Puebla. Y a partir de ese día, Guadalupe [música] abandonó sus estudios, abandonó su carrera y dedicó [música] su vida entera a ser la esposa de Gustavo Díaz Ordaz.

Tuvieron [música] tres hijos, Gustavo, María Guadalupe y Alfredo. Y [música] mientras ella los criaba, mientras ella mantenía la casa, mientras ella hacía lo que todas las esposas de su generación hacían, [música] su marido escalaba. presidente de la Junta de Conciliación y Arbitraje, Magistrado [música] del Tribunal de Justicia de Puebla, secretario general de gobierno, [música] diputado federal, senador, secretario de Gobernación.

Y finalmente, [música] en 1964, presidente de México. Guadalupe Borja entró [música] a Los Pinos como primera dama a los 49 años. Ya no era [música] la joven de Puebla. Era una mujer que había pasado casi 30 años sosteniendo la carrera de un hombre desde la sombra. Se hizo cargo del Instituto Nacional de Protección a la Infancia.

[música] Se dedicó a las escuelas, a los hospitales, a las guarderías. Hizo [música] lo que se esperaba de ella, siempre lo que se esperaba, [música] nunca lo que ella quería. Y quizá tú reconoces esa historia, quizá tú también [música] dejaste tus estudios, tu carrera, tus sueños para dedicarte a la familia.

Quizá tú también [música] pasaste años sosteniendo a alguien desde atrás sin que nadie lo reconociera. Quizá tú también [música] sabes lo que se siente ser la que siempre está, pero nunca aparece en la foto. Ahora [música] necesitas conocer a la otra mujer, a la que sí aparecía en las fotos, [música] a la que sí tenía voz, a la que el mundo entero miraba.

Irma Consuelo, cielo serrano. Castro nació el 9 de diciembre de 1933 [música] en Comitán de Domínguez en el estado de Chiapas. Su nombre completo ya era una declaración de intenciones. [música] Cielo, consuelo, como si su destino fuera estar entre [música] lo celestial y lo terrenal. Su padre era Santiago Serrano [música] Ruiz, apodado El Chanti, un hombre que era periodista, impresor, escritor [música] y poeta. Huo todo a la vez.

Su madre, María Castro Domínguez [música] era una mujer rica. propietaria de varias haciendas cafetaleras y cañeras en la región de Comitán. Irma era la menor de tres hermanos detrás de Mario y Yolanda [música] y tenía una prima que el mundo conocería después [música] como una de las escritoras más importantes de México.

Rosario Castellanos. Guarda ese nombre, Rosario Castellanos, porque va a aparecer más adelante [música] y va a significar algo que nadie esperaba. Irma creció escuchando a su padre recitar poemas. [música] Pasaba horas con él practicando canto, afinando esa voz que ya desde niña sonaba diferente.

Una voz ronca, potente, [carraspeo] con una rabia contenida [música] que la distinguía de todas las demás. Su padre veía en ella un talento que Comitán no podía contener. A los 14 años, [música] Irma dejó Chiapas o se fue a la ciudad de México a vivir con su prima Rosario Castellanos. Y aquí [música] empieza lo que nadie cuenta en las biografías oficiales.

Rosario Castellanos [música] era escritora, intelectual, una mujer del mundo de las letras y las ideas. A través de [música] ella, la adolescente Irma entró en un mundo que no tenía nada que ver con las haciendas de Comitán. Conoció [música] artistas, conoció políticos, conoció hombres poderosos y uno de esos hombres [música] le presentó al muralista más famoso de México, Diego Rivera.

A los 15 o 16 años, [música] Irma Serrano posó desnuda para Diego Rivera en su estudio de Altavista [música] en el barrio de San Ángel, el mismo estudio que Rivera compartía con Frida Calo. Rivera la [música] pintó dos veces, dos cuadros de gran formato, desnudos [música] completos. Uno de ellos, según la propia Irma, se [música] llamaba Mujer en llamas.

O piensa en eso, una niña de 15 años, [música] recién llegada de Chiapas, posando desnuda para el pintor más famoso del país. Eso no era arte para ella, [música] era una puerta, la primera de muchas puertas que Irma Serrano abriría en su vida usando [música] lo único que tenía, su cuerpo, su voz y una audacia que nadie en ese México conservador podía entender.

Según ella misma declaró años después a la revista Proceso, Rivera nunca le pagó por posar. Rivera era amigo de un político llamado Fernando Casas Alemán, un hombre poderoso que era cercano a Irma. Y ahí, en ese cruce entre el arte, el poder político y una adolescente de Chiapas, se sembró la semilla de todo [música] lo que vendría después.

Porque Irma Serrano aprendió muy joven [música] una lección que la acompañaría toda su vida. En el México de aquella época el poder y la belleza eran la misma moneda y ella tenía las dos cosas. A los 17 años, según múltiples fuentes, [música] Irma ya era la amante de Fernando Casas Alemán, un hombre mayor, un político con poder real.

[música] era el primero, no sería el último. En 1962, Irma firmó su primer contrato discográfico con Columbia Records. Grabó canciones que se volvieron éxitos instantáneos. [música] Canción de un preso prisionero de tus brazos, [música] El amor de la paloma. Nada gano con quererte. Su voz no se parecía a nada [música] de lo que había en la radio mexicana.

Era una voz que tenía dentro la rabia [música] de una mujer que había crecido sin el amor de su madre, que había salido de su pueblo a los 14 años, que había aprendido a sobrevivir [música] en un mundo de hombres usando las armas que ese mismo mundo le había dado. Tú escuchaste esas canciones. Quizá no te acuerdas del título, pero [música] si te pongo la melodía, te viene a la cabeza.

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