Según él, Messi no solo desequilibraba los partidos, decidía cuándo y cómo terminarían. Deckler cuenta que podía darse cuenta solo con mirarlo cuando Messi estaba aburrido. En juegos más predecibles, el argentino caminaba por el campo tocando el balón de lado, pero bastaba con que notara que nadie resolvería el partido y activaba el modo leyenda.
Ahí por el minuto 15 del segundo tiempo se encendía, metía uno o dos goles y liquidaba el juego. Era increíble, recuerda el periodista, con esa naturalidad que solo tiene quien lo vivió de cerca. Si Messi se aburría en un partido común, su respuesta era arte. Si el encuentro era importante, se convertía en un monstruo.

Y no fue una o dos veces, fueron decenas incontables. Desde regates que dejaron a defensores en el suelo hasta goles imposibles contra Neuer, Allison, De Gea, Casillas, Buffón, Beckler los vio todos y más los sintió todos. Ahora te toca a ti. Comenta aquí abajo, ¿prefieres a Messi o a Cristiano? ¿Por qué? Queremos saber tu opinión.
¿Te imaginas salir de casa cada fin de semana sabiendo que vas a presenciar algo que se recordará por décadas? Marcelo Beckler vivió eso. Para él, cubrir el Barcelona de Messi era casi una experiencia espiritual. Era salir de casa feliz. Sabía que iba a haber algo que nadie más en el mundo hacía, confesó. Beckler no es solo un periodista apasionado, es un observador técnico, detallista que narró los mayores duelos del fútbol europeo.
Aún así, el impacto de Messi era diferente. En sus relatos no faltan detalles. El argentino driblando a Botán hasta hacerlo caer, marcando de vaselina con la pierna derecha contra Neuer o clavando un piro libre perfecto contra el Liverpool con Beckler detrás del arco, testigo presencial de un milagro. Eran regates que cortocircuitaban la mente de los rivales.
El tipo se congelaba y caía contra el Bayern, contra el United, contra cualquiera. Narró. Para él Messi no solo dominaba el juego, lo trascendía. Y eso no pasaba una vez en la vida, pasaba cada semana. Mientras el mundo discutía números y trofeos, Beckler observaba algo mucho más raro, una genialidad constante, algo que ninguna estadística puede medir.
Por eso su opinión es clara. El debate entre Messi y Cristiano Ronaldo nunca fue justo. Messi hacían lo que Cristiano hace y también lo que solo Messi puede hacer. Marcelo Beckler vio a Lionel Messi superar defensores, arqueros y esquemas tácticos con una naturalidad que rayaba en el irrespeto a las leyes del fútbol.
En su mejor momento, toda España giraba en torno a intentar detenerlo. Los entrenadores diseñaban planes específicos, se hacían estudios minuciosos sobre sus movimientos, zonas de acción y remantes. Ninguno funcionaba. Beckler recuerda que todos los equipos de la liga, incluso el poderoso Real Madrid, pasaban semanas intentando neutralizar a Messi y a pesar de todos los recursos tácticos, Messi seguía decidiendo.
En los tiempos de Pelei, la solución era lastimar al jugador. Con Messi eso ya no era posible. El juego era más limpio, pero también más estudiado, más difícil, explicó. La genialidad del argentino no era solo talento puro. Beckler fue claro al decir que Messi también se reinventaba, evolucionaba, entrenaba.
Hasta 2010 no cobraba tiros libres. Luego se convirtió en uno de los mejores cobradores de la historia. Mejoró en remates, pases largos, lectura de juego y todo eso sin perder la fluidez, sin dejar de improvisar. No era solo talento, era trabajo sobre talento. En ese punto, Beckler también le hace justicia a Cristiano Ronaldo, reconociendo su evolución técnica y táctica.
Pero la comparación se topa con un límite imposible. Messi hacía cosas que ningún otro humano podía y eso Beckler lo vio más de 150 veces. En el relato de Marcelo Beckler hay un momento que brilla por encima de todos, un instante que detuvo el tiempo y cambió la percepción de quienes estaban en la cancha, en las gradas y en la cabina de prensa.
Fue en el Camn contra el Bayern de Munich. Messi recibe el balón, encara a Jerome Buguteng y le hace un regate tan inesperado que el defensor se desploma como si lo hubieran desconectado del partido. Un segundo después, Messi lanza una vaselina con la pierna derecha, la que supuestamente no es buena, por encima de Manuel Neuer, uno de los mejores arqueros de la historia.
Beckler estaba allí, lo vio todo en vivo y incluso años después su voz sigue cargada de asombro al describir el momento. No era solo un gol, era pura arte, dominio técnico absoluto, frialdad e improvisación a máxima velocidad. Messi hacía parecer fácil lo que es imposible para el 99% de los jugadores profesionales.
Contra el Liverpool, otro momento inolvidable. Un tiro libre desde lejos con la barrera armada y Alison atento. Aún así, la pelota traza una curva imposible y se clava en el ángulo. Beckler estaba detrás del arco y vio de cerca la trayectoria. Dijo, “Fue tan rápido que no dio tiempo de pensar. Cuando entró, parecía que había atravesado el aire.
Son escenas que ni los documentales mejor producidos pueden captar con precisión. Solo quien estuvo ahí, como Marcelo Beckler, sabe la intensidad de ver a Messi en vivo. No solo marcaba goles, grababa imágenes eternas en la mente de quienes lo veían. Marcelo Beckler nunca menospreció a Cristiano Ronaldo, al contrario, en sus análisis deja claro que el portugués es uno de los más grandes de la historia, con una ética de trabajo ejemplar, una capacidad física increíble y una ambición que rompía límites. Pero al presenciar a los
dos gigantes de cerca, afirma, “No hay comparación justa. Cristiano era hambre de gol, explosión y definición. Messi era creación, ejecución. y magia. Mientras el portugués necesitaba del movimiento a su alrededor para rematar, el argentino creaba el caos y resolvía con un pase, un regate o un remate improbable y lo hacía solo en cualquier zono del campo.
La comparación se vuelve injusta porque Messi jugaba un juego que nadie más jugaba. Bachelor cuenta que vio a Cristiano hacer partidos memorables, remontadas históricas, goles decisivos. Pero lo que Messi hacía lo veía cada semana y más. Messi nunca fue reemplazado por un sistema. Él era el sistema. Es injusto tratar a Messi solo como talento, como si pasara el día comiendo dulce de leche y despertar haciendo genial.
Él entrenaba, evolucionó, trabajó. Cristiano Ronaldo tal vez sea el mayor atleta en la historia del fútbol. Messi el mayor artista. Y cuando se trata de arte, no hay entrenamiento que alcance al instinto. Marcelo Bechler vio ese instinto más de 150 veces y cada vez que salía del estadio lo hacía con la sensación de haber presenciado lo imposible una vez más.
