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Lupita D’Alessio: la sacaron del aeropuerto DETENIDA…pero el VENENO en la JERINGA fue peor.

Imagínate por un segundo esa escena. una niña de 12 años a la que le acaban de dar una becaa y la beca  sueñan miles de niñas en todo el continente y un padre que en lugar de decirle ve hija, persigue tu sueño, le dice que no, que mejor cante, porque cantando le da más dinero a la familia. Y había algo más en aquella casa de Tijuana.

Poncho no solo presionaba a sus hijos para cantar, según los testimonios que aparecieron cuando se estrenó la bioserie. Hoy voy a cambiar en 2017. Y según declaraciones de la propia familia, Poncho también golpeaba a Euralia. La madre Soprano, la mujer que enseñaba técnica vocal  con paciencia de monja y que cantaba en el programa con sonrisa de profesional, recibía golpes en privado cuando se apagaban las cámaras  y se cerraba la puerta de casa.

Lupita creció viendo eso y aprendió,  sin saber que estaba aprendiendo, una lección que la iba a perseguir el resto de su vida,  que un hombre con éxito puede golpear a su esposa y seguir siendo el padre de familia respetable de cara a la galería, que el escenario sirve para tapar lo que pasa en la  casa y que se puede salir a sonreír delante de Medio México con el alma hecha pedazos por dentro.

Pero esa tampoco era la única sombra del padre.  En 2017, cuando salió la bioserie y los medios empezaron a remover cada rincón de la vida de Lupita, apareció en televisión una mujer. Se llamaba María Estela Contreras Wilson. Aseguraba ser hermana mayor de Lupita, hija de un matrimonio anterior de Poncho, y su versión era una bomba.

María Estela contó en una entrevista a Univisión que la madre de Lupita, Euralia, había sido amante del padre cuando él aún estaba casado  con su propia madre. Es decir, que Lupita es hija de un lío entre casados, que Uralia se metió en un matrimonio ajeno para sacar a Poncho de allí y que el origen de toda la familia de Alessio empezó con una infidelidad que rompió otro hogar.

Y de paso, María Estela  soltó otra. Aseguró que ella cantaba mejor que su media hermana. que tenía más talento y que su padre prefirió apoyar a Lupita  por motivos que cualquiera podía deducir. Lupita no respondió, nunca lo desmintió en público,  tampoco lo confirmó. El silencio en estos casos suele decir muchas cosas.

Esa era la familia que tenía.  un padre estricto, una madre golpeada, un posible secreto de origen escondido por debajo de todo y unos hermanos que competían por el cariño escaso de un hombre que repartía muy poco. Y todo aquello disfrazado semana tras semana en un programa de televisión de Tijuana donde la familia salía sonriendo como si fuera el modelo perfecto de la frontera.

A los 16 años  Lupita se fue de casa. Hay quien lo cuenta como una rebeldía adolescente.  Hay otra forma de contarlo, más honesta. Cuando creces en una casa donde se pega y de pronto aparece alguien que te ofrece una puerta de salida, te vas a la primera oportunidad sin pensar y sin mirar.

Y a Lupita  le apareció uno. Tenía 31 años. Era un actor de cierto nombre en aquel momento, guapo, hablador, con la seguridad que dan los 30 vividos. Cantaba también. Y sobre todo, no era poncho, se llamaba Jorge Vargas. Lupita  estaba convencida de que se estaba escapando del infierno. Lo que aún no sabía es que iba caminando hacia otro. uno peor.

Pero antes de contarte cómo fue ese matrimonio y por qué destrozó por dentro a Lupita,  déjame plantar algo que vas a necesitar al final del video. Porque toda esta historia, la del padre que pegaba, la  del ballet que le robaron, la de la madre soprano que cantaba para no llorar,  explica un momento muy concreto en la vida de Lupita Dalecio.

Una noche,  en algún momento de los años 90, esa niña convertida en mujer y en leyenda, una de las cantantes más famosas de toda Latinoamérica, iba a estar sentada en el suelo de un departamento con una jeringuilla cargada de heroína en la mano  y a punto de meterse una dosis con la que no iba a despertar.

Lo que pasó esa noche te lo voy a contar al final, pero ya tienes  la primera pieza, la de la niña que aprendió que el amor se gana cantando,  que el escenario tapa los moretones y que cuando no produces no comes.  La segunda pieza llega ahora. Lupita acababa de cumplir 16 años cuando conoció a Jorge Vargas. Él tenía 30, era actor desde niño,  llevaba toda una vida en el medio y ya tenía nombre, mucho nombre.

Y conviene entender quién era Vargas  para que se entienda por qué Lupita cayó. Pertenecía a lo que en México llaman una dinastía.  Era sobrino del productor Ernesto Alonso, al que en el medio le decían el señor telenovela  y también sobrino del legendario torero, Alfonso Ramírez el calecero.

Había debutado en pantalla a los 6 años en 1948 en una película del cine de oro llamada El precio de la gloria. Cuando Lupita lo conoció en 1970, Vargas llevaba más de 20 años trabajando frente  a cámaras. Tenía la voz educada, llevaba ropa cara y se manejaba en el medio con la soltura de quien lleva ahí media vida.

Era todo lo que una niña que acababa de escapar del control de su padre podía soñar. Y Lupita se enamoró perdidamente. Lo cuenta ella misma décadas  después con los ojos todavía brillando al recordarlo. A los 17 años conocí a Jorge Vargas y ahí  empezó la historia de amor. Para ella era el hombre, el amor de su vida y la salida que llevaba años buscando. Todo en el mismo paquete.

Las cosas se aceleraron rápido. se conocieron, se enamoraron y Lupita se quedó embarazada con apenas 17 años. Su padre, Poncho se opuso.  Vargas era casi el doble de mayor que su hija. Venía con kilómetros recorridos y Poncho no veía con buenos ojos que su gallina de los huevos de oro se le escapara con un actor maduro de aguas calientes.

Pero Lupita  ya había decidido. Se casaron en 1971 a escondidas  sin el permiso de sus padres y con el embarazo ya en marcha. Lupita  se vistió de blanco como había soñado de niña. Me casé por la iglesia de blanco con Jorge Vargas. Yo me casé para toda la vida, recordó muchos años después en una entrevista con la periodista Paola Rojas.

Toda la vida iba a durar muy poco. Lo primero que pasó fue lo peor que le había pasado nunca a Lupita hasta ese momento  y todavía no había cumplido los 18 años. El bebé nació en 1971. Lo  llamaron Jorge Francisco como su padre y su abuelo. Era el primer hijo  y el primer nieto. La promesa de algo bueno en aquella casa que Lupita acababa de construir.

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