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Los oscuros secretos que acabaron en tragedia: el impactante caso de Stacey Feldman.

El agua no dejaba de correr. Ese era el primer detalle que Robert Felman notó al cruzar la puerta de su casa aquella tarde del primero de marzo de 2015. Había pasado el día tratando de localizar a su esposa. Había ido al carnaval con los niños. Había esperado que ella apareciera en algún momento, pero nada.

Y ahora el sonido inconfundible del grifo abierto en la planta superior le indicaba que algo andaba terriblemente mal. subió los escalones de dos en dos, llamó a Stacy en voz alta, pero solo el eco de sus propias palabras le respondió. Al abrir la puerta del baño, el horror lo golpeó con la fuerza de un puñetazo. El cuerpo de su esposa yacía sumergido en la bañera, completamente inerte.

Lo que ocurriría en las horas y días siguientes transformaría aquella escena doméstica en uno de los casos más desconcertantes que la policía de Denver había enfrentado en décadas. Cuando los agentes llegaron al domicilio situado en un tranquilo barrio residencial, encontraron a un Robert visiblemente afectado, pero también notaron algo que no encajaba con la narrativa de una muerte accidental.

Stacy había sido trasladada a la cama del dormitorio principal, donde los paramédicos realizaron maniobras de reanimación sin éxito. Pero al inspeccionar el baño, los detectives se toparon con un escenario que les celó la sangre. El cuarto estaba en un estado de orden meticuloso. Las toallas colgaban perfectamente alineadas.

Los frascos de champú y acondicionador estaban en su sitio y el suelo. A pesar de que Robert afirmaba haber arrastrado el cuerpo mojado desde la bañera hasta la habitación contigua, no mostraba ni una sola gota de agua. Todo parecía haber sido limpiado con esmero. Un trapo húmedo junto a la bañera confirmaba las sospechas de los investigadores.

Alguien había fregado el piso antes de que ellos llegaran, quien en medio de una emergencia se toma el tiempo de limpiar cuando su ser querido yace inconsciente. El cuerpo de Stacy, por su parte, contaba una historia que no se correspondía con la de un simple desvanecimiento. Presentaba múltiples contusiones, algunas de ellas recientes, otras más antiguas, como si hubiera sido víctima de agresiones previas.

Los agentes documentaron cada marca con precisión y al examinar más de cerca notaron que varios hematomas en sus brazos y cuello tenían la forma característica de huellas dactilares, como si alguien la hubiera sujetado con fuerza durante un forcejeo. No había señales de pelea en el baño, pero el cuerpo mismo hablaba de violencia.

El interrogatorio a Robert comenzó casi de inmediato. El viudo, visiblemente nervioso, ofreció una versión que los detectives escucharon con la atención, pero que pronto empezaría a mostrar fisuras. explicó que la noche anterior habían asistido a una reunión social con amigos donde Stacy consumió alcohol y marihuana, sustancias legales en Colorado.

Por la mañana ella se sentía mal y decidió quedarse en cama. Él, por su parte, se encargó de los niños y los dejó en la escuela dominical alrededor de las 8:30. Según su relato, Stacy debía recogerlos a mediodía y luego reunirse con ellos en un carnaval local. Pero cuando llegó la hora, ella no apareció. Fue entonces cuando él regresó a casa y encontró su cuerpo.

Sin embargo, los testimonios recogidos en la escuela dominical contradecían directamente esta versión. Los maestros aseguraron que Robert les había comunicado que no serían los padres quienes recogerían a los niños, sino un amigo de la familia. Esta información que Robert había omitido en su declaración indicaba que él sabía desde temprano que su esposa no podría cumplir con el compromiso.

¿Por qué no lo admitió? Además, cuando finalmente llegó a la escuela, pasadas la 1 de la tarde, vestía ropa ligera a pesar del frío y su actitud era inusualmente irritable, un comportamiento muy alejado de su carácter habitual, descrito por amigos y conocidos como tranquilo y afable. La autopsia inicial, mientras tanto, no ofrecía respuestas definitivas.

El forense que examinó el cuerpo de Stacy consideró la posibilidad de un ahogamiento accidental, pero las lesiones no se correspondían del todo con esa teoría. Los hematomas en su cuerpo parecían demasiado extensos y localizados para ser producto de una simple caída. Tampoco había evidencias claras de una sobredosis.

Los análisis toxicológicos, sin embargo, revelaron un dato fundamental. No se encontraron rastros de alcohol ni de marihuana en el organismo de Stacy, desmintiendo así la versión de Robert sobre la noche anterior. El viudo había mentido y esa mentira se convertía en la primera pieza de un rompecabezas mucho más grande.

A estas alturas, los investigadores ya habían comenzado a considerar a Robert como el principal sospechoso. Los asesinatos entre cónyuges, lamentablemente, no son raros y su comportamiento, sus mentiras y las contradicciones en su relato apuntaban en una dirección preocupante. La grabación de la llamada 911 añadió más elementos a la lista de sospechas.

Durante la conversación se podía escuchar claramente el sonido del inodoro descargando agua, un detalle que los agentes interpretaron como posible destrucción de evidencias. Además, Robert no parecía estar realizando los esfuerzos físicos propios de una reanimación cardiopulmonar. No había jadeos, no había pausas, no había el característico sonido de alguien luchando por salvar una vida.

Hablaba con fluidez, como si ya supiera que no había nada que hacer. El motivo económico tampoco tardó en aparecer. Una revisión de los documentos financieros de la pareja reveló que Robert era el único beneficiario de una póliza de seguro de vida de Stacy por valor de $50,000, una suma considerable que en caso de muerte de la esposa iría directamente a sus bolsillos.

Pero fue una llamada telefónica anónima la que finalmente proporcionó la pieza clave que los investigadores estaban buscando. La mujer que contactó con la policía se llamaba Susan McBride y su historia era tan extraña como el crimen mismo. En 2015 había conocido a Robert en la aplicación de citas Tinder, donde él se presentaba como un comerciante de carne llamado Robert Wolf.

Tras una única cita, Susan descubrió que su pretendiente estaba casado y decidió enviar un correo electrónico a Stacy para advertirle de la infidelidad. El mensaje fechado el primero de marzo a las 6:20 de la mañana fue hallado en el ordenador de la víctima. Las dos mujeres intercambiaron mensajes breves y acordaron hablar por teléfono.

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