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Verónica Castro: el ASQUEROSO secreto que nos ocultó sobre su hijo

Al amanecer, Yolanda Andrade salió del camerino 3 con un papel doblado en el bolsillo. Era un número de teléfono privado escrito a mano por Verónica Castro  con tinta de bolígrafo azul. El mismo color de tinta que usaría Yolanda Andrade  26 años después para escribir una sola palabra en un papel guardado dentro del sobre cerrado de la caja fuerte de Polanco.

Existe una fotografía polaroid fechada el 12 de junio de 1992 tomada en la habitación 512 del hotel Crashnolski de Ámsterdam en la plaza Dam número 9. La fotografía mide 7,6 cm por 9,1. La hizo el botones del hotel, un holandés de 52 años llamado Peter Vaner Heiden. Después de que las dos huéspedes le pidieran que les tomara una foto con una cámara Polaroid SX70 que ellas mismas habían traído de Ciudad de México.

En la foto aparecen sentadas en la cama, hombro con hombro, con dos copas de champaña a medio terminar sobre la mesilla. La mujer de la izquierda tiene 40 años y lleva un anillo de oro en el dedo anular de la mano izquierda. La mujer de la derecha tiene 19 y lleva el mismo anillo en el dedo anular de la mano derecha. Dos anillos de oro idénticos, uno en cada mano.

La fotografía Polaroid lleva 33 años dentro de un sobre amarillo de papel manila guardado en el fondo de una caja fuerte marca Mosler modelo H. 68. Instalada empotrada en la pared del despacho  privado de la planta baja de una casa de la avenida Horacio número 247 en Polanco.  La casa es propiedad de Yolanda Andrade desde marzo de 2008.

El segundo anillo, el que Yolanda lleva en el dedo anular de la mano derecha de la fotografía, está hoy colgado de una cadena de oro alrededor del cuello de Yolanda Andrade.  Lo lleva puesto sin quitárselo nunca. Desde el 14 de septiembre de 2018, la noche que llamó a Verónica Castro. La caja fuerte Mosler H68 que Yolanda Andrade compró en julio de 2008 viene de un banco mexicano quebrado en una subasta de bienes embargados a la que Yolanda llegó en taxi con 46,000 en una bolsa de papel.

La instaló en el despacho de su casa el mismo día en que la trajeron, escondida detrás de un cuadro de un pintor mexicano llamado Rodolfo Morales, que Verónica Castro le había regalado a Yolanda en noviembre de 1994 durante una visita privada a la galería del propio Morales en Oaxaca. El cuadro mide 80 por 60 cm y se titula Mujer esperando.

Y nunca ha sido fotografiado por nadie, salvo por la propia Yolanda Andrade en una historia de Instagram borrada 15 minutos después de su publicación,  el 2 de agosto de 2023. Mujer esperando. Ese era el título del cuadro que cubre la caja fuerte y ese fue el primer regalo público y documentado entre Verónica Castro y Yolanda Andrade, hecho 2 años y medio después de aquella noche en el Camerino 3 del estudio 1 de Televisa entre 1992 y 1998.

Según la cronología que Yolanda Andrade ha ido soltando en fragmentos  en seis programas de televisión distintos. Entre 2019 y 2025, las dos mujeres se vieron en privado en al menos 214 ocasiones documentadas en hoteles de Cuernavaca,  departamentos prestados de la colonia Roma, viajes cortos a Las Vegas, dos veces a Madrid y una segunda vez a Ámsterdam.

Cristian Castro  Sains, el hijo mayor de Verónica, tenía 18 años en Milesmo, 992. Vivía con su abuela Socorro  en la casa familiar de la colonia Roma, porque su madre estaba grabando seis días a la semana. Según las memorias autobiográficas del propio Cristian, publicadas por la editorial Random House en agosto de  2022, durante los años 90 fueron muy pocas las veces que su madre dormía en casa entre semana.

Cristian, en sus propias palabras, no entendía dónde estaba su madre y prefería no preguntar.  La abuela Socorro, según las mismas memorias, mantenía un silencio absoluto cada vez que él entraba a la cocina por la mañana. Ese silencio entre los tres miembros de aquella familia se mantuvo intacto durante 5 años, hasta que en 1997 una mujer entró a la casa de la colonia Roma sin previo aviso una tarde de domingo y partió el silencio en dos.

Una mujer entró a la casa sin previo aviso. Esa frase está en la página 232 de las memorias de Cristian Castro. La mujer tenía 24 años. Llevaba un abrigo de cuero negro a pesar del calor de mayo y le pidió a Socorro Castro en la puerta hablar con Verónica. La abuela le contestó que Verónica no estaba en casa. La mujer le contestó que sí estaba, que el coche de Verónica estaba estacionado a media cuadra de distancia y entonces empujó la puerta y entró sin permiso.

Esa mujer era Yolanda Andrade y lo que pasó esa tarde de domingo en la casa de la colonia Roma, según la versión publicada por Cristian Castro en sus memorias y por Yolanda Andrade en el podcast Pinky Promise en febrero de 2025. Fue el primer acto del final entre las dos mujeres. La tarde del 22 de mayo de 1997 fue la primera vez que Cristian Castro vio a Yolanda Andrade en persona.

aquel domingo, según las páginas 232 a 237 de las memorias de Cristian publicadas por Random House en agosto de 2022, Yolanda Andrade subió las escaleras de la casa familiar de la colonia Roma sin pedir permiso. Caminó directo a la recámara principal del segundo piso y cerró la puerta detrás de ella con la mano izquierda, sin soltar el cigarro que sostenía con la derecha.

Lo que pasó dentro de esa recámara entre las 5:10 de la tarde y las 7:30 de la noche, según la versión que Cristian publicó 25  años después. Son 2 horas 20 minutos que la familia Castro Sainz lleva tres décadas intentando borrar de la historia. Cristian Castro tenía 23 años aquella  tarde.

Estaba en la sala de la planta baja viendo en la televisión el partido entre la selección mexicana y Estados Unidos.  sentado en un sillón de pana verde olivo que llevaba en aquella casa desde 1982. Su abuela Socorro estaba sentada a su lado con un suéter de lana sobre las piernas y un crucigrama del diario Reforma a medio terminar sobre la mesa baja.

Cuando escucharon  los pasos rápidos de Yolanda subir las escaleras, ninguno de los dos se movió. Cristian escribe en sus memorias que durante esas 2 horas y 20 minutos escuchó dos veces el ruido de un objeto pesado golpeando el suelo del piso  de arriba y una vez la voz de su madre subiendo de tono y bajando de inmediato.

Socorro Castro mantuvo la mirada  en el televisor todo el tiempo. Cuando Yolanda bajó las escaleras a las 7:32, atravesó la sala sin mirar a nadie y cerró la puerta principal  con más fuerza de la necesaria. Lo único que dijo la abuela Socorro a su nieto  en aquel momento, según la página 237 de las memorias,  fue una sola frase: “Esa mujer no va a volver a entrar a esta casa nunca  más.

” Esa mujer no va a volver a entrar a esta casa nunca más. La frase que Socorro Castro pronunció la tarde del 22 de mayo de 1997 y la frase que sirvió de orden no escrita dentro de la familia Castro Sainz durante los siguientes 21 años. Lo que Verónica Castro le dijo a Yolanda Andrade durante esas 2 horas y 20 minutos nunca se publicó completo.

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