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SASHA MONTENEGRO: Cuidó al Presidente 5 Años. Sus Hijos le Quitaron TODO

Ahí va a enfrentar a una mujer de 38 años contra toda la maquinaria de una familia política mexicana. Iba a terminar en un juicio federal y iba a cerrarse en dos hospitales con 20 años de diferencia. Pero antes de continuar, hay algo que tienes que entender sobre ese encuentro. Porque el hombre que la saludó esa tarde no era un expresidente cualquiera.

Él mismo tenía una manera muy suya de describir lo que era. Años después, Sasha repitió esa frase en varias entrevistas imitándolo. México, decía ella, que decía él, ser presidente de la República es ser un rey, pero un rey por 6 años, porque después lo decapitan y a los ladridos les toca lo de adentro.

Escucha bien esa frase, porque esa frase la entenderás de verdad solo al final. Me tocaron los ladridos. Así lo dijo ella muchas veces y eso fue literalmente lo que pasó. Aquella tarde de Sevilla, Sasha Montenegro no sabía que había sido elegida. No sabía que el hombre que acababa de saludarla llevaba meses pensándolo. Tampoco sabía que en México, a 8000 km de esa calle, una mujer llamada Carmen Romano esperaba a su marido en la residencia familiar.

Carmen Romano era la primera dama de México durante el sexenio anterior. La esposa oficial de José López Portillo, madre de sus tres hijos, compañera de décadas, hija de una familia bien de la capital, pianista, melómana, patrona del arte. Carmen Romano había sido el gran amor de su vida hasta ese momento.

Y aunque el matrimonio ya estaba frío, aunque ya dormían en habitaciones separadas, aunque Carmen sabía que su marido tenía aventuras, todavía era la esposa oficial, todavía era la madre, todavía era el apellido. ¿Te recuerda ese nombre también? Carmen Romano fue la primera víctima concreta de esta historia, aunque tú probablemente nunca la hayas visto de esa manera, porque los tres hijos que ella tuvo con López Portillo se llamaban José Ramón, Carmen Beatriz y Paulina.

Y esos tres hijos, 20 años después iban a ser los encargados de ejecutar la venganza contra la mujer que su padre había elegido en lugar de su madre. Vale la pena detenerse un momento en Carmen Romano, porque casi nadie habla de ella como lo que fue. Una mujer destruida públicamente, mientras su marido, ya fuera del poder, tenía hijos con otra.

Carmen había sido, según los que la trataron, una mujer refinada. Tocaba el piano, amaba la música clásica. Como primera dama, creó el programa cultural más ambicioso de los años 70 en México. Llevó a orquestas europeas al Palacio de Bellas Artes. Promovió a jóvenes pianistas mexicanos. Era también una mujer con fama de difícil, de exigente, de temperamento fuerte.

Pero ninguna de esas cosas justificaba lo que le pasó en los años 80. Se enteró de la existencia de Nabila periódicos. se enteró de la existencia de Alexander dos años después por la misma vía y durante años vivió en la casa familiar, sabiendo que su marido tenía otra vida paralela con una mujer más joven en otra ciudad con otros hijos.

La humillación pública de Carmen Romano es uno de los capítulos menos contados de la historia política mexicana de los 80. Porque mientras ella seguía siendo oficialmente la esposa del expresidente, mientras seguía asistiendo a eventos sociales y culturales con el apellido López Portillo, en las páginas de sociales de las revistas empezaban a aparecer fotos de Sasha Montenegro con una bebé en brazos.

Carmen leía esas revistas, Carmen las cerraba. Carmen seguía adelante. Cuando finalmente López Portillo le pidió el divorcio en 1991, ella no lo impugnó. Firmo, se retiró a su casa. Dejó que su marido se casara con la vedete yugoslava sin salir a pelear en los medios. Esa dignidad que pocos le reconocieron es lo que la convierte en la primera víctima real de esta historia.

y también sin quererlo, en la razón emocional que usarían sus tres hijos para justificar años después la demanda contra Sasha. Lo que nadie sabía esa tarde de Sevilla es que el hombre que había llamado a Sasha por su nombre ya había tomado una decisión en esa calle, una decisión que iba a costar su matrimonio de 30 años.

fue la carrera de una vedet yugoslava y al final, cuando todo se derrumbara en el último año de su vida, iba a costar también la paz de su familia durante las dos décadas siguientes. Para entender lo que vino después, necesitas conocer cómo funcionaba el poder presidencial en México en los años 70 y 80. Y necesitas conocerlo como la realidad que vivían las mujeres que entraban a ese círculo, no como un dato de libro.

El presidente mexicano en aquellos años era algo que hoy ya no existe. No era un funcionario, era un monarca con fecha de caducidad. Durante 6 años, un hombre tenía en sus manos el país entero. Los gobernadores, los jueces, los medios, los sindicatos, los empresarios, todos dependían de él. Él escogía a su sucesor con un dedo en un proceso secreto que la prensa llamaba el dedazo.

No había reelección, pero mientras duraban los 6 años, todo lo que decía el presidente se hacía. Todo lo que quería el presidente se conseguía. Todo lo que le molestaba al presidente desaparecía y a sus costados había siempre una red familiar, una red de hermanos, cuñados, primos, compadres que ocupaban puestos clave.

Era lo que los mexicanos llamaban el nepotismo. Y en el sexenio de José López Portillo, ese nepotismo alcanzó un nivel que incluso la prensa de la época, con todo lo controlada que estaba, no pudo ignorar. El hijo del presidente, José Ramón López Portillo, fue nombrado por su propio padre como subsecretario de programación y presupuesto. Y el presidente, en una frase que marcaría para siempre su sexenio, lo llamó públicamente El orgullo de mi nepotismo.

con esas palabras. En conferencia de prensa con risa e esa frase se volvió uno de los símbolos del cinismo del poder mexicano de esos años. Tú probablemente la recuerdas. Tú la escuchaste entonces y como muchas mexicanas meneaste la cabeza y dijiste, “A, ¿qué le pasa?” El primo del presidente, Guillermo López Portillo, terminó en puestos de comunicación.

La esposa Carmen Romano usó recursos públicos para sus proyectos culturales y la hermana Margarita López Portillo ocupó uno de los puestos con más poder real sobre la vida cotidiana de millones de mexicanos. Margarita López Portillo no era una funcionaria cualquiera, era la hermana mayor.

Era una mujer que nunca se había casado formalmente, aunque tenía una hija, María del Pilar, de una relación anterior. Durante los años en que su hermano fue presidente, o Margarita se convirtió en la mujer más poderosa de México después de la primera dama. controló la televisión pública, controló el cine, controló quién hablaba y quién no hablaba en los noticieros y usó ese poder para una cosa que las biografías formales no suelen mencionar, pero que las entrevistas de la propia Sasha repitieron muchas veces.

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