Posted in

CANELO ÁLVAREZ : La CONFESIÓN Que Nunca CONTÓ

 La mujer lo agarró más fuerte. Ven. Canelo gritó. Se  soltó. Corrió. La mujer lo siguió. Regresa.  Soy tu mamá. Canelo corrió más rápido. Vio a un policía en la esquina. Corrió hacia  él. Señor, señor. El policía volteó, vio a Canelo corriendo, vio a la mujer  detrás. La mujer se detuvo, dio media vuelta, desapareció entre las calles. El policía se agachó.

¿Estás bien, chamaco? Canelo asintió. Temblaba. Esa señora me quería llevar. El policía miró hacia donde había desaparecido la mujer. Ya se  fue. ¿Dónde vives? Canelo le dijo. El policía lo acompañó a su casa.  Ana María abrió la puerta, vio a su hijo con un policía. Se le fue el alma.

 ¿Qué pasó? El policía le explicó. Ana María abrazó a Canelo. Lloró. Gracias a  Dios. Gracias a Dios. Santos llegó a casa esa noche, escuchó la historia. No dijo nada durante 5  minutos. Después abrazó a Canelo. Ya no sale solo nunca más. Canelo tenía  6 años. Acababa de escapar de un secuestro. No sería la última vez que su vida estaría en peligro. Grábate esta historia.

 Va a aparecer de nuevo. ¿Qué hace que un niño que vendía  paletas y casi fue secuestrado se convierta en campeón del mundo? La respuesta está en lo que  pasó cuando tenía 13 años. 13 años. 2004.  Canelo ya no vendía paletas, ya no iba a la escuela tampoco. Sus hermanos mayores habían encontrado otro camino, el boxeo.

Rigoberto peleaba en Guadalajara. Ricardo  también. Ramón había sido boxeador Amateur. Todos los Álvarez sabían  pelear. En las calles de Juanacatlán era necesario. Un día Rigoberto llevó a Canelo al gimnasio. Ven, te voy a enseñar a defenderte.  El gimnasio se llamaba Gimnasio Reforma.

 Un cuarto con paredes de cemento sin pintar, dos rings viejos, sacos de arena remendados con cinta gris, olor a sudor y linento. Chepo Reynoso era  el entrenador, un señor de 50 años que había entrenado a docenas de boxeadores.  Ninguno famoso, pero todos duros. Este es mi hermano”,  dijo Rigoberto.

 “¿Quiere aprender, Chepo?” Miró a Canelo, 13 años,  160, 45 kg, pelo rojizo,  pecas, “¿Sabes pelear un poco, ponte los guantes.”  Canelo se puso guantes de 12 onzas que le quedaban grandes.  Rigoberto también. “Muéstrame qué sabes.” Canelo lanzó un hub lento,  sin técnica. Rigoberto lo esquivó, le pegó en el cuerpo. Canelo se dobló.

 Otra vez Canelo atacó de nuevo. Rigoberto lo golpeó en el estómago.  Canelo cayó de rodillas. Chepo le dio agua. ¿Quieres seguir? Canelo asintió.  Se levantó. Sí. ¿Por qué? Porque necesito  ganar dinero. Chepo sonríó. No era la respuesta que esperaba, pero era la respuesta correcta.

 Durante 6 meses, Canelo entrenó todos los  días de 5 a 7 de la mañana antes de ir a trabajar con su papá. De 5 a 7 de la  tarde, después de vender paletas, aprendió a moverse, a esquivar, a golpear el saco  sin lastimarse las manos, a brincarlas. Cuerda durante media hora sin parar. En enero de 2005, Chepo le dijo, “Ya estás listo para pelear.

 Canelo tenía 14 años, 30 peleas amateur, 28  victorias. ¿Cuánto pagan en el profesional? 300  si ganas.” Canelo calculó mentalmente 300000 pesos, lo que su papá ganaba en un mes. Quiero pelear. Su primera pelea profesional fue el 29 de octubre de 2005. Arena Coliseo en Guadalajara. Canelo contra Abraham González.

 Cuatro rounds. Santos y Ana María estaban en primera fila. Nunca habían visto pelear a su hijo. Round un. Canelo salió nervioso. González lo golpeó en la cara. Sangre en la nariz. Santos se levantó. Pégale, Saú, pégale duro. Round dos. Canelo encontró su ritmo, empezó a conectar gancho al hígado, directo a la cara. Round 3. González estaba cansado.

Canelo lo acorraló contra las cuerdas. Round 4. Uccat González cayó. El referee contó. 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10. Knockout. Canelo había ganado. Le dieron 300 en efectivo. Canelo le dio todo a su papá. Para la casa, Santos lloró. Ana María también. Esa noche Canelo le dijo a su papá, “Esto es lo que voy a hacer el resto de mi vida.

” Santos no dijo nada, solo asintió. Sabía que era verdad. Guarda este detalle. En los siguientes 12 meses, Canelo peleó 15 veces. ganó todas, pero algo estaba cambiando en su familia, algo oscuro. Vamos a volver a eso. 2006, Canelo peleaba cada dos semanas. Necesitaba dinero. Su familia necesitaba dinero. El boxeo era la única forma de conseguirlo rápido.

 12 peleas en 2006, todas ganadas. 11 por knockout, 13 peleas en 2007, todas ganadas. 10 por knockout. Los promotores en Guadalajara empezaron a hablar de él, el Canelo de Juanacatlán, el herito que noquea a todos. Pero ganar en Guadalajara no era suficiente. Necesitaba llegar a Estados Unidos. Ahí estaba el dinero real.

El problema era que no tenía promotor grande, no tenía manager, no tenía contactos, solo tenía a Chepo Reinoso. Y Chepo conocía a alguien. 2008, Tijuana. Canelo tenía 17 años. Iba a pelear en una cartelera secundaria. Nada especial, $2,000 por pelea. Pero en esa cartelera había scouts de Golden Boy Promotions, la empresa de Óscar de la olla.

 Canelo noqueó a su rival en el segundo round. Los scouts tomaron nota. Una semana después, Golden Boy le ofreció un contrato. 3 años.  25 peleas garantizadas, salarios escalonados, empezando en $,000 por pelea. Canelo tenía 17 años, nunca había visto un contrato, no sabía qué significaba exclusividad, no entendía las cláusulas.

 Su papá tampoco, Chepo tampoco, pero el contrato decía Golden Boy Promotions y eso era suficiente. Firmaron. Años después ese contrato se convertiría en una pesadilla legal, pero en ese momento era la oportunidad de su vida. Su primera pelea en Estados Unidos fue el 14 de marzo de 2009. Arrow Head Bond en Anaheim, California.

 Canelo contra José Miguel  Coto, no el famoso Miguel Coto. Otro, un peleador de relleno. 15,000 personas en  el auditorio. La mayoría mexicanos que habían oído hablar del gero que noqueaba a todos. Canelo entró al ring con una playera que decía Jalisco en la espalda. Round un. Canelo salió agresivo, combinaciones rápidas. Coto no  respondía.

Read More