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ELENA CHAVEZ: Su Esposo le Pidió Vender Su Casa Para Sacar de la Cárcel a la AMANTE

Se llamó Ángeles abandonados. Trataba justamente de los derechos de los animales. Y el prólogo, escúchame bien, el prólogo lo escribió Elena Poniatovska. Esa Elena Poniatovska, la periodista más respetada de México, la cronista de Tlatelolco, premios Cervantes en 2013. La mujer que prologó los libros de Carlos Moncibis de Octavio Paz, de los más grandes.

Esa Elena Poniatovska decidió poner su nombre en el primer libro de Elena Chávez porque la conocía, porque sabía quién era, porque sabía que esa mujer del PRD que recogía perros de la calle merecía ser escuchada. Recuerda esa información también. Cuando años después la prensa oficialista de la cuarta transformación intente borrar a Elena Chávez acusándola de oportunista, de mentirosa, de despechada, recuerda que la mujer que la presentó al mundo literario fue Elena Poniatovska.

En 2016, Elena dio un paso más. Se postuló como candidata a diputada constituyente de la Ciudad de México por la lista del PRD. ganó. Se convirtió en una de las redactoras de la Constitución Política de la Ciudad de México que rige hasta hoy. Una Constitución progresista, una de las más avanzadas del país.

Elena Chávez fue una de las personas que la escribió. Hasta aquí todo bien. Hasta aquí todo perfecto. Hasta aquí la historia de una mujer mexicana de izquierda, comprometida, profesional, con una vida construida al lado de un esposo que también iba escalando dentro del proyecto político. Pero en algún momento de ese mismo año 2016 algo empezó a romperse.

Y para entender lo que pasó después, lo que viene en el bloque siguiente y que es la primera de las cuatro cosas que te prometí, tienes que conocer a la tercera mujer de esta historia. La mujer que entró sin pedir permiso. La mujer cuya boda termina abriendo este video. Su nombre es Dulce María Silva Hernández.

Nació el 15 de enero de 1980 en Juamantla, Atlascala, 17 años más joven que Elena Chávez, hija de una familia empresarial poblana con más de 50 años en el ramo de los alimentos procesados. Una empresa familiar con centros de distribución en la Ciudad de México, Monterrey, Veracruz, Mérida y Cancún. Es decir, una mujer de dinero, de dinero viejo, de dinero de provincia, pero dinero real.

A finales de los años 2000, Dulce empezó a involucrarse en política primero en Tlaxcala. En 2015 intentó ganar la alcaldía de Juamantla. perdió, pero sus negocios y su nombre seguían sonando entre las élites de Tlascala y Puebla. Y fue justamente esa actividad política y empresarial la que la metió en problemas.

En marzo de 2016, Dulce María Silva Hernández fue detenida y encarcelada en el penal de San Miguel en Puebla por el delito de operación con recursos de procedencia ilícita, es decir, lavado de dinero. La acusación tenía que ver con un terreno de 6,000 m² ubicado junto al parque lineal Angelópolis y al hotel Gran Fiesta Americana, en una zona muy cotizada de Puebla.

Ese terreno había pertenecido al apoderado de una empresa llamada Imbergroup, un tal Edmundo Tiro Moranchel, procesado por defraudar a cientos de ahorradores poblanos. Dulce había recibido en cesión ese terreno. El penal de San Miguel, mi querida espectadora, es uno de los penales más conocidos de Puebla. Un lugar duro, un lugar donde una mujer empresaria de provincia, acostumbrada a sus comodidades, se enfrentaba a una realidad que jamás había imaginado.

Pero Dulce contaba con algo que la mayoría de las presas no tienen. contaba con dinero, contaba con familia y según el testimonio posterior de Elena, contaba con un operador del círculo cercano del presidente electo de México, que estaba dispuesto a hacer lo que fuera por sacarla. Su versión contada en múltiples entrevistas era que estaba siendo perseguida políticamente por el entonces gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, ese gobernador del partido Acción Nacional que murió en un accidente de helicóptero dos años

después. Dulce decía que Moreno Valle quería ese terreno y que la había metido a la cárcel por negarse a cedérselo. Y decía también que en ese encarcelamiento jugaba un papel su relación cercana con un señor que ya era candidato presidencial y que tenía diferencias con Moreno Valle, Andrés Manuel López Obrador.

Hasta aquí parece una historia de venganza política y quizá lo fue. Los amparos posteriores le dieron la razón a Dulce. Salió libre el 24 de mayo de 2017 después de 14 meses presa por sentencia del juzgado quinto de distrito en materia penal. El delito por el que se le acusaba, según sus abogados, ni siquiera estaba vigente en la fecha en que se cometieron los hechos.

Es decir, le aplicaron retroactivamente una ley que cuando ella firmó el contrato cuestionado en marzo de 2009 no existía. Hasta aquí Dulce María Silva pasa por víctima del sistema, pero hay otra capa de la historia y esa otra capa la cuenta Elena Chávez. Aquí viene lo primero que te prometí. Aquí viene la primera promesa. Mujer, si tú alguna vez descubriste que tu marido tenía otra, si tú alguna vez viste en el celular la prueba de lo que llevabas meses sospechando, si alguna amiga cercana tuya pasó por eso, tú sabes el frío que se siente en ese

momento. Es un frío que empieza en la nuca y baja por la espalda. Es la sensación de que el suelo se mueve. es darte cuenta de que el hombre con el que llevas años, el padre de tus proyectos, el compañero de toda la vida, no era exactamente el hombre que tú creías. Lo que Elena Chávez vivió en algún momento entre 2015 y 2016 fue exactamente eso, pero amplificado por la política, amplificado por el dinero, amplificado por el círculo que la rodeaba y que sabía todos sabían antes que ella.

Su esposo, César Yáñez había empezado una relación con Dulce María Silva, una relación que dentro del círculo cercano a López Obrador ya era un rumor instalado desde hacía meses. Y cuando Dulce fue encarcelada en marzo de 2016, César necesitaba dinero, mucho dinero para abogados, para amparos, para tener a Dulce con las mejores condiciones posibles dentro del penal de San Miguel mientras se peleaba su caso.

¿De dónde iba a salir ese dinero? César Yáñez, según el testimonio público que la propia Elena daría años después, en un video que circuló en redes sociales y que recogió el periódico El Financiero, se acercó a su esposa, a la mujer con la que llevaba 18 años casado, a la mujer cuya casa estaba a nombre de ambos, y le pidió que vendiera esa casa, que le entregara 2 millones de pesos.

2 millones de pesos. Elena, en sus propias palabras grabadas denunció que él la acosó, que la presionó, que ejerció sobre ella una violencia psicológica continua durante semanas para conseguir ese dinero. Una mujer que durante 18 años había cargado con la vida del operador político, que había aguantado las giras, las ausencias, las noches que él no llegaba a dormir, las llamadas extrañas.

Ahora esa misma mujer era presionada para vender la casa que era el patrimonio común, para financiar la libertad de la mujer con la que él la estaba engañando. Tú que estás escuchando, imagínate esa escena en tu propia casa. Imagínate a tu marido pidiéndote dinero. Imagínate que tú vas descubriendo durante esas conversaciones que ese dinero es para sacar a otra mujer de la cárcel.

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