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ZIDANE : La Verdad Salió A La Luz

ZIDANE : La Verdad Salió A La Luz

La verdad salió a la luz. Una Copa del Mundo, campeón de Europa, Balón de Oro y un hombre acabando con su carrial, acabando el partido como un criminal, destruyendo su legado en 3 segundos y 110 millones de personas preguntándose qué acababa de pasar. 12 minutos para el final, su último partido,  la final del mundo, y decidió destruirlo todo con un cabezazo.

 Lo que nadie te contó es que ese momento no fue un error, fue una elección. Su nombre era Sinodain Yasid Sidan, Sisu para los que lo amaban, un fantasma para los que intentaron marcarlo. Y lo que pasó en esos 110 met de Berlín  explica toda su vida. En los próximos 70 minutos vas a descubrir cuatro cosas que nunca te dijeron.

Primera, la conversación que tuvo con su padre tres días antes de la final del mundo. Las palabras exactas que le dijeron y por qué eso cambió todo. Segunda, ¿por qué Sidá odiaba el fútbol moderno? La confesión privada donde admitió que ya no reconocía él, juego que amaba. ¿Y por qué eso explica su retiro temprano? La entrevista donde explicó 10 años después que volvería a hacerlo.

¿Y qué nos dice  eso sobre quién era realmente Sinidan? Te voy a avisar cuando llegue  cada una. Si te vas antes del final, te pierdes lo más importante, la verdad sobre por qué un hombre, en la cima absoluta de su profesión decidió que su dignidad valía más que un trofeo. Marsella, Francia, 1972, la Castellane.

Un barrio donde  las escaleras huelen a orina y las paredes tienen agujeros de bala. donde la policía entra en grupos de seis, donde los niños aprenden a correr antes de aprender a hablar. Y más ahí nació Sinedin  Sidán, quinto hijo de inmigrantes argelinos. Su padre  Smile trabajaba como almacenista en un centro comercial.

Turnos de noche, 12 horas cargando cajas, manos destrozadas, espalda rota. ganaba lo justo para que comieran. Su madre, Málica limpiaba oficinas 4 de la mañana, autobús, escaleras,  baños ajenos. Volvía a casa cuando sus hijos se iban a la escuela. Cinco hijos en un apartamento de tres habitaciones, sin calefacción, agua fría, paredes tan delgadas que escuchabas a los vecinos discutir.

 Sidá dormía en el suelo, en un colchón compartido con sus hermanos. hasta los 13 años. Pero había algo en ese niño, algo que su padre vio desde el principio. Zindin no habla, le decía Ismael a su esposa,  pero cuando agarra el balón dice todo. El niño era silencioso, tímido hasta el punto de la invisibilidad.

En la escuela se sentaba al fondo, no levantaba la mano, no hacía amigos. Los maestros apenas recordaban su nombre. Era como un fantasma, dijo uno de sus profesores  años después. Estaba ahí, pero no estaba. Pero en la cancha todo cambiaba. Sidá jugaba en PL Tartain,  una cancha de cemento rodeada de edificios grises.

 Ahí es donde se reunían los niños del barrio. Argelinos, marroquíes, tuneinos, hijos de inmigrantes, hijos de nadie. Jugaban con una pelota desinflada. Sin árbitro, sin reglas, solo  fútbol puro, violento, caótico, real. Sidan tenía 9 años cuando un hombre se detuvo a mirarlo jugar. Se llamaba Jen Barrod, entrenador de un club local Aes  Foresta.

 ¿Quién es ese niño?, preguntó el hijo de Smail, el  callado. Que venga conmigo. Barrot habló con el padre de Sidá esa misma tarde. Su hijo tiene algo especial. Déjemelo entrenar. Smile miró a su hijo. ¿Quieres jugar fútbol? Sidan asintió.  Sin palabras, como siempre. Entonces juega,  pero si te va mal en la escuela, se acabó.

Sidá jugó en Asforesta durante 4 años, 9 a 13 años. Los años donde se forma un jugador, los años donde aprendes si vas a ser bueno o si vas a ser diferente. Sidan era diferente. No corría más rápido que los demás, no pateaba más fuerte, no gritaba órdenes, pero veía cosas que nadie más veía.

 Espacios que no  existían, pases que no tenían sentido hasta que los hacía, movimientos  que parecían en cámara lenta, pero llegaban antes que todos los demás. Era como  si jugara un juego distinto al resto dijo Barrod. Los demás jugaban fútbol,  Sidán jugaba ajedrez. A los 14 años, K lo fichó. Un club profesional de segunda  división. la oportunidad de su vida.

Sidán tuvo que irse de casa, irse de Marsella, irse de su familia, vivir en una residencia con otros niños. Niños que tenían más dinero,  mejores zapatos, mejores historias. Sidá seguía sin hablar, pero ahora por primera vez estaba  solo. Llamaba a mi madre todas las noches, confesó años después.

 Lloraba, quería volver. Pero ella me decía, “Si vuelves, vuelves para quedarte aquí, para ser como nosotros.” Es eso lo que quieres. No era lo que quería. Entonces  se quedó K. 1989 a 1992. 3 años donde Sidá pasó de  ser un niño tímido a un jugador profesional. Pero algo raro estaba pasando,  algo que nadie entendía.

Zidan jugaba bien, muy bien, pero no destacaba. No era el goleador, no era el más rápido,  no era el que la gente venía a ver. Era frustrante, dijo uno de sus entrenadores. Sabías que tenía talento, pero no explotaba. Era como si estuviera jugando al 50%. ¿Por qué?  Porque Sidán todavía no entendía quién era.

 Jugaba como los demás le decían que jugara, en la posición que le asignaban, con el estilo que esperaban de él. Pero algo adentro le decía que eso no era correcto. Yo no era delantero, dijo años después.  No era extremo, no era volante defensivo, yo era otra cosa, pero no sabía qué. hasta  que llegó Roland Kurbis. Kurbis fue el entrenador que cambió todo. Llegó a Kans  en 1991.

Vio a Sidá entrenar y dijo algo  que nadie había dicho antes. Tú no juegas donde te ponen, tú juegas donde quieras jugar. ¿Cómo? Preguntó Sidan. El balón va a venir a ti siempre porque eres el mejor. Entonces, no importa dónde estés en el papel, vas a estar donde tiene que estar. Esa conversación liberó a Sidá.

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