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Inés Gómez Mont: El ASQUEROSO Fraude Que la Volvió Prófuga… Tres Mil Millones Que Eran del Pueblo

Se hablaba de ella en idiomas que ella ni siquiera entendía. ¿Te acuerdas de eso? Quizá lo viste en su momento y pensaste, “Qué muchacha tan ocurrente, tan atrevida, tan dueña de sí misma.” Esa era Inés Gómez Mont en su mejor momento. Joven, famosa, querida, con el mundo entero mirándola y aplaudiéndole el atrevimiento.

Recuerda esa imagen. La muchacha de Blanco riéndose frente a las cámaras del mundo. La vas a necesitar para entender lo que vino después. Porque la próxima vez que el mundo entero la mire toda junta, no será para reír. Y no creas que fue una sola aparición. Y ya. Durante años, Inés Gómez Mont estuvo [música] en tu pantalla casi sin parar.

Condujo programas de concursos, de espectáculos, de revista matutina. Hubo un programa donde ella presentaba los 25 más de cada cosa y tú la veías ahí fresca, rápida, con esa labia que tienen los que nacieron para el micrófono. Y después dio un salto que en la televisión mexicana casi nadie da sin pagarlo caro.

Se cambió de bando. Pasó de Televisión Azteca, [música] donde se hizo a Televisa el gigante de enfrente, al rey de las telenovelas. En Televisa condujo un programa de espectáculos de la mañana de esos que tú ponías mientras desayunabas o arreglabas la casa. apareció en el Teletón, apareció en las fiestas patrias, [música] en las transmisiones especiales, en los grandes eventos donde la [música] cadena pone a sus caras más queridas.

Más adelante condujo hasta un reality de cocina, donde familias enteras competían frente a las cámaras. Para entonces ya no era solo una conductora, era una marca. Tenía [música] millones de seguidores que la veían en redes sociales, que querían vestirse como ella, viajar como ella, vivir como ella. Párate a pensarlo.

Para una mujer de tu generación, la televisión [música] era la familia que entraba a tu sala cada día y ella era una de esas caras. una de [música] las que estaban siempre ahí sonriendo como si te conociera. Por eso, cuando años después su nombre apareció en los titulares de corrupción, a mucha gente le dolió como si hubiera sido alguien [música] cercano, porque a su manera lo era.

Y aquí tengo que [música] decirte algo, porque es el corazón de cómo empieza todo esto. Cuando una persona aprende muy joven que la imagen vale más que la verdad, esa lección se le queda pegada al alma y la imagen querida se sostiene con dinero, [música] mucho dinero. El brillo cuesta, los vestidos cuestan, las casas cuestan, las fiestas cuestan.

La vida de revista cuesta una fortuna que [música] casi nadie tiene. La factura siempre llega. Pero en aquellos años nadie pensaba en facturas. Todo era flashes, alfombras rojas, sonrisas y nadie, nadie se preguntaba de dónde salía para pagar todo eso. Hubo un primer matrimonio antes del que de verdad cambió [música] su vida. Inés se casó en 2008 con un empresario llamado Javier Díaz.

De esa unión nacieron cuatro hijos. Una niña primero y luego tres pequeños que llegaron juntos, trillizos, una familia [música] grande, de golpe, en plena juventud. Ese matrimonio se rompió en 2013 y se rompió mal, muy mal. Hubo acusaciones cruzadas, pleitos públicos, ropa sucia lavada delante de todos. Él las señaló de unas cosas, ella lo señaló de otras, de esos divorcios que dejan a los hijos en medio, como cuando dos manos jalan la misma tela hasta que se rompe.

Y lo que vino después fue una guerra larga, una de esas batallas legales que duran años y que desgastan a todos. Él la acusó de cosas duras. Ella lo acusó a él de otras. Se dijeron [música] en juzgados y en medios palabras que ningún padre y ninguna madre deberían decirse delante de sus hijos. Durante un tiempo, los niños quedaron en una especie de tierra de nadie entre un padre y una madre [música] que ya solo se hablaban a través de abogados.

Recién en 2024, después de años de pleito, ella logró recuperar la patria potestad [música] de esos cuatro hijos. Quiero que guardes ese detalle porque dice algo de ella que no cabe en una sola etiqueta. La misma mujer a la que el país señala por dinero público peleó como leona durante años para no perder a sus hijos.

Las personas querida, casi nunca son de un solo color, son de muchos a la vez. Y esta historia es justo eso, una mujer que fue muchas cosas al mismo tiempo y a la que el mundo quiso reducir a una sola. Años después, ella libraría una batalla [música] legal para recuperar la patria potestad de esos hijos. Pero eso es otra historia.

Lo importante para esta es lo que vino justo después de ese primer divorcio, porque al poco tiempo Inés Gómez Mont conoció al hombre que iba a cambiar el rumbo de su vida para siempre. Y ese hombre no era de la televisión, era de otro mundo. Un mundo de oficinas, de despachos, de contratos, de dinero que se movía en silencio, sin cámaras, sin flashes.

El mundo donde de verdad está el poder. Su nombre es Víctor Manuel Álvarez Puga. Guarda ese nombre, porque a partir de aquí la vida de Inés y la de él se vuelven una sola. Lo que le pase a uno le pasa al otro. Suben juntos y como vas a ver caen juntos. Pero antes de seguir quiero que pienses en una persona, no en Inés, no en él.

Piensan en el maestro de una escuela pública en [música] cualquier rincón de México, ese que pone de su bolsa para los útiles de los niños. En la enfermera de un hospital del gobierno [música] que trabaja dobles turnos. En la familia que espera años por una obra que nunca llega, por un drenaje, por una calle pavimentada.

Porque el dinero del que vamos a hablar según la investigación salió de ahí, de lo público, de lo que era de todos. Esa es la verdadera víctima de esta historia. No tiene un solo rostro, tiene [música] millones. Y uno de esos rostros, querida, podría ser tú. Guarda esa idea con fuerza. Vamos a volver a ella. Porque lo que viene ahora es la pieza que casi nadie te explicó bien [música] y es la que lo cambia todo.

Para entender a Víctor Álvarez Puga, tienes que entender una palabra que en México se volvió famosa por las peores [música] razones. Facturero. Te la voy a explicar [música] como si estuviéramos sentados en tu cocina con un café sin tecnicismos, porque así se entiende de verdad. Una factura es un papel que dice que alguien te pagó por un trabajo.

Yo te arreglo el techo, te doy una factura, tú me pagas y todo queda registrado. Normal, honesto, así funciona el mundo de las personas [música] decentes. Pero hay quienes descubrieron cómo usar ese papel para algo muy distinto. Crearon [música] empresas que en realidad no existían. Empresas de papel, oficinas con un nombre bonito y [música] nada adentro, sin trabajadores, sin máquinas, sin un solo clavo, sin un escritorio, un nombre, un sello, [música] una cuenta de banco, nada más.

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