Posted in

La MEXICANA que conquistó la ULTRAMARATÓN de montaña… y dejó sin palabras a las corredoras europeas

 

la joven mexicana que conquistó la ultramaratón de montaña y dejó sin palabras a las corredoras europeas. No vas a lograrlo. Eres demasiado pequeña, demasiado débil y vienes de un país donde nadie corre en serio. Esas palabras resonaron en su cabeza mientras sentía como sus piernas comenzaban a temblar.

 El frío de los Alpes suizos le cortaba la respiración. Había corrido durante 16 horas sin parar, 16 horas escalando montañas que parecían tocar el cielo. Y ahora, cuando apenas le quedaban 20 km para la meta, su cuerpo le suplicaba que se detuviera. Pero lo que más dolía no era el agotamiento físico. Lo que más dolía era saber que todos esperaban verla fallar.

 Cada corredor europeo que la había rebasado en los primeros kilómetros la había mirado con desprecio. Cada entrenador en la línea de salida había susurrado comentarios burlones cuando vieron su nombre en la lista de participantes. Una mexicana en una de las ultramaratones más brutales del mundo.

 ¿Qué podía hacer ella contra las mejores atletas de Europa? Y ahora, con el sol comenzando a ocultarse detrás de las montañas nevadas, ella estaba a punto de descubrir si todas esas voces tenían razón o si podía demostrarles que estaban terriblemente equivocados. Permíteme llevarte 6 meses atrás a un momento que cambiaría la vida de Lucía Ramírez para siempre.

 Lucía tenía 26 años y trabajaba como maestra de educación física en una escuela primaria de Tlaxcala. Cada mañana se levantaba a las 5 de la madrugada para correr por las calles polvorientas de su pueblo antes de ir a dar clases. No tenía entrenador, no tenía patrocinadores, apenas tenía dinero para comprar un par de tenis decentes cada 6 meses, pero tenía algo que ninguna cantidad de dinero podía comprar.

 tenía un fuego en el pecho que la consumía cada vez que pensaba en rendirse. Ese fuego nació cuando era apenas una niña de 8 años. Su padre, un campesino que trabajaba desde el amanecer hasta el anochecer en los campos de maíz, solía decirle, “Mi hija, nosotros los mexicanos llevamos la resistencia en la sangre.” Nuestros ancestros corrían por estas montañas antes de que existieran los zapatos deportivos. No lo olvides nunca.

y ella nunca lo olvidó. A los 18 años, Lucía comenzó a competir en carreras locales. Ganó algunas, perdió muchas otras, pero cada derrota la hacía más fuerte. Cada vez que cruzaba la meta, sin importar en qué lugar llegara, sentía que estaba honrando la memoria de su padre, quien había fallecido cuando ella tenía 15 años.

 Para cuando cumplió 25, Lucía ya había ganado tres maratones nacionales y había establecido un récord en una carrera de 50 km en las montañas de Oaxaca. Pero en México eso no significaba mucho. Los patrocinadores preferían invertir en futbolistas. Los medios de comunicación apenas cubrían el atletismo femenil y las oportunidades de competir internacionalmente eran prácticamente inexistentes.

Hasta que un día, mientras revisaba su correo electrónico en un viejo café internet de su pueblo, Lucía vio un mensaje que cambiaría todo. Era una invitación para competir en la Ultra Trial Mont Blanc. Si no conoces esta carrera, déjame explicarte lo que significa. La UTMB es considerada la ultramaratón de montaña más prestigiosa y brutal del mundo.

 170 km de senderos alpinos, 10,000 m de desnivel acumulado, temperaturas que pueden caer bajo cero en plena noche y un límite de tiempo de 46 horas para completarla. Solo los mejores ultramaratonistas del planeta son invitados y de alguna manera el nombre de Lucía Ramírez había llegado a la lista.

 Al principio pensó que era un error. ¿Cómo era posible que la invitaran a ella, una maestra de pueblo que entrenaba sola en las montañas de Tlaxcala? Pero después de revisar el correo una y otra vez, se dio cuenta de que era real. Alguien había visto su récord en Oaxaca. Alguien había notado sus tiempos y ese alguien había decidido darle una oportunidad.

 Pero había un problema. El costo del viaje, la inscripción, el alojamiento y todo lo demás sumaban casi 150,000 pesos. Lucía ganaba 8000 pesos al mes como maestra. No tenía ahorros, no tenía manera de conseguir ese dinero. Cuando le contó a su madre sobre la invitación, la mujer lloró de emoción. Pero luego con voz temblorosa le dijo, “Mi hija, ¿de dónde vamos a sacar tanto dinero?” Lucía no tenía respuesta.

 Esa noche, mientrascía en su cama mirando el techo agrietado de su cuarto, pensó en rendirse, pensó en declinar la invitación y seguir con su vida normal. Después de todo, ¿quién era ella para soñar con competir contra las mejores del mundo? Pero entonces recordó las palabras de su padre. Nosotros los mexicanos llevamos la resistencia en la sangre y decidió que no se rendiría sin pelear.

 A la mañana siguiente, Lucía creó una página en internet pidiendo apoyo para realizar su sueño. Compartió su historia, explicó quién era, de dónde venía y por qué esta oportunidad significaba tanto para ella. No esperaba mucho. Tal vez algunos amigos y familiares podrían donar algo, pero lo que sucedió la dejó sin palabras.

 En tres semanas, cientos de personas de todo México habían donado dinero. Maestros, estudiantes, amas de casa, trabajadores de fábricas, gente que ella nunca había conocido, pero que se identificaba con su lucha. Gente que quería ver a una mexicana humilde competir en el escenario mundial. Al final de la campaña, Lucía había reunido suficiente dinero, no solo para ir a la competencia, sino también para comprar equipo profesional y contratar a un entrenador que la ayudara a prepararse durante los 4 meses que quedaban antes de la carrera. Cuando llegó el día de

partir hacia Suiza, todo su pueblo salió a despedirla. Niños con pancartas, ancianos con lágrimas en los ojos. Su madre abrazándola tan fuerte que apenas podía respirar. “Hazlo por tu padre”, le susurró su madre al oído. “Hazlo por todos nosotros.” Y Lucía prometió que lo haría, pero nada la preparó para lo que encontraría al llegar a Chamonix, Francia, donde se realizaría la carrera.

El día de la reunión técnica, cuando todos los corredores se reunieron en un gran salón para recibir instrucciones, Lucía se sintió como un pez fuera del agua. Había corredores de Suiza, Francia, Italia, Alemania, España, Noruega, todos con uniformes patrocinados por grandes marcas, todos hablando en idiomas que ella apenas entendía.

Read More