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Lo Que Hizo Japón en México Tras Golear en el Partido 1000 Dejó Sin Palabras a Sheinbaum

Mientras tanto, en el otro lado de la tribuna, los aficionados tuneinos empezaban a sentirse incómodos, viendo a su selección abajo en el marcador frente a un rival que parecía tener todas las respuestas. En la mitad del primer tiempo hubo una pausa de hidratación ordenada por el árbitro y el público de Monterrey la recibió con abucheos justamente porque quería seguir viendo el partido sin interrupción.

Ese es el tipo de detalle que normalmente se pierde en un resumen de noticias, pero que te dice mucho de cómo se estaba viviendo ese partido desde adentro, como una fiesta de fútbol, no como un trámite. Japón terminó goleando 4 a0, sentenciando el partido con autoridad y quedándose con los tres puntos que lo metían de lleno en la pelea del grupo F.

Pero el resultado, aunque fue contundente, no es la parte de la historia que te va a dejar pensando esta noche. La parte que importa empieza justo cuando el árbitro pita el final. Los jugadores japoneses, antes de meterse al túnel de vestidores, se quedaron unos minutos frente a su afición.

No se fueron corriendo a festejar adentro del vestidor como hace cualquier selección después de una goleada. se quedaron ahí aplaudiendo, agradeciendo con gestos a los aficionados que habían viajado, muchos de ellos miles de kilómetros desde Japón para estar en ese estadio. Y fue justo después de esa despedida que empezó lo que de verdad vale la pena contarte.

Los aficionados japoneses, en lugar de levantarse y salir hacia la calle, como hace todo el mundo después de un partido, se quedaron sentados un momento más y entonces aparecieron las bolsas. bolsas de plástico color azul que muchos de ellos habían llevado guardadas en sus mochilas, en sus bolsillos desde antes de entrar al estadio y empezaron uno por uno a recoger su propia basura.

vasos, cartones, envolturas de comida, boletos rotos, todo lo que había quedado tirado en su sector de la grada durante casi 2 horas de partido. Esto no fue una ocurrencia espontánea de esa sola noche. Es una tradición que la afición japonesa carga desde hace años y que tiene un nombre en su idioma, Osoi.

Un concepto que en Japón se enseña desde la escuela primaria y que promueve la idea de que limpiar los espacios compartidos es una responsabilidad de todo, no solo de quien tiene el trabajo de hacerlo. Hay una frase japonesa que resume esta filosofía. Tatsu toriato wigosasu, que se puede traducir más o menos como un ave de rastro al partir o, de forma más simple deja las cosas como las encontraste.

Un profesor de la Universidad de Osaka, especialista en estudios japoneses, explicó alguna vez a la cadena BBC que este comportamiento no nace en los estadios de fútbol, nace en las escuelas, donde desde niños los japoneses limpian sus propias aulas como parte de su rutina diaria. Por eso, cuando crecen, llevarse su basura de un estadio no les parece un gesto extraordinario.

Para ellos es sencillamente lo normal. Lo que para nosotros es una hazaña de civismo, para ellos es apenas una costumbre de toda la vida. Y aquí viene el primer contraste que quiero que tengas bien claro. Esto ya había pasado antes en otros mundiales. En Qatar 2022, después de que Japón le ganara a Alemania, sus aficionados se quedaron limpiando la zona donde estuvieron sentados y la imagen recorrió el mundo.

Incluso se les ha visto recogiendo basura en partidos donde su propia selección ni siquiera estaba jugando. Pero esta vez no pasó en Qatar, ni en Rusia, ni en ningún otro país. Pasó en México, pasó en Monterrey y esta vez no se quedaron solos. Cuando las cámaras de los noticieros locales empezaron a captar la escena, ya había algo más sucediendo, además de la limpieza japonesa.

Aionados mexicanos que habían estado sentados cerca se acercaron a preguntar si podían ayudar y los japoneses sin ningún problema les compartieron bolsas. Lo que empezó siendo un grupo cerrado de japoneses limpiando su propio sector se convirtió en cuestión de minutos en una escena de mexicanos y japoneses recorriendo juntos las gradas del gigante de acero, recogiendo vasos, cartones y restos de comida codo a codo, entre sonrisas y gestos de cooperación que ningún protocolo había planeado.

Más de 100 bolsas de basura terminaron juntándose esa madrugada, cargadas a mano hasta los contenedores del estadio por gente que no tenía ninguna obligación de hacerlo. Las autoridades de Nuevo León, anticipando que esto podía pasar después de ver lo que la afición japonesa suele hacer en otros torneos, habían preparado junto con voluntarios y organizaciones locales hasta 20,000 bolsas de basura para repartir entre el estadio, el fanfest del parque Fundidora y otros puntos de reunión de aficionados en la ciudad. No fue casualidad, fue una

ciudad entera anticipándose a recibir bien algo que sabía que venía. Imagínate la escena completa porque vale la pena detenerse en ella. Apenas un par de horas antes, ese mismo lugar había sido pura euforia. 50,000 voces gritando un gol, tambores, cánticos, bocinas de los aficionados japoneses sonando cada vez que su selección tocaba el balón.

Y de golpe, después del silvatazo final, ese mismo espacio se convirtió en otra cosa completamente distinta. Filas de gente en silencio, agachada entre las butacas, recogiendo con cuidado cada vaso, cada envoltura, cada boleto roto, como si estuvieran ordenando su propia sala de estar antes de apagar la luz e irse a dormir.

Ese contraste, el de pasar de la explosión de un gol al silencio respetuoso de alguien recogiendo basura a la 1 de la madrugada es exactamente el tipo de imagen que ningún boleto de avión ni ninguna campaña de turismo podría comprar. se gana o no se gana con la forma en que la gente decide comportarse cuando cree que nadie la está mirando.

Paren todo un segundo porque quiero que te quede bien claro lo que acabamos de contarte antes de seguir. Esa noche en Monterrey se jugó el partido número 1000 de toda la historia de los mundiales. Japón le ganó 4 a0 a Tunes con autoridad y después del partido, miles de aficionados japoneses se quedaron limpiando las gradas que acababan de ocupar.

una tradición que cargan desde hace generaciones y que esta vez terminó sumando a cientos de mexicanos que se acercaron bolsa en mano sin que nadie se los pidiera. Yo te pregunto directo, ¿tú crees que ese gesto de limpiar dice más de un pueblo que cualquier discurso oficial? Escríbelo en los comentarios porque quiero leer qué opinas.

A mí lo que me encabrona, te lo digo con todas sus letras, es que este tipo de historias casi nunca llegan al centro de la cobertura de los grandes medios internacionales. Vas a encontrar decenas de notas sobre el marcador, sobre las estadísticas, sobre quién avanza y quién queda eliminado en el grupo F. Pero la escena de mexicanos y japoneses limpiando juntos un estadio a la 1 de la madrugada después de un partido histórico se queda relegada una nota chiquita casi de color, cuando en realidad debería estar en la portada, porque eso y no el

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